JOSÉ MARTÍ

 

BIOGRAFÍA

 

José Martí nació el 28 de enero de 1853 en la Habana, Cuba. Sus padres fueron Mariano Martí Navarro, procedente de Valencia y Leonor Pérez Cabrera, canaria, de Santa Cruz de Tenerife.

Fue al colegio de San Anacleto, dirigido por Rafael Sixto Casado y una vez aprendió a leer se cambió a la Escuela Municipal de Varones, donde se encontró con don Rafael María de Mendive, que frente a las restricciones paternas se hizo cargo de la educación de Martí, costeándole los gastos del bachillerato. Mendive, educador y poeta, se convirtió en su segundo padre e imprimió en él una marca para toda su vida.

En 1868, año en que se produce el Grito de Yare, comenzó a colaborar en un periódico con intenciones políticas independentistas, lo que provocó su ingreso en prisión y más tarde su destierro a España, donde continuó sus estudios. Se estableció en Madrid y en 1871 publicó "El presidio político en Cuba", su primera obra en prosa. En 1873 se trasladó a Zaragoza donde estuvo 16 meses y consiguió licenciarse brillantemente en Derecho. En los posteriores cuatro meses se dedicó a terminar su licenciatura en Filosofía y Letras.

Al año siguiente viajó a París, donde conoció a Víctor Hugo y a Augusto Bacquerie. En este viaje terminó desembarcando en Veracruz, Méjico, donde estuvo durante dos años. Este período es trascendental en la vida de José Martí: comenzó a conocer la grandeza del pasado indígena y la del colonial, y contrajo matrimonio con Carmen Zayas Bazán, aunque su verdadero amor fue María García Granada, fuente de inspiración en sus poemas.

Con la paz de Zanjón, en 1878, regresó a la Habana donde tuvo un hijo con Carmen y un año después vuelve a salir deportado hacia España (1879). Allí siente nostalgia de su hijo y publica Ismaelillo y Versos libres.

Al año siguiente (1880) vuelve a América y se establece en Nueva York, desde donde planea y organiza la liberación de su país. Allí su fama crece, Argentina , Uruguay y Paraguay le confían su representación consular en la gran urbe norteamericana; pronuncia discursos, escribe artículos y versos, conspira, lucha , funda la Liga Patriótica y redacta las Bases del Partido Revolucionario Cubano. Por supuesto, su actividad política no impidió que continuara su labor poética: en 1891 escribe Versos Sencillos.

En los años siguientes su vida de conspirador es de una constante agitación y en 1895, cuando los patriotas cubanos se levantan, embarca en Caba Haitiano, después de haber suscrito con Máximo Gómez el Manifiesto de Montecristi. El 19 de mayo de ese mismo año, en la acción de Dos Píos, una bala le alacanzó y segó la vida del héroe cubano en plena madurez.

Jose Martí fue un romántico por su inspiración y rebeldía, un precursor del Modernismo por sus gustos e inquietudes y por las cualidades de su prosa, un orador de gran altura, el caudillo de un pueblo al que entregó su inteligencia, su voluntad y su vida.

SU OBRA

La personalidad poética de Martí se rebela con plenitud a partir de 1882, año en que escribe Versos Libres, y se reafirma en Ismaelillo y en Versos Sencillos (1891). El primero es el franco paso al frente, hacia la expresión poética sin encadenamiento al pasado, de profundo sentido de libertad en todo, en sus ideas y en su métrica, formada por "endecasílabos hirsutos" como él mismo los llamaba.

Ismaelillo, escrito en asonante, es un canto al hijo y para el hijo, y desprende un candor que impresiona. Son versos que rebosan ternura, sutileza, sinceridad; octosílabos mostrando una frescura genuina, evocando a veces las asonancias del Romancero.

 

En prosa destaca Amistad funesta, donde más se acerca al Modernismo. Sus discursos, sus ensayos, sus cronicas, sus impresiones de viaje, sus páginas críticas acusan una brillantez, un poder imaginativo, una técnica en la que se mezclan símbolos, imágenes, giros que se apartan por completo de la orilla romántica y penetran ya en otros ritmos y otra suerte de reacción emotiva, que colinda más con el estilo que ha de distinguir la prosa de Darío (Parnasianismo y Simbolismo) que con la línea que hasta entonces proporcionó fisonomía a la literatura del siglo XIX (Romanticismo y Realismo).

 

SELECCIÓN DE FRAGMENTOS

 

De "Ismaelillo"

Dedicatoria

 

Hijo:

Espantado de todo, me refugio en ti.

Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud, y en ti.

Si alguien te dice que estas páginas se parecen a otras páginas, diles que te amo demasiado para profanarte así. Tal como aquí te pinto, tal te han visto mis ojos. Con esos arreos de gala te me has aparecido. Cuando he cesado de verte en una forma, he cesado de pintarte. Estos riachuelos han pasado por mi corazón..

!Lleguen al tuyo!

 

Príncipe enano

 

Para un príncipe enano !Venga mi caballero

Se hace esta fiesta. Por esta senda!

Tiene guedejas rubias, !Entrese mi tirano

Blandas guedejas; Por esta cueva!

Por sobre el hombro blanco Tal es, cuando a mis ojos

Luengas le cuelgan. Su imagen llega,

Sus dos ojos parecen Cual si en lóbrego antro

Estrellas negras: Pálida estrella

!Vuelan, brillan, palpitan, Con fulgores de ópalo

Relampaguean! Todo vistiera.

El para mí es corona, A su paso la sombra

Almohada, espuela. Matices muestra,

Mi mano, que así embrida Como al sol que las hiere

Potros y hienas, Las nubes negras.

Va, mansa y obediente, !Heme ya , puesto en armas,

Donde él la lleva. En la pelea!

Si el ceño frunce, temo; Quiere el príncipe enano

Si se me queja,- Que a luchar vuelva:

Cual de mujer, mi rostro !El para mí es corona,

Nieve se trueca: Almohada, espuela!

Su sangre, pues, anima Y como el sol, quebrando

Mis flacas venas: Las nubes negras,

!Con su gozo mi sangre En banda de colores

Se hincha, o se seca! La sombra trueca,-

Para un príncipe enano El, al tocarla, borda

Se hace esta fiesta. En la onda espesa,

Mi banda de batalla !Entrese mi tirano

Roja y violeta. Por esta cueva!

¿Con que mi dueño quiere !Déjeme que la vida

Que a vivir vuelva? A él, a él le ofrezca!

!Venga mi caballero Para un príncipe enano

Por esta senda! Se hace esta fiesta.

 

 

Musa traviesa

 

Mi musa? Es un diablillo Contándolo, me inunda

Con ala de ángel. Un gozo grave:-

!Ah, musilla traviesa, Y cual si el monte alegre,

Qué vuelo trae! Queriendo holgarse

Al alba enamorando

Yo suelo, caballero Con voces ágiles,

En sueños graves, Sus hilillos sonoros

Cabalgar horas luengas Desanudase,

Sobre los aires. Y salpicando riscos,

Me entro en nubes rosadas, Labrando esmaltes,

Bajo a hondos mares, Refrescando sedientas

Y en los senos eternos Cálidas cauces,

Hago viajes. Echáralos risueños

Allí asisto a la inmensa Por falda y valle, -

Boda inefable, Así, al alba del alma

Y en los talleres huelgo Regocijándose,

De la luz madre: Mi espíritu encendido

Y con ella es la oscura Me echa a raudales

Vida, radiante, Por las mejillas secas

Y a mis ojos los antros Lágrimas suaves.

Son nidos de ángeles! Me siento, cual si en magno

Al viajero del cielo Templo oficiase:

¿Qué el mundo frágil? Cual si mi alma por mirra

Pues, ¿no saben los hombres Virtiese al aire;

Qué encargo traen? Cual si en mi hombro surgieran

!Rasgarse el bravo pecho, Fuerzas de Atlante;

Vaciar su sangre, Cual si el sol en mi seno

Y andar, andar heridos La luz fraguase: -

Muy largo valle, !Y estallo, hiervo, vibro,

Roto el cuerpo en harapos, Alas me nacen!

Los pies en carne,

Hasta dar sonriendo Suavemente la puerta

-!No en tierra!- exánimes! Del cuarto se abre,

Y entonces sus talleres Y éntranse a él gozosos

La luz les abre, Luz, risas, aire.

Y ven lo que yo veo: Al par da el sol en mi alma

¿Qué el mundo frágil? Y en los cristales:

Seres hay de montaña, !Por la puerta se ha entrado

seres de valle, Mi diablo ángel!

Y seres de pantanos ¿Qué fue de aquellos sueños,

Y lodazales. De mi viaje,

Del papel amarillo,

De mis sueños desciendo, Del llanto suave?

Volando vanse, Cual si de mariposas

Y en papel amarillo Tras gran combate

Cuento el viaje. Volaran alas de oro

 

Por tierra y aire, Mis libros lance,

Así vuelan las hojas Y siéntese magnífico

Do cuento el trance. Sobre el desastre,

Hala acá el travesuelo Y muéstreme riendo,

Mi paño árabe; Roto el encaje-

Allá monta en el lomo -!Qué encaje no se rompe

De un incunable; En el combate!-

Un carcax con mis plumas Su cuello, en que la risa

Fabrica y átase; Gruesa onda hace!

Un sílex persiguiendo Venga, y por cauce nuevo

Vuelca un estante, Mi vida lance,

Y !allá ruedan por tierra Y a mis manos la vieja

Versillos frágiles, Péñola arranque,

Brumosos pensadores, Y del vaso manchado

Lópeos galanes! La tinta vacie!

De águilas diminutas !Vaso puro de nácar:

Puéblase el aire: Dame a que harte

!Son las ideas, que ascienden, Esta sed de pureza:

Rotas sus cárceles! Los labios cánsame!

¿Son éstas que lo envuelven

Del muro arranca, y cíñese, Carnes, o nácares?

Indio plumaje: La risa, como en taza

Aquella que me dieron De ónice árabe,

De oro brillante, En su incólume seno

Pluma, a marcar nacida Bulle triunfante:

Frentes infames, !Hete aquí, hueso pálido,

De su caja de seda Vivo y durable!

Saca, y la blande: Hijo soy de mi hijo!

Del sol a los requiebros El me rehace!

Brilla el plumaje,

Que baña en aúreas tintas Pudiera yo, hijo mío,

Su audaz semblante. Quebrando el arte

De ambos lados el rubio Universal, muriendo

Cabello al aire, Mis años dándote,

A mí súbito viénese Envejecerte súbito,

A que lo abrace. La vida ahorrarte!-

De beso en beso escala Mas no: que no verías

Mi mesa frágil; En horas graves

!Oh, Jacob, mariposa, Entrar el sol al alma

Ismaëlillo, árabe! Y a los cristales!

¿Qué ha de haber que me guste Hierva en tu seno puro

Como mirarle Risa asonante:

De entre polvo de libros Rueden pliegues abajo

Surgir radiante, Libros exangës:

Y, en vez de acero, verle Sube, Jacob alegre,

De pluma armarse, La escala suave:

Y buscar en mis brazos Ven, y de beso en beso

Tregua al combate? Mi mesa asaltes:-

Venga, venga Ismaelillo: !Pues ésa es mi musilla,

La mesa asalte, Mi diablo ángel!

Y por los anchos pliegues !Ah, musilla traviesa,

Del paño árabe Qué vuelo trae!

En rota vergonzosa

 

 

 

 

 

Penachos vívidos

 

Como taza en que hierve Ora en carreras locas,

De transparente vino O en sonoros relinchos,

En doradas burbujas O sacudiendo el aire

El generoso espíritu; El crinaje magnífico;-

Como inquieto mar joven Asi mis pensamientos

Del cauce nuevo henchido Rebosan en mí vividos,

Rebosa, y por las playas Y en crespa espuma de oro

Bulle y muere tranquilo; Besan tus pies sumisos,

O en fúlgidos penachos

Como manada alegre De varios tintes ricos,

De bellos potros vivos Se mecen y se inclinan

Que en la mañana clara Cuando tú pasas -hijo!

Muestran su regocijo,

 

 

Valle lozano

 

Dígame mi labriego Otros, con dagas grandes

¿Cómo es que ha andado Mi pecho araron:

En esta noche lóbrega Pues, ¿qué hierro es el tuyo

Este hondo campo? Que no hace daño?

Dígame de qué flores Y esto dije -y el niño

Untó el arado Riendo me trajo

Que la tierra olorosa En sus dos manos blancas

Trasciende a nardos? Un beso casto.

Dígame de qué ríos

Regó ese prado,

Que era un valle muy negro

Y ora es lozano?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Versos libres

 

Hierro

Ganado tengo el pan: hágase el verso,-

Y en su comercio dulce se ejercite

La mano, que cual prófugo perdido

Entre oscuras malezas, o quien lleva

A rastra enorme peso, andaba ha poco

Sumas hilando y revolviendo cifras.

Bardo ¿consejo quieres? Pues descuelga

de la pálida espalda ensangrentada

El arpa dívea, acalla los sollozos

Que a tu garganta como mar en furia

Se agolparán, y en la madera rica

Taja plumillas de escritorio y echa

Las cuerdas rotas al movible viento.

¡ Oh alma!, ¡oh, alma buena! ¡mal oficio

Tienes!: ¡póstrate, calla, cede, lame

Manos de potentado, ensalza, excusa

Defectos, tenlos –que es mejor manera

De excusarlos, y mansa y temerosa

Vicios celebra, encumbra vanidades:

Verás entonces, alma, cuál se trueca

En plato de oro rico tu desnudo

Plato de pobre!

Pero guarda ¡oh alma!

¡Que usan los hombres hoy oro empañado!

Ni de esos cures, que fabrican de oro

Sus joyas el bribón y el barbilindo:

Las armas no, -las armas son de hierro!

Mi mal es rudo: la ciudad lo encona:

Lo alivia el campo inmenso: ¡otro más vasto

Lo aliviará mejor! –Y las oscuras

Tardes me atraen, cual si mi patria fuera

La dilatada sombra.

Era yo niño-

Y con filial amor miraba al cielo,

¡Cuán pobre a mi avaricia el descuidado

Cariño del hogar! ¡Cuán tristemente

Bañado el rostro ansioso en llanto largo

Con mis ávidos ojos perseguía

La madre austera, el padre pensativo

Sin que jamás los labios ardorosos

Del corazón voraz la sed saciasen.

¡ Oh verso amigo,

Muero de soledad, de amor me muero!

No de vulgar amor; estos amores

Envenenan y ofuscan: no es hermosa

La fruta en la mujer, sino la estrella

La tierra ha de ser luz, y todo vivo

Debe en torno de sí dar lumbre de astro.

¡ oh, estas damas de muestra ¡ ¡oh, estas copas

de carne! ¡oh, estas siervas, ante el dueño

que las ennjoya y que las nutre echadas!

¡ te digo, oh verso, que los dientes duelen

de comer de esta carne!

Es de inefable

Amor del que yo muero, -del muy dulce

Menester de llevar, como se lleva

Un niño tierno en las cuidadosas manos,

Cuanto de bello y triste ven mis ojos.

Del sueño, que las fuerzas no repara

Sino de los dichosos, y a los tristes

El duro humor y la fatiga aumenta,

Salto, al Sol, como un ebrio. Con las manos

Mi frente oprimo, y de los turbios ojos

Brota raudal de lágrimas. ¡ Y miro

El Sol tan bello y mi desierta alcoba,

Y mi virtud inútil, y las fuerzas

Que cual tropel famélico de hirsutas

Fieras saltan de mí buscando empleo;

Y el aire hueco palpo, y en el muro

Frío y desnudo el cuerpo vacilante

Apoyo, y en el cráneo estremecido

En agonía flota el pensamiento,

Cual leño de bajel despedazado

Que el mar en furia a playa ardiente arroja!

¡ Y echo a andar, como un muerto que camina,

Loco de amor, de soledad, de espanto!

¡Amar, agobia! ¡es tósigo el exceso

de amor! Y la prestada casa oscila

Cual barco en tempestad: en el destierro

Naúfrago es todo hombre, y toda casa

Inseguro bajel, al mar vendido!

 

¡Sólo las flores del paterno prado

Tienen olor! ¡Sólo las seibas patrias

Del sol amparan! Como en vaga nube

Por suelo extraño se anda; las miradas

Injurias nos parecen, y el sol mismo,

¡Más que en grato calor, enciende en ira!

¡No de voces queridas puebla el eco

los aires de otras tierras: y no vuelan

del arbolar espeso entre las ramas

los pálidos espíritus amados!

De carne viva y profanadas frutas

Viven los hombres, -¡ay! mas el proscripto

¡ De sus entrañas propias se alimenta!

¡ Tiranos: desterrad a los que ancalzan

el honor de vuestro odio: ya son muertos!

Valiera más ¡ oh barbaros! que al punto

De arrebatarlos al hogar, hundiera

En lo más hondo de su pecho honrado

Vuestro esbirro más cruel su hoja más dura!

Grato es morir, horrible, vivir muerto.

Mas no! mas no! La dicha es una prenda

De compasión de la fortuna al triste

Que no sabe domarla: a sus mejores

Hijos desgracias da naturaleza:

Fecunda el hierro al llano, el golpe al hierro!

 

Canto de otoño

Bien; ya lo sé!: -la muerte está sentada

A mis umbrales: cautelosa viene,

Porque sus llantos y su amor no apronten

En mi defensa, cuando lejos viven

Padres e hijo.-al retornar ceñudo

De mi estéril labor, triste y oscura,

Con que a mi casa del invierno abrigo,

De pie sobre las hojas amarillas,

En la mano fatal la flor del sueño,

La negra toca en alas rematada,

Ávido el rostro, - trémulo la miro

Cada tarde aguardándome a mi puerta

En mi hijo pienso, y de la dama oscura

Huyo sin fuerzas devorado el pecho

De un frenético amor! Mujer más bella

No hay que la muerte!: por un beso suyo

Bosques espesos de laureles varios,

Y las adelfas del amor, y el gozo

De remembrarme mis niñeces diera!

...Pienso en aquél a quien el amor culpable

trajo a vivir, - y, sollozando, esquivo

de mi amada los brazos: - mas ya gozo

de la aurora perenne el bien seguro.

Oh, vida, adios: - quien va a morir, va muerto.

Oh, duelos con la sombra: oh, pobladores

Ocultos del espacio: oh formidables

Gigantes que a los vivos azorados

Mueren, dirigen, postran, precipitan!

Oh, cónclave de jueces, blandos sólo

A la virtud, que nube tenebrosa,

En grueso manto de oro recogidos,

Y duros como peña, aguardan torvos

A que al volver de la batalla rindan

-como el frutal sus frutos-

de sus obras de paz los hombres cuenta,

de sus divinas alas!... de los nuevos

árboles que sembraron, de las tristes

lágrimas que enjugaron, de las fosas

que a los tigres y vívoras abrieron,

y de las fortalezas eminentes

que al amor de los hombres levantaron!

¡esta es la dama, el Rey, la patria, el premio

apetecido, la arrogante mora

que a su brusco señor cautiva espera

llorando en la desierta espera barbacana!:

este el santo Salem, este el Sepulcro

de los hombres modernos:-no se vierta

más sangre que la propia! No se bata

sino al que odia el amor! Únjase presto

soldados del amor los hombres todos!:

la tierra entera marcha a la conquista

De este Rey y señor, que guarda el cielo!

...Viles: el que es traidor a sus deberes.

Muere como traidor, del golpe propio

De su arma ociosa el pecho atravesado!

¡Ved que no acaba el drama de la vida

En esta parte oscura! ¡Ved que luego

Tras la losa de mármol o la blanda

Cortina de humo y césped se reanuda

El drama portentoso! ¡y ved, oh viles,

Que los buenos, los tristes, los burlados,

Serán een la otra parte burladores!

Otros de lirio y sangre se alimenten:

¡Yo no! ¡yo no! Los lóbregos espacios

rasgué desde mi infancia con los tristes

Penetradores ojos: el misterio

En una hora feliz de sueño acaso

De los jueces así, y amé la vida

Porque del doloroso mal me salva

De volverla a vivi. Alegremente

El peso eché del infortunio al hombro:

Porque el que en huelga y regocijo vive

Y huye el dolor, y esquiva las sabrosas

Penas de la virtud, irá confuso

Del frío y torvo juez a la sentencia,

Cual soldado cobarde que en herrumbre

Dejó las nobles armas; ¡y los jueces

No en su dosel lo ampararán, no en brazos

Lo encumbrarán, mas lo echarán altivos

A odiar, a amar y a batallar de nuevo

En la fogosa y sofocante arena!

¡Oh! ¿qué mortal que se asomó a la vida

vivir de nuevo quiere? ...

Puede ansiosa

La Muerte, pues, de pie en las hojas secas,

Esperarme a mi umbral con cada turbia

Tarde de Otoño, y silenciosa puede

Irme tejiendo con helados copos

Mi manto funeral.

No di al olvido

Las armas del amor: no de otra púrpura

Vestí que de mi sangre.

Abre los brazos, listo estoy, madre Muerte:

Al juez me lleva!

Hijo!...Qué imagen miro? qué llorosa

Visión rompe la sombra, y blandamente

Como con luz de estrella la ilumina?

Hijo!... qué me demandan tus abiertos

Brazos? A qué descubres tu afligido

Pecho? Por qué me muestran tus desnudos

Pies, aún no heridos, y las blancas manos

Vuelves a mí?

Cesa! calla! reposa! Vive: el padre

No ha de morir hasta que la ardua lucha

Rico de todas armas lance al hijo!-

Ven, oh mi hijuelo, y que tus alas blancas

De los abrazos de la muerte oscura

Y de su manto funeral me libren!

 

VERSOS SENCILLOS

I

Yo soy un hombre sincero

De donde crece la palma.

Y antes de morirme quiero

Echar mis versos del alma.

Yo vengo de todas partes,

Y hacia todas partes voy:

Arte soy entre las artes,

En los montes, monte soy.

Yo sé los nombres extraños

De las yerbas y las flores,

Y de mortales engaños,

Y de sublimes dolores.

Yo he visto en la noche oscura

Llover sobre mi cabeza

Los rayos de lumbre pura

De la divina belleza.

Alas nacer vi en los hombros

De las mujeres hermosas:

Y salir de los escombros

Volando las mariposas.

He visto vivir a un hombre

Con el puñal al costado,

Sin decir jamás el nombre

De aquella que lo ha matado.

Rápida, como un reflejo,

Dos veces vi el alma, dos:

Cuando murió el pobre viejo,

Cuando ella me dijo adiós.

Temblé una vez –en la reja,

A la entrada de la viña.—

Cuando la bárbara abeja

Picó en la frente a mi niña.

Gocé una vez, de tal suerte

Que gocé cual nunca: --cuando

La sentencia de mi muerte

Leyó el alcalde llorando.

 

 

Oigo un suspiro, a través

De las tierras y la mar,

Y no es un suspiro, --es

Que mi hijo va a despertar.

Si dicen que del joyero

Tome la joya mejor

Tomo a un amigo sincero

Y pongo a un lado el amor.

Yo he visto al águila herida

Volar al azul sereno,

Y morir en su guarida

La víbora del veneno.

Yo sé bien que cuando el mundo

Cede, lívido, al descanso,

Sobre el silencio profundo

Murmura el arroyo manso.

Yo he puesto la mano osada

De horror y júbilo yerta,

Sobre la estrella apagada

Que cayó frente a mi puerta.

Oculto en mi pecho bravo

La pena que me lo hiere:

El hijo de un pueblo esclavo

Vive por él, calla, y muere.

Todo es hermoso y constante,

Todo es música y razón,

Y todo, como el diamante,

Antes que luz es carbón.

Yo sé que el necio se entierra

Con gran lujo y con gran llanto,--

Y que no hay fruta en la tierra

Como la del camposanto.

Callo, y entiendo, y me quito

La pompa del rimador:

Cuelgo de un árbol marchito

Mi muceta de doctor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

V

Si ves un monte de espumas,

Es mi verso lo que ves:

Mi verso es un monte, y es

Un abanico de plumas.

Mi verso es como un puñal

Que por el puño echa flor:

Mi verso es un surtidor

Que da un agua de coral.

Mi verso es de un verde claro

Y de un carmín encendido:

Mi verso es un ciervo herido

Que busca en el monte amparo.

Mi verso al valiente agrada:

Mi verso, breve y sincero,

Es del vigor del acero

Con que se funde la espada.

 

X

El alma trémula y sola

Padece al anochecer:

Hay baile; vamos a ver

La bailarina española.

Han hecho bien en quitar

El banderón de la acera;

Porque si está la bandera,

No sé, yo no puedo entrar.

Ya llega la bailarina:

Soberbia y pálida llega:

¿Cómo dicen que es gallega?

Pues dicen mal: es divina.

Lleva un sombrero torero

Y una capa carmesí:

¡Lo mismo que un alelí!

Que se pusiese un sombrero!

Se ve, de paso, la ceja,

Ceja de mora traidora:

Y la mirada, de mora:

Y como nieve la oreja.

Preludian, bajan la luz,

Y sale en bata y mantón,

La virgen de la Asunción

Bailando un baile andaluz.

Alza, retando, la frente;

Crúzase al hombre la manta:

En arco el brazo levanta:

Mueve despacio el pie ardiente.

Repica con los tacones

El tablado zalamera,

Como si la tabla fuera

Tablado de corazones.

Y va el convite creciendo

En las llamas de los ojos,

Y el manto de flecos rojos

Se va en el aire meciendo.

Súbito, de un salto arranca:

Húrtase, se quiebra, gira:

Abre en dos la cachemira,

Ofrece la bata blanca.

El cuerpo cede y ondea;

La boca abierta provoca;

Es un rosa la boca:

Lentamente taconea.

Recoge, de un débil giro,

El manto de flecos rojos:

Se va, cerrando los ojos,

Se va, como en un suspiro...

Baila muy bien la española;

Es blanco y rojo el mantón:

¡Vuelve, fosca a su rincón,

El alma trémula y sola!

 

 

XI

Yo tengo un paje muy fiel

Que me cuida y que me gruñe,

Y al salir, me limpia y bruñe

Mi corona de laurel.

Yo tengo un paje ejemplar

Que no come, que no duerme,

Y que se acurruca a verme

Trabajar, y sollozar.

Salgo, y el vil se desliza

Y en mi bolsillo aparece;

Vuelvo, y el terco me ofrece

Una taza de ceniza.

Si duermo, al rayar el día

Se sienta junto a mi cama:

Si escribo, sangre derrama

Mi paje en la escribanía.

Mi paje, hombre de respeto,

Al andar castañetea:

Hiela mi paje, y chispea:

Mi paje es un esqueleto.

 

 

 

 

XVIII

Es rubia: el cabello suelto

Da más luz al ojo moro:

Voy, desde entonces, envuelto

En un torbellino de oro.

La abeja estival que zumba

Más ágil por la flor nueva,

No dice, como antes, "tumba":

"Eva" dice: todo es "Eva".

Bajo, en lo oscuro, al temido

Raudal de la catarata:

¡Y brilla el iris, tendido

Sobre las hojas de plata!

Miro, ceñudo, la agreste

Pompa del monte irritado;

¡Y en el alma azul celeste

Brota un jacinto rosado!

Voy, por el bosque, a paseo

A la laguna vecina:

Y entre las ramas la veo,

Y por el agua camina.

La serpiente del jardín

Silva, escupe, y se resbala

Por su agujero: el clarín

Me tiende, trinando, el ala.

¡Arpa soy, salterio soy

Donde vibra el Universo:

Vengo del sol, y al sol voy:

Soy el amor: soy el verso!

 

XII

Estoy en el baile extraño

De polaina y casaquín

Que dan, del año hacia el fin,

Los cazadores del año.

Una duquesa violeta

Va con un frac colorado:

Marca un vizconde pintado

El tiempo en la pandereta.

Y pasan las chupas rojas;

Pasan los tules de fuego,

Como delante de un ciego

Pasan volando las hojas.

 

 

 

 

 

XLV

Sueño con claustros de mármol

Donde en silencio divino

Los héroes, de pie, reposan:

¡De noche, a la luz del alma,

Hablo con ellos: de noche!

Están en fila: paseo

Entre las filas: las manos

De piedra les beso: abren

Los ojos de piedra: mueven

Los labios de piedra: tiemblan

Las barbas de piedra: empuñan

La espada de piedra: lloran:

¡Vibra la espada en la vaina!:

Mudo, les beso la mano.

Hablo con ellos, de noche!

Están en fila: paseo

Entre las filas: lloroso

Me abrazo a un mármol: "Oh mármol,

Dicen que beben tus hijos

Su propia sangre en las copas

Venenosas de sus dueños!

Que hablan la lengua podrida

De sus rufianes! que comen

Juntos el pan del oprobio,

En la mesa ensangrentada!!

Que pierden en lengua inútil

El último fuego!: ¡dicen,

Oh mármol, mármol dormido,

Que ya se ha muerto tu raza!"

Échame en tierra de un bote

El héroe que abrazo: me ase

Del cuello: barre la tierra

Con mi cabeza: levanta

El brazo, ¡el brazo le luce

Lo mismo que un sol!: resuena

La piedra: buscan el cinto

Las manos blancas: del soclo

Saltan los hombres de mármol!

 

XLVI

Vierte, corazón, tu pena

Donde no se llegue a ver,

Por soberbia, y por no ser

Motivo de pena ajena.

Yo te quiero, verso amigo,

Porque cuando siento el pecho

Ya muy cargado y deshecho,

Parto la carga contigo.

Tú me sufres, tú aposentas

En tu regazo amoroso,

Todo mi ardor doloroso,

Todas mis ansias y afrentas.

 

 

Tú, porque yo pueda en calma

Amar y hacer bien, consientes

En enturbiar tus corrientes

En cuanto me agobia el alma.

Tú, porque yo cruce fiero

La tierra, y sin odio, y puro,

Te arrastras, pálido y duro,

Mi amoroso compañero.

Mi vida así se encamina

Al cielo limpia y serena,

Y tú me cargas mi pena

Con tu paciencia divina.

Y porque mi cruel costumbre

De echarme en ti te desvía

De tu dichosa armonía

Y natural mansedumbre;

Porque mis penas arrojo

Sobre tu seno, y lo azotan,

Y tu corriente alborotan,

Y acá lívido, allá rojo,

Blanco allá como la muerte,

Ora arremetes y ruges,

Ora con el peso crujes

De un dolor más que tú fuerte.

¿Habré, como me aconseja

Un corazón mal nacido,

De dejar en el olvido

A aquel que nunca deja?

¡Verso, nos hablan de un Dios

A donde van los difuntos:

Verso, o nos condenan juntos,

O nos salvamos los dos!

 

Homomagno

Homomagno sin ventura

La hirsuta y retostada cabellera

Con sus pálidas manos se mesaba.

"Máscara soy, mentira soy, decía;

Estas carnes y formas, estas barbas

Y rostro, estas memorias de la bestia,

Que como silla a lomo de caballo

Sobre el alma oprimida echan y ajustan,

Por el rayo de luz que el alma mía

En la sombra entrevé, - no son Homomagno!

 

Mis ojos sólo; los mis caros ojos,

Que me revelan mi disfraz, son míos:

Queman, me queman, nuca duermen, oran,

Y en mi rostro los siento y en el cielo,

Y le cuentan de mí, y a mí de él cuentan.

Por qué, por qué, para cargar en ellos

Un grano ruin de alpiste mal trojado

Talló el Creador mis colosales hombros?

Ando, pregunto, ruinas y cimientos

Vuelco y sacudo, a delirantes sorbos

En la Creación, la madre de mil pechos,

Las fuentes todas de la visa aspiro:

Muerdo, atormento, beso las calladas

Manos de piedra que glpeo.

Con demencia amorosa su invisible

Cabeza con las secas manos mías

Acaricio y destrenzo: por la tierra

Me tiendo compungido y los confusos

Pies, con mi llanto baño y con kis besos.

Y en medio de la noche, palpitante,

Con mis voraces ojos en el cráneo

Y en sus órbitas anchas encendidos,

Trémulo, en mí plegado, hambriento espero,

Por si al próximo sol respuestas vienen;

Y a cada nueva luz –de igual enjuto

Modo, y ruin, la vida me aparece,

Como gota de leche que en cansado

Pezón, al terco ordeño, titubea,-

Como carga de hormiga,- como taza

De agua añeja en la jaula de un jilguero.-"

 

Remordidas y rotas, ramos de uvas

Estrujadas y negras, las ardientes

Manos del triste Homomagno parecían!

 

Y la tierra en silencio, y una hermosa

Voz de mi corazón, me contestaron.

 

 

Yugo y Estrella

Cuando nací, sin sol, mi madre dijo:

-Flor de mi seno, Homomagno generoso,

De mí y de la creación suma y reflejo,

Pez que en ave y corcel y hombre se torna,

Mira estas dos, que con dolor te brindo,

Insignias de la vida: ve y escoge.

Este, es unyugo: quien lo acepta, goza:

Hace de manso buey, y como presta

Servicio a los eñores, duerme en paja

Calente, y tiene rica y ancha avena.

Ésta, oh misterio que de mí naciste

Cual la cumbre nació de la montaña,

Ésta, que alumbra y mata, es una estrella:

Como que riega luz, los pecadores

Huyen de quien la lleva, y en la vida,

Cual un monstruo de crímenes cargado,

Todo el que lleva luz se queda solo.

Pero el hombre que al buey sin pena imita,

Buey vuelve a ser, y en apagado bruto

La escala universal de nuevo empieza.

El que la estrella sin temor se ciñe,

Como que crea, crece!

Cuando al mundo

De su copa el licor vació ya el vivo:

Cuando, para manjar de la sangrienta

Fiesta humana, sacó contento y grave

Su propio corazón: cuando a los vientos

De Norte y Sur virtió su voz sagrada,-

La estrella como un manto, en luz lo envuelve

Se enciende, como a fiesta, el aire claro,

Y el vivo que a vivir no tuvo miedo,

Se oye que un paso más sube en la sombra!

Dame el yugo, oh mi madre, de manera

Que el puesto en él de pie, luzca en mi frente

Mejor la estrella que ilumina y mata.

 

 

Amor de ciudad grande

De gorja son y rapidez los tiempos.

Corre cual luz la voz; en lata aguja,

Cual nave despeñada en sirte horrenda,

Húndese el rayo, y en ligera barca

El hombre, como alado, el aire hiende.

¿Así el amor, sin pompa ni misterio

Muere, apenas nacido., de saciado!

Jaula es la villa de palomas muertas

Y ávidos cazadores! Si los pechos

Se rompen de los hombres, y las carnes

Rotas por tierra ruedan, no han de verse

Dentro más que frutillas estrujadas!

Se ama de pie, en las calles, entre el polvo

De los salones y als plazas; muere

La flor que nace. Aquella virgen

Trémula que antes a la muerte daba

La mano pura que a ignorado mozo;

El goce de temer: aquel salirse

Del pecho el corazón; el inefable

Placer de merecer; el grato susto

De caminar deprisa en derechura

Del hogar de la amada, y a sus puertas

Como un niño feliz romper en llanto;-

Y aquel mirar, de nuestro amor al fuego,

Irse tiñiendo de color las rosas,-

Ea, que son patrañas! Pues ¿quién tiene

Tiempo de ser hidalgo? Bien que sienta

Cual áureo vaso o lienzo suntuoso,

Dama gentil en casa de magnate!

O si se tiene sed, se alarga el brazo

Y a la copa que pasa se la apura!

Luego, la copa turbia al polvo rueda,

Y el hábil catador, - manchado el pecho

De una sangre invisible,- sigue alegre,

Coronado de mirtos, su camino!

No son los cuerpos ya sino desechos,

Y fosas, y jirones! Y las almas

No son como en el árbol fruta rica

En cuya blanda piel la almíbar dulce

En su sazón de maduresz rebosa,-

Sino fruta de plaza que a brutales

Golpes el rudo labradoe madura!

¿La edad es ésta de los labios secos!

De las noches sin sueño! De la vida

Estrujada en agraz! ¿Qué es lo que falta

Que la ventura falta? Como liebre

Azorada, el espíritu se esconde,

Trémulo huyendo al cazador que ríe,

Cual en soto selvoso, en nuestro pecho;

Y el deseo, de brazo de la fiebre,

Cual rico cazador recorre el soto.

¡Me espanta la ciudad! ¡Toda está llena

De copas por vaciar, o huecas copas!

¡Tengo miedo ¡ay de mí! De que este vino

Tósigo sea, y en mis venas luego

Cual duende vengador los dientes clave!

¡Tengo sed,- más de un vino que en la tierra

No se sabe beber! ¡No he padecido

Bastante aún, para romper el muro

Que me aparta ¡oh dolor! De mi viñedo!

¡Tomad vosotros, catadores ruines

De vinillos humanos, esos vasos

Donde el jugo de lirio a grandes sorbos

Sin compasión y sin temor se bebe!

Tomad! Yo soy honrado: y tengo miedo!


Página creada por Laura Pérez, Blanca Martínez, Federico Rubio, Belén Palacios y Gema García, Universitat Jaume I.