Bibliografía                                         Antología                                                        (Página creada por Pedro Soto)
 
Torres Villarroel
 

Bibliografía. A tal efecto, y recordando el Gil Blas, no podemos menos de aludir a este rebrote de la picaresca, tan genuinamente española por desgracia, y cuyo representante vivo más destacado, en el campo literario, es Diego de Torres Villarroel (1693-1770) que acaso aspiraba a ser una reencarnación de Quevedo, pero que se quedó a mucho menos de medio camino del nivel alcanzado en el siglo precedente por el genial poeta de la corte de Felipe IV.

Como él mismo cuenta en su autobiografía. era de la piel lel diablo y "aprendí a bailar, a jugar la espada y la pelota, a torear y hacer versos: abría puertas, falseaba llaves; hendía candados y no se escapaba de mis manos pared, puerta ni ventana en donde no pusiese las disposiciones de falsearla, romperla o escalarla". Y en efecto, roba fruta, chorizos, golosinas, no sólo a sus compañeros estudiantes, sino al propio rector.

A los veinte años de edad se escapa del hogar paterno con un pan bajo el brazo y doce reales de vellón, duerme sobre las gavillas de una era y camina a pie hasta Coimbra, donde "miente a borbollones" y practica el curanderismo alternando con lecciones de baile. Soldado en Oporto, regresa a España con unos toreros, y luego, en Salamanca, se dedica al estudio de "los autores rancios de Filosofía natural, la Crisopeya, la Mágica, la Transmutatoria, a Separatoria..." hasta que acaba engolfado en las matemáticas, en una época en que las figuras geométricas se miraban en España como cosa de brujería.

Vacante la cátedra de Matemáticas -"que está sin maestro treinta años"- se le concede. pero no por ello deja su vida errante; recibe el subdiaconado, llega a Madrid en un borrico. Pasa temporadas de hambre horribles, borda gorros y chinelas y ejerce de nuevo la medicina. La condesa de los Arcos le protege por haber hecho guardias nocturnas, armado de un espadón, en su palacio, donde se oían ruidos nocturnos que se atriuían a duendes.

De nuevo fue catedrático en Salamanca, se ordenó de sacerdote en 1745 y seis años después se jubiló y ayudó al hospital del Amparo de Salamanca, incluso con asistencia personal.

Además de su autobiografía y otras obras de tipo barroco, en que denota sus esfuerzos para asemejarse a Quevedo, alcanzó también popularidad por sus Almanaques y pronósticos, muchos de los cuales se cumplieron, como los vaticinios de la muerte de Luis I, el motín de Esquilache y, sobre todo, el pronóstico publicado en el Almanaque de 1756, en que detalla, con pasmosa exactitud en la fecha, la Revolución francesa, con un cuarto de siglo de antelación:

Cuando los mil contarás,

mísera Francia, te espera

con los trescientos doblados

tu calamidad postrera

y cincuenta duplicados,

con tu Rey y tu Delfín,

con los nueve dieces más,

y tendrá entonces su fin

entonces, tú lo verás,

tu mayor gloria primera.
 

                                                              Antología

 
 
CIENCIA DE LOS CORTESANOS DE ESTE SIGLO
Bañarse con harina la melena,

ir enseñando a todos la camisa,

espada que no asuste y que dé risa,

su anillo, su reloj y su cadena;

hablar a todos con la faz serena,

besar los pies a misa doña Luisa,

y asistir como cosa muy precisa

al pésame, al placer y enhorabuena;

estar enamorado de sí mismo,

mascullar una arieta en italiano,

y bailar en francés tuerto o derecho;

con esto, y olvidar el catecismo,

cátate hecho y derecho cortesano,

mas llevaráte el diablo dicho y hecho.
 
 

VIDA BRIBONA
En una cuna pobre fui metido,

entre bayetas burdas mal fajado,

donde salí robusto y bien templado,

y el rústico pellejo muy curtido.

A la naturaleza le he debido

más que el señor, el rico y potentado,

pues le hizo sin sosiego delicado,

y a mí con desahogo bien fornido.

Él se cubre de seda, que no abriga,

yo resisto con lana a la inclemencia;

él por comer se asusta y se fatiga,

yo soy feliz, si halago a mi conciencia,

pues lleno a todas horas la barriga,

fiado de que hay Dios y providencia.
 
 

CUENTA LOS PASOS DE LA VIDA
De asquerosa materia fui formado,

en grillos de una culpa concebido,

condenado a morir sin ser nacido,

pues estoy no nacido y ya enterrado.

De la estrechez obscura libertado,

salgo informe terrón no conocido,

pues sólo de que aliento es un gemido

melancólico informe de mi estado.

Los ojos abro, y miro lo primero

que es la esfera también cárcel obscura;

sé que se ha de llegar el fin postrero.

Pues ¿adónde me guía mi locura,

si del ser al morir soy prisionero,

en el vientre, en el mundo y sepultura?
 
 

A LA MEMORIA DE D. JUAN DOMINGO DE HARO Y GUZMAN
La tierra, el polvo, el humo, en fin, la nada,

al héroe más insigne y portentoso,

es el único triunfo, el más glorioso,

que robar has logrado, muerte airada.

La vida de su fama celebrada,

fe, virtud y valor y celo ansioso,

exentos de tu brazo pavoroso,

en lo eterno aseguran su morada.

Al honor, al aplauso, al ardimiento,

a la piedad, al culto y a la gloria

tocar no pudo tu furor violento.

Pues si de tantas vidas la memoria

eterna vive en este monumento,

¿en qué fundas, oh Parca, tu victoria?
 
 

CUENTA UN SOPON, SIRVIENTE DE ESTUDIANTE, SU VIDA A OTRO AMIGO
Siete años ha que sirvo, hecho un guillote,

a un escolar que vive de pegote;

y es en la escuela tan corrida zorra

que aunque viste de largo va de gorra;

está roto, después es desgarrado;

es bien nacido, pero mal criado.

Una vieja más vieja que la sarna,

menos que no se encarna,

suele de mes a mes muy aburrida

guisarnos la comida,

que lo demás del año no hay potaje;

yo como de pillaje,

y mi amo ¡alhaja honrada!,

fingiendo que está lejos la posada,

o con otro motivo que él enreda,

donde le dan las doce allí se queda.

Lo que yo pillo, y lo que mi amo guarda

de la mesa en que come aventurero,

se junta por la noche en un puchero;

repártese entre tres el almodrote:

mi amo y yo al escote,

a la vieja también damos su parte,

y aunque no sea Cuaresma se la parte.

Es la tal manca, coja, zancajosa,

sorbida de mofletes, lagañosa,

tiene flatos, verrugas y cuartanas,

mucha sangre de espaldas y almorranas;

ella es de enfermedades una odrina,

y lo peor que tiene es mal de orina;

para mí siempre es viernes, que el pescado

es manjar muy salado,

y aun cuando se me burla la esperanza,

le canto una vigilia a la mi panza,

que comer de vigilia, eso es mi yesca,

que soy aficionado de la pesca,

y tengo un paladar tan sazonado

que hasta la carne para mí es pescado.

Yo como, como un rey cuando se rapa,

y los más de los días como un papa,

y muchas veces a llevar me obliga

en silla de la reina a la barriga.

Un cartel muy funesto

tengo en el cuarto donde tengo puesto:

«Tiene pena de vida, alerta, alerta,

el cochino que entrare por la puerta,

el pollo, la gallina, el pavo, el gallo,

el ganso, el carnero y el caballo»;

porque montando en hambre un estudiante,

no digo yo un caballo, un elefante.

Aunque no soy galán, cuanto al vestido,

siempre lo traigo, pero muy traído;

y aunque el sastre lo hubiese mal cortado,

en mi estatura está bien acabado;

y cuando me desnudo estos andrajos

dejo sembrado el cuarto de trapajos,

porque en cada agujero está un remiendo,

y aquéstos sin coser los voy poniendo.

Téngolos oprimidos contra el pecho,

y entre tal cual botón, aunque es mal hecho

el tenerlos así tan apretados,

porque caen en la tierra desmayados.

Sale del cuerpo, y es la maravilla,

que queda hecha un harnero mi ropilla,

que aunque yo soy tan noble, y soy tan guapo

siempre me acompañé con todo trapo.

Las bragas muy manidas y muy tiernas

sólo tienen rodillas y entrepiernas.

¿Aforro? No se nombre, que le ahorro;

la caspa de los muslos es el forro,

y cuando más, le pongo por juguete

un almidón de grasa por ribete;

y si fuera preciso el azotarme,

no era menester desatacarme,

y sólo esto me falta en mi conciencia,

además del ayuno, penitencia;

pero por las mañanas, si me visto,

allí sí, necesito de andar listo,

llamando los trapajos a la audiencia

a darlos su lugar y residencia;

y como al revestirse cualquier cura,

le va rezando a cada vestidura,

yo como buen cristiano y como guapo,

le rezo una oración a cada trapo;

soy formal en vestir y tengo norma:

nada hay de la materia, todo es forma,

que sólo en mi vestido y mi laceria

puede existir la forma sin materia.

En cuanto a lo calzado,

eso es lo que siempre anda muy tirado;

lo más que traigo en naturales hormas

son, cual niño amontado, estas dos cormas.

Estas no tienen suelas, y al desgaire,

como tengo gran planta la echo al aire.

¿La cama? Aqueso es risa,

de sábanas no tiene ni aun camisa,

sólo tiene en el suelo dos cuartones,

y dos negras obleas por colchones;

una manta, un jergón, y allí hacia un lado

un orinal muy viejo y muy barbado,

porque nunca se afeita, y con enojo

tiene echadas las barbas en remojo.

Una cruz de castaño muy funesta

hacia mi cabecera tengo puesta,

que como alguna vez en mis pasiones

doy al diablo la cama y los colchones,

con todo no quisiera la llevara,

porque me hace gran falta si la hurtara.

¿Qué más cruz que mi cama, donde añado

el cuadro de mí mismo desdichado,

y en tan triste taladro,

toda la noche paso en cruz y en cuadro?

La prevención del cuarto se reduce

a un viudo candil que jamás luce,

se arrincona, anda a obscuras y se queja

porque se le murió la candileja;

está enfermo, padece sin sosiego,

y no puede ver luz de puro ciego;

está manco, la cara tiene rota,

y en su vida ha tenido mal de gota;

una espada, un broquel y tal cual caja,

de comedias un libro, una baraja,

dos sillas cojas, un arquetón malo,

y una mesa que tiene pie de palo.

Éste nunca ha llevado barredura,

porque sirve de mucho mi basura

que como el buen platero se acaudilla

guarda su basura a la escobilla,

de esta suerte también, Jigote amigo,

suelo guardar mi estiércol para el trigo,

y con mi triste capa hecha pedazos,

si alguna vez lo barro, es a capazos.

Ya, mi Jigote, has visto

de la suerte que como, bebo y visto;

me sustento, me calzo y me bandeo,

mi gusto, mi alegría y triste empleo,

mis trabajos, mis mañas, mis engaños,

cómo paso los días y los años;

ahora mira tú, pues que porfías,

si igualan tus miserias a las mías.
 
 

VILLANCICO

LAS ALDEANAS

Introducción

Por ir a adorar al Niño

una tropa de aldeanas,

quieren dejar su ganado

recogido en estas Pascuas;

con alborozo festivo

buscan pandero y sonajas,

y entre unas y otras haciendas

anda una bulla extremada.

Duo. Hola, jau, ah Gileta,

vamos presto, despacha,

recoge esas aves,

los perros espanta;

y al portal caminemos

con gusto y zambra,

a celebrar del Niño

las bellas gracias.

Coro. Hola, jau, ah Gileta,

vamos presto, despacha.

Solo. Pités, pités, pités.

Coro. Gir, gir, gir, pau, pau, pau.

Duo. Ah zagala,

vamos presto, despacha.

Solo. Pités, pités, pités,

Coro. Gir, gir, gir, pau, pau, pau.

Solo. Quiquiriquí.

Solo. Gua, gua, gua.

Duo. Los perros espanta.

Solo. Gua, gua, gua.

Solo. Ah tuso, anda fuera,

mal haya tu alma.

Solo.. Quiquiriquí.

Coro. Gir, gir, pau, pau.

Duo. Prestito, muchacha.

Coro. Gir, gir, pau, pau.

Solo. Quiquiriquí.

Solo. Gua, gua, gua.

Duo. Los perros espanta.

Solo. Ah tuso, anda fuera,

mal haya tu alma.

Coro. Gir, gir, pau, pau.

Duo. Ah zagala,

alto a buscar

el pandero y sonaja,

y al Niño cantemos

alguna tonada.

Solo l. Ya todo está pronto.

Duo. Pues que suene y vaya.

Solo. Gua, gua, gua.

Solo. Ah tuso, anda fuera,

mal haya tu alma.

Coro. Gir, gir, pau, pau.

Solo. Atención, que ya empiezo.

Duo. Pues dale, muchacha.

Solo l. A Belén caminemos,

zagala hermosa:

andar, andar,

que hay un Niño entre pajas

como unas rosas;

andar, andar, sí, sí,

como unas rosas.

Duo. Viva, viva Bartola,

que es linda, extremada.

Solo. Gua, gua, gua.

Solo. Ah tuso, anda fuera,

mal haya tu alma.

Duo. Y todos repitan

con gusto y gracia:

Unísono. A Belén caminemos,

zagala hermosa, etc.

Coplas

Solo. Vamos, lindas zagalas,

y al Niño bello

la gracia le pidamos,

que no tenemos:

que su belleza,

la justicia y la gracia

a nadie niega.

Duo: Hola, jau, ah Gileta,

vamos presto, despacha,

recoge esas aves,

los perros espanta.

Solo. Pités, pités, pités.

Coro. Gir, gir, gir, pau, pau, pau.

Solo. Quiquiriquí.

Sulo. Gua, gua, gua.

Solo. Ah tuso, anda fuera,

mal haya tu alma.

Duo. Y todos repitan

con gusto y con gracia:

Unísono. A Belén caminemos,

zagala hermosa, etc.

II

Solo I. Vamos, vamos, al pobre

portal humilde,

donde son los sirvientes

los serafines;

y todos juntos

le bendicen y adoran

por Rey del mundo.

Duo. Hola, jau, ah zagala, etc.

Unísonn. A Belén etc.

III

Solo l. Vamos a ver la Madre

del Verbo pura,

a quien sirven y adoran

el sol y luna;

y las estrellas

a sus pies son testigos

de su grandeza.

Duo. Hola, jau, etc.

Unísono. A Belén, etc.

IV

Solo. Vamos a ver alegres

al Varón casto,

ya libre de unos celos

que le asaltaron,

José bendito,

que adoró tal Esposa,

y a tan gran Hijo.

Duo. Hola, jau, etc.

Unísono. A Belén, etc.

V

Solo. Vamos a ver que ansiosos

nuestros pastores

le dan con alma y vida

gracias y dones;

y los recibe,

porque a ensalzar empieza

por los humildes.

Duo. Hola, jau, etc.

Unísono. A Belén, etc.

VI

Solo. Vamos a ver y cómo

le dan los Reyes

cuantas preciosidades

cría el Oriente;

todas unidas,

en su afecto en el oro,

incienso y mirra.

Duo: Hola, jau, etc.

Unísono. A Belén, etc.