El Neoclasicismo quiso poner en pie un arte didáctico
y razonable y para ello elaboró una estética que, por ejemplo,
en el teatro buscaba la identificación del espectador con lo que
ocurría en escena y no su distanciamiento. El espectador, mediante
la ilusión teatral, interioriza y hace suyos los conflictos dramáticos.
Todo lo que rompa esa identificación es anti-teatral.
Afirma Boileau, el gran teórico neoclásico
francés: "Un lugar, un día, una sola acción completa".
Las reglas o unidades de lugar, tiempo y acción, que regulaban la
creación dramática se consideraban preceptos indiscutibles
para mantener la ilusión teatral y la identificación del
espectador. Las reglas mayores abarcan la unidad de lugar, que
exige que toda la acción dramática transcurra en el mismo
espacio físico e imaginario. La unidad de tiempo, que en
sentido estricto exige que coincidan el tiempo imaginario de la acción
y el real de la representación. Es decir, que no pase de tres horas,
aunque se admitían hasta 24 horas. Y la unidad de acción,
que manda que ésta sea única, unitaria, completa y de un
solo protagonista. Los hechos necesarios que no puedan ser escenificados
deben ser narrados.