Manuel Machado

Antología

 

 

 ADELFOS

Yo soy como las gentes que a mi tierra vinieron

-soy de la raza mora, vieja amiga del sol-,

que todo lo ganaron y todo lo perdieron.

Tengo el alma de nardo del árabe español.

Mi voluntad se ha muerto una noche de luna

en que era muy hermoso no pensar ni querer...

Mi ideal es tenderme, sin ilusión ninguna...

De cuando en cuando un beso y un nombre de mujer.

 

En mi alma, hermana de la tarde, no hay contornos...

y la rosa simbólica de mi única pasión

es una flor que nace en tierras ignoradas

y que no tiene aroma, ni forma, ni color.

Besos, ¡pero no darlos! Gloria... ¡la que me deben!

¡Que todo como un aura se venga para mí!

Que las olas me traigan y las olas me lleven

y que jamás me obliguen el camino a elegir.

 

¡Ambición!, no la tengo. ¡Amor!, no lo he sentido.

No ardí nunca en un fuego de fe ni gratitud.

Un vago afán de arte tuve... Ya lo he perdido.

Ni el vicio me seduce, ni adoro la virtud.

 

De mi alta aristocracia dudar jamás se pudo.

No se ganan, se heredan elegancia y blasón...

Pero el lema de casa, el mote del escudo,

es una nube vaga que eclipsa un vano sol.

 

 Nada os pido. Ni os amo ni os odio. Con dejarme

lo que hago por vosotros hacer podéis por mí...

¡Que la vida se tome la pena de matarme,

ya que yo no me tomo la pena de vivir!...

 

 Mi voluntad se ha muerto una noche de luna

 en que era muy hermoso no pensar ni querer...

De cuando en cuando un beso, sin ilusión ninguna.

¡El beso generoso que no he de devolver!

 

 CANTARES

Vino, sentimiento, guitarra y poesía

hacen los cantares de la patria mía.

Cantares...

Quien dice cantares dice Andalucía.

A la sombra fresca de la vieja parra,

un mozo moreno rasguea la guitarra...

Cantares...

Algo que acaricia y algo que desgarra.

La prima que canta y el bordón que llora...

Y el tiempo callado se va hora tras hora.

Cantares...

Son dejos fatales de la raza mora.

 

 No importa la vida, que ya está perdida,

y, después de todo, ¿qué es eso, la vida?...

Cantares...

Cantando la pena, la pena se olvida.

 

 Madre, pena, suerte, pena, madre, muerte,

ojos negros, negros, y negra la suerte...

Cantares...

En ellos el alma del alma se vierte.

 

 Cantares. Cantares de la patria mía,

quien dice cantares dice Andalucía.

Cantares...

No tiene más notas la guitarra mía.

 

 

 LA COPLA ANDALUZA

Del placer, que irrita,

y el amor, que ciega,

escuchad la canción, que recoge

la noche morena

La noche sultana,

la noche andaluza,

que estremece la tierra y la carne

de aroma y lujuria.

Bajo el plenilunio,

como lagrimones,

como goterones, sus cálidas notas

llueven los bordones.

Son melancolía

sonora, son ayes,

de las otras cuerdas, heridas, punzadas,

las notas vibrantes.

Y en el aire, húmedo

de aroma y lujuria,

levanta su vuelo -paloma rafeña-

la copla andaluza.

 

Dice de ojos negros

y de rojos labios,

de venganza, de olvido, de ausencia,

de amor y de engaño...

 

Y de desengaño.

De males y bienes,

de esperanza, de celos..., de cosas

de hombres y mujeres.

 

Y brota en los labios

soberbia y sencilla,

como brotan el agua en la fuente,

la sangre en la herida.

 

Y allá va en la noche,

paloma rafeña,

a decir la verdad a lo lejos,

triste, clara y bella.

 

Del placer, que irrita,

y el amor, que ciega,

escuchad la canción que recoge

la noche morena.

 

CANTE HONDO

A todos nos han cantado

en una noche de juerga

coplas que nos han matado...

Corazón, calla tu pena;

a todos nos han cantado

en una noche de juerga.

Malagueñas, soleares

y seguiriyas gitanas...

Historias de mis pesares

y de tus horitas malas.

Malagueñas, soleares

y seguiriyas gitanas...

Es el saber popular,

que encierra todo el saber:

que es saber sufrir, amar,

morirse y aborrecer.

Es el saber popular

que encierra todo el saber.

 

ELOGIO DE LA SOLEAR

Canto de soleares,

hondo cantar del corazón,

hondo cantar.

Reina de los cantares.

Madre del canto popular.

Llora tu son,

copla sin par.

Y en mi vacío corazón

se oye sonar

el de profundis del bordón...

Llora, cantar.

 

SOLEARES

Hermanita y compañera,

la de los ojillos negros

y la carita morena...

 

Tú eras buena y eras mala,

pero, como te quería,

toíto te lo pasaba...

Toíto te lo pasaba...

Y ahora, como no te quiero,

se acabó lo que se daba.

No te quiero decir na...

No quiero que se te ponga

la carita colorá.

Se te olvidaron, serrana,

las cositas que decías

y los suspiros que dabas.

 

Allá cuando Dios quería,

una carita de gloria

se juntaba con la mía.

 

Vete, tonta, que es igual...

Tú eres moneda que rueda

y a la mano te vendrás.

 

No hay mentira en el querer:

que te quise era verdad...

Que no te quiero, también.

 

Cuando te encuentro en la calle,

el corazón por la boca

de fatiga se me sale.

 

Yo me agarro a las paredes

cuando te encuentro en la calle,

chiquilla, pa no caerme.

 

Tonto es el que mira atrás...

mientras hay camino alante,

el caso es andar y andar.

 

Ese cante es aprendío...

a mí no me das tú coba,

porque ya te he conosío.

 

No sé si eres mala o buena.

Deja que te mire bien,

que para eso es la moneda.

 

Yo he visto a un hombre llorando...

Las fatigas del queré

son p’al que la’stá pasando...

Toíto es hasta acostumbrarse.

Cariño le toma el preso

a las rejas de la cárcel.

Ya te lo decía yo

que aquello se acabaría,

serrana, como acabó.

No tengo amigo ninguno.

Penas son las que yo tengo.

Con mis penitas me junto.

La veredita es la misma...

pero el queré es cuesta abajo,

y el olvidar, cuesta arriba.

Penitas sufro crueles

de aquellas que no se dicen

y son las que más se sienten.

Yo te quiero sin querer;

que te he tomaíto el cariño

cuando menos lo pensé.

 

 

La fortuna y las mujeres

son loquitas de igual vena:

quieren al que no las quiere.

 

 

Yo voy de penita en pena,

como el agua por el monte

saltando de peña en peña.

 

Me va faltando el sentío.

Cuando estoy alegre, lloro;

cuando estoy triste, me río.

 

¡Quién lo había de pensar,

que por aquel caminito

se llegaba a este lugar!

 

Solear de las morenas....

que tienen cositas malas

y tienen cositas buenas.

 

Yo te he querío a ti siempre

con los reaños del alma

y con fatigas de muerte.

 

Chiquilla, dame otra caña,

y canta por alegrías

pa que las penas se vayan.

 

Esto remedio no tiene.

Dame otra caña, chiquilla,

y venga lo que viniere.

Es mi nena tan bonita

que hasta el sol, cuando la ve,

amarillea de envidia.

Cuando a tu cara me acerco,

las palabras, en la boca,

se me convierten en besos.

Los gitanos, los gitanos....

hoy se mercan un vestío,

mañana van a empeñarlo.

Levántate una mijita;

déjame meter el brazo

bajo de tu cinturita.

No eres morena ni rubia.

No eres fea ni bonita;

me gustas porque me gustas.

Por mí no se sabrá ná...

Aquel que tiene de sobra

no se tiene que alabar.

 

La mujé es como la fruta:

si no la cortan, se cae

en cuanto que está madura.

 

Tengo un querer y una pena.

La pena quiere que viva;

el querer quiere que muera.

 

Fatigas, pero no tantas;

que a fuerza de muchos golpes

hasta el hierro se quebranta.

 

El que quiera, no lo diga;

haga como que no quiere,

y aprenda a pasar fatigas.

 

Al cielo no miro yo,

porque me miro en tus ojos

que son del mismo color.

 

Aunque amanezca nublado,

yo tengo sol y alegría

con tu carita a mi lado.

 

Por acercarme a tu vera,

con gusto iría pisando

cuchillos y bayonetas.

 

El andar de mi morena

parece que va sembrando

lirios, palmas y azucenas.

Considera, compañero,

que en el mundo hay bueno y malo...

Pero más malo que bueno.

La alegría...

consiste en tener salud

y la mollera vacía.

¿De qué me sirve dejarte,

si dondequiera que miro

te me pones por delante?

Tú has perdido los papeles...

Tú tienes un corazón

que no sabe lo que quiere.

En mis sueños te llamaba...

Como no me respondías,

llorando me despertaba.

Tus cabellos me prendieron.

Tus ojos me condenaron,

y tus labios me absolvieron.

 

Tú eres la estrella del Norte,

la primerita que sale,

la última que se esconde.

 

Tienes cuerpo de chiquilla

y carita de mujer

llenita de picardía.

 

Entienda usté a las mujeres...

Si lo quieren, no lo dicen;

si lo dicen, no lo quieren.

 

Tu calle ya no es tu calle,

que es una calle cualquiera,

camino de cualquier parte.

 

¡Pobrecito del que espera,

que entre el ayer y el mañana

se va muriendo de pena!

 

Unos ojos negros vi...

Desde entonces en el mundo

todo es negro para mí.

 

Enseñanzas del vivir...

yo ya no se que pensar,

ni siquiera qué sentir.

 

EL QUERER

En tu boca roja y fresca

beso, y mi sed no se apaga,

que en cada beso quisiera

beber entera tu alma.

Me he enamorado de ti,

y es enfermedad tan mala

que ni la muerte la cura,

según dicen los que aman.

Loco me pongo si escucho

el ruido de tu falda,

y el contacto de tu mano

me da la vida y me mata

Yo quisiera ser el aire

que toda entera te abraza;

yo quisiera ser la sangre

que corre por tus entrañas.

 

Son las líneas de tu cuerpo

el modelo de mis ansias,

el camino de mis besos

y el imán de mis miradas.

 

Siento al ceñir tu cintura

una duda que me mata,

que quisiera en un abrazo

todo tu cuerpo y tu alma.

 

Estoy enfermo de ti,

de curar no hay esperanza,

que, en la sed de este amor loco,

tú eres mi sed y mi agua.

 

Maldita sea la hora

en que penetré en tu casa,

en que vi tus ojos negros

y bese tus labios grana.

 

Maldita sea la sed

y maldita sea el agua...

Maldito sea el veneno

que envenena y que no mata.

 

MALAGUEÑAS

Porque me veas con otra,

no dudes de mi querer.

La sangre se da mil veces,

y el corazón, una vez.

No vuelvo a verte en la vida,

ni por tu calle a pasar.

Tu carita con la mía

no se vuelven a juntar.

Los siete sabios de Grecia

no saben lo que yo sé...

Las fatigas y el tiempo

me lo hicieron aprender.

Yo pensaba haber cogido

la naranja y el azahar...

Con hacer leña del tronco

me tuve que contentar.

 

Las penas que tú me das

son penas y no son penas,

que tienes cositas malas

y tienes cositas buenas.

 

Si te quise, no lo sé;

si me quisiste, tampoco...

Pues borrón y cuenta nueva:

yo con otra, y tú con otro.

 

No te pongas a pensar

en lo que nos ha pasado...

Y, si a la gente le pesa,

que nos quiten lo bailao...

 

Por querer a una mujer

un hombre perdió la vida.

Y aquella mujer perdió...

la diversión que tenía.

 

A la orillita del río

me pongo a considerar:

mis penas son como el agua,

que no acaba de pasar.

 

Publica la enfermedad

aquel que espera el remedio.

Yo no pregono mis males,

porque curarme no quiero.

A la Virgen de los Reyes

de rodillas le pedí,

serrana, que me quisieras

o yo te olvidara a ti.

No sólo canta el que canta,

que también canta el que llora...

No hay penita ni alegría

que se quede sin su copla.

Desde la una a la una,

desde las dos a las dos,

son las veinticuatro horas,

que te estoy queriendo yo.

Han alargado tu calle,

que ahora llega hasta la plaza,

y antes no llegaba más

que a la puerta de tu casa.

 

Este querer que te tengo

me tié que costar la vía...

Si no me quieres, de pena;

si me quieres, de alegría.

 

Por toas partes se va a Roma,

dice un antiguo refrán.,

Y yo, por toítas partes,

voy a tu casa a parar.

 

Ya te lo decía yo

que aquello se acabaría,

que en la casa de los pobres

dura poco la alegría.

 

Cuando me miras, me matas...

Y si no me miras, más.

Son puñales que me clavas

y los vuelves a sacar.

 

Cuando me pongo a cantar,

me salen, en vez de coplas,

las lágrimas de los ojos

los suspiros te la boca.

 

Bendita sea mi tierra.

Bendita sea Sevilla.

Sevilla tiene a Triana.

Triana tiene a mi niña.

¿Para qué quieren oír

y para qué quieren ver

oídos que no la escuchan,

ojitos que no la ven?

Te quiero, porque te quiero,

no por interés ninguno;

dinero sin gusto es ná,

y el gusto siempre es el gusto.

La Virgen de la Esperanza,

aquella que está en San Gil,

aquella Señora sabe

lo que yo te quiero a ti.

Mi mal no tiene remedio;

ésta sí que es la verdad...

Tus ojos, chiquilla, han sido

causa de mi enfermedad.

 

Con toíto lo que puede

el Señor del Gran Poder,

me dijo que no podía

curarme de tu querer.

 

Lloraba gotas de sangre,

y mis lágrimas bebía

porque no supiera nadie

lo que por ti padecía.

 

A mi mare, en la agonía,

le juré no verte más...

Si cumplo mi juramento

la vía me va a costar.

 

¡Ay maresita del Carmen,

qué pena tan grande es

estar juntito del agua

y no poderla beber!

 

Camino que no es camino

de más está que se emprenda,

porque más nos descarría

cuanto más lejos nos lleva.

 

POLOS Y CAÑAS

En tu cariño pensando,

en vela pasaba el día...

Y por la noche, soñando,

soñando que no dormía.

Tu querer me va matando.

¿Sabes lo que estás haciendo?

Me pones cerca la cara

y me rozas con el pelo.

Esta flamenquilla mala

no sabe lo que está haciendo.

Dame, pa mi guardapelo,

de tu cabello un ricito.

No te pido tu retrato,

que ése lo llevo conmigo,

en mi corazón grabado.

Cuando me siento a tu vera,

al reló que se parara

y al tiempo que no corriera

le digo, sentrañas mías,

cuando me siento a tu vera,

 

No hay penilla ni alegría

que se quede sin cantar.

Y por eso hay más cantares

que gotas de agua en el mar

y arena en los arenales.

 

Con lo rojo de tus labios

y lo negro de tus ojos

paso yo más desazones

que el bendito San Antonio,

aquel de las tentaciones.

 

Mi corazón me pediste.

No te lo pude negar.

Me lo quieres devolver.

Yo no lo quiero tomar.

¿Qué vamos a hacer con él?

 

LA «TONÁ» DE LA FRAGUA

(Seguiriyas gitanas)

LA PENA

Mi pena es muy mala,

porque es una pena que yo no quisiera

que se me quitara.

Vino como vienen,

sin saber de dónde,

el agua a los mares, las flores a mayo,

los vientos al bosque.

Vino, y se ha quedado

en mi corazón,

como el amargo en la corteza verde

del verde limón.

 

Como las raíces

de la enredadera,

se va alimentando la pena en mi pecho

con sangre e mis venas.

 

Yo no sé por dónde,

ni por dónde no,

se me ha liao esta soguita al cuerpo

sin saberlo yo.

 

SEGUIRIYAS GITANAS

Pensamiento mío,

¿adónde te vas?

No vayas a casa de quien tú solías,

que no pués entrar.

A pasar fatigas

estoy ya tan hecho

que las alegrías se me vuelven penas

dentro de mi pecho.

Mare de mi alma,

la vía yo diera

por pasar esta noche de luna

con mi compañera.

A la vera tuya

no puedo volver...

¡Cómo por unas palabritas locas

se pierde un querer!

 

Yo voy como un ciego

por esos caminos.

Siempre pensando en la penita negra

que llevo conmigo.

 

Ya se han acabado

los tiempos alegres.

Las florecitas que hay en tu ventana

para mí no huelen.

 

Desde que te fuiste,

serrana, y no vuelves,

no sé qué dolores son estos que tengo,

ni dónde me duelen.

 

Esta cadenita,

rnare, que yo llevo, llenita de espinas

con los añitos que pasan, que pasan,

va criando hierro.

 

Los bienes son males,

los males son bienes...

mis alegrías, ¡cómo se me han vuelto

fatigas de muerte!

 

Toíta la tierra

la andaré cien veces,

y volveré a andarla pasito a pasito,

hasta que la encuentre.

 

Se quebró el jarrito

pintado del querer.

¡Cómo plateros ni artistas joyeros

lo puén componer!

 

La prueba del frío,

la prueba del fuego...

¡Cómo ha salido mi conrasonsiyo

del mejor acero!

 

Ya corté una rosa

llenita de espinas...

Como las rosas espinitas tienen,

son las más bonitas.

 

El cristal se rompe

del calor al frío,

como se ha roto de alegría y pena

mi corasonsiyo.

 

Yo sentí el crujío

del cristalito fino que se rompe

del calor al frío.

Maresita’r Carmen,

guiarme los pasos,

pa que me aparte de la mala senda

que vengo pisando.

Las que se publican

no son grandes penas.

Las que se callan y se llevan dentro

son las verdaderas.

Rosita y mosquetas,

claveles y nardos,

en sus andares la mi compañera

los va derramando.

Negra esta la noche,

sin luna ni estrellas...

A mí me alumbraban los ojitos garzos

de mi compañera.

 

La persona tuya

es lo que yo quiero.

Tenerte en mis brazos, mirarme en tus ojos

y comerte a besos.

En los caracoles,

mare, de tu pelo,

se me ha enredado el alma, y la vida,

y el entendimiento.

Horas de alegría

son las que se van...

Que las de pena se quedan y duran

una eternidad.

Cuéntame tus penas,

te diré las mías...

Verás cómo al rato de que estemos juntos

todas se te olvidan.

Estando contigo,

que vengan fatigas...

Puñalaítas me dieran de muerte,

no las sentiría.

 

La quiero, la quiero,

¿qué le voy a hacer?...

Para apartarla de mi pensamiento

no tengo poder.

¡Vaya un amarguito

tan dulce que tienen

los ojos azules que tanto me gustan....

que tanto me ofenden!

Sin verte de día,

serrana, no vivo...

Y luego a la noche, me quitas el sueño,

o sueño contigo.

 

Compañera mía,

tan grande es mi pena

que el sol, cuando sale, con tanta alegría

no me la consuela.

 

¡Mírame, gitana,

mírame, por Dios!

Con la limosna de tus ojos negros

me alimento yo.

 

LA AUSENCIA

 

A eso de las cuatro,
como tenía a mi compañerita,
dormía en mis brazos.
(Copla popular.)
No tienes quien bese

tus labios de grana,

ni quien tu cintura elástica estreche,

dice tu mirada.

No tienes quien hunda

las manos amantes

en tu pelo hermoso, y a tus ojos negros

no se asoma nadie.

Dice tu mirada

que de noche, a solas,

suspiras y dices en la sombra tibia

las terribles cosas...

 

Las cosas de amores

que nadie ha escuchado,

esas que se dicen los que bien se quieren

a eso de las cuatro.

 

A eso de las cuatro

de la madrugada,

cuando invade un poco de frío la alcoba

y clarea el alba.

 

Cuando yo me acuesto,

fatigado y solo,

pensando en tus labios de grana, en tu pelo

y en tus negros ojos.

 

Diciendo la copla:

A eso de las cuatro,

como tenía a mi compañerita,

dormía en mis brazos.

 

SOLEARIYAS

Llorando, llorando,

nochecita oscura, por aquel camino

la andaba buscando.

Conmigo no vengas...

Que la suerte mía por malitos pasos,

gitana, me lleva.

¡Mare del Rosario,

cómo yo guardaba el pelito suyo

en un relicario!

¡Qué le voy a hacer!...

Yo te he querío porque te he querío

y te he olvidao porque te olvidé.

Toíto se acaba:

la salú, la alegría, el dinero

y la buena cara.

 

Yo no sé olvidar...

no sé más que quererte hoy mucho

y mañana más.

Esta agüita fresca...

¡Cómo la tengo en los propios labios

y no pueo beberla!

Perdona por Dios...

que otra gitana se llevó las llaves

de mi corazón.

 

Eres como el sol:

cuando tú vienes se hace de día

en mi corazón.

 

No temo a la muerte,

serrana del alma, por perder la vía,

sino por perderte.

Siéntate a mi vera...,

dame la mano, hermanita mía,

cuéntame tus penas.

 

Tiene mi chiquilla

los ojitos más negros y grandes

que he visto en mi vida.

 

Que no quieres verme...

De día y de noche, dormía y despierta,

me tienes presente.

 

ALEGRÍAS (SEVILLANAS, SERRANAS, ETC.)

El crujir de la falda

de tu vestido

es el toque de gloria

de mis sentidos:

vista, gusto y olfato,

tacto y oído.

Yo prometí no verte,

lo voy cumpliendo.

Malhaya la promesa

y el cumplimiento.

Que de ese modo

un valiente cobarde

lo pierde todo.

Pensativo en tus ojos

me’ estoy mirando,

y tú sabes de sobra

qué estoy pensando.

Por eso vivo

mirándome en tus ojos

tan pensativo.

 

Serranilla del alma,

cuando me acuesto,

con tu nombre en los labios

me voy durmiendo.

Y es lo más grande

que lo tengo en los labios

al despertarme.

 

Enfermito me tienen

tus ojos negros.

Dame la medicina,

dame el remedio.

Yo te daré

mi corazón, mi vida,

mi alma también.

 

Eres bonita y mala

como la adelfa,

que da gusto a los ojos,

pero envenena.

Aunque yo tengo,

contra veneno tanto,

contraveneno.

 

Sepulturas de amores

son las ojeras,

que van diciendo a voces

dichas completas.

Y amor no quiere,

para ser duradero,

satisfacerse.

No tengo más espejo

que tus ojitos.

Y según tú me miras,

así me miro.

Y así me veo,

unas veces, tan guapo,

y otras, tan feo

El reló del cariño

tiene una máquina

que adelanta unas veces

y otras atrasa.

Y es fuerte cosa

que no hay un relojero

que la componga.

Que no se vea el humo

y arda la casa.

Yo no le cuento a nadie

lo que me pasa.

Me está pasando

que hasta en sueños, chiquilla,

te estoy llamando.

 

Dices que por mi causa

temes perderte;

pero, si yo te encuentro,

ya no te pierdes.

Que, en el cariño,

el perderse y ganarse

todo es lo mismo.

 

Es la chiquilla mía

morena clara,

como la Virgencita

de la Esperanza.

 

Yo me acosté una noche

tranquilo y sano,

y amanecí loquito

y enamorado.

Que los amores

y las enfermedades

crecen de noche.

 

En cuestiones de amores

saben los sabios

que un clavo solamente

saca otro clavo.

Y un amor viejo

solamente se cura

con otro nuevo.

 

Amores calladitos

son los más dulces,

y los finos amantes

nunca presumen.

Porque no quieren

dar a la gente parte

de lo que tienen.

Mírame despacito,

no te retires,

ya que yo me conformo

con que me mires.

Dame la mano;

mírame, serranilla,

como a un hermano.

Te pregunté, serrana,

si me querías,

y tú me respondiste

que no sabías.

Y al estribillo,

ahora te está pesando

no haber sabido.

Tienes los ojos grandes;

el talle, esbelto;

la carita, de almendra,

y el pie, pequeño.

Finos los labios,

y muy bonito todo

lo que me callo.

De rubias y morenas

siempre hay disputa;

a mí me gustan todas

cuando me gustan.

En siendo buenas,

las morenas, las rubias

y las triguenas.

Dicen que las ojeras

llenan tu cara,

y no es más que la sombra

de tus pestañas.

 

El querer que te tuve

no era mentira,

y el que tú me tuviste

verdad sería.

Y ahora es lo cierto

que ni tú a mí me quieres

ni yo te quiero.

Una fiesta se hace

con tres personas:

uno baila, otro canta

y el otro toca.

Ya me olvidaba

de los que dicen «¡Ole!»,

y tocan palmas.

 

"TONÁS" Y LIVIANAS

Mi morena fue a sacar

agüita fresca del pozo,

y el agua salío jirviendo

con la lumbre de sus ojos.

Un manojito de rosas

no tiene comparación

con la cara de mi nena

cuando se asoma al balcón.

Tú me estás dando motivo,

motivo me estás tú dando....

y yo no quiero, no quiero

hacer lo que estoy pensando.

De querer a no querer

hay un camino muy largo,

y todo el mundo lo anda

sin saber cómo ni cuándo.

 

Quita una pena otra pena;

un dolor, otro dolor;

un clavo saca otro clavo,

y un amor quita otro amor.

 

Siempre buscan el misterio

los gustitos del querer.

Amores, para ser buenos,

calladitos han de ser.

 

Esperar en la experiencia

es esperanza perdía,

que antes que llegue el saber

s’acabaíto la vía.

 

Donde están los ojos garzos

de una morenita clara,

que se quiten los azules,

y los negros, que se vayan.

 

Creee el fuego con el viento;

con la noche, el padecer;

con el recuerdo, la pena;

con los celos, el querer.

 

La vida es un cigarrillo:

humo, ceniza y candela...

Unos lo fuman de prisa,

y algunos lo saborean.

Le he encargaíto a mi mare

que el día que yo me muera

con tu retrato me entierren

para tenerte a mi vera.

De la noche a la mañana

se me ha ido tu querer.

Agüita que se derrama

no se puede recoger.

La mujer, como el caballo,

en la casta está el valor;

buena madre, buena hija;

madre mala, hija peor.

La mar puse yo por medio

para ver si te olvidaba...

Pasé la mar... de fatigas,

y el olvido no llegaba.

 

El cariño y la salud

en un punto se parecen.

Nadie sabe lo que valen

hasta después que se pierden.

 

Tengo una copa en la mano

y en los labios un cantar,

y en mi corazón más penas

que gotas de agua en el mar

y en los desiertos arena.

 

Si mi corazón se abriera

lo mismo que una grano,

en ca uno de sus granitos

te verías retratá.

 

PREGONES

Pregón de flores

Rosas son

la frescura de los huertos

y los labios entreabiertos.

Y claveles,

los caireles

de los trajes andaluces,

con sus luces

de oro y plata...

De los nardos

en la mata.

La frescura

de la tez de Carmen, pura,

la blancura

de su bata.

Las violetas

y mosquetas

son las gracias

que se ocultan...

Tulipanes, los que exultan

senos llenos de mujer.

 

El oler

los jazmines

es la noche y los jardines.

 

Del querer

es la pena,

o la azucena...

Y los lindos

dondiegos, miramelindos,

son cantares

con achares

y piropos...

Y celos los heliotropos.

 

Niñas..., vamos....

con las flores de mi ramo

puesto en agua,

el crujido de la enagua

y el chasquido

de los besos.

 

Mil olores

y colores

dan mis flores, que enamoran...

 

También llevo de esas flores

que devoran...

 

EL CANTAR

Cuando la gente ignore

que ha estado en el papel

y el que lo cante llore

como si fuera de él.

Copla de mis amores,

cantar de mis dolores,

entonces tú serás

la copla verdadera,

la alondra mañanera,

que lejos volarás,

 

y en labios de cualquiera

de mí te olvidaras.

 

SEVILLANAS

La seguiriya gitana

es la copla de la noche

musulmana...

Ojos negros, perdición.

El Poema siempre vivo

del Amor y de la Muerte.

Voz del corazón, cautivo

de la pena y de la suerte...

Hondo treno de pasión.

Pero la copla de luz

del paraíso andaluz,

alada y primaveral;

la graciosa charlatana

que dice toda Sevilla,

es la alegre seguidilla

sevillana,

llena de sol y de sal.

 

ANDALUCIA

Cádiz, salada claridad... Granada,

agua oculta que llora.

Romana y mora, Córdoba callada

Málaga, cantaora.

Almería dorada...

Plateado Jaén... Huelva: la orilla

de las Tres Carabelas

Y Sevilla.
 

LA MUJER SEVILLANA

I

CARMEN

Cuando, al caer la tarde, como un suspiro, orea

los nemorosos patios del barrio de Triana,

y el cabello de Carmen, que de negro azulea,

y sus ojos, en donde amor florece y grana...

Envuelto en ese halo de gracia que defiende

al hombre que es amado de una mujer hermosa,

pasa Antonio, y en una larga mirada enciende

el alma y las mejillas de Carmen, ruborosa.

Ella lo ve alejarse, sintiendo confundido

al latir de su pecho el paso conocido.

Y al rezar el rosario, y al regar las macetas,

un nombre la perturba con delicias secretas.

Y sola ante el espejo –confesará mañana–,

prende en su pelo negro una rosa temprana.

 

ROSARIO

"Los hombres son los hombres. Y hay cosas en la vida..."

Ante tales razones, Rosario, convencida,

inclina a la costura la gallarda cabeza,

donde luce una rosa que envidia su belleza.

 

Y a pensar en su hogar, limpio como un espejo,

que ella cuida y encanta sólo con el reflejo

de su gracia... Rosario lo que es mundo ignora.

Cuando Juan viene, ríe. Si Juan se tarda, llora.

 

El, que la quiere mucho, aunque lo diga poco,

vuelve siempre a la sombra del amor verdadero.

Ella espera, y el nido amante y dulce cuida,

 

donde crece la planta de su cariño loco.

Y Juan no viene acaso aquella noche, pero...

"Los hombres son los hombres. Y hay cosas en la vida..."

 

ANA

¿Conocéis la leyenda que atribuye a Santa Ana

la invención del puchero?... ¿Y aquella otra, llena

de aroma y gracia, de una hierba que es buena

en competencia con otra que es mejor, Ana?

 

Y, en la ruda corteza de los augustos robles,

viendo gotas de lluvia resbalar como llanto,

¿pensasteis en los rostros, arrugados y nobles,

de las abuelas, reinas-madres, que amaron tanto?...

 

Todo ello se evoca viendo a esta vieja santa,

a quien nimba una lumbre de hogar inestinguida,

bajo la gracia pura del sevillano cielo...

 

Y aun con alegres cuentos al nietecillo encanta,

y aun, heroica, conserva, al final de la vida,

la sonrisa en los labios y la rosa en el pelo.

 

DICE LA GUITARRA

Hablo, sollozo, deliro...

Sé de la risa y el llanto.

Con las Bocas rojas, canto.

Con los ojos negros, miro.

Con los amantes suspiro

y río con los guasones.

Son mis notas goterones

de agua fresca en el rosal...

Y tengo toda la sal

de España en mis lagrimones.

 

LA LOLA

«La Lola,

la Lola se va a los Puertos

La Isla se queda sola.»

Y esta Lola, ¿quién será,

que así se ausenta, dejando

la Isla de San Fernando

tan sola cuando se va?...

Sevillanas,

chuflas, tientos, marianas,

tarantas, tonás, livianas...

Peteneras,

soleares, soleariyas,

polos, cañas, seguiriyas,

martinetes, carceleras...

Serranas, cartageneras.

Malagueñas, granadinas.

Todo el cante de Levante,

todo el cante de las minas,

todo el cante...

que cantó tía Salvaora,

la Trini, la Coquinera,

la Pastora....

y el Fillo, y el Lebrijano,

y Curro Pabla, su hermano,

Proita, Moya, Ramoncillo,

Tobalo –inventor del polo–,

Silverio, Chacón, Manolo

Torres, Juanelo, Maoliyo...

 

Ni una ni uno

–cantaora o cantaor–,

llenando toda la lista,

desde Diego el Picaor

a Tomás el Papelista

(ni los vivos ni los muertos),

cantó una copla mejor

que la Lola...

Esa que se va a los Puertos

y la Isla se queda sola.

 

LA COPLA

Hasta que el pueblo las canta,

las coplas coplas no son,

y cuando las canta el pueblo,

ya nadie sabe el autor.

Tal es la gloria, Guillén,

de los que escriben cantares:

oír decir a la gente

que no los ha escrito nadie.

Procura tú que tus coplas

vayan al pueblo a parar,

aunque dejen de ser tuyas

para ser de los demás.

Que, al fundir el corazón

en el alma popular,

lo que se pierde de nombre

se gana de eternidad.

 

LAS MUJERES DE ROMERO DE TORRES

Rico pan de esta carne morena, moldeada

en un aire caricia de suspiro y aroma...

Sirena encantadora y amante fascinada,

los cuellos enarcados, de sierpe o de paloma..

Vuestros nombres, de menta y de ilusión sabemos:

Carmen, Lola, Rosario... Evocación del goce,

Adela... Las mujeres que todos conocemos,

que todos conocemos ¡y nadie las conoce!

Naranjos, limoneros, jardines, olivares,

lujuria de la tierra, divina y sensual,

que vigila la augusta presencia del ciprés.

En este fondo, esencia de flores y cantares,

os fijó para siempre el pincel inmortal

de nuestro inenarrable Leonardo cordobés.

 

LA CAPA ESPAÑOLA

La capa es «la fermosa cobertura»,

que llamó Santillana a la Poesía...

La compañera fiel de la aventura,

y la bandera de la gallardía.

 

En los hombros de chicos y de grandes

-de seda rica o sórdida estameña-

ella estuvo en América y en Flandes,

flotando al par de la española enseña.

 

¡Y aun es, malgrado nuestro, toda España!...

La que al lance de amor nos acompaña

o nos oculta en la contraria suerte.

 

Ante las majas, el tapiz rumboso...

Y en las arenas, el jirón airoso

que se burla con gracia de la Muerte,

 

LA GUITARRA HABLA

Mis cuerdas, cual humanos nervios tensas,

un grito de dolor y un ay amante,

y de ternuras un tesoro, inmensas,

como en un corazón guardan vibrante.

 

Llovidas entre exóticas canciones

que hablan de Suerte y Pena, Amor y Muerte,

son mis notas calientes lagrimones

de sangre roja que mi pecho vierte.

 

Lágrimas, ayes, gritos sensuales,

deliquios lujuriosos entre aromas,

suspiro violador, arrullo blando...

 

brotan de mí en magníficos raudales,

mientras las coplas van, como palomas,

de corazón en corazón volando.

 

VELADA SEVILLANA

Llovió la guitarra

sus notas en medio

de la copla (noche

de mayor). Los nervios

sacudió un terrible

estremecimiento...

La noche y la copla su verdad dijeron.

Hablaron de sangre;

de amor y de celos;

de dichas perdidas,

de adioses eternos,

de pena y de suerte

negra... Y de ojos negros.

Fulguró la danza

repentino alegro

de lamaretadas,

desmayos y vuelos,

y fue, línea a línea,

momento a momento,

ritmando un poema

de heridas y besos,

que de la gitana

dibujada el cuerpo,

envuelto en el rico

miliunanochesco

mantón de Manila

radiante y grotesco.

 

Suspiró de amores

el río en su lecho

profundo. Los cables

del barco gimieron

compasadamente.

En brazos del viento,

de los naranjales

y los limoneros

invadió el aroma

palacios y huertos.

La luna a la reja

llegó muy de quedo.

Sevilla y la noche

se dieron un beso.

 

JULIO

Calle del Betis. Triana.

El corazón del estío

penetra el escalofrío

de la fuente charlatana.

La Velada de Santa Ana

llena de música el río.

Con los ojos de Rocío

se ilumina la ventana.

De envidia, al verla, una estrella,

en las alturas sin fin,

estremecida rutila.

Y se apaga cuando Ella

sale envuelta en el jardín

de su mantón de Manila.

 

LA MANZANILLA

La Manzanilla es mi vino

porque es alegre, y es "buena"

y porque –amable sirena–

su canto encanta el camino.

 

Es un poema divino

que en la sal y el sol se baña...

La medula de una caña

más rica que la de azúcar...

 

El color que da Sanlúcar

a la bandera de España.

 

LA FIESTA NACIONAL

I

Una nota de clarín

desgarrada,

penetrante,

rompe el aire con vibrante

puñalada.

 

Ronco toque de timbal.

Salta el toro

en la arena. Bufa, ruge...

Roto cruje

un capote de percal.

Acomete rebramando,

derribando

a caballo y caballero.

Da principio el primero

espectáculo español.

 

La hermosa fiesta bravía

de terror y de alegría

de este viejo pueblo fiero...

Oro, seda, sangre y sol.

 

II

En los vuelos del capote,

con el toro que va y viene,

juega, al estilo andaluz,

en una clásica suerte,

complicada con la muerte

y chorreada de luz...

Elegante

y valiente,

y con una seriedad

conveniente,

va burlando

la feroz acometida

y jugando

con la vida

ágilmente.

 

III

Un montón

de correas y de astillas,

y de carne palpitante

y sangrante...

Un fracaso de costillas

con estruendo...

Correajes perforados

y hebillajes

destrozados...

Sangre en tierra...

Polvo, un grito... ¡Una ovación!

Sobre la arena, roja

de sol y sangre, en confusión de rotos

arreos y correas,

derribados se agitan entre el polvo

caballo y picador... Y al palpitante

montón convulso el toro

asesta, rebramando,

el duro cuerno hasta la cepa rojo.

 

...Y encuentra en el camino

nada..., la orla de un capote, sólo

una figura esbelta que se esquiva

jugando con su enojo...

Que se esquiva elegante,

dejando desde el hombro

pender la rica seda... Y paso a paso

la sigue ciego, absorto,

hasta parar rendido,

el duro cuerno hasta la cepa rojo.

 

Y la paz es un charco

de sangre mala y negra

y aquellos dientes fríos y amarillos...

Un azadón, un esportón de tierra

y aquel montón de arreos

que, como cosa muerta,

junto del jaco muerto

están sobre la arena.

 

IV

Agil, solo, alegre,

sin perder la línea

-sin más que la gracia

contra la ira-

andando,

marcando,

ritmando

un viaje especial de esbeltez y osadía...

llega, cuadra, para

-los brazos alzando-,

y, allá por encima

de las astas, que buscan el pecho,

las dos banderillas,

milagrosamente

clavando..., se esquiva

ágil, solo, alegre,

¡sin perder la línea!

 

V

Veinte mil corazones

laten en un silencio

claro y caliente. Brindis...

Suenan con golpe seco

las banderillas mustias

en el lomo del toro, y a su cuello

la roja sangre tibia

hace un "foulard" soberbio.

 

De un lado, por debajo

del rojo trapo en que su furia engríe,

el toro surge, alzando

remolinos de arena.

De otro lado sonríe una cara morena.

 

O bien, en los tres tiempos

del pase natural, tendiendo el brazo

guarnecido de oro,

la clásica elegancia

con seriedad ejerce y arrogancia.

 

¡Fué, pudo ser! Los alamares de oro

rozaron con el asta ensangrentada.

En la arena tendido, yace el toro,

y de pie, sonriendo, está el espada.

Veinte mil voces -una- gritan locas.

La inesperada acometida ha hecho

del elegante paso

un revuelo confuso..., y allá junto

de la barrera hay algo

indiscernible... Enfrente

se ven rostros de espanto...

Y, entre manchas de grana

y reflejos metálicos,

el toro, revolviéndose,

alza en los cuernos un pelele trágico.

 

VI

Y suena esa divina musiquilla

de La Giralda, que es toda Sevilla,

y es torera y graciosa y animada.

Y habla de la mujer enamorada

que nos espera... Y nombra

naranjos y azahares,

y la caña olorosa,

y una alegría rítmica en cantares,

y una tristeza vaga y lujuriosa...

 

Los látigos chasquean,

agitan las mulillas

en su carrera locas campanillas,

y mientras que se orean

las frentes sudorosas

y en el pecho golpean

los corazones, suena

la música torera y sevillana,

y, dejando en la arena

un surco negro y grana,

pasa arrastrado el toro...

Lleva en el fuerte cuerno

un hilillo de oro.

······································

 

Después, como de un tajo,

la música, la luz y la algazara

cesan en un momento

contra compás... De un golpe el movimiento

se desvanece y para.

 

VII

 

El gran suspiro que es la tarde crece

como de un pecho inmenso. Palidece

el sol. Y, terminada

la fiesta de oro y rojo, a la mirada

queda sólo... un eco

de amarillo seco

y sangre cuajada.

 

ANTIFONA

Ven, reina de los besos, flor de la orgía,

amante sin amores, sonrisa loca...

Ven, que yo sé la pena de tu alegría

y el rezo de amargura que hay en tu boca.

 

Yo no te ofrezco amores que tú no quieres;

conozco tu secreto, virgen impura;

amor es enemigo de los placeres

en que los dos ahogamos nuestra amargura.

 

Amarnos... ¡Ya no es tiempo de que me ames!

A ti y a mí nos llevan olas sin leyes.

¡Somos a un mismo tiempo santos e infames,

somos a un mismo tiempo pobres y reyes!

 

¡Bah! Yo sé que los mismos que nos adoran,

en el fondo nos guardan igual desprecio.

Y justas son las voces que nos desdoran...

Lo que vendemos ambos no tiene precio.

 

Así los dos, tú amores, yo poesía,

damos por oro a un mundo que despreciamos...

¡Tú, tu cuerpo de diosa; yo, el alma mía!...

Ven y reiremos juntos mientras lloramos.

 

Joven quiere en nosotros Naturaleza

hacer, entre poemas y bacanales,

el imperial regalo de la belleza,

luz, a la oscura senda de los mortales.

 

¡Ah! Levanta la frente, flor siempreviva,

que das encanto, aroma, placer, colores...

Dices con esa fresca boca lasciva...

¡que no son de este mundo nuestros amores!

 

Igual camino en suerte nos ha cabido.

Un ansia igual nos lleva, que no se agota,

hasta que se confunda en el olvido

tu hermosura podrida, mi lira rota.

 

Crucemos nuestra calle de la amargura,

levantadas las frentes, juntas las manos...

¡Ven tú conmigo, reina de la hermosura;

hetairas y poetas somos hermanos!

 

SANDRO BOTICELLI

LA PRIMAVERA

¡Oh, el sotto voce balbuciente, oscuro,

de la primer lujuria!... ¡Oh, la delicia

del beso adolescente, casi puro!...

¡Oh, el no saber de la primer caricia!...

¡Despertares de amor entre cantares

y humedad del jardín, llanto sin pena,

divina enfermedad que el alma llena,

primera mancha de los azahares!...

Angel, niño, mujer... Los sensuales

ojos adormilados y anegados

en inauditas savias incipientes...

¡Y los rostros de almendra, virginales,

como flores al sol, aurirrosados,

en los campos de mayo sonrientes!...

 

DOLIENTES MADRIGALES

Por una de esas raras reflexiones

de la luz, que los físicos

explicarán llenando

de fórmulas un libro...

Mirándome las manos

-como hacen los enfermos de continuo-

veo en la faceta de un diamante, en una

faceta del diamante de mi anillo,

reflejarse tu cara, mientras piensas

que divago o medito,

o sueño... He descubierto

por azar este medio tan sencillo

de verte y ver tu corazón, que es otro

diamante puro y limpio.

Cuando me muera, déjame

en el dedo este anillo.

Estoy muy mal... Sonrío

porque el desprecio del dolor me asiste,

porque aún miro lo bello en torno mío,

y... por lo triste que es el estar triste.

 

Pero ya la fontana

del sentimiento mana

tan lenta y silenciosa, que su canto,

sonoro otrora como risa, es llanto.

 

«ARS MORIENDI»

Morir es... Una flor hay en el sueño

-que al despertar ya no está en nuestras manos-

de aromas y colores imposibles...

Y un día sin aurora la cortamos.

Dichoso es el que olvida

el porqué del viaje,

y en la estrella, en la flor, en el celaje,

deja su alma prendida.

Y yo había dicho: ¡Vive!

Es decir: ama y besa,

escucha, mira, toca,

embriágate y sueña...

Y ahora suspiro: !Muere!

Es decir: calla, ciega,

abstente, para, olvida,

resígnate... y espera.

 

Lleno estoy de sospechas de verdades

le no me sirven ya para la vida,

pero que me preparan dulcemente

a bien morir.

 

El cuerpo joven, pero el alma helada,

sé que voy a morir, porque no amo

ya nada.

 

MORIR, DORMIR...

–Hijo, para descansar

es necesario dormir,

no pensar,

no sentir,

no soñar...

–Madre, para descansar,

morir.

 

OCASO

Era un suspiro lánguido y sonoro

la voz del mar aquella tarde... El día,

no queriendo morir, con garras de oro

de los acantilados se prendía.

Pero su seno el mar alzó potente,

y el sol, al fin, como en soberbio lecho,

hundió en las olas la dorada frente,

en una brasa cárdena deshecho.

Para mi pobre cuerpo dolorido,

para mi triste alma lacerada,

para mi yerto corazón herido,

para mi amarga vida fatigada....

¡el mar amado, el mar apetecido,

el mar, el mar, y no pensar en nada!...

 

«MUSICA DI CAMERA»

Ya galantes no más y delicados

madrigales haré -para las flores

y las mujeres-, sobrios de colores

y vagamente estilizados.

Pintaré la preciosa

gota de sangre, roja como guinda,

en el pétalo rosa del dedo de Luscinda,

al coger una rosa.

O diré los alegros

(silenciosos y ardientes)

de las niñas de los ojos,

de las niñas de los ojos negros...

Y charlaré como las fuentes...

Consuelo,

tu nombre me sabía

igual que un caramelo.

 

¡Qué pobre

soy desde que me falta

el oro de tu pelo!...

 

Tus ojos

azules no me miran,

y para mí no hay cielo...

 

¡Consuelo!...

 

CASTILLA

El ciego sol se estrella

en las duras aristas de las armas,

llaga de luz los petos y espaldares

y flamea en las puntas de las lanzas.

El ciego sol, la sed y la fatiga...

Por la terrible estepa castellana,

al destierro, con doce de los suyos

-polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga.

Cerrado está el mesón a piedra y lodo.

Nadie responde... Al pomo de la espada

y al cuento de las picas el postigo

va a ceder. ¡Quema el sol, el aire abrasa!

A los terribles golpes,

de eco ronco, una voz pura, de plata

y de cristal, responde... Hay una niña

muy débil y muy blanca

en el umbral. Es toda

ojos azules y en los ojos lágrimas.

Oro pálido nimba

su carita curiosa y asustada.

 

«Buen Cid, pasad. El Rey nos dará muerte,

«arruinará la casa

«y sembrará de sal el pobre campo

«que mi padre trabaja...

«Idos. El Cielo os colme de venturas...

«En nuestro mal, ¡oh Cid!, no ganáis nada.»

 

Calla la niña y llora sin gemido...

Un sollozo infantil cruza la escuadra

de feroces guerreros,

y una voz inflexible grita: «¡En marcha!»

 

El ciego sol, la sed y la fatiga...

Por la terrible estepa castellana,

al destierro, con doce de los suyos

-polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga.

 

ALVAR-FAÑEZ

Muy leal y valiente es lo que fué Minaya.

Por eso dél se dice su claro nombre, y basta.

Hería en los más fuertes haces y de más lanzas

y hasta el codo de sangre de moros chorreaba,

el caballo sudoso, toda roja la espada...

Cuando Ruy le ofrecía su quinta en la ganancia

tornábase enojado, ni un dinero aceptaba.

Fué embajador del Cid a Alfonso por la gracia,

mas todos sus discursos fueron estas palabras:

«Ganó a Valencia el Cid, Señor, y os la regala.»

Deste buen caballero aquí el decir se acaba:

de Minaya Alvar-Fáñez quien quiera saber más

lea el grande Poema que fizo Per Abat

De Myo Cid Rodrigo Díaz, el de Vivar.

 

LOS CONQUISTADORES

Como creyeron solos lo increíble,

sucedió: que los límites del sueño

traspasaron, y el mar y el imposible...

Y es todo elogio a su valor pequeño.

Y el poema es su nombre. Todavía

decir Cortés, Pizarro o Alvarado,

contiene más grandeza y más poesía

de cuanta en este mundo so ha rimado.

Capitanes de ensueño y de quimera,

rompiendo para siempre el horizonte,

persiguieron al sol en su carrera...

Y el mar, alzado hasta los cielos, monte

es, entre ambas Españas,

solo digno cantor de sus hazañas.

 

CARLOS

El que en Milán nieló de plata y oro

la soberbia armadura, el que ha forjado

en Toledo este arnés, quien ha domado

el negro potro del desierto moro...

El que tiñó de púrpura esta pluma,

que al aire en Mulberg prepotente flota,

esta tierra que pisa, y la remota

playa de oro y de sol de Moctezuma...

Todo es de este hombre gris, barba de acero,

carnoso labio socarrón, y duros

ojos de lobo audaz, que, lanza en mano,

recorre su dominio, el Mundo entero,

con resonantes pasos, y seguros.

En este punto lo pintó el Tiziano.

LA LITERA DE CARLOS V

Recuerdos de la Real Armería

Nada más, nunca vi, sobrio y austero,

que una litera de campaña, que era

del César Carlos Quinto la litera,

Emperador del Universo entero.

 

Un asiento no más de duro cuero

sobre unas parihuelas de madera...

Por toldo, un negro lienzo, a la manera

del más burdo y humilde carretero.

 

Mudo ante tan magnífica pobreza,

del verdadero honor hallé el secreto,

de la apariencia en el desdén profundo.

 

El no tenia que ostentar grandeza

ni fiar a oropeles el respeto...

A él le bastaba ser dueño del Mundo.

 

EL CABALLERO DE LA MANO AL PECHO

(GRECO )

Este desconocido es un cristiano

de serio porte y negra vestidura,

donde brilla no más la empuñadura

de su admirable estoque toledano.

Severa faz de palidez de lirio

urge de la golilla escarolada,

por la luz interior, iluminada,

de un macilento y religioso cirio.

Aunque sólo de Dios temores sabe,

porque el vitando hervor no le apasione

del mundano placer perecedero,

en un gesto piadoso, y noble, y grave,

la mano abierta sobre el pecho pone,

como una disciplina, el caballero.

 

FELIPE IV

Nadie más cortesano ni pulido

que nuestro rey Felipe, que Dios guarde,

siempre de negro hasta los pies vestido.

Es pálida su tez, como la tarde.

Cansado el oro de su pelo undoso,

y de sus ojos, el azul, cobarde.

Sobre su augusto pecho generoso

ni joyeles perturban, ni cadenas

en negro terciopelo silencioso.

Y en vez de cetro real, sostiene apenas,

con desmayo galán, un guante de ante

la blanca mano de azuladas venas.

 

DON MIGUEL DE MAÑARA VICENTELO DE LECA

Rosa y laurel simbólicos que aquí plantó Mañara

cantan su doble triunfo, su gloria dicen clara.

Habla la hermosa rosa de lo que amó y mató.

Dice noches de amores, heridas y placeres,

las canciones que hacía él para las mujeres

y evoca, roja y tibia, la sangre que vertió.

El laurel solemniza su puesta gloriosa

más allá de este Mundo, la santa y religiosa

fundación de esta Casa... Dice la Caridad,

las horas de esperanza y de recogimiento.

La elegancia suprema del arrepentimiento...

Y el último combate ¡y la inmortalidad!

 

MADRID VIEJO

(Acotación)
Una plaza tranquila. Sol... Más de mediodía.

La blanca tapia de un convento... Una

fachada de palacio antiguo... Lerma... Osuna...

La seriedad del sitio corrige la alegría.

 

de la luz. Vana hierba entre las piedras crece.

Rejas -las viejas lanzas de los antepasados-

guardan los ventanales y balcones volados

del caserón antiguo, que tranquilo envejece.

 

Llegan las horas y las horas... Suena

una campana. Sale una mujer de luto.

Un mendigo la calle de un lado a otro pasa.

 

Es ciego. Su cayado en las losas resuena.

Un viejo de Ribera, avellanado, enjuto...

«Sea la paz de Dios en esta santa casa.»

 

LA INFANTA MARGARITA

(VELAZQUEZ)

Como una flor clorótica el semblante,

que hábil pincel tiñó de leche y fresa,

emerge del pomposo guardainfante,

entre sus galas cortesanas presa.

 

La mano -ámbar de ensueño- entre los tules

de la falda desmáyase, y sostiene

el pañuelo riquísimo, que viene

de los ojos atónitos y azules.

 

Italia, Flandes, Portugal... Poniente

sol de la gloria, el último destello

en sus mejillas infantiles posa...

 

Y corona no más su augusta frente

la dorada ceniza del cabello,

que apenas prende el leve lazo rosa.

 

LIRIO

Casi todo alma,

vaga Gerineldos,

por esos jardines

del rey, a lo lejos,

junto a los macizos

de arrayanes...

Besos

de la reina dicen

los morados cercos

de sus ojos mustios,

dos idilios muertos.

Casi todo alma,

se pierde en silencio

por el laberinto

de arrayanes... ¡Besos!

Solo, solo, solo.

Lejos, lejos, lejos...

Como una humareda,

como un pensamiento...

Como esa persona

extraña, que vemos

cruzar por las calles

oscuras de un sueño.

 

«LAS LANZAS» DE VELAZQUEZ

Es la guerra -humo y sangre- la que hizo

campo de pelear esta campaña,

la que abrió esté sendero, la que baña

de rojo el holandés cielo plomizo.

Sobre este campo blando e invernizo

-ya no paisaje, fondo de la hazaña-

la gloria flota militar de España,

al viento de la suerte, tornadizo.

Arde en el fondo Breda... Su alegría

oculta el vencedor. Y el pecho fuerte

del vencido devora su amargura.

Humana flor de eterna lozanía,

por encima del odio y de la Muerte

La sonrisa de Spinola fulgura.

 

LA HIJA DEL VENTERO

«La hija callaba, y de cuando en cuando se sonreía»
CERVANTES: Quijote.

«La hija callaba

y se sonreía...»

Divino silencio,

preciosa sonrisa,

¿por qué estáis presentes

en la mente mía?

La venta está sola.

Maritornes guiña

los ojos, durmiéndose;

la ventera hila.

Su mercé el ventero,

en la puerta, atisba

si alguien llega... El viento

barre la campiña.

 

...Al rincón del fuego

sentada, la hija

-soñando en los libros

de Caballerías...-

con sus ojos garzos

ve morir el día

tras el horizonte...

Parda y desabrida,

La Mancha se hunde

en la noche fría.

 

A MARCELINO MENENDEZ Y PELAYO

(«IN MEMORIAM»)

Padre y Maestro, si el saber no fuera

la mejor gala de la estirpe humana,

de tu sabiduría sobrehumana

la suma gloria el mundo recibiera.

Cristiano y español, tu magisterio

hizo saber al Orbe, en maravilla,

que, mientras suena el habla de Castilla,

nunca se pone el sol en nuestro Imperio

Eras tú, cuando toda nuestra gloria

en tu obra ingente revivir supiste;

cuando del claro ayer fuiste el espejo...

Cuando dabas lecciones a la Historia...

Y eras tú, ¡todo tú!, cuando dijiste:

«Yo guardo con amor un libro viejo...»

 

A ALEJANDRO SAWA

(EPITAFIO)

Jamás hombre más nacido

para el placer, fue al dolor

más derecho.

Jamás ninguno ha caído

con facha de vencedor

tan deshecho.

Y es que él se daba a perder

como muchos a ganar.

Y su vida,

por la falta de querer

y sobra de regalar,

fué perdida.

Es el morir y olvidar

mejor que amar y vivir.

Y más mérito el dejar

que el conseguir.

 

SE DICE LENTAMENTE...

Yo no sé más que una

vaguísima oración... Una oración... De pena

está y de encanto llena.

Y tiene llanto. Y risa,

y la calma sumisa

de la renunciación.

Se dice lentamente,

con palabras vulgares,

repetidas.

Muy oídas...

Brota en el corazón.

Ella es dulce a los labios.

No la saben los sabios

Y es su son

-como en las soledades del campo el de la fuente-

monótono.

Se dice lentamente

la oración.

 

LA SAETA

I

«Míralo por donde viene

Mejor de los nacidos...»

Una calle de Sevilla

entre rezos y suspiros...

Largas trompetas de plata...

Túnicas de seda... Cirios

en hormiguero de estrellas

festoneando el camino...;

El azahar y el incienso

embriagan los sentidos...

Ventana, que da a la noche,

se ilumina de improviso

y en ella una voz- ¡Saeta!-

canta, o llora, que es lo mismo:

«Míralo por donde viene

el Mejor de los nacidos...»

 

LAS CONCEPCIONES DE MURILLO

Canto llano... Sentimiento

que sin guitarra se canta.

Maravilla

que por acompañamiento

tiene..., la Semana Santa

de Sevilla.

Cantar de nuestros cantares,

llanto y oración. Cantar,

salmo y trino.

Entre efluvios de azahares

tan humano y, a la par,

¡tan divino!

Canción del pueblo andaluz:

De cómo las golondrinas

le quitaban las espinas

al Rey del Cielo en la Cruz.

De las dos Concepciones, la morena...

La de gracia celeste y sevillana,

la más divina cuanto más humana,

la que habla del querer y de la pena.

La pintada a caricias ideales...

La toda bendición, toda consuelo,

la que mira a la tierra, desde el Cielo,

con los divinos ojos maternales.

La que sabe de gentes que en la vida

van sin fe, sin amor y sin fortuna,

y en vez del agua beben el veneno.

La que perdona y ve... La que convida

a la dicha posible y oportuna,
 

al encanto de amar y de ser bueno.

Página creada por Pedro Soto.