II
A la tierra, en el grano
que desparrama,
el labrador confía
sus esperanzas.
Hasta que verlas
cumplidas logre
¡qué de trabajos!
¡qué de temores!
III
En el invierno, todo
morir parece;
las aves han huído,
los campos duermen;
los altos montes,
en nieve envueltos,
como fantasmas
se ven al lejos.
IV
En mayo, todo es vida;
tornan las aves,
los hielos se derriten,
las flores se abren,
y los sembrados
semejan olas
cuando la brisa
pasa y los toca.
V
A sazonar los trigos
viene en pos julio;
con su soplo de fue
dora los frutos;
y entonces, dicen,
canta la espiga
lo que a cantaros
va la voz mía.
VI
Los bienes que en mí encierro
ponderar oigo;
mis granos los comparan
con granos de oro.
Más que oro fino
mis granos valen,
y que las perlas
y los diamantes.
VII
El hombre que paz tiene
con su conciencia,
más que la miel sabroso
mi pan encuentra;
como reñido,
con ella vive,
negro y amargo
me encuentra el crimen.
VIII
Yo soy la paz y el gozo
de las familias;
palacios y cabañas
me necesitan.
Año en que llenas
se ven las trojes,
todos respiran,
ricos y pobres.
el gozo
IX
Si ha sido el año estéril,
veréis el hambre
recorrer las aldeas
y las ciudades;
madres que sufren,
niños que lloran,
penas sin cuento,
sonrisas pocas.
X
Aquel que por los hombres
subió al Calvario,
hizo de mi sustancia
símbolo santo;
pues si su sangre
figura el vino,
yo soy el cuerpo
de Jesucristo.
XI
En cada rubio gran
llevo escondidas
largas generaciones
de otras espigas;
que en pan trocadas,
son para el pueblo
germen de fuerza,
maná del cielo.
XII
Labrador, si ha de darte
la tierra frutos,
con sudor de tu frente
riega los surcos:
sin este riego
no esperes nunca;
las nubes solas
no la fecundan.
XIII
Hallará en su camino
la reja tosca,
matorrales, y abrojos,
y duras rocas.
¿Qué pensamiento,
qué noble empresa,
vence sin lucha
ni resistencia?
BALADA DE IBERIA
I
Dicen que va con España
a casarse Portugal;
si mucho vale la novia
no vale poco el galán.
El mismo sol los alumbra,
la misma tierra feraz
rinde a sus pies generosa,
ricos tesoros sin par.
Dos mares las costas bañan:
dos mares de nombre igual;
en los propios claros ríos
los dos contemplan su faz.
Una es su lengua armoniosa,
una su historia inmortal;
en los siglos venideros
uno el destino será.
Bello fruto de estas bodas,
Iberia al orbe ha de dar
envidia por su grandeza,
y por sus virtudes más.
¡Cuándo ese día,
cuándo vendrá!
¿Quién no lo ansía?
Quién lo verá!
Los dos cruzaron valientes
las soledades de un mar,
donde sonado no había
la voz humana jamás.
Oro dicen que trajeron
de su expedición audaz;
no cuenta quien los acusa
lo que dejaron allá:
Sangre, industria, ciencia y arte.
Entrada en la humanidad
dieron a razas dormidas
en hondo sueño fatal.
Y entonces allí brotaron
(flores de su inmenso afán)
ciudades, talleres, templos,
maravillas que admirar.
¡Ojalá unidos por siempre
desde entonces, ojalá,
hubieran los dos estado
con vínculo fraternal!
¡Cuándo ese día! etc.
III
Todo el mundo conocido
resueltos los vio pasar
a vencer los que imposibles
juzgaba la antigüedad:
Con el león de Castilla
las quinas de Portugal;
las barras aragonesas
con el blasón catalán.
Fuertes con sus libertades
y su poder colosal,
en sus empresas llegaron
donde nadie llegará.
Ellos derrocan imperios,
ellos los saben fundar,
y uncen monarcas altivos
a su carroza triunfal.
Hoy con recelo se miran,
y no se conocerán
hasta que luzca la aurora
que tantos esperan ya.
¡Cuándo ese día! etc
IV
El tiempo se acerca; un trono
ha barrido el huracán,
sobre él desplomado fiero
una oleada del mar.
Dinastías extranjeras
hollaron su dignidad;
si España tiene memoria,
ya nunca lo ocuparán.
Lázaro ha roto su tumba;
la tiniebla huyendo va;
el muerto resucitada
saluda a la Libertad.
En esta sagrada vía,
sin volver un paso atrás,
con el pueblo lusitano
España se encontrará.
Y olvidando sus querellas,
su alianza sellarán,
fiel, sincera, indisoluble
con un ósculo de paz.
¡Cuándo ese día! etc.
V
¡Iberia! yo te estoy viendo
bella, joven, celestial,
como en sus ensueños pudo
el poeta ambicionar.
¡Iberia! yo te estoy viendo
vestida de majestad,
presentarte a las naciones
con aplauso universal.
¡Iberia! yo te estoy viendo
en el senado brillar
de todos los pueblos libres,
tan alta como el que más.
¡Iberia! yo te estoy viendo
serenamente marchar
al porvenir que adivina
la musa de nuestra edad.
¡Iberia! yo te estoy viendo;
Iberia tú nacerás,
pues han de hacerse las bodas
de España con Portugal.
Ese gran día
no faltará;
¿quién no lo ansía?
¡Quién lo verá!