Juicio de mis versos
Insomnio
A Laura
Ávila
A Fernán Caballero
JUICIO DE MIS VERSOS
¡Ah! no, notí omnis moriar; y no digo
Alcé más que de bronce un monumento,
Porque, aunque es la verdad de lo que siento, Tema: primera composición
poética del autor.
Conviene'ser modesto hasta consigo. Motivo: comparación de la
creación con la
Estos versos no son, Dios me es testigo, construicción de monumentos.
Los que hoy pare una musa sin aliento: Métrica: 11 rima consonante.
Los hijos son del ilustre pensamiento
Que aún en mi frente y en mi pecho abrigo.
Así exclamé, como en teatral proscenio,
Al,recorrer con satisfechos ojos
El primer ejemplar de mis poesías;
Mas ante mí se levantó mi genio,
Sentóse en las ruinas y despojos
De mis desmoronadas fantasías;
Y con miraclas frías:
¿Dónde está el monumento que erigiste?
Tristemente exclamó, ¡di que pudiste!
INSOMNIO
Tema: ficción del sueño y dureza de la realidad.
¡Mi sueño huyó!... No quiero luz... Medito... Motivo:
el mundo ideal.
Silencio... Soledad... Tinie6las... Calma. Métrica: 11-7. rima
consonante.
Siento dentro de mí como si el alma
se columpiara, libre, en lo Infinito.
Aunque cierre los ojos, la pupila, Al pie del risco, un valle de esmeralda.
que sin cesar vigila, Siento aroma de azahar de un limonero.
finge el blanco relieve, en la penumbra, Muéstrase en el recodo
de un sendero,
de marmóreas estatuas, sobre la alfombra de amaranto y gualda,
y al través de los párpados, vislumbra gentil pareja
murmurando amores.
chispas fugaces de llamitas fatuas. Blonda trenza desciende por la
espalda
Voz de salterio un salmo misterioso de la doncella, y al pasar, su
falda semeja en lontananza, y fugitivo se impregna del perfume de las flores.
nace, vibra, se pierde vagaroso
y se transforma en cántico amoroso. La espesa cabellera, negra
y suelta,
Un cántico lascivo del gallardo doncel, cae ondulante
en el que flota el eco voluptuoso bajo el birrete azul de pluma esbelta.
de una voz, muy remota, que me nombra Tierno modula la canción
amante:
y con tenue latido cariñoso mira la amada faz con embeleso,
me embarga dulcemente... Me amodorro; y atrayendo la boca purpurina,
Pero, súbito, surgen de la sombra se confunden los labios en
un beso
cual conjunción de espíritus, divina.
grupos de niños en alegre corro, ¡Visiones de otra edad!
¡Lagos, palacios
y encantado, al mirarlos, me desvelo. circundados de torres defensoras;
Desciende un blanco velo campífía pastoril, amplios espacios
suave, leve, flotante como espuma, entre el cielo y las flores;
y el pueril espectáculo se esfuma. embalsamadas horas
que se embraban crepúsculos y auroras
Doncellas de ropaje transparente
libando besos y cantando amores!
danzan y agitan, voluptuosamente,
las traslucidas faldas ¡Y se aleja y se pierde
tejiendo, en su rond6, rítmicamente, la visión encantada,
sartas de vistosísimas guirnaldas; su regio alcázar,
su pradera verde, lucientes aureolas
su lago y su pareja enamorada! ... de sus flotantes cabelleras fluyen,
¡Quiero dormir! Sepulto en la almohada
y en ondas, como al paso de las olas, la visionaria frente dolorida.
hacia la obscuridad se alejan, y huyen. ¿Por qué he de
ver meciéndose en la Nada
lo que ambiciono ver lleno de vida?
Aunque cierre los ojos, la pupila,
que sin cesar vigila, De repente, compactos batallones
finge el contorno vago de libres ciudadanos
de un castillo roquero, desfilan ante mí. Blancos pendones
y a sus plantas, un lago llevan enhiestos en sus fuertse manos;
sereno, inmóvil, cual pulido acero. férvido canto rumoroso
siento:
¡es el himno de paz que dan al viento!
Van cubiertos de púrpuras, y llevan
ropajes de tisú de plata y oro,
y el himno augusto sin.cesar elevan
en jubiloso coro.
¡Desfile exuberante de hermosura!
Van pasando los férvidos tropeles
sobre airosos corceles,
luciendo cada cual su vestidura
de prodigiosa trama,
con garzotas, penachos, alquiceles,
dalmáticas, gualdrapas, albornoces,
al resonar sus entusiastas voces,
en derredor la atmósfera se inflama.
Van a un templo asentado en una altura
que destaca en un cielo refulgente
su augusta arquitectura;
corre hacia él la alborozada gente
gritando ¡hosanna! en armonioso coro;
sobre el pórtico se alza una diadema
de pórfido y de mármol cuyo lema
pregona Paz en caracteres de oro.
¿Qué resplandor es ése? Tamizada
huye la luz en gasas vaporosas.
¡Es la pálida luz de la alborada
que aleja mis visiones engañosas!
¡Oh fantasmas nocturnos! , ¡oh visiones
fugaces, impalpables!
lagos, valles, airosos batallones,
legendarios amores inefables,
templo, alcázar, pradera, infantil coro,
ojos llenos de luz.... yo no he querido
vuestra incierta apariencia... ¡y ahora lloro
porque al brillar la aurora habéis huido!
¡Oh Luz-Verdad! Aunque eres pura esencia
de lo divino eterno ¡es tan amargo
tu sabor! En ti está la omni-sapiencia;
tú eres Una, Inmortal.... y sin embargo,
como tu m ano es ruda,
no te buscan, huyendo de la Duda,
sino los fuertes de ánimo y altivos:
porque del alma en la vibrante lira,
sólo tafíen con dedos compasivos
la Visión, el Ensueño, la Mentira.
A LAURA
Laura, Laura, soy yo. Mi triste acento Tema: recuerdo de un amor pasado.
esta vez a lastimar tu oído; Motivo: Laura.
Eco desgarrador, hondo lamento Métrica: 11 rima consonante.
Del amor y el placer desvanecido.
Laura, Laura, soy yo. Y el alma mía,
Tras el bien ideal siempre corriendo,
Con su nunca engañada simpatía,
Que aún te acuerdas de mí me está diciendo.
Que si amor suele unir los corazones
Con guirnaldas que céfiro arrebata,
También tiene cadena de eslabones
Que la tumba quizá no los desata.
Yo arrastro esa cadena. Y tú, que un día,
A cuya última luz morir debimos,
Tu alma sintió lo que sintió la mía
Y un alma sola para amar tuvimos,
Cuando anheles la dicha, cuando hastiada
De tanto bien como halagó tu vida,
Vuelvas la planta atrás por la encantada
Región feliz de la ilusión querida,
Por mustias que halles las antiguas prendas,
Las flores muertas, los verdores secos,
A mí te llevarán todas las sendas
Y de mi te hablarán todos los ecos.
Mas no, no, que soy yo, Laura, es el niño
Tímido, silencioso, enamorado,
Que llevaba en su pecho tu cariño
Como esencia purísima encerrado;
Es aquel niño que en el lento fuego
De ignorada pasión se consumía,
Y alucinado y delirante y ciego,
Adorado imposible, te veía;
Que en su misma ilusión embebecido,
Sin osar hasta ti tender su vuelo,
Como en las alas de su amor subido,
De tu divino amor se halló en el cielo;
Aquél que tu alma desgarró mil veces
Con celos, con rigores, con agravios,
Que apuró la pasión hasta las heces
Pendiente de tus ojos y tus labios,
Laura, ¿lo escucharás? ¡Cuánto recuerdo
A tu existencia y tu hermosura unido!
¡En cuáles mundos de ilusión me pierdo
De tu nombre no más, Laura, al sonido!
Ora es la noche, el solitario monte,
El moribundo Sol y el viento blando,
La alba Luna que argenta el horizonte,
Tú y yo en la soledad gozando, amando.
Ora ya el Sol, con su primer mirada,
Cuando los campos a dorar empieza,
Y en su lecho de flores reclinada
Despertando al placer Naturaleza;
Y yo, aspirando en mi ilusión de amores,
Las brisas de ámbar de la blanca aurora,
Y tú conmigo entretejiendo flores,
Mi dulce Venus, mi brillante Flora.
0 ya en las selvas bajo el rayo estivo,
Entre alamedas de verdura y sombra,
Al sol del arroyuelo fugitivo,
Adormecidos en la blanda alfombra,
Cual dos pastores de los siglos de oro,
De Arcadia o de Amatunta en las florestas,
De los goces del campo el gran tesoro
Apurando los dos en largas siestas,
¡Oh Laura! Hasta los ecos balbucientes
De la música infantil de mi poesía,
Hasta aquellas imágenes tientes,
Olimpo de mi tierna fantasía;
Sí, todo, todo cuanto fue mi gloria
En aquel tiempo por mi mal pasado,
Revive y se levanta en mi memoria
Al poder de tu nombre idolatrado;
Ycuando considero lo presente
Y esta ausencia infinita considero,
Pienso que de mí mismo estoy ausente
Y nada ya de la existencia espero.
Mejor fuera olvidar. Mas, ¡ay!, en vano Quiero borrar del alma
ilusionada Aquel país de resplandor lejano,
Donde siempre te encuentro a mí abrazada.
¡Ay! ¿Por qué no es así toda la vida?
¿Por qué la dicha misma se convierte
En sombra de dolor al alma asida
Con recuerdo tenaz hasta la muerte?
¿Por qué al dejar con nuestra edad primera
El palacio de encantos e ilusiones
Donde se agota por la vida entera
El raudal de las puras emociones;
Por qué al pisar del mundo los umbrales,
Cuando vais a expirar, horas dichosas,
Por qué no se nos clavan cien puñales
Donde al menos muramos entre rosas?
¡Ah! ¿Por qué el corazón, copa vacía
Del licor de la fe, del entusiasmo,
No se nos cae del pecho, ¡ oh Laura! , el día
Que en sus heces gustamos el sarcasmo?
¿Por qué llega en la vida un fiero instante
Que, aun del amor que verdadero ha sido,
Sólo queda un recuerdo agonizante
Cual la luz de la tumba del olvido?
¿Por qué, por qué también el tiempo corre
En lo que nunca se soñó pasado,
Y esto te escribo yo sin que lo borre
Sangre del corazón despedazado? ANDALUCIA
¿Por qué al,primer amor sobrevivimos,
Al primer dios, a la primer creencia,
Y altares a otros dioses erigimos Campos de la oriental Andalucía,
O sólo queda un dios, la indiferencia? Que entre cumbres de
pinos coronadas
Pero no temas, no, que yo marchite Tendéis vuestras llanuras
enramadas,
De tus dulces creencias los objetos; Donde la vid tras de la miel se
cría;
No temas, no, que en tu presencia agite Campos y cielos de la patria
mía,
De mi seca razón los esqueletos; De un sol más vividor
ígnea' moradas,
Que aun de tu vista y de tu voz lejano, No recibáis con nubes
a bandadas
Como en la aurora de mi amor, yo siento A quien viene a buscar vuestro
almo día.
El noble freno de tu hermosa mano, Luzca más bien el lisonjero
rayo,
El blando influ o de tu blando acento. Que del invierno eri la escarchada
frente
Reconóceme, Laura; soy el mismo; La crencha de carámbanos
derrite;
Un inmenso volcán mi fantasía; Y recobrados del mortal
desmayo
El cuerpo y el espíritu doliente,
Mi mente : abismo, inmensurable abismo,
Y tuya, siempre tuya, el alma mía. Todo en mí con la
vida resucite.
Y ¡oh! ¡Si aún pudiera reclinar mi frente
En el seno feliz de tus hechizos
Y sentir agitar tu mano ardiente Tema: canto a su patria.
De mi sien juvenil los blondos rizos! Motivo: Andalucía.
Métrica: 11 rima consonante
¡Oh! ¡Si a mis ojos aún velar pudieras SONETO
Con la venda feliz de tus halagos
De esta imaginación, toda quimeras, Cumbres de Guadarrama y
de Fuenfría
El devorante fuego y los estragos! Columna de la tierra castellana,
Pero no puede ser. ¡Dulces amores, Que, por las nieves y los
hielos, cana, única dicha, cuanto breve cierta, La frente alzáis
con altivez sombría:
Aunque volvierais con las mismas flores, Campos desnudos como el alma
mía,
Vuestro sol era el alma, y está yerta!
¡Oh sueños! ¡Oh memorias! ¡Oh alegrías!
Que ni la flor ni el árbol engalana:
Ceñudos al nacer de la mañana,
¡Oh ya lejana cuanto dulce historia!
Cefludos al morir de breve día:
Laura, no volverán aquellos días,
Pero irunortales son en mi memoria. Al fin os vuelvo a ver tras larga
era:
Os vuelvo a ver con el latido interno
Del patrio amor que vivo persevera.
Para mí y para vos llegó el invierno:
Para vos tornará la primavera,
Mas ni invierno ¡ay de mí! será ya eterno.
Tema: la vejez del autor/ paso del tiempo.
Motivo: los campos de Castilla inmortales.
Métrica: 11 rima consonante.
ÁVILA
A D. SATURNINO A. BUGALLAL
Sí, Bugallal, luchando y reluchando
con la ciencia también que tanto ignora, Tema: Castilla como
madre patria común
como Jacob con el celeste arcángel, me arrancaré, Motivo:
Avila
me arrancaré yo mismo Métrica: 11 versos libres.
a los férreos abrazos de este monstruo,
que del umbral de la entreabierta tumba,
en tantas formas y por tantos días,
a arrastrarme consigo se abalanza.
Pero no haya ilusión: al arrancarme,
arrancarle también querré ya en vano
los pedazos de vida, que perdidos
en briega tan tenaz por siempre llevo...
Y el pie ya puesto en la fatal pendiente,
contemplando la noche sin aurora
avanzar sobre mí, lejos de un mundo
a quien ni puedo odiar, porque sus bienes,
sus bienes todos me brindó propicio,
gloria, riqueza y ambición y todo,
y el no tomarlos yo, no es culpa suya.
¿Qué me resta que hacer? Cruzar los brazos
como el estoico de la edad antigua,
y a la tierra mirar, o como el triste
anacoreta, que olvidó a los hombres;
no a la tierra mirar, mirar al cielo.
Heme aquí en tanto sin cesar vagando,
como ave pasajera y solitaria,
a merced de los climas y estaciones,
ora por mi paterna Andalucía,
para mí inhospital, para mí ingrata,
ora por esta castellana tierra,
que a los hombres crió secos y duros
cual su propio terrón, huyendo ahora
del invierno el rigor, huyendo luego
el rigor del verano, huyendo siempre
y de mí mismo y de la vida huyendo,
porque el mísero enfermo es un proscrito
de la naturaleza a quien el mundo,
no el de los hombres ya, la tierra, el cielo,
la sombra, el sol, el aire que respira,
se le convierte en enemigo armado.
Mas cese, Bugafial, la torpe queja,
y reprimiendo del dolor los bríos,
umplamos la palabra que en Sevilla
no te pude cumplir. ¡Sevilla ilustre!
¡La confín, la africana Andalucía!
¡El árabe vencido por el godo, y el godo
tras el árabe vencido
del Calpe encaramándose a la cumbre,
de Alcides trono, y como nuevo Alcides,
los brazos entre brumas extendiendo
por el oscuro Océano y de su fondo
sacando un Nuevo Mundo! ¡Ávila ahora!
La central, la celtíbera Castílla,
el godo tal cual era en Guadalete,
concitando Vivares tras Pelayos
a durar y durar siglos y siglos
en la agarena lid, y recogiendo
los miembros palpitantes y esparcidos
de su despedazada monarquía,
hasta soldarlos y formar con ellos
otra Espafía mayor! ¡Ambas, España!
¡Ambas fundidas en la gran figura,
entre cuyos multiplicas metales
de las antiguas primitivas razas
el gótico metal los liga a todos,
y Ávila es más España! Que no en vano
España entera se llamó Castilla,
y castellana la española gente,
y castellano el español idioma.
Sí, Bugallal, Castifia es nuestra Madre:
aquí el hogar común, aquí la casa
solariega de España. Todos somos
andaluz, catalán, cántabro, vasco
hasta que esta castellana tierra
como el abrazo matemal sentimos,
y en estos fieros carpetanos montes,
que en eterna intemperie se disputan
tórridos soles e hiperbóreos hielos,
y tanta y tanta generosa sangre
siglo y siglo regó, vemos clavado
como el escudo nacional de España.
Salud ¡Ávila insigne, que no en vano
MADRE DE LOS ALFONSOS te apellidas
y de tu Catedral en el adarve,
mientras la sangre tus Hervencias corre
de tus asesinados caballeros,
tu escudo de armas esmaltó a aquel niño,
séptimo Alfonso emperador, que luego
con las banderas al muslín ganadas,
alfombraba el camino a otros Alfonsos,
niños también y que también guardaste,
niños que fueron, cuando Alfonsos hombres,
Alfonso el de las Navas de Tolosa
y Alfonso el de los campos del Salado!
Salud, ¡oh tú, que reyes no guardabas,
cuando al pie de tu muro en peña viva,
donde implacable la inscripción aún dura,
destronaste en efigie al Cuarto Enrique,
que a un breve espacio reservaba el cielo,
ni cuando en tus ferrados baluartes
contra un novel Emperador flotaba
la Santa Enseña de la Santa Liga,
que de ti se llamó! Salud, te digo,
¡fortaleza mayor de ambas Castillas,
morada ayer de cuanto fue la guerra,
y hoy ya de paz, más de harta Paz! ¿Qué mucho
que desdeñando a la presente España,
venga en ti a contemplar el extranjero
el feudal monumento de ocho siglos,
que el Támesis inglés o el Rhin germano
, donde aún agita la Medieva Europa
su pendón señorial, ni en sus ruinas
son poderosos a ostentar? ¿En dónde,
no de piedras simétricas labrada,
sino de peña y de mortero vivo
con audaz rustiqueza, esa muralla
que subiendo y bajando en el escarpe,
precipitarse en la llanura quiere
y al enemigo provocar? ¿En dónde
la fiera Catedral que con su rombo
por arnés y su torre por penacho,
como en noble bridón acorazado
en muros almena y terraplén cabalga,
y el cerrado escuadrón de torreones
parece acaudillar, como si fuera
hueste animada de guerreros prontos
a pelear y vencer? Mas, ¿por ventura,
es del barón o del señor el yelmo,
o del pastor sacerdotal la mitra,
la que al cristiano a la victoria lleva?
Pastor es, no de ovejas, de leones;
contra el león ismaelita, que, si madre
fuiste de Alfonsos invencibles, hija
de tus obispos Y Prelados eres;
hija del campeador catolicismo
que la Europa fundó, Más que en Europa
quiso en España fabricar su imagen;
por la ignorada redondez del mundo
las tierras todas y los mares todos
sembrando fue de vencedoras cruces,
humaniz6, civilizó hasta el día
que de fe en fanatismo convertido,
y exagerando a Dios, cayó postrado,
y en sus hogueras se abrasó a sí mismo
y a España en ellas abrasó.
¿Qué importa
que al asomar al horizonte hispano
su frente imperatoria Carlos Quinto,
si después español, antes flamenco,
de España el fiero corazón presienta,
que aquel futuro Emperador prepara
tras inmensa randeza inmensa ruina?
Sicilia y Aragón alzan el grito,
Cataluña y Valencia lo.repiten.
-Castilla ¿dónde estás? Aquí Castilla.-
Toledo la imperial, la condal Burgos,
Valladolid que a cornpetir aspira,
Madrid aún no rival. y Salamanca,
La escolar Salamanca, la revuelta,
Segovia, y Madrigal, y Tordesillas,
Zamora por su obispo aún más famosa,
la incendiada Medina Y las ciudades
del imperio andaluz, cortes del moro,
en tu noble recinto se congregan;
¡Oh tú, ciudad leal, también rebelde!
y a la voz de sus prestes y sus monjes,,
y al aliento del órgano inflamado,
y al clamor de los círabalos volantes,
ue cimborios Y cúpulas cimbrean,
en tu orgullosa Catedral retumba
el osado, el solemne juramento
de las Cornunidades de Castilla.
Flota y descuella tú ¡rojo estandarte
de Isabel y Fernando! Y tú morado
pabellón de Castilla! En esos muros
sobre tantos heráldicos blasones
de azul y grana, y de amaranyo y de oro,
bandas, lunas, castillos y turbantes,
águila y león, el grifo fabuloso,
y la Cruz de Santiago y Calatrava
a los hijos de Omar siempre funesta;
con tanto lema y con divinas tasas,
que declaran la gran genealogía
de los antiguos y de los nuevos reinos,
altas ciudades, arrogantes villas,
iglesias santas, monasterios claros,
mesnandades, hermandades,señoríos,
aún sin contar las apartadas zonas,
como aquellos Catolicos Monarcas
dejaron en un haz entrelazados
a formar la España Monarquía.
Riego es la sangre a fecundar el suelo,
Luz el incendio a iluminar el triunfo,
Y tiempo que hable y que se asiente España.
-¡VILLALAR! ¡VILLALAR!- Falló el destino,
y de aquella jornada ignominiosa
sólo hay ya que evocar a aquel Padilla,
digno de mayor prez que aun hoy la historia
a su excelso patíbulo concede,
porque aquel que en la muerte fue tan grande
también debió de ser grande en la vida.
No, no fue nunca comunera España,
y éste el error en Villalar purgado.
Cayó la visigoda aristocracia,
Que en Asturias alzó sus propios reyes,
convertida en nobleza palaciana:
cayó la sabia y patriarcal iglesia,
que formó el Fuero juzgo en sus Concilios,
confundida en plebeya clerecía;
cayó el estado llano, que su voto
se alzaba a dar y a reclamar su vara
en el aún vivo Municipio Hispano;
y aquella imperturbable democracia
de Cortés, de Pizarro y de Balboa,
trocando su coraza en un silicio,
y su espada en un cirio, y las llanuras
de la tierra y del mar por los teatros
de los Autos de Fe, más entre cetros
de universal dominación, y usando
ver de rodillas a sus pies el mundo,
ahora ya encapuchado demagogia que,
anticipando la segur de Francia,
no sufre más nivel que el de su frente,
a la igualdad, a la igualdad del polvo
condenará también su Monarquía.
Mas ¿a qué despojar del áureo manto
y de la áurea corona a aquella España,
que entre las potestades de la tierra
grande y tan grande fue, que la más grande,
esa Inglaterra, la heredera un día
del gran tridente de la Grande Armada,
aprendió de ella hasta la altiva frase
de que el sol no se pone en sus dominios?
¡Cómo ignoraba yo todo el tesoro
de esta ciudad monumental! La planta
do quier va tropezando en monumentos,
los ojos sólo ven piedra y más piedra
rudamente labrada o no labrada,
tal vez de una color sanguinolenta,
cual si guardase un testimonio eterno
la sangre por el tiempo desteñida,
que fue vertiendo por el mundo Espafía.
El pobre albergue en que al trasluz te escribo,
está como empotrado en los escombros
de este palacio episcopal, que un día
prelados hospedó de coselete,
arzobispos, primados, consejeros,
Zorraquines, Carrillos, Talaveras;
y el nombre proverbial guarda esta calle
de aquel Tostado, que de Italia y Flandes
con sus infolios fatigó las prensas,
y a quien la Catedral en su trascoro
grabó en marmóreo medallón la efigie.
Viviendas de guerreros, no palacios,
respaldando el recinto y respaldadas
de él a la par, las casas de estos nobles
alzan aquí la venerable frente
también monumental, y no hay del viejo
abolengo señor que aquí no tenga
de su escudo un cuartel. De aquí estoy viendo
las Cerdas de la Cerda. Salgo acaso
por la puerta oriental del gran recinto,
y con su hermoso pórtico y su extraña
arcada en el granítico declive
la secular Basílica contemplo
de San Vicente, renombraclg joya
del arte de Bizancio. Al norte giro,
y de mosén Rubí de Bracamonte
en la severa fábrica penetro,
donde está el cabo de año resonando
de un La Cerda también. A poco trecho
frente al nuevo mercado San Juan Viejo,
bajo su nave gótica y rojiza,
de jimén Blasco la memoria guarda,
primer gobernador, y de Jimena
la heroína Abulense los sepulcros
de espléndidos patronos, contrastando
con tosco piso de alineadas tumbas
con número y sin nombre, y de la Santa
la pila bautismal. Subo, y frontero
a la otra puerta militar del muro
y al alcázar que fue, reciente ruina
de estos modernos bárbaros de ahora,
que ruina mei0r causar pudieron,
derribando es'tos sórdidos tugurios
que son aquí profanación; San Pedro,
bizantino también, con su gallardo
rosetón pintoresco, y tantos otros
trofeos de piedad como descubre
en derredor la Vista dentro y fuera
del área antigua. Pero ¿dónde, dónde
la.insigne, la gloriosa Carmelita,
sol de Castilla resplandor de España?
Cuatro guardan su nombre y sus reliquias,
mas ninguno tan grande como ella,
que es por sí su más alto monumento.
Y allá Santo Tómás tras Precipicios,
templo, universidad y monasterio,
Y como el Escorial palacio y tumba.
Palacio de Isabel, tumba temprana
del príncipe Don Juan, que a ser naciera
dolía Juana la Loca o Carlos Quinto.
¡Altos juicios de Dios! Ven y recorre
estos claustros solemnes, a las sombras
pregunta de estas góticas techumbres
sube y contempla el facistol del coro
con el libro litúrgico aún abierto
esperando al dominico sochantre,
admira los encajes y calados
de esta afiligranada sillería,
y en JQs sitiases coronados posa
de los primeros dos que fueron reyes,
no de Castilla y de Arag6n , de España.
Sí; grande España, Bugallal, aquella,
y si la historia pareció olvidarlo,
aún tiene mucho que aprender la historia.
Mas fuimos los ministros de una causa,
y la nuestra también fue de esta incierta
humanidad la causa. Hablad; vosotras,
grandes, no ya con nacional grandeza,
mas con aquel universal renombre,
que a las mismas naciones sobrevive!
Hablad, ¡sombras aquí doquier presentes.
las dos más grandes hembras de Castilla'
y a quien la Europa escaseó rivales;
reinas las dos, la que nació en el trono
y la que un trono se erigió a sí misma,
Isabel la Católica Y Teresa!
¿Teméis que alguna vez olvide el mundo
de América a la gran descubridora
y a la gran fundadora del Carmelo?
Y ¡cuán grandes aún estas figuras,
que aunque a distancia desigual las siguen!
La losa hollando estoy de Torquemada.
¡La inquisición! ¡El instrumentum regni!!
¡Misterio aún más profundo en nuestra España
que otro que en vano penetrar creímos!
La cuna aquí también, la cuna ilustre,
del duque de Alba... ¡Portugal y Flandes!
y a completar el imponente grupo
el segundo Pizarro de las Indias,
que el Inca siempre con amor recuerda,
el virrey del Perú, Pedro Lagasca.
Su rayo el sol al declinar extiende
sobre Ciudad y Catedral. Parece
que el guerrero reposa, y allí al lado
su yelmo de oro está. Si se juntaran
todas las Catedrales españolas,
¡qué selva, Bugallal, de Catedrales!
¡Qué gran selva de piedra! Pero ¡cuánta,
cuánta inmovilidad en torno de ellas!
Pasa, sí, la veloz locomotora
afío tras afío sin cesar un día,
y el castellano con su adusto ceño
la tentación aún experimenta
de salirle al encuentro y de ararla.
Pero ¡cuán grande error! ¿Crees por ventura,
que el paisano avilés hoy hace votos
Por la España, que el vasco allá en sus montes
intenta restaurar? Él ha cesado
de creer y amar lo antiguo, y no ha aprendido
a creer y amar lo nuevo, y ya no sabe
qué creer ni qué amar; pero los ecos
llegando van de la ciudad, y pronto
el campesino y ciudadano juntos
consumarán la obra comenzada.
Y esta obra no será ni el templo antiguo,
ni el antiguo palacio, no, ni templo
ni palacio ninguno. ¿Dónde, dónde
los llamados están a echar un puente
sobre estas impetuosas cataratas,
e insondables abismos. entre orillas
de itnposibles pasados'y futuros,
imposibles también?-¿Somos nosotros,
soldados de un ejército disperso
en la deshecha tempestad de un trono,
y que apenas salvamos la bandera?
La espada es hoy el cetro, y no hay más cetro;
mas espadas también son las ideas,
que hieren a los mismos que las blanden,
si las doblan tal vez, y nuestra espada
es la espada civil de! parlamento.
Con él nacimos y con él morimos,
y con él volveremos si algún día
habemos de volver; pero la espada
qsue la España y el mundo están pidiendo,
éstas la forjan, de Babel salidas,
antiparlamentarias asambleas,
que a su hora vienen a matarlo todo,
que el parlamento por matar empiezan,
que hasta a sí mismas por matarse acaban,
y del derecho en el común naufragio
sólo dejan en pie la dictadura, la dictadura,
la dictadura omnímoda. Nosotros,
parlamentarios de los grandes días,
¿qué hacer aquí, qué hacer? Al menos ellos,
si el honor de morir no merecieron,
en bufos de Offembach se han convertido,
y con su risa hacen reír. Nosotros
fuéramos brujas de Shakespeare sangrientas,
en cuya ígnea caldera acabarían
de hervir, cocer los destrozados miembros
de una infiel sociedad sin mayor arte
en volverlos a unir.
El sol en tanto
Transpone el horizonte, y ya la planta
se torna a la ciudad. Terribles vientos
o calmas ardorosas... Nunca, nunca,
brisas aquí que con benigno soplo
mi cuerpo o mi alma templen... Mas silencio!
¿Cuál imagen fulgente se levanta,
el manto ajado, desceñido el peto,
la espalda al cinto de pelear rendida,
como buscando en derredor un lecho
donde cobrar la derramada sangre,
mas no con vil rubor disimulando
su varonil decrepitud de siglos?
¡Oh Espafía, oh vieja, oh vieja España! ¡Y
solo
hoy te conozco! ¡Y conocerte en vano
querrán mis hijos! ¡Y en la edad ya asoma
de una infeliz generación el día
que ni te llames ni te llame Espñía!
Toledo allí, la imnemorial matrona,
Segovia allá que aún recorrer me es dado,
ciudades ciento, las vetustas madres
cuyo fecundo visigodo vientre,
cuyos robustos visigodos pechos
te concibieron con su ardiente savia,
te amamantaron con su hidalga leche,
¡oh noble Espafía! y en su seno augusto,
resucitando al priraitivo ibero,
al celta, al peno y al romano fuerte
con el godo y el árabe amasados
en castellana, en española masa
al heroico calor de la conquista,
te creeré libre de la ley tremenda
que a las naciones de morir no exime,
y exclamaré con nacional orgullo:
«Ya soy más español, soy castellano.»,
Ávila de los Caballeros, agosto 1874
A FERNÁN CABALLERO
ENVIÁNDOLE UN EJEMPLAR DE MIS POESÍAS
Tú a quien dos veces admiré en el mundo,
Primero, en esa arábiga Sevilla, Tema: elogio a su maestro/amigo
De una entusiasta juventud cercada,
La hermosa dama, la sin par Cecilia; Métrica: 11 rima asonante.
Después allá cuando de mí ignorado,
Tras anchos mares en extraños climas
Por la mafia entre aplausos repetido,
De Fernán Caballero el nombre oía;
Dígnate recibir como un recuerdo
De la antigua amistad nunca extinguida
Como una ofrenda en el altar del genio
Que en sus alas fulgentes te sublima,
Dígnate afable recibir el libro
Arca no, sino tumba de reliquias
Donde al fin encerré los pobres versos,
Que al azar engendró mi fantasía.
Acaso entre ellos hallarás algunos
Que al fresco murmurar de la onda estiva
De su jardín las auras aprendieron,
En las noches de luz de Andalucía;
Ysi espejos no son cual tus poemas
De un alma en tu fervor pura y tranquila
Sí de esta audaz generación del siglo
La Haga aquí tal vez sangre destila;
Hijos siempre serán de aquella musa
Que en ya lejanos cuanto hermosos días
De Byron, Goethe y Lamartine los nombres
¡Musa tú más feliz! de ti aprendía.
Sé indulgente con ellos cual soliste;
Y entre tanto esta página te diga
La sincera efusión de la memoria
Que a Cecilia y Femán su autor envía.
Texto: Mª Isabel Monedero (2º
Humanidades. Universitat Jaime I. Castelló. España).