PEDRO PRADO (1886-1921)
LA CASA ABANDONADA
Alta va la luna y las nubes volando en torno. De vez en vez cae una nube como una mariposa en las llamas de la luna y hay una pasajera oscuridad. Luego, el cuerpo consumido de la mariposa rueda por los rincones oscuros de la noche.
Viento del otoño alegre, ensaya un silbido agudo. Los arboles le hacen reverencias. Afanosas las arañas, zurcen los vidrios rotos de la casa abandonada, y continuos calofríos estremecen los yerbajos del patio.
- Mala noche - dicen los grillos que cruzan por entre los escombros.
- Mala noche - repiten los pájaros, que no pueden conciliar el sueño con el loco vaivén de las ramas.
- ¿Volverá? - preguntan los medrosos caracoles.
Bajo el bosque de ortiga y malvaloca, cruzan las ratas por vereditas que penetran a los cuartos vacíos. Los pisos de madera se pudren y se deshacen. Las paredes desconchadas, con grandes agujeros, evitan las revueltas inútiles.
Las cabezotas de los cardos que se yerguen al frente de las puertas, vaciaron sus enjambres en las piezas solitarias.
Cuando penetra una racha, bailan las plumillas la danza del viento.
Y la rata blanca, que anida en un escondrijo, se desespera con la fuga de los vilanos, porque son el abrigo de sus ratoncillos.
- ¿ A dónde vais - chilla - locos, mas que locos?
- No lo sabemos, señora. Preguntádselo al viento.
- ¿Os dejáis arrastrar por ese vagabundo?
- Hemos sido hechos para él. El polvo y las hojas y las aspas de los molinos, están encargados de hacer visibles a las ráfagas que soplan vecinas a la tierra. Las nubes y los vilanos denunciamos a los vientos altos, que sólo en nosotros perciben los ojos.
- Extraña ocupación.
- ¿Pequeña os parece? Hay muchos que sólo viven para indicar el paso de las cosas invisibles.
[De La casa abandonada]
EL ESPEJO
Cada vez que me observaba en un espejo recibía una impresión extraña.
- Ahí te tienes, me decía.
- Pero ¿acaso soy tan sencillo como todo eso? me preguntaba.
Aquella imagen opaca, impenetrable, parecía tan ajena a mi mismo, como si fuese la figura de otro.
Por fin, una noche descubrí el verdadero espejo.
Sobre el jardín envuelto en sombras, bajaba el pálido fulgor de las estrellas.
En los cristales de la ventana veía reflejada la luz de la lampara y mi actitud pensativa. Pero a través de mi imagen pude observar la arena de los senderos, los macizos de rosas que florecían en mitad de mi pecho, las estrellas lejanas que brillaban en mi cabeza.
Pensé haber encontrado un buen espejo.
Aquella mi sombra, atravesada por franjas de arena, por rosales florecidos, por astros distantes, hablaba, con extraordinaria claridad, del origen de nuestro cuerpo y de las tendencias que llenan al espíritu humano.
[De La casa abandonada]
LA NIEBLA
Niebla espesa oculta las cosas. A cinco pasos de distancia no veo más que sombras difusas, y a diez sólo distingo algo lechoso e impenetrable que llena el vacío.
Pienso que al avanzar llegare donde la niebla espesa tanto, que no divisare mis pies.
A pesar de mis temores, diez, veinte, cien pasos mas lejos, me encuentro en una situación semejante.
El que desea llegar, no encuentra impedimento en el engaño de la niebla, porque la experiencia nos dice que ella se presenta impenetrable sólo a nuestro alrededor. Bastará que caminemos para que nuestro alrededor camine con nosotros y el peligro guarde siempre una distancia suficiente para obrar.
[De La casa abandonada]
EL BOSQUE
Con el viento, los arboles cantan una triste despedida:
" Cuando el hombre llegue con el fuego y el hacha, no nos será posible huir. Uno a uno recibiremos todos el inmenso suplicio. Los robles gigantes, las pataguas que florecen blancas y olorosas campanas, el coigüe airoso, el oculto guaguan que embalsama la selva, y otros cien, darán una sola y compacta ceniza, con la gloria de las hojas verdes.
" Va el hombre a destrozar el corazón de la selva para colocar el suyo. Juzgad ¡oh, tierra impasible que sustentas a unos y a otros! Juzgad ¡oh, vientos que traéis las nubes, y nubes cómo flotaría la santidad sobre la tierra si, como él, en fuerza de su anhelo constante, fueran capaces de atraer y consumirse en el rayo de los cielos.
" En mil años de crecimiento invisible, en mil años de una constancia de que no es capaz vuestra vida efímera, soportando la crudeza de mil inviernos y la esperanza de mil primaveras, hemos formado la maravillosa hermosura de una solidaridad que jamas alcanzareis vosotros.
" Alzad los ojos y ved! Ved cómo cada cual siente que los brazos de los que le rodean penetran hasta su corazón y cómo cada cual hunde sus ramas en el corazón de los vecinos."
[De La casa abandonada]
PALABRAS
Tú hablas y, al oír tus palabras, veo y recorro la casa que tú me describes y yo desconozco.
Me rodean con tal realidad las cosas que en mí tú despiertas, que defino contornos, enciendo una luz y añado detalles.
¡Dios mío! he llegado a tu casa y me he resistido.
¿Dónde la casa que tú despertaste en mí mismo? En nada se iguala a ésta.
Un oculto dolor sobreviene al destruir lo que había soñado, extinguir la luz encendida y borrar los distintos contornos que había construido.
Y pienso, en mi angustia, que entonces te hablé de ansias e ideas informes.
Pienso que habrás tú forjado al oírme quién sabe qué historias.
Y no puedo llevarte ante ellas y lograr que las veas y cambies tu imagen absurda.
Palabras, palabras..., pensemos amigo en todo el engaño que trae este viento tan débil.
Este aire que apenas si mueven los labios.
[De Los pájaros errantes]
LA FATIGA
Más silenciosa que la brisa llega para el contemplador su activa pereza.
Más suave que un sueño lo envuelve.
Más espesa que un muro lo aísla.
Él está absorto y todo lo ignora y se ignora a sí mismo.
Sus miradas, como vuelos de mariposas, caen livianas sobre un objeto como sobre una flor.
En sus miradas converge toda la vida dispersa.
Sus miradas brillan sobre el objeto como los puntos luminosos de lentes que concentran los rayos de sol.
Poco a poco el objeto desaparece disuelto por el fuego y un pensamiento brota como el humo de una hoguera.
Entonces el contemplador vuelve en sí, pasa su mano por la frente y sonríe ante la deliciosa fatiga de un nuevo pensamiento.
[De Los pájaros errantes]
LA MUJER FUERTE
Una hermosa mujer pasó entre los hombres con altivez natural. Acaso aquello no era altivez; acaso era la arrogancia que, a los seres fuertes y tranquilos, infunde la presencia de los seres mezquinos y temerosos.
Envuelta en el primer aliento del otoño, ella reunía todos los valores dispersos.
Fuerte, grande, armónica y bella, no era la visión de un sueño, sino la presencia de una realidad poderosa.
Su edad indeterminada hablaba mejor de su valer persistente.
Al pasar, tersa la frente al viento doblegado, brillantes los ojos en el fulgor del día, el césped guardó las huellas de sus pies.
Y los hombres libidinosos, que no tuvieron fuerzas para sentir a su presencia el menor deseo, mordieron el recuerdo de la que los hizo sentirse ruines y despreciables.
[De Los pájaros errantes]
LOS BROTES
Vejado por unos, ya son muchos los que me huyen y me niegan.
Me duele un nuevo desengaño y bajo sin rumbo por callejuelas solitarias.
En frente de la alta muralla que circunda un parque señorial, me siento en un rincón donde las basuras aman tener su conciliábulo.
Día pesado, cielo lechoso. Los postigos de las ventanas se abren tras de los arboles mustios y cenicientos.
Un año hace, cortaron las acacias que daban una sombra mezquina sobre estas sucias aceras.
Hoy, desde mi duro asiento, veo que las raíces ocultas han brotado, rompen el asfalto, levantan las piedras de los cimientos y desploman las murallas de las casas cerradas para mi.
Y no sé por qué el empuje irresistible de los tiernos brotes es un espectáculo que alivia mi dolorido y joven corazón.
[De Los pájaros errantes]
EL GUIJARRO
Qué poder inestable es el tuyo ¡oh mar!
Te mueves, cambias, vas y vienes y todo lo haces dentro de ti mismo.
Porque tu te bastas a ti propio, yo te envidio.
Porque aún vives la hora de la acción que movió el nacimiento del mundo, te amo como a un abuelo.
Porque cambias y cambias sin descanso, comprendo que tu esencia es infinita.
En tus manos de artífice me entrego.
Me entrego como un guijarro que canta porque las olas lo pulen y tornan en una joya.
En una joya perdida que nadie encontrará en la vasta extensión de la playa desierta.
[De Los pájaros errantes]
LA DESPEDIDA
Mis amigos ¡adiós! Aguardan los remeros con sus remos levantados, y ya el barco despliega su velamen como si los altos mástiles florecieran.
Viajar: placer y tristeza. Quisiera ir y quedarme, quisiera hacer y no hacer al mismo tiempo.
Es triste: a la elección llamamos libertad. Mi libertad no quisiera verse obligada a elegir un camino; mi libertad quisiera recorrerlos todos a un mismo tiempo.
Si pudiera hacer y no hacer una acción, tendría una experiencia útil. Como no puedo optar sino entre ejecutarla o no, mi experiencia vale bien poca cosa.
Mi ser es uno y quisiera desdoblarse. Quisiera observar desde lejos qué silueta dibuja mi cuerpo y saber si, cuando lloro, yo también parezco un miserable.
Mis amigos, ¡adiós! Mientras tengamos que elegir no podremos ser felices.
¡Ah! si yo pudiera, como los niños curiosos, escogería todo a la vez. Escogería la vida y la muerte.
Quién sabe si ello no os serviría, pues, si comprendiera que con mi revelación iba a trocar vuestra inquietud en dolor irremediable, yo no diría nada, nada.
Mis amigos, ¡adiós! Cuidad de los míos. Ya el barco, con todas las hermosas velas desplegadas, me aguarda.
[De Los pájaros errantes]
EL MAR ETERNO
Las aguas de las que beben las plantas, las aguas de las que beben los hombres y los animales, al detenerse se pudren y mueren como todas las cosas.
Ellas corren para no morir, ellas bajan desaladas por las laderas de los montes hacia ti ¡oh mar!
Desde que ellas nacen, te adivinan, te desean, te buscan.
En la cascada claman por ti y blasfeman de ti; en el río vienen rezando el murmurio de una oración.
Que no vienen los ríos a tu encuentro ¡oh mar! a morir; huyendo de la muerte vienen y en ti penetran en el seno de Dios.
Buscan mezclar sus dulces aguas que se pudren con tus aguas amargas y eternas.
Con tus aguas no se ofrecen a humildes menesteres, con tus aguas que queman las tiernas raíces de los árboles y las suaves bocas de los hombres.
A ti ¡oh mar! fuente de la vida, no te someten tus siervos.
A ti no te tasan, te doblegan o te rinden.
Nadie quiera lograr algo del mar por la fuerza, la astucia o la dulzura.
Lleguémonos a él tranquilos y sumisos, como llegan los leños a la hoguera.
Entremos en él como entran las aguas de los ríos.
Despidámonos de la solicitud para con nuestros hijos.
Despidámonos del amor y la justicia y dejemos, para siempre, todas las pequeñas preocupaciones de los hombres.
Que ya nuestras aguas amargas no sirven a ninguno de los seres y de las cosas de la tierra.
¡Y no temamos morir, que de la muerte nos salva el abismo de su eternidad!
[De Los pájaros errantes]
Página creada por Nuria Álvarez y Laura Marzà, Universitat Jaume I.