Antología
ADELFOS
-soy de la raza mora, vieja amiga del sol-,
que todo lo ganaron y todo lo perdieron.
Tengo el alma de nardo del árabe español.
Mi voluntad se ha muerto una noche de luna
en que era muy hermoso no pensar ni querer...
Mi ideal es tenderme, sin ilusión ninguna...
De cuando en cuando un beso y un nombre de mujer.
En mi alma, hermana de la tarde, no hay contornos...
y la rosa simbólica de mi única pasión
es una flor que nace en tierras ignoradas
y que no tiene aroma, ni forma, ni color.
Besos, ¡pero no darlos! Gloria... ¡la que me deben!
¡Que todo como un aura se venga para mí!
Que las olas me traigan y las olas me lleven
y que jamás me obliguen el camino a elegir.
¡Ambición!, no la tengo. ¡Amor!, no lo he sentido.
No ardí nunca en un fuego de fe ni gratitud.
Un vago afán de arte tuve... Ya lo he perdido.
Ni el vicio me seduce, ni adoro la virtud.
De mi alta aristocracia dudar jamás se pudo.
No se ganan, se heredan elegancia y blasón...
Pero el lema de casa, el mote del escudo,
es una nube vaga que eclipsa un vano sol.
Nada os pido. Ni os amo ni os odio. Con dejarme
lo que hago por vosotros hacer podéis por mí...
¡Que la vida se tome la pena de matarme,
ya que yo no me tomo la pena de vivir!...
Mi voluntad se ha muerto una noche de luna
en que era muy hermoso no pensar ni querer...
De cuando en cuando un beso, sin ilusión ninguna.
¡El beso generoso que no he de devolver!
CANTARES
Vino, sentimiento, guitarra y poesía
hacen los cantares de la patria mía.
Cantares...
Quien dice cantares dice Andalucía.
A la sombra fresca de la vieja parra,
un mozo moreno rasguea la guitarra...
Cantares...
Algo que acaricia y algo que desgarra.
La prima que canta y el bordón que llora...
Y el tiempo callado se va hora tras hora.
Cantares...
Son dejos fatales de la raza mora.
No importa la vida, que ya está perdida,
y, después de todo, ¿qué es eso, la vida?...
Cantares...
Cantando la pena, la pena se olvida.
Madre, pena, suerte, pena, madre, muerte,
ojos negros, negros, y negra la suerte...
Cantares...
En ellos el alma del alma se vierte.
Cantares. Cantares de la patria mía,
quien dice cantares dice Andalucía.
Cantares...
No tiene más notas la guitarra mía.
LA COPLA ANDALUZA
Del placer, que irrita,
y el amor, que ciega,
escuchad la canción, que recoge
la noche morena
La noche sultana,
la noche andaluza,
que estremece la tierra y la carne
de aroma y lujuria.
Bajo el plenilunio,
como lagrimones,
como goterones, sus cálidas notas
llueven los bordones.
Son melancolía
sonora, son ayes,
de las otras cuerdas, heridas, punzadas,
las notas vibrantes.
Y en el aire, húmedo
de aroma y lujuria,
levanta su vuelo -paloma rafeña-
la copla andaluza.
Dice de ojos negros
y de rojos labios,
de venganza, de olvido, de ausencia,
de amor y de engaño...
Y de desengaño.
De males y bienes,
de esperanza, de celos..., de cosas
de hombres y mujeres.
Y brota en los labios
soberbia y sencilla,
como brotan el agua en la fuente,
la sangre en la herida.
Y allá va en la noche,
paloma rafeña,
a decir la verdad a lo lejos,
triste, clara y bella.
Del placer, que irrita,
y el amor, que ciega,
escuchad la canción que recoge
la noche morena.
CANTE HONDO
A todos nos han cantado
en una noche de juerga
coplas que nos han matado...
Corazón, calla tu pena;
a todos nos han cantado
en una noche de juerga.
Malagueñas, soleares
y seguiriyas gitanas...
Historias de mis pesares
y de tus horitas malas.
Malagueñas, soleares
y seguiriyas gitanas...
Es el saber popular,
que encierra todo el saber:
que es saber sufrir, amar,
morirse y aborrecer.
Es el saber popular
que encierra todo el saber.
ELOGIO DE LA SOLEAR
Canto de soleares,
hondo cantar del corazón,
hondo cantar.
Reina de los cantares.
Madre del canto popular.
Llora tu son,
copla sin par.
Y en mi vacío corazón
se oye sonar
el de profundis del bordón...
Llora, cantar.
SOLEARES
Hermanita y compañera,
la de los ojillos negros
y la carita morena...
Tú eras buena y eras mala,
pero, como te quería,
toíto te lo pasaba...
Toíto te lo pasaba...
Y ahora, como no te quiero,
se acabó lo que se daba.
No te quiero decir na...
No quiero que se te ponga
la carita colorá.
Se te olvidaron, serrana,
las cositas que decías
y los suspiros que dabas.
Allá cuando Dios quería,
una carita de gloria
se juntaba con la mía.
Vete, tonta, que es igual...
Tú eres moneda que rueda
y a la mano te vendrás.
No hay mentira en el querer:
que te quise era verdad...
Que no te quiero, también.
Cuando te encuentro en la calle,
el corazón por la boca
de fatiga se me sale.
Yo me agarro a las paredes
cuando te encuentro en la calle,
chiquilla, pa no caerme.
Tonto es el que mira atrás...
mientras hay camino alante,
el caso es andar y andar.
Ese cante es aprendío...
a mí no me das tú coba,
porque ya te he conosío.
No sé si eres mala o buena.
Deja que te mire bien,
que para eso es la moneda.
Yo he visto a un hombre llorando...
Las fatigas del queré
son p’al que la’stá pasando...
Toíto es hasta acostumbrarse.
Cariño le toma el preso
a las rejas de la cárcel.
Ya te lo decía yo
que aquello se acabaría,
serrana, como acabó.
No tengo amigo ninguno.
Penas son las que yo tengo.
Con mis penitas me junto.
La veredita es la misma...
pero el queré es cuesta abajo,
y el olvidar, cuesta arriba.
Penitas sufro crueles
de aquellas que no se dicen
y son las que más se sienten.
Yo te quiero sin querer;
que te he tomaíto el cariño
cuando menos lo pensé.
La fortuna y las mujeres
son loquitas de igual vena:
quieren al que no las quiere.
Yo voy de penita en pena,
como el agua por el monte
saltando de peña en peña.
Me va faltando el sentío.
Cuando estoy alegre, lloro;
cuando estoy triste, me río.
¡Quién lo había de pensar,
que por aquel caminito
se llegaba a este lugar!
Solear de las morenas....
que tienen cositas malas
y tienen cositas buenas.
Yo te he querío a ti siempre
con los reaños del alma
y con fatigas de muerte.
Chiquilla, dame otra caña,
y canta por alegrías
pa que las penas se vayan.
Esto remedio no tiene.
Dame otra caña, chiquilla,
y venga lo que viniere.
Es mi nena tan bonita
que hasta el sol, cuando la ve,
amarillea de envidia.
Cuando a tu cara me acerco,
las palabras, en la boca,
se me convierten en besos.
Los gitanos, los gitanos....
hoy se mercan un vestío,
mañana van a empeñarlo.
Levántate una mijita;
déjame meter el brazo
bajo de tu cinturita.
No eres morena ni rubia.
No eres fea ni bonita;
me gustas porque me gustas.
Por mí no se sabrá ná...
Aquel que tiene de sobra
no se tiene que alabar.
La mujé es como la fruta:
si no la cortan, se cae
en cuanto que está madura.
Tengo un querer y una pena.
La pena quiere que viva;
el querer quiere que muera.
Fatigas, pero no tantas;
que a fuerza de muchos golpes
hasta el hierro se quebranta.
El que quiera, no lo diga;
haga como que no quiere,
y aprenda a pasar fatigas.
Al cielo no miro yo,
porque me miro en tus ojos
que son del mismo color.
Aunque amanezca nublado,
yo tengo sol y alegría
con tu carita a mi lado.
Por acercarme a tu vera,
con gusto iría pisando
cuchillos y bayonetas.
El andar de mi morena
parece que va sembrando
lirios, palmas y azucenas.
Considera, compañero,
que en el mundo hay bueno y malo...
Pero más malo que bueno.
La alegría...
consiste en tener salud
y la mollera vacía.
¿De qué me sirve dejarte,
si dondequiera que miro
te me pones por delante?
Tú has perdido los papeles...
Tú tienes un corazón
que no sabe lo que quiere.
En mis sueños te llamaba...
Como no me respondías,
llorando me despertaba.
Tus cabellos me prendieron.
Tus ojos me condenaron,
y tus labios me absolvieron.
Tú eres la estrella del Norte,
la primerita que sale,
la última que se esconde.
Tienes cuerpo de chiquilla
y carita de mujer
llenita de picardía.
Entienda usté a las mujeres...
Si lo quieren, no lo dicen;
si lo dicen, no lo quieren.
Tu calle ya no es tu calle,
que es una calle cualquiera,
camino de cualquier parte.
¡Pobrecito del que espera,
que entre el ayer y el mañana
se va muriendo de pena!
Unos ojos negros vi...
Desde entonces en el mundo
todo es negro para mí.
Enseñanzas del vivir...
yo ya no se que pensar,
ni siquiera qué sentir.
EL QUERER
En tu boca roja y fresca
beso, y mi sed no se apaga,
que en cada beso quisiera
beber entera tu alma.
Me he enamorado de ti,
y es enfermedad tan mala
que ni la muerte la cura,
según dicen los que aman.
Loco me pongo si escucho
el ruido de tu falda,
y el contacto de tu mano
me da la vida y me mata
Yo quisiera ser el aire
que toda entera te abraza;
yo quisiera ser la sangre
que corre por tus entrañas.
Son las líneas de tu cuerpo
el modelo de mis ansias,
el camino de mis besos
y el imán de mis miradas.
Siento al ceñir tu cintura
una duda que me mata,
que quisiera en un abrazo
todo tu cuerpo y tu alma.
Estoy enfermo de ti,
de curar no hay esperanza,
que, en la sed de este amor loco,
tú eres mi sed y mi agua.
Maldita sea la hora
en que penetré en tu casa,
en que vi tus ojos negros
y bese tus labios grana.
Maldita sea la sed
y maldita sea el agua...
Maldito sea el veneno
que envenena y que no mata.
MALAGUEÑAS
Porque me veas con otra,
no dudes de mi querer.
La sangre se da mil veces,
y el corazón, una vez.
No vuelvo a verte en la vida,
ni por tu calle a pasar.
Tu carita con la mía
no se vuelven a juntar.
Los siete sabios de Grecia
no saben lo que yo sé...
Las fatigas y el tiempo
me lo hicieron aprender.
Yo pensaba haber cogido
la naranja y el azahar...
Con hacer leña del tronco
me tuve que contentar.
Las penas que tú me das
son penas y no son penas,
que tienes cositas malas
y tienes cositas buenas.
Si te quise, no lo sé;
si me quisiste, tampoco...
Pues borrón y cuenta nueva:
yo con otra, y tú con otro.
No te pongas a pensar
en lo que nos ha pasado...
Y, si a la gente le pesa,
que nos quiten lo bailao...
Por querer a una mujer
un hombre perdió la vida.
Y aquella mujer perdió...
la diversión que tenía.
A la orillita del río
me pongo a considerar:
mis penas son como el agua,
que no acaba de pasar.
Publica la enfermedad
aquel que espera el remedio.
Yo no pregono mis males,
porque curarme no quiero.
A la Virgen de los Reyes
de rodillas le pedí,
serrana, que me quisieras
o yo te olvidara a ti.
No sólo canta el que canta,
que también canta el que llora...
No hay penita ni alegría
que se quede sin su copla.
Desde la una a la una,
desde las dos a las dos,
son las veinticuatro horas,
que te estoy queriendo yo.
Han alargado tu calle,
que ahora llega hasta la plaza,
y antes no llegaba más
que a la puerta de tu casa.
Este querer que te tengo
me tié que costar la vía...
Si no me quieres, de pena;
si me quieres, de alegría.
Por toas partes se va a Roma,
dice un antiguo refrán.,
Y yo, por toítas partes,
voy a tu casa a parar.
Ya te lo decía yo
que aquello se acabaría,
que en la casa de los pobres
dura poco la alegría.
Cuando me miras, me matas...
Y si no me miras, más.
Son puñales que me clavas
y los vuelves a sacar.
Cuando me pongo a cantar,
me salen, en vez de coplas,
las lágrimas de los ojos
los suspiros te la boca.
Bendita sea mi tierra.
Bendita sea Sevilla.
Sevilla tiene a Triana.
Triana tiene a mi niña.
¿Para qué quieren oír
y para qué quieren ver
oídos que no la escuchan,
ojitos que no la ven?
Te quiero, porque te quiero,
no por interés ninguno;
dinero sin gusto es ná,
y el gusto siempre es el gusto.
La Virgen de la Esperanza,
aquella que está en San Gil,
aquella Señora sabe
lo que yo te quiero a ti.
Mi mal no tiene remedio;
ésta sí que es la verdad...
Tus ojos, chiquilla, han sido
causa de mi enfermedad.
Con toíto lo que puede
el Señor del Gran Poder,
me dijo que no podía
curarme de tu querer.
Lloraba gotas de sangre,
y mis lágrimas bebía
porque no supiera nadie
lo que por ti padecía.
A mi mare, en la agonía,
le juré no verte más...
Si cumplo mi juramento
la vía me va a costar.
¡Ay maresita del Carmen,
qué pena tan grande es
estar juntito del agua
y no poderla beber!
Camino que no es camino
de más está que se emprenda,
porque más nos descarría
cuanto más lejos nos lleva.
POLOS Y CAÑAS
En tu cariño pensando,
en vela pasaba el día...
Y por la noche, soñando,
soñando que no dormía.
Tu querer me va matando.
¿Sabes lo que estás haciendo?
Me pones cerca la cara
y me rozas con el pelo.
Esta flamenquilla mala
no sabe lo que está haciendo.
Dame, pa mi guardapelo,
de tu cabello un ricito.
No te pido tu retrato,
que ése lo llevo conmigo,
en mi corazón grabado.
Cuando me siento a tu vera,
al reló que se parara
y al tiempo que no corriera
le digo, sentrañas mías,
cuando me siento a tu vera,
No hay penilla ni alegría
que se quede sin cantar.
Y por eso hay más cantares
que gotas de agua en el mar
y arena en los arenales.
Con lo rojo de tus labios
y lo negro de tus ojos
paso yo más desazones
que el bendito San Antonio,
aquel de las tentaciones.
Mi corazón me pediste.
No te lo pude negar.
Me lo quieres devolver.
Yo no lo quiero tomar.
¿Qué vamos a hacer con él?
LA «TONÁ» DE LA FRAGUA
(Seguiriyas gitanas)
LA PENA
Mi pena es muy mala,
porque es una pena que yo no quisiera
que se me quitara.
Vino como vienen,
sin saber de dónde,
el agua a los mares, las flores a mayo,
los vientos al bosque.
Vino, y se ha quedado
en mi corazón,
como el amargo en la corteza verde
del verde limón.
Como las raíces
de la enredadera,
se va alimentando la pena en mi pecho
con sangre e mis venas.
Yo no sé por dónde,
ni por dónde no,
se me ha liao esta soguita al cuerpo
sin saberlo yo.
SEGUIRIYAS GITANAS
Pensamiento mío,
¿adónde te vas?
No vayas a casa de quien tú solías,
que no pués entrar.
A pasar fatigas
estoy ya tan hecho
que las alegrías se me vuelven penas
dentro de mi pecho.
Mare de mi alma,
la vía yo diera
por pasar esta noche de luna
con mi compañera.
A la vera tuya
no puedo volver...
¡Cómo por unas palabritas locas
se pierde un querer!
Yo voy como un ciego
por esos caminos.
Siempre pensando en la penita negra
que llevo conmigo.
Ya se han acabado
los tiempos alegres.
Las florecitas que hay en tu ventana
para mí no huelen.
Desde que te fuiste,
serrana, y no vuelves,
no sé qué dolores son estos que tengo,
ni dónde me duelen.
Esta cadenita,
rnare, que yo llevo, llenita de espinas
con los añitos que pasan, que pasan,
va criando hierro.
Los bienes son males,
los males son bienes...
mis alegrías, ¡cómo se me han vuelto
fatigas de muerte!
Toíta la tierra
la andaré cien veces,
y volveré a andarla pasito a pasito,
hasta que la encuentre.
Se quebró el jarrito
pintado del querer.
¡Cómo plateros ni artistas joyeros
lo puén componer!
La prueba del frío,
la prueba del fuego...
¡Cómo ha salido mi conrasonsiyo
del mejor acero!
Ya corté una rosa
llenita de espinas...
Como las rosas espinitas tienen,
son las más bonitas.
El cristal se rompe
del calor al frío,
como se ha roto de alegría y pena
mi corasonsiyo.
Yo sentí el crujío
del cristalito fino que se rompe
del calor al frío.
Maresita’r Carmen,
guiarme los pasos,
pa que me aparte de la mala senda
que vengo pisando.
Las que se publican
no son grandes penas.
Las que se callan y se llevan dentro
son las verdaderas.
Rosita y mosquetas,
claveles y nardos,
en sus andares la mi compañera
los va derramando.
Negra esta la noche,
sin luna ni estrellas...
A mí me alumbraban los ojitos garzos
de mi compañera.
La persona tuya
es lo que yo quiero.
Tenerte en mis brazos, mirarme en tus ojos
y comerte a besos.
En los caracoles,
mare, de tu pelo,
se me ha enredado el alma, y la vida,
y el entendimiento.
Horas de alegría
son las que se van...
Que las de pena se quedan y duran
una eternidad.
Cuéntame tus penas,
te diré las mías...
Verás cómo al rato de que estemos juntos
todas se te olvidan.
Estando contigo,
que vengan fatigas...
Puñalaítas me dieran de muerte,
no las sentiría.
La quiero, la quiero,
¿qué le voy a hacer?...
Para apartarla de mi pensamiento
no tengo poder.
¡Vaya un amarguito
tan dulce que tienen
los ojos azules que tanto me gustan....
que tanto me ofenden!
Sin verte de día,
serrana, no vivo...
Y luego a la noche, me quitas el sueño,
o sueño contigo.
Compañera mía,
tan grande es mi pena
que el sol, cuando sale, con tanta alegría
no me la consuela.
¡Mírame, gitana,
mírame, por Dios!
Con la limosna de tus ojos negros
me alimento yo.
LA AUSENCIA
tus labios de grana,
ni quien tu cintura elástica estreche,
dice tu mirada.
No tienes quien hunda
las manos amantes
en tu pelo hermoso, y a tus ojos negros
no se asoma nadie.
Dice tu mirada
que de noche, a solas,
suspiras y dices en la sombra tibia
las terribles cosas...
Las cosas de amores
que nadie ha escuchado,
esas que se dicen los que bien se quieren
a eso de las cuatro.
A eso de las cuatro
de la madrugada,
cuando invade un poco de frío la alcoba
y clarea el alba.
Cuando yo me acuesto,
fatigado y solo,
pensando en tus labios de grana, en tu pelo
y en tus negros ojos.
Diciendo la copla:
A eso de las cuatro,
como tenía a mi compañerita,
dormía en mis brazos.
SOLEARIYAS
Llorando, llorando,
nochecita oscura, por aquel camino
la andaba buscando.
Conmigo no vengas...
Que la suerte mía por malitos pasos,
gitana, me lleva.
¡Mare del Rosario,
cómo yo guardaba el pelito suyo
en un relicario!
¡Qué le voy a hacer!...
Yo te he querío porque te he querío
y te he olvidao porque te olvidé.
Toíto se acaba:
la salú, la alegría, el dinero
y la buena cara.
Yo no sé olvidar...
no sé más que quererte hoy mucho
y mañana más.
Esta agüita fresca...
¡Cómo la tengo en los propios labios
y no pueo beberla!
Perdona por Dios...
que otra gitana se llevó las llaves
de mi corazón.
Eres como el sol:
cuando tú vienes se hace de día
en mi corazón.
No temo a la muerte,
serrana del alma, por perder la vía,
sino por perderte.
Siéntate a mi vera...,
dame la mano, hermanita mía,
cuéntame tus penas.
Tiene mi chiquilla
los ojitos más negros y grandes
que he visto en mi vida.
Que no quieres verme...
De día y de noche, dormía y despierta,
me tienes presente.
ALEGRÍAS (SEVILLANAS, SERRANAS, ETC.)
El crujir de la falda
de tu vestido
es el toque de gloria
de mis sentidos:
vista, gusto y olfato,
tacto y oído.
Yo prometí no verte,
lo voy cumpliendo.
Malhaya la promesa
y el cumplimiento.
Que de ese modo
un valiente cobarde
lo pierde todo.
Pensativo en tus ojos
me’ estoy mirando,
y tú sabes de sobra
qué estoy pensando.
Por eso vivo
mirándome en tus ojos
tan pensativo.
Serranilla del alma,
cuando me acuesto,
con tu nombre en los labios
me voy durmiendo.
Y es lo más grande
que lo tengo en los labios
al despertarme.
Enfermito me tienen
tus ojos negros.
Dame la medicina,
dame el remedio.
Yo te daré
mi corazón, mi vida,
mi alma también.
Eres bonita y mala
como la adelfa,
que da gusto a los ojos,
pero envenena.
Aunque yo tengo,
contra veneno tanto,
contraveneno.
Sepulturas de amores
son las ojeras,
que van diciendo a voces
dichas completas.
Y amor no quiere,
para ser duradero,
satisfacerse.
No tengo más espejo
que tus ojitos.
Y según tú me miras,
así me miro.
Y así me veo,
unas veces, tan guapo,
y otras, tan feo
El reló del cariño
tiene una máquina
que adelanta unas veces
y otras atrasa.
Y es fuerte cosa
que no hay un relojero
que la componga.
Que no se vea el humo
y arda la casa.
Yo no le cuento a nadie
lo que me pasa.
Me está pasando
que hasta en sueños, chiquilla,
te estoy llamando.
Dices que por mi causa
temes perderte;
pero, si yo te encuentro,
ya no te pierdes.
Que, en el cariño,
el perderse y ganarse
todo es lo mismo.
Es la chiquilla mía
morena clara,
como la Virgencita
de la Esperanza.
Yo me acosté una noche
tranquilo y sano,
y amanecí loquito
y enamorado.
Que los amores
y las enfermedades
crecen de noche.
En cuestiones de amores
saben los sabios
que un clavo solamente
saca otro clavo.
Y un amor viejo
solamente se cura
con otro nuevo.
Amores calladitos
son los más dulces,
y los finos amantes
nunca presumen.
Porque no quieren
dar a la gente parte
de lo que tienen.
Mírame despacito,
no te retires,
ya que yo me conformo
con que me mires.
Dame la mano;
mírame, serranilla,
como a un hermano.
Te pregunté, serrana,
si me querías,
y tú me respondiste
que no sabías.
Y al estribillo,
ahora te está pesando
no haber sabido.
Tienes los ojos grandes;
el talle, esbelto;
la carita, de almendra,
y el pie, pequeño.
Finos los labios,
y muy bonito todo
lo que me callo.
De rubias y morenas
siempre hay disputa;
a mí me gustan todas
cuando me gustan.
En siendo buenas,
las morenas, las rubias
y las triguenas.
Dicen que las ojeras
llenan tu cara,
y no es más que la sombra
de tus pestañas.
El querer que te tuve
no era mentira,
y el que tú me tuviste
verdad sería.
Y ahora es lo cierto
que ni tú a mí me quieres
ni yo te quiero.
Una fiesta se hace
con tres personas:
uno baila, otro canta
y el otro toca.
Ya me olvidaba
de los que dicen «¡Ole!»,
y tocan palmas.
"TONÁS" Y LIVIANAS
Mi morena fue a sacar
agüita fresca del pozo,
y el agua salío jirviendo
con la lumbre de sus ojos.
Un manojito de rosas
no tiene comparación
con la cara de mi nena
cuando se asoma al balcón.
Tú me estás dando motivo,
motivo me estás tú dando....
y yo no quiero, no quiero
hacer lo que estoy pensando.
De querer a no querer
hay un camino muy largo,
y todo el mundo lo anda
sin saber cómo ni cuándo.
Quita una pena otra pena;
un dolor, otro dolor;
un clavo saca otro clavo,
y un amor quita otro amor.
Siempre buscan el misterio
los gustitos del querer.
Amores, para ser buenos,
calladitos han de ser.
Esperar en la experiencia
es esperanza perdía,
que antes que llegue el saber
s’acabaíto la vía.
Donde están los ojos garzos
de una morenita clara,
que se quiten los azules,
y los negros, que se vayan.
Creee el fuego con el viento;
con la noche, el padecer;
con el recuerdo, la pena;
con los celos, el querer.
La vida es un cigarrillo:
humo, ceniza y candela...
Unos lo fuman de prisa,
y algunos lo saborean.
Le he encargaíto a mi mare
que el día que yo me muera
con tu retrato me entierren
para tenerte a mi vera.
De la noche a la mañana
se me ha ido tu querer.
Agüita que se derrama
no se puede recoger.
La mujer, como el caballo,
en la casta está el valor;
buena madre, buena hija;
madre mala, hija peor.
La mar puse yo por medio
para ver si te olvidaba...
Pasé la mar... de fatigas,
y el olvido no llegaba.
El cariño y la salud
en un punto se parecen.
Nadie sabe lo que valen
hasta después que se pierden.
Tengo una copa en la mano
y en los labios un cantar,
y en mi corazón más penas
que gotas de agua en el mar
y en los desiertos arena.
Si mi corazón se abriera
lo mismo que una grano,
en ca uno de sus granitos
te verías retratá.
PREGONES
Pregón de flores
Rosas son
la frescura de los huertos
y los labios entreabiertos.
Y claveles,
los caireles
de los trajes andaluces,
con sus luces
de oro y plata...
De los nardos
en la mata.
La frescura
de la tez de Carmen, pura,
la blancura
de su bata.
Las violetas
y mosquetas
son las gracias
que se ocultan...
Tulipanes, los que exultan
senos llenos de mujer.
El oler
los jazmines
es la noche y los jardines.
Del querer
es la pena,
o la azucena...
Y los lindos
dondiegos, miramelindos,
son cantares
con achares
y piropos...
Y celos los heliotropos.
Niñas..., vamos....
con las flores de mi ramo
puesto en agua,
el crujido de la enagua
y el chasquido
de los besos.
Mil olores
y colores
dan mis flores, que enamoran...
También llevo de esas flores
que devoran...
EL CANTAR
Cuando la gente ignore
que ha estado en el papel
y el que lo cante llore
como si fuera de él.
Copla de mis amores,
cantar de mis dolores,
entonces tú serás
la copla verdadera,
la alondra mañanera,
que lejos volarás,
y en labios de cualquiera
de mí te olvidaras.
SEVILLANAS
La seguiriya gitana
es la copla de la noche
musulmana...
Ojos negros, perdición.
El Poema siempre vivo
del Amor y de la Muerte.
Voz del corazón, cautivo
de la pena y de la suerte...
Hondo treno de pasión.
Pero la copla de luz
del paraíso andaluz,
alada y primaveral;
la graciosa charlatana
que dice toda Sevilla,
es la alegre seguidilla
sevillana,
llena de sol y de sal.
ANDALUCIA
Cádiz, salada claridad... Granada,
agua oculta que llora.
Romana y mora, Córdoba callada
Málaga, cantaora.
Almería dorada...
Plateado Jaén... Huelva: la orilla
de las Tres Carabelas
LA MUJER SEVILLANA
I
CARMEN
Cuando, al caer la tarde, como un suspiro, orea
los nemorosos patios del barrio de Triana,
y el cabello de Carmen, que de negro azulea,
y sus ojos, en donde amor florece y grana...
Envuelto en ese halo de gracia que defiende
al hombre que es amado de una mujer hermosa,
pasa Antonio, y en una larga mirada enciende
el alma y las mejillas de Carmen, ruborosa.
Ella lo ve alejarse, sintiendo confundido
al latir de su pecho el paso conocido.
Y al rezar el rosario, y al regar las macetas,
un nombre la perturba con delicias secretas.
Y sola ante el espejo –confesará mañana–,
prende en su pelo negro una rosa temprana.
ROSARIO
"Los hombres son los hombres. Y hay cosas en la vida..."
Ante tales razones, Rosario, convencida,
inclina a la costura la gallarda cabeza,
donde luce una rosa que envidia su belleza.
Y a pensar en su hogar, limpio como un espejo,
que ella cuida y encanta sólo con el reflejo
de su gracia... Rosario lo que es mundo ignora.
Cuando Juan viene, ríe. Si Juan se tarda, llora.
El, que la quiere mucho, aunque lo diga poco,
vuelve siempre a la sombra del amor verdadero.
Ella espera, y el nido amante y dulce cuida,
donde crece la planta de su cariño loco.
Y Juan no viene acaso aquella noche, pero...
"Los hombres son los hombres. Y hay cosas en la vida..."
ANA
¿Conocéis la leyenda que atribuye a Santa Ana
la invención del puchero?... ¿Y aquella otra, llena
de aroma y gracia, de una hierba que es buena
en competencia con otra que es mejor, Ana?
Y, en la ruda corteza de los augustos robles,
viendo gotas de lluvia resbalar como llanto,
¿pensasteis en los rostros, arrugados y nobles,
de las abuelas, reinas-madres, que amaron tanto?...
Todo ello se evoca viendo a esta vieja santa,
a quien nimba una lumbre de hogar inestinguida,
bajo la gracia pura del sevillano cielo...
Y aun con alegres cuentos al nietecillo encanta,
y aun, heroica, conserva, al final de la vida,
la sonrisa en los labios y la rosa en el pelo.
DICE LA GUITARRA
Hablo, sollozo, deliro...
Sé de la risa y el llanto.
Con las Bocas rojas, canto.
Con los ojos negros, miro.
Con los amantes suspiro
y río con los guasones.
Son mis notas goterones
de agua fresca en el rosal...
Y tengo toda la sal
de España en mis lagrimones.
LA LOLA
«La Lola,
la Lola se va a los Puertos
La Isla se queda sola.»
Y esta Lola, ¿quién será,
que así se ausenta, dejando
la Isla de San Fernando
tan sola cuando se va?...
Sevillanas,
chuflas, tientos, marianas,
tarantas, tonás, livianas...
Peteneras,
soleares, soleariyas,
polos, cañas, seguiriyas,
martinetes, carceleras...
Serranas, cartageneras.
Malagueñas, granadinas.
Todo el cante de Levante,
todo el cante de las minas,
todo el cante...
que cantó tía Salvaora,
la Trini, la Coquinera,
la Pastora....
y el Fillo, y el Lebrijano,
y Curro Pabla, su hermano,
Proita, Moya, Ramoncillo,
Tobalo –inventor del polo–,
Silverio, Chacón, Manolo
Torres, Juanelo, Maoliyo...
Ni una ni uno
–cantaora o cantaor–,
llenando toda la lista,
desde Diego el Picaor
a Tomás el Papelista
(ni los vivos ni los muertos),
cantó una copla mejor
que la Lola...
Esa que se va a los Puertos
y la Isla se queda sola.
LA COPLA
Hasta que el pueblo las canta,
las coplas coplas no son,
y cuando las canta el pueblo,
ya nadie sabe el autor.
Tal es la gloria, Guillén,
de los que escriben cantares:
oír decir a la gente
que no los ha escrito nadie.
Procura tú que tus coplas
vayan al pueblo a parar,
aunque dejen de ser tuyas
para ser de los demás.
Que, al fundir el corazón
en el alma popular,
lo que se pierde de nombre
se gana de eternidad.
LAS MUJERES DE ROMERO DE TORRES
Rico pan de esta carne morena, moldeada
en un aire caricia de suspiro y aroma...
Sirena encantadora y amante fascinada,
los cuellos enarcados, de sierpe o de paloma..
Vuestros nombres, de menta y de ilusión sabemos:
Carmen, Lola, Rosario... Evocación del goce,
Adela... Las mujeres que todos conocemos,
que todos conocemos ¡y nadie las conoce!
Naranjos, limoneros, jardines, olivares,
lujuria de la tierra, divina y sensual,
que vigila la augusta presencia del ciprés.
En este fondo, esencia de flores y cantares,
os fijó para siempre el pincel inmortal
de nuestro inenarrable Leonardo cordobés.
LA CAPA ESPAÑOLA
La capa es «la fermosa cobertura»,
que llamó Santillana a la Poesía...
La compañera fiel de la aventura,
y la bandera de la gallardía.
En los hombros de chicos y de grandes
-de seda rica o sórdida estameña-
ella estuvo en América y en Flandes,
flotando al par de la española enseña.
¡Y aun es, malgrado nuestro, toda España!...
La que al lance de amor nos acompaña
o nos oculta en la contraria suerte.
Ante las majas, el tapiz rumboso...
Y en las arenas, el jirón airoso
que se burla con gracia de la Muerte,
LA GUITARRA HABLA
Mis cuerdas, cual humanos nervios tensas,
un grito de dolor y un ay amante,
y de ternuras un tesoro, inmensas,
como en un corazón guardan vibrante.
Llovidas entre exóticas canciones
que hablan de Suerte y Pena, Amor y Muerte,
son mis notas calientes lagrimones
de sangre roja que mi pecho vierte.
Lágrimas, ayes, gritos sensuales,
deliquios lujuriosos entre aromas,
suspiro violador, arrullo blando...
brotan de mí en magníficos raudales,
mientras las coplas van, como palomas,
de corazón en corazón volando.
VELADA SEVILLANA
Llovió la guitarra
sus notas en medio
de la copla (noche
de mayor). Los nervios
sacudió un terrible
estremecimiento...
La noche y la copla su verdad dijeron.
Hablaron de sangre;
de amor y de celos;
de dichas perdidas,
de adioses eternos,
de pena y de suerte
negra... Y de ojos negros.
Fulguró la danza
repentino alegro
de lamaretadas,
desmayos y vuelos,
y fue, línea a línea,
momento a momento,
ritmando un poema
de heridas y besos,
que de la gitana
dibujada el cuerpo,
envuelto en el rico
miliunanochesco
mantón de Manila
radiante y grotesco.
Suspiró de amores
el río en su lecho
profundo. Los cables
del barco gimieron
compasadamente.
En brazos del viento,
de los naranjales
y los limoneros
invadió el aroma
palacios y huertos.
La luna a la reja
llegó muy de quedo.
Sevilla y la noche
se dieron un beso.
JULIO
Calle del Betis. Triana.
El corazón del estío
penetra el escalofrío
de la fuente charlatana.
La Velada de Santa Ana
llena de música el río.
Con los ojos de Rocío
se ilumina la ventana.
De envidia, al verla, una estrella,
en las alturas sin fin,
estremecida rutila.
Y se apaga cuando Ella
sale envuelta en el jardín
de su mantón de Manila.
LA MANZANILLA
La Manzanilla es mi vino
porque es alegre, y es "buena"
y porque –amable sirena–
su canto encanta el camino.
Es un poema divino
que en la sal y el sol se baña...
La medula de una caña
más rica que la de azúcar...
El color que da Sanlúcar
a la bandera de España.
LA FIESTA NACIONAL
I
Una nota de clarín
desgarrada,
penetrante,
rompe el aire con vibrante
puñalada.
Ronco toque de timbal.
Salta el toro
en la arena. Bufa, ruge...
Roto cruje
un capote de percal.
Acomete rebramando,
derribando
a caballo y caballero.
Da principio el primero
espectáculo español.
La hermosa fiesta bravía
de terror y de alegría
de este viejo pueblo fiero...
Oro, seda, sangre y sol.
II
En los vuelos del capote,
con el toro que va y viene,
juega, al estilo andaluz,
en una clásica suerte,
complicada con la muerte
y chorreada de luz...
Elegante
y valiente,
y con una seriedad
conveniente,
va burlando
la feroz acometida
y jugando
con la vida
ágilmente.
III
Un montón
de correas y de astillas,
y de carne palpitante
y sangrante...
Un fracaso de costillas
con estruendo...
Correajes perforados
y hebillajes
destrozados...
Sangre en tierra...
Polvo, un grito... ¡Una ovación!
Sobre la arena, roja
de sol y sangre, en confusión de rotos
arreos y correas,
derribados se agitan entre el polvo
caballo y picador... Y al palpitante
montón convulso el toro
asesta, rebramando,
el duro cuerno hasta la cepa rojo.
...Y encuentra en el camino
nada..., la orla de un capote, sólo
una figura esbelta que se esquiva
jugando con su enojo...
Que se esquiva elegante,
dejando desde el hombro
pender la rica seda... Y paso a paso
la sigue ciego, absorto,
hasta parar rendido,
el duro cuerno hasta la cepa rojo.
Y la paz es un charco
de sangre mala y negra
y aquellos dientes fríos y amarillos...
Un azadón, un esportón de tierra
y aquel montón de arreos
que, como cosa muerta,
junto del jaco muerto
están sobre la arena.
IV
Agil, solo, alegre,
sin perder la línea
-sin más que la gracia
contra la ira-
andando,
marcando,
ritmando
un viaje especial de esbeltez y osadía...
llega, cuadra, para
-los brazos alzando-,
y, allá por encima
de las astas, que buscan el pecho,
las dos banderillas,
milagrosamente
clavando..., se esquiva
ágil, solo, alegre,
¡sin perder la línea!
V
Veinte mil corazones
laten en un silencio
claro y caliente. Brindis...
Suenan con golpe seco
las banderillas mustias
en el lomo del toro, y a su cuello
la roja sangre tibia
hace un "foulard" soberbio.
De un lado, por debajo
del rojo trapo en que su furia engríe,
el toro surge, alzando
remolinos de arena.
De otro lado sonríe una cara morena.
O bien, en los tres tiempos
del pase natural, tendiendo el brazo
guarnecido de oro,
la clásica elegancia
con seriedad ejerce y arrogancia.
¡Fué, pudo ser! Los alamares de oro
rozaron con el asta ensangrentada.
En la arena tendido, yace el toro,
y de pie, sonriendo, está el espada.
Veinte mil voces -una- gritan locas.
La inesperada acometida ha hecho
del elegante paso
un revuelo confuso..., y allá junto
de la barrera hay algo
indiscernible... Enfrente
se ven rostros de espanto...
Y, entre manchas de grana
y reflejos metálicos,
el toro, revolviéndose,
alza en los cuernos un pelele trágico.
VI
Y suena esa divina musiquilla
de La Giralda, que es toda Sevilla,
y es torera y graciosa y animada.
Y habla de la mujer enamorada
que nos espera... Y nombra
naranjos y azahares,
y la caña olorosa,
y una alegría rítmica en cantares,
y una tristeza vaga y lujuriosa...
Los látigos chasquean,
agitan las mulillas
en su carrera locas campanillas,
y mientras que se orean
las frentes sudorosas
y en el pecho golpean
los corazones, suena
la música torera y sevillana,
y, dejando en la arena
un surco negro y grana,
pasa arrastrado el toro...
Lleva en el fuerte cuerno
un hilillo de oro.
······································
Después, como de un tajo,
la música, la luz y la algazara
cesan en un momento
contra compás... De un golpe el movimiento
se desvanece y para.
VII
El gran suspiro que es la tarde crece
como de un pecho inmenso. Palidece
el sol. Y, terminada
la fiesta de oro y rojo, a la mirada
queda sólo... un eco
de amarillo seco
y sangre cuajada.
ANTIFONA
Ven, reina de los besos, flor de la orgía,
amante sin amores, sonrisa loca...
Ven, que yo sé la pena de tu alegría
y el rezo de amargura que hay en tu boca.
Yo no te ofrezco amores que tú no quieres;
conozco tu secreto, virgen impura;
amor es enemigo de los placeres
en que los dos ahogamos nuestra amargura.
Amarnos... ¡Ya no es tiempo de que me ames!
A ti y a mí nos llevan olas sin leyes.
¡Somos a un mismo tiempo santos e infames,
somos a un mismo tiempo pobres y reyes!
¡Bah! Yo sé que los mismos que nos adoran,
en el fondo nos guardan igual desprecio.
Y justas son las voces que nos desdoran...
Lo que vendemos ambos no tiene precio.
Así los dos, tú amores, yo poesía,
damos por oro a un mundo que despreciamos...
¡Tú, tu cuerpo de diosa; yo, el alma mía!...
Ven y reiremos juntos mientras lloramos.
Joven quiere en nosotros Naturaleza
hacer, entre poemas y bacanales,
el imperial regalo de la belleza,
luz, a la oscura senda de los mortales.
¡Ah! Levanta la frente, flor siempreviva,
que das encanto, aroma, placer, colores...
Dices con esa fresca boca lasciva...
¡que no son de este mundo nuestros amores!
Igual camino en suerte nos ha cabido.
Un ansia igual nos lleva, que no se agota,
hasta que se confunda en el olvido
tu hermosura podrida, mi lira rota.
Crucemos nuestra calle de la amargura,
levantadas las frentes, juntas las manos...
¡Ven tú conmigo, reina de la hermosura;
hetairas y poetas somos hermanos!
SANDRO BOTICELLI
LA PRIMAVERA
¡Oh, el sotto voce balbuciente, oscuro,
de la primer lujuria!... ¡Oh, la delicia
del beso adolescente, casi puro!...
¡Oh, el no saber de la primer caricia!...
¡Despertares de amor entre cantares
y humedad del jardín, llanto sin pena,
divina enfermedad que el alma llena,
primera mancha de los azahares!...
Angel, niño, mujer... Los sensuales
ojos adormilados y anegados
en inauditas savias incipientes...
¡Y los rostros de almendra, virginales,
como flores al sol, aurirrosados,
en los campos de mayo sonrientes!...
DOLIENTES MADRIGALES
Por una de esas raras reflexiones
de la luz, que los físicos
explicarán llenando
de fórmulas un libro...
Mirándome las manos
-como hacen los enfermos de continuo-
veo en la faceta de un diamante, en una
faceta del diamante de mi anillo,
reflejarse tu cara, mientras piensas
que divago o medito,
o sueño... He descubierto
por azar este medio tan sencillo
de verte y ver tu corazón, que es otro
diamante puro y limpio.
Cuando me muera, déjame
en el dedo este anillo.
Estoy muy mal... Sonrío
porque el desprecio del dolor me asiste,
porque aún miro lo bello en torno mío,
y... por lo triste que es el estar triste.
Pero ya la fontana
del sentimiento mana
tan lenta y silenciosa, que su canto,
sonoro otrora como risa, es llanto.
«ARS MORIENDI»
Morir es... Una flor hay en el sueño
-que al despertar ya no está en nuestras manos-
de aromas y colores imposibles...
Y un día sin aurora la cortamos.
Dichoso es el que olvida
el porqué del viaje,
y en la estrella, en la flor, en el celaje,
deja su alma prendida.
Y yo había dicho: ¡Vive!
Es decir: ama y besa,
escucha, mira, toca,
embriágate y sueña...
Y ahora suspiro: !Muere!
Es decir: calla, ciega,
abstente, para, olvida,
resígnate... y espera.
Lleno estoy de sospechas de verdades
le no me sirven ya para la vida,
pero que me preparan dulcemente
a bien morir.
El cuerpo joven, pero el alma helada,
sé que voy a morir, porque no amo
ya nada.
MORIR, DORMIR...
–Hijo, para descansar
es necesario dormir,
no pensar,
no sentir,
no soñar...
–Madre, para descansar,
morir.
OCASO
Era un suspiro lánguido y sonoro
la voz del mar aquella tarde... El día,
no queriendo morir, con garras de oro
de los acantilados se prendía.
Pero su seno el mar alzó potente,
y el sol, al fin, como en soberbio lecho,
hundió en las olas la dorada frente,
en una brasa cárdena deshecho.
Para mi pobre cuerpo dolorido,
para mi triste alma lacerada,
para mi yerto corazón herido,
para mi amarga vida fatigada....
¡el mar amado, el mar apetecido,
el mar, el mar, y no pensar en nada!...
«MUSICA DI CAMERA»
Ya galantes no más y delicados
madrigales haré -para las flores
y las mujeres-, sobrios de colores
y vagamente estilizados.
Pintaré la preciosa
gota de sangre, roja como guinda,
en el pétalo rosa del dedo de Luscinda,
al coger una rosa.
O diré los alegros
(silenciosos y ardientes)
de las niñas de los ojos,
de las niñas de los ojos negros...
Y charlaré como las fuentes...
Consuelo,
tu nombre me sabía
igual que un caramelo.
¡Qué pobre
soy desde que me falta
el oro de tu pelo!...
Tus ojos
azules no me miran,
y para mí no hay cielo...
¡Consuelo!...
CASTILLA
El ciego sol se estrella
en las duras aristas de las armas,
llaga de luz los petos y espaldares
y flamea en las puntas de las lanzas.
El ciego sol, la sed y la fatiga...
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
-polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga.
Cerrado está el mesón a piedra y lodo.
Nadie responde... Al pomo de la espada
y al cuento de las picas el postigo
va a ceder. ¡Quema el sol, el aire abrasa!
A los terribles golpes,
de eco ronco, una voz pura, de plata
y de cristal, responde... Hay una niña
muy débil y muy blanca
en el umbral. Es toda
ojos azules y en los ojos lágrimas.
Oro pálido nimba
su carita curiosa y asustada.
«Buen Cid, pasad. El Rey nos dará muerte,
«arruinará la casa
«y sembrará de sal el pobre campo
«que mi padre trabaja...
«Idos. El Cielo os colme de venturas...
«En nuestro mal, ¡oh Cid!, no ganáis nada.»
Calla la niña y llora sin gemido...
Un sollozo infantil cruza la escuadra
de feroces guerreros,
y una voz inflexible grita: «¡En marcha!»
El ciego sol, la sed y la fatiga...
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
-polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga.
ALVAR-FAÑEZ
Muy leal y valiente es lo que fué Minaya.
Por eso dél se dice su claro nombre, y basta.
Hería en los más fuertes haces y de más lanzas
y hasta el codo de sangre de moros chorreaba,
el caballo sudoso, toda roja la espada...
Cuando Ruy le ofrecía su quinta en la ganancia
tornábase enojado, ni un dinero aceptaba.
Fué embajador del Cid a Alfonso por la gracia,
mas todos sus discursos fueron estas palabras:
«Ganó a Valencia el Cid, Señor, y os la regala.»
Deste buen caballero aquí el decir se acaba:
de Minaya Alvar-Fáñez quien quiera saber más
lea el grande Poema que fizo Per Abat
De Myo Cid Rodrigo Díaz, el de Vivar.
LOS CONQUISTADORES
Como creyeron solos lo increíble,
sucedió: que los límites del sueño
traspasaron, y el mar y el imposible...
Y es todo elogio a su valor pequeño.
Y el poema es su nombre. Todavía
decir Cortés, Pizarro o Alvarado,
contiene más grandeza y más poesía
de cuanta en este mundo so ha rimado.
Capitanes de ensueño y de quimera,
rompiendo para siempre el horizonte,
persiguieron al sol en su carrera...
Y el mar, alzado hasta los cielos, monte
es, entre ambas Españas,
solo digno cantor de sus hazañas.
CARLOS
El que en Milán nieló de plata y oro
la soberbia armadura, el que ha forjado
en Toledo este arnés, quien ha domado
el negro potro del desierto moro...
El que tiñó de púrpura esta pluma,
que al aire en Mulberg prepotente flota,
esta tierra que pisa, y la remota
playa de oro y de sol de Moctezuma...
Todo es de este hombre gris, barba de acero,
carnoso labio socarrón, y duros
ojos de lobo audaz, que, lanza en mano,
recorre su dominio, el Mundo entero,
con resonantes pasos, y seguros.
En este punto lo pintó el Tiziano.
LA LITERA DE CARLOS V
Nada más, nunca vi, sobrio y austero,
que una litera de campaña, que era
del César Carlos Quinto la litera,
Emperador del Universo entero.
Un asiento no más de duro cuero
sobre unas parihuelas de madera...
Por toldo, un negro lienzo, a la manera
del más burdo y humilde carretero.
Mudo ante tan magnífica pobreza,
del verdadero honor hallé el secreto,
de la apariencia en el desdén profundo.
El no tenia que ostentar grandeza
ni fiar a oropeles el respeto...
A él le bastaba ser dueño del Mundo.
EL CABALLERO DE LA MANO AL PECHO
(GRECO )
Este desconocido es un cristiano
de serio porte y negra vestidura,
donde brilla no más la empuñadura
de su admirable estoque toledano.
Severa faz de palidez de lirio
urge de la golilla escarolada,
por la luz interior, iluminada,
de un macilento y religioso cirio.
Aunque sólo de Dios temores sabe,
porque el vitando hervor no le apasione
del mundano placer perecedero,
en un gesto piadoso, y noble, y grave,
la mano abierta sobre el pecho pone,
como una disciplina, el caballero.
FELIPE IV
Nadie más cortesano ni pulido
que nuestro rey Felipe, que Dios guarde,
siempre de negro hasta los pies vestido.
Es pálida su tez, como la tarde.
Cansado el oro de su pelo undoso,
y de sus ojos, el azul, cobarde.
Sobre su augusto pecho generoso
ni joyeles perturban, ni cadenas
en negro terciopelo silencioso.
Y en vez de cetro real, sostiene apenas,
con desmayo galán, un guante de ante
la blanca mano de azuladas venas.
DON MIGUEL DE MAÑARA VICENTELO DE LECA
Rosa y laurel simbólicos que aquí plantó Mañara
cantan su doble triunfo, su gloria dicen clara.
Habla la hermosa rosa de lo que amó y mató.
Dice noches de amores, heridas y placeres,
las canciones que hacía él para las mujeres
y evoca, roja y tibia, la sangre que vertió.
El laurel solemniza su puesta gloriosa
más allá de este Mundo, la santa y religiosa
fundación de esta Casa... Dice la Caridad,
las horas de esperanza y de recogimiento.
La elegancia suprema del arrepentimiento...
Y el último combate ¡y la inmortalidad!
MADRID VIEJO
(Acotación)
Una plaza tranquila. Sol... Más de mediodía.
La blanca tapia de un convento... Una
fachada de palacio antiguo... Lerma... Osuna...
La seriedad del sitio corrige la alegría.
de la luz. Vana hierba entre las piedras crece.
Rejas -las viejas lanzas de los antepasados-
guardan los ventanales y balcones volados
del caserón antiguo, que tranquilo envejece.
Llegan las horas y las horas... Suena
una campana. Sale una mujer de luto.
Un mendigo la calle de un lado a otro pasa.
Es ciego. Su cayado en las losas resuena.
Un viejo de Ribera, avellanado, enjuto...
«Sea la paz de Dios en esta santa casa.»
LA INFANTA MARGARITA
(VELAZQUEZ)
Como una flor clorótica el semblante,
que hábil pincel tiñó de leche y fresa,
emerge del pomposo guardainfante,
entre sus galas cortesanas presa.
La mano -ámbar de ensueño- entre los tules
de la falda desmáyase, y sostiene
el pañuelo riquísimo, que viene
de los ojos atónitos y azules.
Italia, Flandes, Portugal... Poniente
sol de la gloria, el último destello
en sus mejillas infantiles posa...
Y corona no más su augusta frente
la dorada ceniza del cabello,
que apenas prende el leve lazo rosa.
LIRIO
Casi todo alma,
vaga Gerineldos,
por esos jardines
del rey, a lo lejos,
junto a los macizos
de arrayanes...
Besos
de la reina dicen
los morados cercos
de sus ojos mustios,
dos idilios muertos.
Casi todo alma,
se pierde en silencio
por el laberinto
de arrayanes... ¡Besos!
Solo, solo, solo.
Lejos, lejos, lejos...
Como una humareda,
como un pensamiento...
Como esa persona
extraña, que vemos
cruzar por las calles
oscuras de un sueño.
«LAS LANZAS» DE VELAZQUEZ
Es la guerra -humo y sangre- la que hizo
campo de pelear esta campaña,
la que abrió esté sendero, la que baña
de rojo el holandés cielo plomizo.
Sobre este campo blando e invernizo
-ya no paisaje, fondo de la hazaña-
la gloria flota militar de España,
al viento de la suerte, tornadizo.
Arde en el fondo Breda... Su alegría
oculta el vencedor. Y el pecho fuerte
del vencido devora su amargura.
Humana flor de eterna lozanía,
por encima del odio y de la Muerte
La sonrisa de Spinola fulgura.
LA HIJA DEL VENTERO
«La hija callaba
y se sonreía...»
Divino silencio,
preciosa sonrisa,
¿por qué estáis presentes
en la mente mía?
La venta está sola.
Maritornes guiña
los ojos, durmiéndose;
la ventera hila.
Su mercé el ventero,
en la puerta, atisba
si alguien llega... El viento
barre la campiña.
...Al rincón del fuego
sentada, la hija
-soñando en los libros
de Caballerías...-
con sus ojos garzos
ve morir el día
tras el horizonte...
Parda y desabrida,
La Mancha se hunde
en la noche fría.
A MARCELINO MENENDEZ Y PELAYO
(«IN MEMORIAM»)
Padre y Maestro, si el saber no fuera
la mejor gala de la estirpe humana,
de tu sabiduría sobrehumana
la suma gloria el mundo recibiera.
Cristiano y español, tu magisterio
hizo saber al Orbe, en maravilla,
que, mientras suena el habla de Castilla,
nunca se pone el sol en nuestro Imperio
Eras tú, cuando toda nuestra gloria
en tu obra ingente revivir supiste;
cuando del claro ayer fuiste el espejo...
Cuando dabas lecciones a la Historia...
Y eras tú, ¡todo tú!, cuando dijiste:
«Yo guardo con amor un libro viejo...»
A ALEJANDRO SAWA
(EPITAFIO)
Jamás hombre más nacido
para el placer, fue al dolor
más derecho.
Jamás ninguno ha caído
con facha de vencedor
tan deshecho.
Y es que él se daba a perder
como muchos a ganar.
Y su vida,
por la falta de querer
y sobra de regalar,
fué perdida.
Es el morir y olvidar
mejor que amar y vivir.
Y más mérito el dejar
que el conseguir.
SE DICE LENTAMENTE...
Yo no sé más que una
vaguísima oración... Una oración... De pena
está y de encanto llena.
Y tiene llanto. Y risa,
y la calma sumisa
de la renunciación.
Se dice lentamente,
con palabras vulgares,
repetidas.
Muy oídas...
Brota en el corazón.
Ella es dulce a los labios.
No la saben los sabios
Y es su son
-como en las soledades del campo el de la fuente-
monótono.
Se dice lentamente
la oración.
LA SAETA
I
«Míralo por donde viene
Mejor de los nacidos...»
Una calle de Sevilla
entre rezos y suspiros...
Largas trompetas de plata...
Túnicas de seda... Cirios
en hormiguero de estrellas
festoneando el camino...;
El azahar y el incienso
embriagan los sentidos...
Ventana, que da a la noche,
se ilumina de improviso
y en ella una voz- ¡Saeta!-
canta, o llora, que es lo mismo:
«Míralo por donde viene
el Mejor de los nacidos...»
LAS CONCEPCIONES DE MURILLO
Canto llano... Sentimiento
que sin guitarra se canta.
Maravilla
que por acompañamiento
tiene..., la Semana Santa
de Sevilla.
Cantar de nuestros cantares,
llanto y oración. Cantar,
salmo y trino.
Entre efluvios de azahares
tan humano y, a la par,
¡tan divino!
Canción del pueblo andaluz:
De cómo las golondrinas
le quitaban las espinas
al Rey del Cielo en la Cruz.
De las dos Concepciones, la morena...
La de gracia celeste y sevillana,
la más divina cuanto más humana,
la que habla del querer y de la pena.
La pintada a caricias ideales...
La toda bendición, toda consuelo,
la que mira a la tierra, desde el Cielo,
con los divinos ojos maternales.
La que sabe de gentes que en la vida
van sin fe, sin amor y sin fortuna,
y en vez del agua beben el veneno.
La que perdona y ve... La que convida
a la dicha posible y oportuna,