Vicente W. Querol
 

RIMAS
 
 

I
A orillas del ancho rio
se levanta un arbol muerto,
que arraiga en húmeda tierra
y alza los brazos al cielo.
¿Para qué pasan las aguas
su pie nudoso lamiendo?
¿Para qué en las tibias brisas
de abril le prodigan besos?
¿Para qué en las ramas secas
detiene el pájaro el vuelo?
Ni henchirá el tronco la savia,
ni hojas moverán los vientos,
ni el dulce fruto o el nido
hallará el ave allí dentro.
.......................................
¡Savia,frutos,nidos,hojas!
¡Vida, amor, nobles intentos!
[ Octubre, 1874.]

II
I
Para saltar las piedras del torrente
que a nuestros pies bullía,
sobre mi mano ardiente
puso su mano fría.
II
Breve instante las aguas cristalinas
copiáronla en su centro,
como si aún las ondinas
morasen allí dentro.

III
Hoy cuando cruzo la corriente a solas,
aún el raudal de plata
de las trémulas olas
miro si la retrata.
[Octubre, 1875.]

IV
AL RIO VALIRA
Detrás del tronco del añoso sauce
el soldado español puesto en acecho
ve indiferente su sangrienta fauce
cómo hunde el lobo en tu raudal estrecho.
Pero si un hombre codiciado cauce
baja, su bala le atraviesa el pecho.
Que hoy nuestra raza, en la que el odio impera,
niega al hermano lo que da la fiera.
[Agosto,1875.]

V
I
Nuestras ideas y pasiones copia
la mujer en su alma;
mas la rudeza varonil endulza
y suaviza al copiarlas.
II
Así la luna en los dormidos cielos
brilla con luz prestada;
pero el fuego del sol que ilumina.
trueca en rayos de plata.
[Octubre, 1875.]
VI
Callad ya, sonoras trovas.
Laúd, permanece mudo.
Morid, risas, con que necio
la orfandad del alma insulto.
La vid con alegres pámpanos
preserva los tiernos frutos
del rayo del sol, del viento
y de los chubascos turbios;
mas si el labriego la priva
de sus racimos maduros,
al soplo del cierzo entrega
lavid sus pámpanos mustios.
[Octubre , 1875.]
VII
De tu hipócrita fe roto ya el velo,
hoy con vergüenza mi pasión escondo.
Fingir supiste el amoroso anhelo
cual copiar sabe el cenagoso fondo
de charca vil la claridad del cielo.
[Octubre, 1875.]
VIII
Cruzaba contigo el valle
a la hora en que las últimas
luces de la tarde el cielo
con rojas tintas alumbran,
cuando, al llegar a la fuente
que bajo el nogal murmura,
encontramos a una hermosa
gitanilla vagabunda.
-- "¿No querrá el buen caballero
que en las líneas que se cruzan
sobre su diestra, adivine
cuál es su suerte futura?"
Tendí mi mano riendo,
mientras que, con honda angustia,
tú interrogabas los ojos
de la pitonisa, muda.
--"Vos ireís --dijo la maga--
de un soñado bien en busca,
loco tras de un imposible
que no habéis de lograr nunca."
Yo escuche entonces un leve
suspiro del alma tuya
pasar llevando en sus alas
la afirmación de tus dudas.
--"Vos iréis por luengas tierras,
juguete de la fortuna,
hasta que en lejanos climas
una hermosa niña rubia
os aprisione en los lazos
de aquel amor que no dura
más que lo que duran breves
la juventud y hermosura."
Tú doblaste sobre el pecho
la pálida frente mustia,
y apoyaste sobre mi hombro
las trémulas manos juntas.
-- "No fiéis de falso amigo
que el traidor puñal aguza,
ni de la mujer querida
que miente el amor que os jura".
En sollozos comprimidos
rompió al fin tu pena aguda,
y de tus nublados ojos
cayó el llanto en blanda lluvia.
Sentados junto a la fuente
nos vio la naciente luna,
oprimiendo con mi brazo
yo tu delgada cintura,
doblando tú la cabeza
entre risueña y confusa,
y escuchando estas palabras,
que ojalá no olvides nunca:
-- "El porvenir de mi vida
sólo ha de ser obra tuya:
tu amor sencillo y eterno
será mi buena ventura."
[Octubre, 1875.]
IX
A...
Nunca sabrás tal vez que yo te adoro;
nunca tú en mi semblante
verás las huellas del amargo lloro,
del dulce lloro que por tí derramo,
ni mi labio arrogante
nunca osará esta frase, que devoro,
junto a tu oido pronunciar: "Te amo".

X
En las grïetas de la vieja torre
polvo al pasar el huracán dejó;
trajo el ave en su pico la semilla;
cayó la lluvia y, cuando vino el sol,
entre las piedras de la torre antigua
brotó una flor.
Tú has sido para mí, niña inocente,
el viento, el ave que pasó veloz,
la gota de agua, el sol de primavera
cuya fecunda y misteriosa acción
entre las ruinas de mi ser engendra
nuevo el amor.
 
 

XI
¿Ves esa lámpara triste
que en la olvidada capilla
del viejo templo cristiano,
junto a la Virgen bendita,
las sombras apenas vence,
pero inalterable brilla?
Siglos hace que sus rayos
ante la imagen vacilan;
siglos vendrán... y ella siempre
arderá blanca y tranquila.
No alumbró nunca el insomnio
de desvelada codicia,
ni la estremecieron nunca
los cánticos de la orgía.
Clara estrella sin ocaso,
como la del Norte, fija;
sagrada luz que no muere
cual muere la luz del día.
Amor la encendió, y de entonces
el devoto amor la cuida;
y, simbolo de una eterna
pasión, única y ssencilla,
vivirá mientras la imagen
a que da sus lumbres, viva.
....................................
Yo sé de un alma que arde
por ti en casto amor, oh niña,
como la lámpara triste
de la olvidada capilla.

XII
Si la humana razón con lumbre intensa
el fondo incierto de las causas busca,
la duda engendra, que, cual niebla densa,
al alma envuelve y la conciencia ofusca.
Cuando el sol tropical sobre el inquieto
Ponto su rayo vibrador envía,
no alumbra el fondo de la mar secreto;
pero engendra el vapor que enturbia el día.
[ Enero, 1876.]
 
 

XIII
Con venenosa mentira
quisieron turbar la calma
con que tu pecho respira;
pero el rayo de su ira
murió en la paz de tu alma.
Si arrojaís, acaso, alguna
piedra en el estanque lleno,
baja hasta hundirse en el cieno,
y el cristal de la laguna
torna a cerrarse sereno.

XIV
Del lodazal de la tierra
el sol, con cálidos rayos,
sabe engendrar los vapores
que llevan por los espacios
la grande voz de los truenos
y el brillo de los relámpagos.
Los ténues vapores grises
que enturbian los cielos claros,
al soplo del cierzo frío
en blanda lluvia trocados,
bajan de nuevo a la tierra
para convertirse en fango.
Alma mía, cuando el fuego
te abrasa del entusiasmo,
libre hasta los cielos subes;
pero, cuando el desengaño
te hiere frío, desciendes
triste a la cárcel de barro.
[ Enero,1876.]
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

FAMILIARES
A LA MEMORIA DE MI HERMANA ADELA
I
Seis años ya que el alma de mi alma
en la triste postrera despedida
me dijo su adiós tierno.
¿Por qué, infiel corazón, lates en calma?
¿Por qué, cuando es eterna la partida,
no es el dolor eterno?
II
Y eterno es mi dolor, que aún el agudo
dardo yo siento en la cerrada llaga
cuando una voz la nombra.
No está muerto mi duelo, aunque está mudo.
Secos al llanto, por mis ojos vaga
siempre una triste sombra.
III
Cuando el invierno pálido se aleja
y primavera con las frescas galas
orna el árido suelo,
cual mariposa que la cárcel deja,
su alma entreabrió las transparentes alas
para volar al cielo.

IV
De entonces que al tornar las tibias brisas,
cuando en Oriente el sol rojo fulgura,
mi corazón opreso
ve en las luces del alba sus sonrisas,
y el soplo del abril se me figura
su codiciado beso.

V
Y al pensar en su blonda cabellera
y en la luz de sus ojos de esmeralda,
me finjo en mi congoja
que es su imagen la verde primavera,
cuando de mustias rosas la guirnalda
tristemente deshoja.
VI
Que ella murió en la edad de la hermosura,
en la edad de los cándidos hechizos;
y cuando piense en ella
veré siempre su blanca vestidura,
su tersa frente y sus dorados rizos:
la veré siempre bella.
VII
Morando en los espacios de la gloria
tú aún vives con nosotros, pobre Adela;
tú par mí no has muerto.
Yo en mis duelos invoco tu memoria,
cual protector espíritu, que vela
sobre mi hogar desierto.
VIII
Y, al vencer los escollos de la vida,
yo comprendo ahora bien cuánto se encierra
inefableconsuelo,
en el místico lazo, en que va unida
parte de una familia por la tierra
y parte por el cielo.
IX
Como en el bosque solitario el ave,
cual flor nacida en el cerrado huerto,
como en el mar la ola,
cuya breve existencia nadie sabe,
tú, en el hogar donde naciste has muerto
desconocida y sola.
X
Pero al orgullo vano de la ciencia,
y a las fútiles pompas de la gloria
o al opulento brillo,
prefiero yo tu cándida inocencia,
y esa vida sin mancha y sin historia
de un corazón sencillo.
 
 
 

XI
Fugaces horas inocentes juegos,
fiestas alegres en el hogar, veladas
de infantiles consejas,
de estudio grave o de devotos ruegos,
ésas son las memorias adoradas
que a tus hermanos dejas.
XII
Yo sé por qué, tras de suspiro blando,
mi madre enjuga con callado duelo
sus húmedas pupilas;
yo sé en qué piensan mis hermanas, cuando
clavan absortas en el albo cielo
sus miradas tranquilas.
XIII
La limosna, el perdón de los agravios,
la alegría, el dolor que purifica
el corazón del hombre.
la oración que pronuncian nuestros labios,
todo a tí nuesstro amor te lo dedica,
todo se hace en tu nombre.
XIV
Así llenas tú aún nuestra morada;
así de nuestro amor te hizo sseñora
para siempre la muerte;
y cuando llegue la vejez cansada,
pienso que ha de endulzar mi última hora
la esperanza de verte.

[1870]
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

A UN ÁRBOL

El día que yo vi la luz primera,
plantó mi padre en su risueño huerto
ese árbol que admiráis en primavera,
de tiernas hojas y de flor cubierto.
Yo entré en la sociedad, donde hoy batallo,
con la esperanza audaz de los mancebos,
cuando él ennoblecía el fuerte tallo
cada nueva estación con ramos nuevos.
Yo abandoné, buscando horas felices,
mi pobre hogar por la mansión extraña,
y él, inmutable, ahondaba sus raices
junto al arroyo que sus plantas baña.
Hoy, rugosa la frente y seca el alma,
cuando hasta el eco de mi voz me asombra,
vengo a encontrar la apetecida calma
del tronco amigo a la propicia sombra.
Y evoco las memorias indecisas
de la edad juvenil,sueños perdidos,
mientras juegan sus ramas con las brisas
y al alegre rumor cantan los nidos.
Mi vida agosta ese dolor interno
con que ojos y la frente enluto:
él abre en mayo su capullo tierno
y da en octubre el aromado fruto.

[Octubre , 1874]
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

EN NOCHE BUENA
A MIS ANCIANOS PADRES

I
Un año má en el hogar paterno
celebramos la fiesta del Dioa-niño,
símbolo augusto del amor eterno,
cuando cubre los montes de invierno
con su manto de armiño.
II
Como el día de la fausta boda
o en el que el santo de los padres llega,
la turba alegre de los niños juega,
y en la ancha sala la familia toda
de noche se congrega.
III
La roja lumbre de los troncos brilla
del pequeño dormido en la mejilla,
que con tímido afán su madre besa,
y se refleja alegre en la vajilla
de la dispuesta mesa.
IV
A su sobrino, que lo escucha atento,
mi hermana dice el pavoroso cuento,
y mi otra hermana la canción modula,
que o bien surge vibrante, o bien ondula
prolongada en el viento.
V
Mi madre tiende las rugosas manos
al nieto que huye por la blanda alfombra.
Hablan de pie mi padre y mis hermanos,
mientras yo, recatándome en la sombra,
pienso en hondos arcanos.
 
 
 
 

VI

Pienso que de los días de ventura
las horas van apresurando el paso,
y que empaña el Oriente niebla oscura,
cuando aún el rayo trémulo fulgura
último del ocaso.

VII
¡Padres míos, mi amor! ¡Cómo envenena
las breves dichas el temor del daño!
Hoy presidís nuestra modesta cena;
pero el porvenir... yo sé que un año
vendrá sin nochebuena.

VIII
Vendrá, y que las que hoy son risas y alborozo,
serán muda aflicción y hondo sollozo.
No cantará mi hermana, y mi sobrina
no escuchará la historia peregrina
que le da miedo y gozo.
IX
No dará nuestro hogar rojos destellos
sobre el limpio cristal de la vajilla,
y, si alguien osa hablar, será de aquellos
que hoy honran nuestra fiesta tan sencilla
con sus blancos cabellos.
X
Blancos cabellos cuya amada hebra
es cual corona de laurel de plata,
mejor que esas coronas que celebra
la vil lisonja, la ignorancia acata,
y el infortunio quiebra.

XI
¡Padres míos, mi amor! Cuando contemplo
la sublime bondad de vuestro rostro,
mi alma a los trances de la vida templo,
y ante esa imagen para orar me postro,
cual me postro en el templo.
XII
Cada arruga que surca ese semblante
es el trabajola profunda huella,
o fue un dolor de vuestro pecho amante.
La historia fiel de una época distante
puedo leer yo en ella.
XIII
La historia de los tiempos sin ventura
en que luchasteis con la adversa suerte,
y en que, tras negras horas de amargura,
mi madre se sintió más noble y pura
y mi padre más fuerte.
XIV
Cuando la noche toda en la cansada
labor tuvisteis vuestros ojos fijos,
y, al vencernos el sueño a la alborada,
fuerzas os dio posar vuestra mirada
en los dormidos hijos.
XV
Las lágrimas correr una tras una
con noble orgullo por mi faz yo siento,
pensando que hayan sido, por fortuna,
esas honradas manos y sustento
y esos brazos mi cuna.
XVI
¡Padres míos,mi amor! Mi alma quisiera
pagaros hoy la que en mi edad primera
sufristeis sin gemir, lenta agonía,
y que cada dolor de entonces fuera
germen de una alegría.
XVII
Entonces vuestro mal curaba el gozo
de ver al hijo convertirse en mozo,
mientras que al verme yo en vuestra presencia,
siento mi dicha ahogada en el sollozo
de una temida ausencia.
XVIII
Si el vigor juvenil volver de nuevo
pudiste a vuestra edad, ¿por qué esas penas?
Yo os daría mi sangre de mancebo,
tornando así con ella a vuestras venas
esta vida que os debo.
XIX
Que de tal modo la aflicción me embarga,
pensando en la posible despedida,
que imagino ha de ser tarea amarga
llevar la vida, como inútil carga,
después de vuestra vida.
XX
Ese plazo fatal, sordo, inflexible,
miro acercarse con profundo espanto,
y en dudas grita el corazón sensible:
"Si aplacar al destino es imposible,
¿para qué amarnos tanto?"
XXI
Para estar juntos en la vida eterna
cuando acabe esta vida transitoria.
Si Dios, que el curso universal gobierna,
nos devuelve en el cielo esta unión tierna,
yo no aspiro a más gloria.
XXII
Pero en tanto, buen Dios, mi mejor palma
será que prolonguéis la dulce calma
que hoy nuestro hogar en su recinto encierra:
para marchar yo solo por la tierra
no hay fuerzas en mi alma.
 
 

CARTA A MIS HERMANAS
Desde el antiguo hogar, donde corrieron,
para nunca volver, los dulces años
de nuestra infancia, donde eterno vive
vuestro recuerdo, hermanas, arrasados
en lágrimas mis ojos, os escribo
palabras, ¡ay! que escucharéis con llanto.
¡Todo subiste como entonces! ... Penden
aún de la alta pared los viejos cuadros
de los santos doctores, cuyas negras
pupilas,en mí fijas, con extraño
mirar parecen conocerme. El péndulo
del reló suena en el oscuro ángulo,
como una voz amiga que me cuenta
lo que pasó en mi ausencia. El ancho patio
cubren las yerbas, y la mansa fuente
llora en él con susurro solitario
nuestro infiel abandono. ¡En torno de ella,
cuántas veces, sus aguas agitando,
de la nave de corcho, entre las olas,
fingimos los horrores del naufragio!
¡Y cuántas veces las alegres risas
a su constante murmurar mezclamos!
Mudas están las salas, y está mudo
el largo corredor; y las que al paso
abro , cerradas puertas, con gemidos
plañideros responden que, entre el vago
silencio, suenan como a voces tristes
de las muertas memorias del pasado.
El comedor de las alegres fiestas,
sin luz,
y sin vajilla, y sin el blanco
mantel, y sin los gritos clamorosos
de las felices horas. El retrato
del abuelo preside silencioso
a la despierta mesa que otros años
circundó su familia, hoy desaparecida
como las hojas del otoño lánguido.
Aún del hogar las pálidas pavesas
son del tiempo que huyó el único rastro:
imagen fiel, con sus cenizas frías,
de aquel perdido bien porque lloramos.
Pasé esta noche en el antiguo lecho,
y, cuando el sueño bienhechor mis párpados
cerró tras largo insomnio, las visiones
de los lejanos tiempos me asaltaron:
os vi... niñas, os vi, como en los días
de la gozosa edad, cuando en mis brazos
os levanté para mirar los nidos
en la pared del huerto, o bien del árbol
para arrancar los codiciados frutos
antes de sazonarse. ¡Ah!, ¡cuán amargo
fue luego el despertar!... ¡Que con vosotras
ella estaba también, con sus dorados
rizos, azules ojos, y en su frente
pálida y blanca!... En mis convulsos labios
sonó el grito de ¡Adela! y aquel grito
rompió mi vano sueño. Acongojado
corrí del lecho hacia la estancia triste
donde en mis brazos expiró, y llorando
aguardé que, a la luz de la mañana,
la sombra huyese del recuerdo infausto.
...........................................................
¡Mis libros! Los queridos compañeros
de mi perdida juventud; los que algo
guardan entre sus páginas del puro
amor de mi niñez; los que engendraron
en mí el ansia de gloria, inutil gloria
no lograda jamás; los que el arcano
saben, tal vez, de mis febriles sueños;
los que regué con mi abundoso llanto;
los que, en largas vigilias solitarias,
de Dios, del mundo y del dolor me hablaron...
Aquí estan polvorosos y esparcidos
sen mi piadoso afecto. Humilde esclavo
hoy de afanes terrenos; bajo el yugo
doblada la cerviz, y uncido al carro
de los vencidos de la suerte, evoco
como protesta indómita, aquel rayo
de luz, que de los cielos desprendido
bañaba aquí mi frente, cuando al sacro
numen de la adorada poësía
de mi existencia entera en holocausto.
¡Todo subsiste como entonces!... Cubren
el cenador del huerto los naranjos
llenos de rojos frutos, y en sus copas
buscan refugio los alegres pájaros
cuando la tarde expira. La palmera
plantada por mi padre, con sus ramos
salva la cerca del jardín. Ha muerto
la verde pasionaria cuyos vástagos,
con sus azules flores, la ventana
de vuestro cuarto orlaban, y sin pámpanos
entrelazaban las parras sus sarmientos
por los secos cañizos encorvados.
¡Todo subsiste como entonces!... Suena
el esquilón del viejo campanario
de la contigua iglesia, y suenan lentos
del transeúnte los medios pasos
por la desierta calle. Las vecinas
charlan en el portal. Cantan los gallos
su repetido alerta. El golpe rudo
del martillo en el yunque oigo lejano,
y sueño, al fin, que de mi tierra infancia
el curso han vuelto a renovar los hados.
Sólo vosotras me faltáis; y basta
vuestra ausencia no más, para que rápidos
ansíe que vengan los cercanos días
de mi regreso. Los antiguos lazos
de estas dulces memorias han podido
mi espíritu agobiar; pero en mi ánimo
puede más vuestro afecto. A donde el soplo
me lleve de la suerte, con las manos
apoyadas en mi hombro, iréis conmigo
por las ignotas sendas; y si al patrio
hogar volvemos, en los tristes días
de la vejez, bajo el dintel que ansiamos
de la paterna casa, encontraremos
al casto amor sobre el umbral sentado.
[1876]


Texto: Emma Dunia Vidal. 2º de Humanidades. Universitat Jaume I de Castelló. España.