Conde de Noroña
Santiago Fortuño
(de Conde de Noroña, Antología poética, Cátedra, 1997)
 

Gaspar María de Nava Álvarez (Castellón de la Plana, 1760-Madrid, 1815) es más conocido literariamente por su título nobiliario, Conde de Noroña. Nació en la capital castellonense donde su padre desempeñaba el cargo de gobernador político y militar (1). Fue militar, profesión en la que alcanzó importantes grados tras destacables servicios y éxitos bélicos: ataque a Gibraltar en 1782, donde presenció la muerte de José Cadalso, a cuyo hecho dedica una emotiva y elogiosa elegía «A la muerte del Coronel don José Cadalso, Comandante de Escuadrón del Regimiento de Caballería de Borbón»; campañas en el Rosellón en la guerra española contra Francia en 1793, que dieron pie a una de sus más valoradas composiciones: «A la paz entre España y Francia. Año de 1795»; y la victoria de San Payo, en Galicia, en la Guerra de la Independencia en 1809. Fue condecorado con las Grandes Cruces de San Fernando y San Hermenegildo (2). Desempeñó las funciones de diplomático con celo y eficacia en la República Helvética (1799) y en San Petersburgo (1802), y, más tarde, de Gobernador Militar y Político en Cádiz, en 1811, donde se relacionó con el Duque de Rivas, quien le dedicó un férvido poema. Murió en Madrid en 1815, según la mayoría de sus biografías (3).

Si en su tiempo fue reconocido como destacado poeta, «Su literatura y sobresaliente mérito poético le dieron cabida en la Academia Española de que fue individuo» (4), después ha vivido un largo purgatorio, alejado del público reconocimiento literario. Salvo algunas referencias, principalmente a pie de página, es un autor que ha pasado desapercibido.

La reivindicación historiográfica actual del siglo XVIII también alcanza al Conde de Noroña. Su obra ejemplifica la variedad de estéticas que se entrecruzan en el cambio de siglo, destacando una vez más la fragilidad de acotar los movimientos literarios con criterios cronológicos y aún más tratándose de un siglo tan complejo como el XVIII.

 

Obra literaria

 

Se han atribuido al Conde de Noroña dos comedias en prosa, El hombre marcial y El cortejo enredador, de crítica de costumbres, y una tragedia en verso, Mudarra González, cuya impresión y representación son harto dudosas (5). Asimismo se le atribuye el manuscrito, Análisis del poema de P. Hojeda, titulado: La Cristíada: obra poco conocida, rara y mirada con el mayor aprecio por los extranjeros.

El Conde de Noroña cuenta con una extensa obra poética, que se inscribe en las corrientes estéticas de su época y está, a su vez, transminada de biografía: es poesía de varia y muy distinta temática. Se le debe la traducción de las Poesías asiáticas puestas en verso castellano en 1833. Asimismo James Kennedy le atribuye varias traducciones del inglés, principalmente la «Ode for St. Cecilia´s Day de John Dryden», «rendered into Spanish verse with much spirit, deserves particular mention» (6).

He aquí enumerada la obra -véanse las referencias completas en la Bibliografía final- de un poeta prolífico y versátil, pese a los conflictos militares y maniobras diplomáticas que tuvo que sortear en su corta vida:

- Poesías del Conde de Noroña (1799) que comprenden: Anacreónticas, Silvas, Canciones, Traducción libre de la Oda de Mr. Dryden, «El festín de Alejandro o el poder de la música», Odas y La Quicaida.

- Poesías del Conde de Noroña (1800): Letrillas, Endecha, Odas, Cantilenas, Fábulas tomadas de Publio Ovidio Nasón, Romances, Décimas, Idilios, Égloga, Canciones pastoriles, Madrigal, Sonetos, Epístolas, Elegías, Composiciones varias y Poemas.

- Odas al Coronel del Regimiento de la Posma (1807) aunque ya fueron publicadas en su edición de 1799.

- Ommíada. Poema (1816)

- Traducción: Poesías asiáticas puestas en verso castellano por Gaspar María de Nava, Conde de Noroña (1833).

 

La poesía del Conde de Noroña y la crítica

 

La crítica sobre la obra poética del Conde de Noroña es escasa y fragmentaria. Algunos estudiosos de la literatura valenciana (Justo Pastor Fuster, 1830) y, más específicamente, castellonense (Juan Antonio Balbás, 1883) le han dedicado algunas líneas biobibliográficas. En un ámbito más amplio, merecen destacarse los severos juicios que José Gómez Hermosilla (1840) emite sobre la casi totalidad de la poesía del poeta castellonense, a la luz de los más ortodoxos principios neoclásicos o los de su contemporáneo Manuel José Quintana quien únicamente exceptúa del «gusto abandonado y natural» la citada oda «A la Paz» (7).

El meritorio trabajo de James Fitzmaurice-Kelly (1908) consistió en rastrear las fuentes, latina e inglesa, de las traducciones de las Poesías asiáticas ya en W. Jones, Poeseos Asiaticae Commentarii (1774) ya en Specimens of Arabian Poetry (1796) de J.D. Carlyle.

En 1957 el catedrático de Lengua y Literatura Españolas del Instituto «Francisco Ribalta» de Castellón y posteriormente miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas Eduardo Juliá, realiza el, hasta ahora, más completo acercamiento a la ajetreada biografía, dispersa crítica y a la no fácilmente accesible obra del Conde de Noroña. Hemos de señalar la atención hacia aspectos concretos (influencias, recepción) de la poesía del Conde de Noroña del profesor Joaquín Arce (1978 y 1980) así como la exposición de una documentada bibliografía, significación y contexto literarios por parte de Francisco Aguilar Piñal en sendos trabajos de 1991.

Ya en 1995, la Historia de la Literatura Española del siglo XVIII de Víctor García de la Concha se centra en el resumen argumental de la Ommíada, donde «el autor entremezcla la historia que narra con datos reales de una manera coherente» ( I, p.268), poema éste prácticamente desconocido para los críticos. Por su parte, Francisco Aguilar Piñal, en su Historia literaria de España en el siglo XVIII, expone escuetamente algunas antologías en donde se incluyen poemas de nuestro autor, advirtiendo su desconocida faceta de poeta erótico.

Sus versos han tenido cabida en los volúmenes de poesía del siglo XVIII de la Biblioteca de Autores Españoles (1952), que prologa Leopoldo Augusto de Cueto con dispares juicios acerca de su calidad literaria, en la antología de los poetas del siglo XVIII de John H.R. Polt (1994) y en Poesía erótica de la Ilustración. Antología, de Rogelio Reyes (1989).

Sin embargo, por primera vez, su obra, precedida de una muy breve biografía, apareció antologada colectivamente en una copia autógrafa de Moratín que se conserva en la Biblioteca Nacional (8).

 

El Conde de Noroña, entre dos siglos

 

La poesía dieciochesca ofrece una triple orientación, rastreable en la lírica de Noroña: anacreontismo, espíritu ilustrado y sensibilidad prerromántica (9). Como hemos visto al enumerar su obra, el anacreontismo da título e informa un conjunto de sus poemas. Las Poesías asiáticas están imbuídas de este mismo ambiente sensual y refinado. La preocupación filosófica, social, moral de la Ilustración vertebra gran parte de la poesía publicada en 1800. El sentimiento sensualista, en la línea de Moratín, Cadalso, Meléndez Valdés o Jovellanos impregna, a su vez , no pocos versos de Noroña.

Ya en la dedicatoria de su obra «Al lector», Noroña manifiesta su admiración hacia Meléndez Valdés, el más representativo hacedor de estas composiciones de arte rococó, «que es la dulzura misma». Amor, hedonismo, refinamiento, irrealidad de los protagonistas y sus sueños, idealización de la naturaleza, sensualidad, clasicismo mitológico. Características derivadas de unas concretas tradiciones literarias: Anacreonte, Catulo, Virgilio, Horacio, Tibulo, Edad de Oro... y de un pensamiento filosófico clásico: estoicismo, epicureísmo.

La lectura de nuestros autores clásicos (Garcilaso, Herrera, Quevedo, Góngora...) se evidencia en toda esta obra. Destaca la huella, casi mimética, de Garcilaso y Fray Luis de León. Construye églogas, al estilo del primero y, en contrafactura a Oda a la vida retirada y en clave burlesca, nos encontramos con Odas al Coronel del Regimiento de la Posma y La Quicaida, poema heroico-cómico, que consta de ocho cantos, imita la épica culta de la edad de Oro y que relata la lucha por despecho entre dos mujeres, Quica y Tirsa, que buscan acaparar la atención de «enjambres numerosos de jóvenes».

Variedad de voces -y registros épico, burlesco y reflexivo (destacable, en este último aspecto, su poema filosófico, La Muerte)- modulan algunas de las piezas poéticas más extensas y representativas de Noroña. La Muerte se inscribe en la tradición del poema alegórico medieval castellano, de tono clásico moralizador e imaginería efectista y barroca.

La veta ilustrada, que se manifiesta en meditación filosófica y crítica social, aporta influencia didáctico-moral y también cotidianeidad realista en «Dando la enhorabuena a un amigo que iba a casarse». Junto al elogio de las virtudes vitupera los defectos y vicios del siglo. Alaba a amigos: «A la buena memoria de don Antonio Berdejo, Canónigo de Tarragona», recalca la amistad, garantizada en la adversidad y en la virtud, fiel al pensamiento ciceroniano, e invita en «Situación inalterable del justo» a la sabia ataraxia. En «Contra la corrupción del siglo» y «Contra el oro», entre otros poemas, denuncia despiadadamente los vicios de su siglo. Muestra de la preocupación ilustrada por los estudios científicos y humanísticos es su oda «A la apertura de una Sociedad de Amigos para aprender la Historia de España, en Jerez de la Frontera», inauguración documentada en 1790. En la Biblioteca Nacional se halla el manuscrito (10) de un poema inédito, inscribible en esta línea ilustrada, atribuído al Conde de Noroña, con el título «A mis amigos. Sobre la sociedad. 1803», cuyo fragmento presentamos como primicia en esta antología.

Destacables son las piezas líricas del militar Noroña cuando invoca la paz y denosta la guerra, como en el poema «A Venegas exponiéndole las bondades de la paz» o en «Imprecación contra la guerra»

Sus sonetos de la edición de 1800 anuncian una nueva estética basada en la filosofía sensualista que una década antes inaugurara Noches lúgubres de Cadalso. Los poemas «Retrato de la tristeza del Doctor Young», «Werther a su sepultura. Imitación de unos versos ingleses» y el treno «La noche triste», entre otros, recogen la nueva sensibilidad: escenas sepulcrales, el tedium vitae, el hastío universal, las efectistas visualizaciones y la fusión del yo con la invocada naturaleza.

Ya en el largo poema alegórico-moral «La Muerte» había conjugado el aspecto filosófico-didáctico ilustrado con el desahogo emocional prerromántico. «Ayudó a afianzar en la poesía castellana la moda sepulcral y el exotismo prerromántico» (11).

Merece atención su extensísimo poema póstumo, Ommíada (1816). En él relata la independencia del califa de Córdoba, Abderramán I y de la monarquía árabe-española, enmedio de un sinnúmero de peripecias y desdichas. Sus veinticuatro cantos y casi 16.000 versos han suscitado escasa atención crítica. Así lo valora el Marqués de Valmar:

 

No hay en el día voluntad bastante obstinada para leer de seguida veinticuatro cantos interminables, en que nada cautiva, ni la entonación, ni los afectos, ni la variedad, ni la armonía... Algunos trozos descriptivos, agradables, no salvarán nunca a la Ommíada del olvido en que yace en el polvo de las bibliotecas (12).

 

En parecidos términos se manifestaba Julio Cejador, en 1932:
compuso el poema Ommíada...en 24 mortales cantos....en que nada cautiva, ni la entonación, ni el sentimiento, ni la variedad, ni la armonía» (13).
Sin embargo, las constantes y plásticas comparaciones, típicas del estilo oriental, el realismo crudo de sus escenas, la prolija y detallada descripción de personas y lugares, la humanidad y espíritu magnánimo de su protagonista, el dinamismo narrativo, el coloquio vivo de los personajes, la evocación del mundo árabe y su concepción religiosa ofrecen interés. El Conde de Noroña merece reconocimiento por la ardua labor que lleva a cabo y el indudable valor literario de esta gran obra.

 

Poesías Asiáticas

 

La traducción de poemas árabes, persas y turcos en las Poesías asiáticas puestas en verso castellano por Don Gaspar María de Nava, Conde de Noroña, publicadas póstumamente en París en 1833, le ha supuesto a su autor mayor reconocimiento que su propia creación lírica, como ya en 1897 reconocía Menéndez Pelayo (14). Llega a las poesías árabes por la traducción al inglés del profesor de Cambridge Joseph Dacre Carlyle, en Specimens of arabian Poetry (1796) y al latín por el filólogo comparativista William Jones, en Poeseos Asiaticae Commentarii (1774). James Fitzmaurice-Kelly llevó a cabo un fundamental análisis, con el título «Noroña´s Poesías asiáticas» (15), al encontrar la fuente, ya latina ya inglesa de cada una de estas poesías árabes.

En el prólogo, el propio Conde de Noroña desdeña la contemporánea influencia francesa y redacta un indiscutible manifiesto en pro de la poesía oriental:

 

En este mi trabajo he procurado mostrarlas cuales son, de suerte que aunque en diverso traje, no las desconozcan sus paisanos, pues conservan su tono nacional y sus maneras [...]

Los genios españoles, que tanto han brillado por su fecunda y hermosa imaginación, deben abandonar esas gálicas frialdades, y no desdeñarse de leer los poetas del Oriente, en quienes todo es calor y entusiasmo.

 

Texto este último muy citado pero no más importante que otros contenidos en la misma obra: «Discurso sobre la poesía de los orientales escrito en inglés por W. Jones», «Sobre las lenguas árabe, persa y turca» y « Noticia de Ferdusi»..., de indudable interés, que enriquecen el trabajo de las traducciones de los poemas. En el primero de ellos, W. Jones (1764-1794) alaba esta poesía oriental, determinada por las mismas circunstancias ambientales:
Debemos concluir que los Árabes, estando continuamente familiarizados con los objetos más hermosos, gozando de una vida tranquila y agradable en un clima delicioso, siendo sumamente propensos a las pasiones más dulces, y teniendo las ventajas de un lenguaje singularmente adaptado para la poesía, deben ser naturalmente poetas excelentes; y más si sus usos y costumbres son favorables para el cultivo de aquel arte: y que ellos lo son en sumo grado no es dificultoso el probarlo (16).

 

Pues
se ha notado siempre que los Asiáticos sobrepujan a los habitantes de nuestras regiones más frías en la viveza de su fantasía y en la riqueza de su imaginación (17).

 

Y concluye:
hace algunos años que me esfuerzo a inculcar esta verdad: que si los principales escritos de los Asiáticos, que ahora reposan en nuestras públicas bibliotecas, fuesen impresos con el auxilio común de notas e ilustraciones y las lenguas orientales se estudiasen en nuestras universidades donde todos los otros ramos de las ciencias se enseñan con perfección, se abriría un nuevo y ancho campo para la especulación, tendríamos más exactos conocimientos en la historia del entendimiento humano, estaríamos provistos de un nuevo repuesto de imágenes y símiles y muy excelentes composiciones verían la luz, las que podrían comentar los futuros literatos e imitar los futuros poetas (18).
A este mismo discurso alude Rubén Benítez cuando lo relaciona con Lecciones de Retórica (1783) de Hugh Blair, desmenuza algunas imágenes de la obra becqueriana, repletas de sensualidad oriental, principalmente la comparación, y las enlaza con las poesías traducidas por Noroña:
el Padre Juan Arolas y muchos poetas menores, se inician en el orientalismo imitando las traducciones de Noroña. Bécquer, como luego veremos, debió de conocer la obra de Noroña (19).

 

Las poesías árabes recrean múltiples temas: elegías, reflexión y moralidad, sátira, los engaños del amor, descripciones de lugares y arquetipo femenino, poemas de circunstancias...

Un estudio sobre las composiciones persas conocidas como «diván» y «gacela», prologa la traducción de las treinta y seis gacelas. El propio Conde de Noroña encuentra en éstas el origen de nuestro romance y de las letrillas populares:

La gacela persa es una especie de oda anacreóntica sumamente graciosa, cuyo nombre ha tomado del animal que les sirve de comparación para celebrar una hermosura como es entre nosotros la paloma...

 

Y, tras enumerar sus leyes de composición, afirma:
su construcción ha sido el origen de nuestros romances y letrillas. Los dos primeros versos han sido el modelo de los dos que sirven de preludio al cantar muchos romances y del tema o norte de nuestras letrillas. Los consonantes en los pares se ven igualmente en nuestros primeros romances que luego se convirtieron en asonantes porque nuestro delicado oído no podía sufrir aquel continuo martilleo.Y nuestras letrillas repiten la misma palabra al fin de cada estancia lo mismo que la oda persiana (20).
Sus temas más repetidos son el amor, refinado y sibarita, anacreóntico, homo y heterosexual y sus efectos, la invitación a la virtud y la exaltación heroica del guerrero...

Finalmente, los dos poemas persas repiten idéntico contraste temático, al recrear en el primero el tópico bíblico Comedamus et bibamus, cras enim moriemur (Is. XXII, 13) y de Virgilio, latet anguis in herba (Buc., 3,93), en el segundo.

Notas

1 Un estudio nuestro más amplio acerca de la biografía del Conde de Noroña y su obra en Conde de Noroña, Antología poética, Madrid, Cátedra, 1997.

2 Este dato lo encontramos en la Biblioteca Nacional, sección de manuscritos, 6131, con este encabezamiento: «Poesías de D. Diego Torres y Villarroel, D. Juan de Iriarte, D. Ignacio de Luzán, D. Francisco Gregorio de Salas, D. Vicente García de la Huerta, El Conde de Noroña, Cienfuegos, Cadalso, Arriaza, Quintana y D. Tomás de Iirarte. Copiadas de letra de Moratín. Las biografías de algunos de ellos (Están inéditas)».

3 En J. Pastor Fuster, Biblioteca Valenciana de los escritores que florecieron hasta nuestros días, Valencia, Mompié, 1830. Disiente de ello Eduardo Juliá Martínez, 1957 y 1958, a la vista del expediente personal del Conde de Noroña. Asimismo, en el manuscrito susodicho, copiado por Moratín, también fija esta última fecha.

4 En la Biblioteca Nacional, mismo manuscrito.

5 Según Menéndez Pelayo, esta última «no llegó a imprimirse, ni acaso a representarse», citado en R. Juliá, ibid., p. 318. F. Aguilar Piñal (1966) se refiere a las mismas.

6 Modern Poets and Poetry of Spain, London, Longman, Brown, Green and Longmans, 1852, pp. XXV y XXVI.

7 «Sobre la poesía castellana del siglo XVII», Obras Completas, BAE, Madrid, Rivadeneyra, 1852, p. 152.

8 En la Biblioteca Nacional, mismo manuscrito, folios 32-43. Escoge de Noroña: «A Elisa (Letrilla)», «De Amira (Letrilla)», «La primavera (Letrilla)», «A Drusila (Letrilla)», «La reconciliación (Silva)», «La despedida (Canción)», «A Lesbia (Canción)», «A D. Juan Aº Caballero (Oda)», «A la paz entre España y Francia, año 1795 (Oda)», «La ausencia (Oda)», «El amor tranquilo (Idilio)», «A Drusila (Oda)», «Recuerdos de un ausente (Soneto)», «Desiste el poeta de hacer versos durante la guerra (Soneto)», «Amante feliz al tiempo de ausentarse (Soneto)».

9 Etapas comúnmente aceptadas: cfr. Joaquín Arce, La poesía del siglo ilustrado, Madrid, Alhambra, 1980 (define a ésta como «poesía que pretende mejorar, iluminar o ilustrar al eventual destinatario, contribuyendo a su perfeccionamiento intelectual y moral», p. 215); y García de la Concha, ibid., en estudio de G. Carnero y otros, I, pp. 209-291; y II, pp. 721-796.

10 21191-6. Ya lo señala Aguilar Piñal en su Bibliografía de autores españoles del siglo XVIII, VI, Madrid, CSIC, 1991, p. 23.

11 J. H. R. Polt, Poesía del siglo XVIII, Madrid, Castalia, 1994, p. 298.

12 BAE, LXI, Madrid, Atlas, 1952, p. CLXXII.

13 Historia de la lengua y literatura castellana, VI y VII, facsímil, Madrid, Gredos, 1972, p. 212.

14 En E. Juliá, ibid, XXXIII, pp. 317-18.

15 Revue Hispanique, Nueva York-París, 1908, pp. 439-67. Leonardo Romero en «La Historia de la Literatura Española en el siglo XIX (Materiales para su estudio)», El Gnomo, 5 (1996) pondera asimismo la labor del profesor británico en su manual A History of Spanish Literature (1898), pp. 182-83.

16 Ibid., p. 13.

17 Ibid., p. 11.

18 Ibid., p. 25.

19 «Las Rimas como Orientales", Actas. Bécquer. Origen y estética de la Modernidad, Málaga, Congreso de Literatura Española Contemporánea, 1996, p. 186.

20 Ibid., «De la gacela y el diván», pp. 237 y 238.

 

Bibliografía

 

 

I. Obras de Noroña

 

-Poesías del Conde Noroña, Madrid, Vega y Compañía, 1799.

-Poesías del Conde de Noroña, Madrid, Vega y Compañía, 1800.

-Ommíada. Poema, Madrid, Imprenta Real, 1816.

-Poesías Asiáticas puestas en verso castellano por Gaspar María de Nava, Conde de Noroña, París, Imprenta de Julio Didot Mayor, 1833.

 

II. Estudios

 

- Aguilar Piñal, F., Bibliografía de autores españoles del siglo XVIII, VI, Madrid, CSIC, 1991.

- Arce, J., La poesía del siglo ilustrado, Madrid, Alhambra, 1980;

---------- «Sannazaro y la lengua poética castellana», en Estudios ofrecidos a Alarcos Llorach, III, Oviedo, 1978, pp.

-Balbás, J. A., Castellonenses ilustres, Castellón, Armengot, 1883.

- Caso González, J. M., Ilustración y Neoclasicismo en Rico, F., Historia y crítica de la Literatura Española, IV, Barcelona, Crítica, 1983.

- Cueto, L. A de., Poetas líricos del siglo XVIII, BAE, Madrid, Atlas, tomo LXIII (II), 1952.

- Fitzmaurice- Kelly, J., «Noroña´s Poesías asiáticas», Revue Hispanique, vol. XVIII, Nueva York- Paris, 1908.

- García de la Concha, V., Historia de la literatura española: siglo XVIII, coord. Guillermo Carnero, vol. I, Madrid, Espasa Calpe, 1995.

- Gómez Hermosilla, J., Juicio crítico de los principales poetas españoles de la última era, obra póstuma, que saca a luz D. Vicente Salvá, Tomos I y II, París, Librería de Don Vicente Salvá, 1840.

- Julià Martínez, E., «Un castellonense visto por Menéndez Pelayo», Boletín de la Sociedad Castellonense de Cultura, octubre- diciembre de 1957 y enero-marzo de 1958.

-Pastor Fuster, J., Biblioteca valenciana de los escritores que florecieron hasta nuestros días, Valencia, Mompié, 1830.

- Polt, John H.R., Poesía del siglo XVIII, Madrid, Castalia, 1975.

 

(Ensayo procedente de El Gnomo, VI, 1998)

 

ANTOLOGÍA

 

 

 

 

A mis amigos. Sobre la sociedad. 1803.

 

Aquí do silencioso

corre el blando Guadiana cristalino

sin azotar ruidoso

las piedras de camino,

o encanecen de espuma la ribera.

Tan manso, que creyera

cualquier que lo mirase

que, estancadas sus aguas, no se mueve,

o de su curso leve

la fija dirección equivocase:

aquí que la espesura

de los fresnos y arbustos enlazados

mantiene la frescura,

y ajenos meneados

al dulce soplo del calmoso viento,

nos llaman al contento

del blando meditar, placer süave

que el alma melancólica y sensible

tan sólo encontrar sabe

aquí en la soledad apetecible.

 

Ven, tierno Ypanco, ven, y tú, mi Anfriso,

fiel Anfriso, venid, venid, sin mora

al lado de Feniso,

que agitado os implora.

Venid aquí y gocemos

la sabrosa amistad tranquilamente

y en su seno clemente

el bullicio dejemos.

La sociedad los hombres olvidemos.

.......................

 

A la furiosa guerra siguió luego

la dura esclavitud. El inclemente

vencedor conservó la triste vida

del mísero vencido,

y juzgando demente

le estaba concedida

facultad para habérsela extinguido.

Sumiólo en servidumbre aborrecible

a que fuera la muerte preferible.

Vergonzosas cadenas

obras de la injusticia más tirana

de vilipendio llenas,

cayeron a agobiar la especie humana.

 

......................

 

Así do quiera que la vista tiendo,

sola la humana sociedad me ofrece

un laberinto horrendo

de males que parece

sobrepujan, si bien lo examinamos,

los bienes todos que en aquella hallamos.

Tan sólo el egoísmo

a los hombres ocupa y los dirige,

la virtud, la justicia, el patriotismo,

la santa y celestial beneficiencia,

sólo en muy pocos corazones mora.

Sólo muy pocos la verdad adoran.

Y nadie en la violencia

de la opresora esclavitud se atreve

a querer anunciarla,

y sólo puede en su interior llorarla.

Todo es esclavo, todo.

Las ciencias y las artes

gimen, sin libertad y despreciando

el saber verdadero en todas partes,

es tal vez como un crimen condenado:

todo en cadenas mil está sumido

y aún el raciocinar ya prohibido.

 

.......................

Así de nuestra vida

viéramos sin temor aproximarse

el dulce fin; y cuando la homicida

Parca nos sorprendiera

en plácido deliquio

la muerte apareciera.

Y diéramos los últimos alientos

cual en un sueño blando

a el Amor y Amistad himnos cantando.

Fin

(Biblioteca Nacional, manuscrito 21191-6)

* * *
Retrato de la tristeza del Doctor Young
 
Sobre la negra tumba recostado

está el anciano Young; contempla atento

bajo la losa todo su contento,

porque nada la Muerte le ha dejado;

Con lágrimas su rostro está bañado,

y temblando su cuerpo macilento;

sólo consta de un ay su triste acento,

que resuena en el techo embovedado.

¡Supremo Ser -exclama-, que, subido

sobre el cerco de las estrellas prodigioso,

ves con tedio al que gusta de esta vida!,

¿cuándo será mi espíritu impelido

de tu potente diestra, y con reposo

hará junto a tu trono su manida?

(Poesías del Conde de Noroña, 1800)
* * *
POESÍAS ÁRABES
Los verdaderos placeres
 
Vino, y festín sabroso,

y el dulce retozar de la camella,

que firme el suelo huella,

a la que amo ansioso

recuesta en lo interior del bosque umbroso.

 

Muchachas agraciadas,

que en torno nos rodean, con vestidos

de oro y seda tejidos;

y las frentes veladas

cual ebúrneas estatuas delicadas;

 

abundancia y sosiego,

y el ay suave de la cuerda herida

hacen feliz la vida:

y el hombre sigue ciego

de la fortuna el inconstante juego.

 

El caso adverso y fuerte,

y la dicha apacible, y la riqueza,

y la amarga pobreza

tienen la misma suerte:

que cuanto vive está sujeto a muerte.

 

***
 
A la muerte de su dama
por
Abu Sahet Hedhily
 
Si después de la muerte todavía

se encuentran nuestras voces dolorosas,

y bajo las elevadas duras losas

abrasa al pecho el fuego que solía,

 

prosiga el eco de la angustia mía;

y las verdes colinas, que envidiosas

dividen nuestras tumbas silenciosas,

le aumenten y repitan a porfía,

 

para que sea al punto conducido

a Leyla en alas del piadoso viento,

hiriendo con amor su tierno oído:

 

Así tendré al morir este contento,

que aunque me halle ya a polvo reducido

se goce Leyla con mi triste acento.

 

***
 
De la juventud y la vejez
por
Nabegat ben Jaid
 
No hay bien en la juventud

si le falta aquel valor

que conserva su esplendor

con toda su plenitud;

 

Ni se encuentra en la vejez,

si no tiene pecho fuerte

que arrostre la adversa suerte

con generosa altivez.

***
A una muchacha llorando
por
Ebn al Rumi
 
Cual la viola del huerto,

cuyas suaves hojas

brillan con el rocío

que derrama la aurora,

parece la flor mía,

cuando a la angustia brotan

de sus ojos azules

mil perlas deliciosas.

***
A un amigo
el día de su cumpleaños
 
Naciendo el llanto humedeció tus ojos,

y reímos en torno de tu cuna.

¡Ojalá rías al perder tus luces,

mereciendo te lloren en la tumba!

 

***
A una mujer
que decía estar apasionada de él en su vejez
por
El Califa Al Moktofy Liamriltah
 
Me dices que me adoras, embustera;

así se halaga al juvenil deseo:

di: te aborrezco; y te diré: lo creo,

que al viejo no hay ninguno que lo quiera.

 

***
Descripción de una muchacha
Fragmento
del
Moallakah de Amralkeis
 
Delicada muchacha, refulgente,

de cuerpo enhiesto, pecho relevado

como líquida plata rebruñido.

 

Se aparta y vuelve su apacible rostro

mirando tiernamente, como suele

la recelosa madre del cervato.

 

Su cuello ornado en torno de collares

al de la hermosa gacela se parece

cuando ufana pompea [sic] por el prado.

 

Sus cabellos, adorno de sus hombros,

son negros, son negrísimos y espesos

cual los densos racimos de la palma.

 

Su cintura un cordón en lo delgado,

su pierna como ramo de palmera

regado de continuo por el agua.

 

Esclarece las sombras de la noche

cual la sagrada lámpara esplendente

de oculto vigilante solitario.

 

Su faz como perla roji-blanca

alimentada en aguas cristalinas

no turbadas jamás de viajantes.

 

***
 
POESÍAS PERSAS
La gota de agua
Fábula
por
Sadi
 
Bajaba de las nubes desprendida

una gota a la mar. Estremecida,

¡cuánta agua! -exclama-. ¡Qué extensión! Soy nada

con esta enorme masa comparada.

En tanto que ella con rubor se encoge

una concha en su seno la recoge,

la abriga, la alimenta de tal suerte

que en una hermosa perla se convierte,

y ora brilla en la frente de un rey puesta.

¡Tal premio consiguió por ser modesta!

***
Gazela IV
 
Llégate, o sofi, y este vaso mira,

espejo cristalino

donde el dulce placer se ve y admira

del rubicundo vino.

 

El velo descorrer de lo futuro

a los ebrios es dado:

no es éste, no, negocio para el puro

asceta macerado.

 

Prender con red y cauteloso engaño

al Enka es vano intento,

retira ya la tuya, pues ogaño

sólo cogerá viento.

 

Goza del bien presente con prudencia,

porque Adán, confiado

en el bien que esperaba de la ciencia,

del Edén fue arrojado.

 

Bebe uno que otro vaso en el banquete

del mundo y te retira,

pues quien placer estable se promete

ciertamente delira.

 

Pasó la verde edad, la única rosa

que te resta recoge,

y antes de ajarse, la virtud preciosa

con tierno amor acoge.

 

Ansía la copa Hafiz; Céfiro blando

busca Giami3 corriendo,

y mi cariño le recuerda cuando

veas que está bebiendo.

 

* * *
GAZELA XXI
 
Nada podrá arrancar del alma mía

de mi joven gentil la imagen grata,

ni la memoria del ciprés pomposo

de mi pecho jamás será borrada.

 

No lograrán el hado enfurecido

ni la fortuna con rigor voltaria

que la miel de tus rojos labios sea

de mi sediento corazón borrada.

 

Enredado en tu negra ondosa crencha

está mi corazón desde la infancia;

hasta la muerte unión tan agradable

no será deshecha, ni borrada.

 

Arrebatarme las pasiones fieras

lo pueden todo con ardientes ansias;

sólo no pueden de mi amante pecho

esta agradable llama ver borrada.

 

Mi violenta pasión con tal impulso

ha sido impresa en lo interior del alma,

que aunque mi cuello dividido sea

jamás esta impresión será borrada.

 

Si en sus amores mi alma mostró exceso,

es preciso no obstante disculparla;

está enferma, la fiebre que la agita

quisiera, ¡ay triste!, al punto ver borrada.

 

El que no quiera como Hafiz mirarse

lleno de frenesí, de angustia amarga,

hasta la idea del hermoso sexo

tenga del débil corazón borrada.

 

* * *
 
GAZELA XXX
 
Llegó la rosa, amigos;

vengan, vengan los juegos;

esto mismo aconsejan

los venerandos viejos.

 

No hay tristeza ahora en nadie,

pero, ¡ay!, que vuela el tiempo.

Pues bebamos con ansia

mas que el tapiz manchemos.

 

Dulce el aura es, da gozo;

mas yo apurar prefiero

el rojo vino al lado

de un semblante halagüeño.

 

Venga la lira; adversa

es la suerte a los buenos.

¿Para evitar su angustia

por qué no enloquecemos?

 

¡Cómo brilla la rosa!

Agua y vino, que el fuego

de amor, que me consume

quiero apagar con ellos.

 

Hafiz, ruiseñor eres.

¿Pues cómo tú al aspecto

de las rosas pudieras

mantenerte en silencio?

* * *
POESÍAS TURCAS
 
Sobre los inciertos
placeres de la vida
 
¿Hay estado que éste libre

de la horrorosa tristeza?

¿A quién no roba la sangre

de la mejilla la pena?

 

Mi alma el vergel de esta vida

contempló con faz atenta,

y no encontró rosa alguna

sin espina que la hiriera.

 

¡Cuántos años he vagado

en torno de las tabernas

y no gustado yo vino

que no cause borrachera!

(Poesías Asiáticas 1833).

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