Vida
Filósofo y crítico alemán, nacido en Hannover
y muerto en Dresde. Estudió Derecho en Gotinga y Leipzig, al mismo
tiempo que se dedicaba a una investigación profunda de la literatura
y cultura griegas. En Jena fue uno de los principales animadores, junto
con su hermano August Wilhelm, del círculo agrupado en torno a la
revista Atheneum, órgano del primer cenáculo romántico
de Jena. Dio cursos y clases particulares en París y Colonia, y
en 1808 se convirtió al catolicismo. En Viena fue también
animador de otro círculo romántico en torno a la revista
Concordia.
Especializado en filología, ya desde sus primeros estudios se
muestra más como crítico de las relaciones entre el mundo
antiguo y moderno que como simple filólogo. Así aparece en
sus obras: Griegos y romanos (1797), Sobre el estudio de la poesía
griega (1797) e Historia de la poesía de los griegos y de
los romanos (1798). En ellas delinea una contraposición entre
poesía objetiva del mundo clásico y poesía interesante
de la modernidad, algo así como la distinción schilleriana
entre lo ingenuo y los sentimental. La intención de estos trabajos
es contraponer la fragmentación y artificialidad del mundo moderno
con la armoniosa e instintiva naturalidad de la antigüedad. La urgencia
de superar la negatividad de la condición moderna lo induce a dedicarse
de lleno a la reflexión filosófica. Schleger cree que es
inútil abandonarse en la nostalgia por el clasicismo perdido, puesto
que está convencido de que el arte moderno tiene en sí el
potencial para trascender su abstracta subjetividad y para renovar el carácter
objetivo de la cultura antigua por medio de un proceso de autorreflexión.
Es así como delinea una idea de la poesía trascendental,
capaz de mediar en una síntesis superior el contraste entre la bella
Antigüedad y el desgarramiento del tiempo presente (Diálogo
sobre la poesía, 1800, y Lucinda, 1799).
El último período del pensamiento de Schlegel, el austríaco,
está marcado por un signo místico y religioso coincidente
con su conversión al catolicismo. Considera que el idealismo ha
hecho ya su recorrido cíclico a través de los cuatro sistemas:
Fichte y Schelling por una parte (que representan la pura especulación
teórica) y Kant y Jacobi por la otra (representantes de la instancia
práctica de la fe). La tarea que queda por realizar, según
él, es la de un nuevo espiritualismo fundado en la experiencia cristiana,
fijando la atención, no en el principio de la razón ni en
el sentimiento en la fe, sino en el principio de la personalidad humana
y en la realidad de la vida, donde la filosofía encuentra su culminación.
A este período pertenecen las obras: Filosofía de la vida
(1827), Filosofía de la historia (1817) y Filosofía
del lenguaje y de la palabra (1829).
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