EL AUTOR: TEODORO LLORENTE

Poeta catalan nacido en Valencia el 7 de Enero de 1836, muerto en la misma ciudad el 2 de Julio de 1911. En la universidad valenciana curso los estudios de derecho y filosofia y letras. En un principio por los años de 1853 a 1857, escribio poesias en castellano. Pero habiendo leido, Lo Gaiter del llobregat de Rubio i Ors, comenzo a componer rimas en catalan. La visita que hizo a Valencia María Aguiló acabo de ganarle a la causa valencianista y catalanista, hasta el punto de convertirse en la figura más preminente de la Renaixença en tierras valencianas. Al mismo tiempo cultivaba el periodismo en castellano. Hacia 1866 fundó el periódico Las Provincias, de ideas conservadoras. Escribió poco. Su obra en catalán se reduce a librito de versos en 1844 , del cual publicó una segunda edición aumentada en 1909 con prólogo de Menéndez Pelayo. Una de sus poesías más famosas es La Barraca. Contribuyó junto a Vicente W. Querol a la instauración de los juegos florales en el cual obtuvo el título de "Mestre en gai saber". En 1909 la ciudad de Valencia le rindió un magno homenaje popular al poeta que había acertado a cantar en su lengua auténtica con sincero y noble entusiasmo las glorias pasadas y las bellezas de su tierra así como las gracias sencillas de su vida tradicional y familiar. Fue también un buen traductor al castellano de Byron , Goethe , Schiller , Ullhand , Heine ,etc.
 

EN EL CAMPO
 

versos de los diez a los ocho años

El campo! ¡Un perro fiel y una escopeta!
¡Horizonte sin termino delante!
¡Los ojos, para verlo, del poeta!
¡Para provarlo, el alma del amante!
¡Ni senderos, ni limites, ni guia!
¡A mis errantes pasos campo abierto!
¡Campo abierta a mi suelta fantasia
Que en desierto trueca el arido desierto!
No temais, codornices de estos pardos;
En el nido a mis pies dormid en calma.
Siguiendo van mis pasos desciudados
Una sombra, ¡ la sombra de mi alma!
Una alma, que busco y entreveo,
Y desaparece al punto vagarosa;
A la que va constante mi deseo
Como la abeja al caliz de la rosa.
Imagen que mi espiritu adivina
ó finjen mis anhelos burladores;
Hada, ninfa, o mujer, vision divina
De los que siento yo locos amores.
¡O luz del sol, que en la enramada umbria
Filtrándolas, tus rafagas destelladas!
Tú enciendes tu ardorosa fantasia,
Que tus cabellos de oro mira en ellas.
¿Po que , flor engañosa del granado,
Tus petalos deplegas carmesíes?
Para fingir su labio perfumado
Parece que entreabriendote sonries.
¿De donde, oh brisa, la fragancia tomas
Que dulce exhalas?¿Eres un suspiro?
Aspiro de su aliento los aromas
Cuando tu soplo embalsamado aspiro.
¿No son sus vestiduras y sus velos
Nubes doradas, vuestros leves tules?
¡Oh! ¡me parece al contemplar los cielos,
Que llenan su extensión ojos azules!
¿Por que, flotando incierta sobre al aura,
Huyendo vas, de mí siempre delante,
De mí, que te amo cual Petrarca a Laura,
Y como a Bëatriz adoró el Dante?
La soledad te place, y te evaporas
Del bullicioso mundo en el estruendo;
Mas ¡ay! si en estos dulces campos de moras,
Por qué vano te voy siempre siguiendo?
No temas: á través de este follaje,
Nada pudieran ver ojos profanos;
Dejame asir las orlas de tu traje,
Que huyeron tantas veces de mis manos.
Deja que te rasgue la encantada gasa
Que me roba tus mágicos hechizos;
Que en la luz de tus ojos, que me abrasa,
Absorba del amor los bebedizos.
Deja que amantes y avidos mis ojos
Tus encantos sin velo una vez vean;
Que mire sonreir tus labios rojos;
De verdad una vez mis sueños sean.
Un repliegue, de tu manto desprendido,
Roza mi sien, y en torno a mi giras;
Y vienes y suspiras a mi oido,
Y te vas, y a lo lejos aun suspiras.
Y corro a donde escucho tu suspiro,
Y responde burlona carcajada;
Y atento escucho y extasiado miro,
Y nada logro ver, y no iogo nada.
Si es tu imagen un rayo de la luna,
Si es tu suspiro el aura entre las ramas,
Fantasma de mis sueños importuna:
¿Por qué me llamas? di: ¿por qué me llamas?
¡Soñado encanto de mis horas tristes!
A tu voz mi alma armonica responde.
¡Oh! ¡no eres ilusión! Si aquí no existes,
En su hondo seno el corazon te esconde.
Eres la luz sagrada que ilumina
Los ensueños fantásticos del vate;
Impluso celestial, fuerza divina,
Que misteriosa en nuestro pecho late.
¡Oh, mi amor! De tu luz resplandeciente
Sólo llegan al mundo de los reflejos;
Nadie imprimio sus labios en tu frente:
¡Feliz yo que te pude ver de lejos!
 
 
 

EN LA FUENTE
Romance lugareño

La penumbra del ocaso
Desciende ya de la sierra,
Y a las oraciones llama
El esquilón de la aldea.
En lo más hondo del valle
Vierte un manantial sus perlas;
Musica le dan los mirlos,
Sombra le da la arboleda.
Por agua viene una moza,
El cantaro en la cabeza;
Su faz de rosas da envidia
A la misma primavera.
Pone el cántaro á la fuente
Y en dura roca se sienta;
Los dulces mirlos le cantan,
Los arboles la sombrean.
Ya esta lleno el cantarito,
Ya esta lleno de agua fresca;
La bella no lo recoge:
¿En que pensara la bella?
Un labrador con su yunta
Cruza la proxima senda:
-"¿Que haces en la fuente, niña?
¿No ves que la noche cierra?
-Para mi pobre hermanito
Busco nido en la maleza,
Pues he prometido darselo
Si mañana va a la escuela".
Por la fuente el pastor pasa,
El pastor con sus obejas:
-"¿Qué haces, niña?El sol se ha puesto,
Y los lobos andan cerca.
-Mi madre, mi pobre madre,
Es anciana y esta emferma;
Para darle aliento y vida,
Busco aromaticas yerbas".
El cura con su brevario
Hacia el pueblo da la vuelta:
-"¿Que haces, niña?La campana
Te esta llamando a la iglesia.
-Flores no tiene la Virgen,
Y mañana, padre, hay fiesta;
Para su altar hacer quiero
Dos guirnaldas de violetas".
Ya el labrador con su yunta,
Ya el pastor con sus obejas,
Ya el cura con su breviario,
A paso lento se alejan.
Ya con gallarda soltura,
Saltando de peña en peña,
Baja el valle con sus perros
El cazador de la selva.
-"!Dios te guarde, niña hermosa!
-!Cazador, Dios te proteja!
-¿Por quien vienes a la fuenta?
¿Por quien bajas de la sierra?
-¿No lo dice mi alegria?
-¿No lo dice mi vergüenza?
-Soy quien ansioso te busco.
- Soy quien ansiosa te espera".
Y tiernamente se abrazan
El cazador y la bella,
Y mudos callan los mirlos,
Y obscura la noche cierra.
 
 

LA LUZ

Poeta, pulsa la lira
Y alza la sien soñadora;
Abre los ojos, y admira;
Abre el corazon, y adora.
Con alas de aguila hiende
Los espacios, y desciende
Sobre ti la inspiración;
Yo soy aquel rayo de oro
Que hería el mármol sonoro
De la estatua de Memnón.
Soy la Luz, soy el destello
Que de Dios brilla en la fuente.
¿Ves esos cielos profundos,
Esos astros, esos mundos?
Todos existen por mí.
Dios, que crearlos quieria,
Miro a la extensión sombria,
Dijo una palabra, y fuí.
Vestido el caos de nieblas
Y agitandose entre brumas,
Batía en mar de tinieblas
Negras olas sin espumas.
Yo, contra el mosntruo funesto
Flamigero dardo sesto,
Y en rapida dispersión,
Desgarradas por mis flechas,
Las sombras, girones hechas,
Barre el airado aquilón.
Rotos los funebres velos,
Corónanse de albas lumbres,
Y en los transparentes cielos
Alzan los montes sus cumbres.
Sereno a sus pies dilata
El mar sus olas de plata
Que nadie pudo medir;
Y al son de ignorada lira
El coro de estrellas gira
En esferas de zafir
Desde entonces la alborada,
Incendiando el horizonte,
Baña con su luz rosada
La frente adusta del monte;
Desde entonces también arde
El cielo al morir la tarde
Tinto en sangriento arrebol,
Pues, por luminar del mundo,
En el espacio profundo
Puse la antorcha del sol.
.Yo a la luna misteriosa
Doy la claridad tranquila
Que en secreto bebe ansiosa
La soñadora pupila.
Yo a las nocturnas estrellas
Vesti con sus luces bella,
Y piadosa darles se
Esos resplandores santos
Que os revelan en encantos
Del amor y de la fe.
Tú, que al ocaso y la aurora,
Sin fatiga y sin enojos,
Cual aguila triunfadora,
Clavas en el sol los ojos,
Canta la luz. Los risueños
Siglos de los dulces sueños,
Por Dios, el vate inmortal
El númen dieron, que guia
En la inmensidad vacia
Mi regio carro triunfal.
Canta, canta, hijo de Apolo,
Canta el alba soñolienta
Que en los cristales del Polo
Vierte luz que no calienta;
El astro que es vuestro estio
Entre perlas de rocio
Dora la palida mies,
Y el rojo sol africano
Tostador del polvo vano
Que arrastra el simún después.
Canat la noche estrellada,
Canta el luminoso dia,
Canta, la tarde bañada
En dulce melancolia;
Canta las pintadas flores,
A las que vario en colores
Pretso brillante matiz;
Canta las parleras aves,
Que anuncian con trinos suaves
Del sol la vuelta feliz.
Canta, canta a las hermosas,
Si a tanto tu voz se atreve;
Las de megillas de rosas,
Las de garganta de nieve;
Canta con ojos amantes,
Que destellan deslumbrantes
Vida, fe, dicha y amor,
porque en ellos puse ufano,
Por hechiza soberano,
Un rayo de mi fulgor.
Y si este mundo no basta
A tus ansias de poeta,
El vuelo tiende entusiasta;
Pasa audaz para vulgar meta.
De los astros sube al coro;
Sobre sus orbitas de oro
Ven, de mis huellas, en pos,
Y en la celeste morada
Bebe de la luz increada
Que irradia el rostro de Dios.
Veras, con impulso blando,
Entre hermosos arraboles,
A tus pies lentos girando;
Mundos, estrellas y soles;
Y alli las esferas todas
Cantan las santas bodas
De tu espíritu inmortal
Con la luz, que hoy a tu mente
Revela cofusamente
Tu ambicionado ideal.
 
 
 

LA SOMBRA

Oh pensativo poeta!
Deja la importuna lira,
Y eleva a Dios la secreta
Voz que en tu interior suspira.
Yo, sobre todas las frentes
Inspiradas ó dolientes,
Las alas siempre tendí:
La Sombra soy, y los sueños
Coronados de beleños
Van siempre detras de mi.
Yo adormezco en dulce calma
Los parpados fatigados,
Y abró a los ojos del alma
Horizontes encantados;
A homero, la brilladora
Llama muestro, que devora
Los alcazares de Ilion;
Y rasgando eternas nubes
Las guerras que los querubes
Revelo al Ciego de Albión.
Soy para el hombre el reposo,
Soy el placido sosiego,
Que del vivir fatigoso
Rompe el círculo de fuego.
Huyo de la luz, y habito
En el espacio infinito
Do nadie me arrojará;
Ardan miles de lumbreras;
Yo de todas las esferas
Seré siempre el más allá.
Cuendo el ave vuela al nido,
Y la flor el caliz cierra,
Y el descanso y el olvido
Y la paz ama la tierra;
Cuando el labrador cansado
Se inclina sobre el arado
Que su diestra encalleció,
Y oye triste la lejana
Vibracíon de la campana,
Entonces deciendo yo.
Desciendo al morir el dia,
Dormida en el blando coche
En donde el silencio guia
Los caballos de la noche;
Va esparciendo el torno mio
Sus lagrimas el rocio,
Y con triste majestad
Marcha detras la tiniebla,
Que inunda el espacio y puebla
De encantos la intensidad.
Y alla en los bosques umbrios
Llenos de rumores vagos,
Y en las nieblas de los rios,
Y en las brumas de los lagos,
Vestida de leve gasa,
Triste y misteriosa pasa
La sombra de una mujer,
Hada, silfide u odina,
Imagen siempre divina
Que el amor hace nacer.
El amor que a la importuna
Luz del sol que no alza la frente,
Y a quien doy la blanca luna
Por callado confidente.
Mi ala palida le abriga;
Su paso enconde, y amiga
Tiendo el vuelo protector
Cuando, con su puro aliento,
En el más feliz momento
La antorcha apaga el rubor.
Tú, vate, que nada ignoras
De lo que ocultan mis celos;
Tu, que en las nocturnas horas
Abiertos miras los cielos,
En mi silencio profundo
La que no comprende el mundo
Exhala queja febril,
Como sus goces y penas
Cantan en noches serenas
Los ruiseñores de Abril.
anta la senda frondosa,
Que para darme guarida
Entreteje misteriosa
Las ramas do el ave anida;
Canat la florida alfombra
Tendida a su humeda sombra,
Y la gruta de gristal
En cuyo fondo sombrio
Gota a gota cae del rio
El límpido manatial.
Canta los valles que guarda
Del sol la verde colina,
Que protectora la parda
Frente de rocas inclina;
Canat la pajiza choza
Donde fresca sombra goza
El cansado cazador,
Cuando, con su can sediento,
Huye del arido aliento
Del verano abrasador.
Canata la humilde violeta
Entre las hojas oculta,
Y la perla que discreta
En los mares se sepulta;
Canta los dulces hechizos
Que vela con blondos rizos
la vergonzosa beldad;
Canta lo que bello asombra
Al mundo, y busca la sombra
Un velo a su honestidad.
Canta, y hallaras abiertas
En las horas de misterio
Las maravillosas puertas
De mi halagador imperio;
En sus soledades vastas,
los prodigios podrás ver,
Que, impotentes, o risueños,
En lo mejos de tus sueños
No llegaste a comprender.
Todo lo que el alma ansía,
Y apetece la esperanza,
Y finge la fantasia,
Y en el mundo no se alcaza,
Yo te lo dare !Oh poeta!,
Si tu inspiración inquieta
De mis huellas vuela en pos
Hasta el remoto palacio
Donde lleno el vasto espacio
Y oculto la faz de Dios.
 
 

LAS MONTAÑAS
 

PARA mi, son las montañas
Ubres del mundo robustas.
En el seno misterioso
De sus cavernas obscuras
Esconde el volcan su fragua,
Y el rio sus frescas urnas.
Sus no acuñados tesoros
Pluto en su fondo acumula
Entre rocas berroqueñas,
Para el avariento duras.
En sus negros antros donde
Interior trueno retumba,
Rayos el ciclope forja,
Y la nayade desnuda
Liquidas perlas destila
En la silenciosa gruta.
Del insensible peñasco
Bajo la corteza ruda
El alma del Pan palpita,
Y por mil venas ocultas
Fuentes y lagos sustenta,
Cerros anima y llanuras.
!Cibeles! !Naturaleza!
!Madre tierra! !Diosa Augusta!
Tú, que respirando vida,
Desceñida la cintura,
Desnudo el seno pletorico,
Suelta el hombro la tunica,
Tus pechos, de savia henchidos,
Al hombre no niegas nunca!
Más que en el jardín, ufano
Con la efimera hermosura
De las flores de la aurora
Abre y el ocaso mustia;
Más que en los fertiles campos
Donde a las espinas rubias
Rocio dan los sudores
Que humildes fuentes inundan;
Más que en los arroyos, donde,
Abatiendo el vuelo, buscan
La paloma y el milano
Una gota de agua pura;
Más que en el sereno lago
Que, cual esquifes de plumas,
Doblando el flexible cuello,
Los candidos cisnes surcan;
En la enaltecida sierra
Que envuelve entre nieblas turbias
Sus faldas, y con su frente
El rayo al cielo disputa,
Poderosa te contemplo,
Y te bendigo fecunda!
Con la majestad austera
De toda las pompas rústicas,
En las selvaticas cimas
Eterna tusilla encumbras.
Pinos, que hirio la centella,
Coronan tu sien adusta,
Alas que del aire triunfan;
Embozan cual amplio manto,
Tu espalda nubes y brumas;
El relampago es tu antorcha,
El ronco trueno tu musica.
Sobre las rocas sentada,
Junto a las simas profundas,
Baña tuspies el torrente
Rizando blancas espumas,
Y tu diestra abre los odres
Donde airado el viento zumba,
O del nublado rompiendo
Las sutiles ligaduras,
Vierte en el campo la inmensa
Catarata de la lluvia.
!Bien hayais, cumbres enhiestas;
Bien hayais, esfinges mudas,
Que de la tierra y el cielo
Veis en paz las arduas luchas!
Bajo la nieve de la roca
Por vuestras veas circula
La sangre que vida engendra
En vuestra frente ceñuda
Bate, cual diforme buitre,
Las alas, que el mundo enlutan,
Y el rayo ardiente fulmina,
Que torcido el cielo cruza,
 
 
 

Y al hondo valle tronchados
Los gruesos troncos derrumba,
Ese choque de titanes
Ni me asombra, ni me asusta;
Y en la tremenda batalla
Miro las grandiosas nupcias
Del fuego y del agua leves,
Del aire y la tierra impura.
Y cuando el sol, desgarrando
Las nubes densas, fulgura,
Luminar del Universo,
Sobre las cuspides ultimas,
Y vuestros flancos azules
Con lineas de oro dibuja,
Hacia vosotras, montañas,
Invencible afan me impulsa,
No se si por alejarme
De la humana turbamulta,
O para ver de más cerca
En las celestes alturas
Lo que mi espiritu en ellas
confusamente vislumbra.
 

TU VENTANA

ALEGRE es tu ventana, vida mia:
Tiende en torno a la vid verde guirnalda,
Y cuando nace esplendoroso el dia,
Los pampanos, que envidia la esmeralda,
Fresca lluvia de ajofares rocia.
Rico en aves, en fuentes y en aromas,
Estrecho valle entre floridas lomas
A los pies yace de la adusta sierra,
Y cual nidos de candidas palomas
Las chozas son que entre sus pliegues cierra.
Lobrega selva lejos se dilata
Y de los montes cubre las vertientes;
Y entre las negras rocas se desata
Cual movil cinta de cristal y plata,
El sonoro raudal de los torrentes.
Y sobre el verde valle y la pradera,
Sobre las arboledas rumorosas,
Sobre el monte de cuspide altanera,
Concava brilla la cerúlea esfera
Do vibra el sol sus llamas luminosas.
Alegre, vida mia, es tu ventana;
Mas, si por mi tu corazon se afana,
Cierrala al punto, porque solo enojos
Dan, aunque brillen mas que la mañana,
Las luces que no vienen de tus ojos.
 
 

EL TORRENTE

Indocil hijo de la adusta sierra,
Que ardiendo en espumoso remolino,
En las duras entrañas de la tierra
Abres a tu raudal negro camino;
Cuando, entre muros de cortadas rocas,
Donde a mis pies clavaste inmensa tumba,
Desenfrenadas van tus aguas locas
Y cual trueno interior su voz retumba,
A tus lobregas olas das tormento
En eterno rodar no interumpido.
¿Que dice quejumbroso tu lamento?
¿Que amenazante tu rugido?
¿Perdida lloras la risueña fuente,
Cuyo limpio cristal, que terso brilla,
Refleja el firmamento trasparente
Y las alegres flores de la orilla?
¿De tumbo en tumbo a tu pesar cayendo,
Con el poder que te arrebata luchas,
Y tu fragor contesta al sordo estruendo
Del mar lejano que medroso escuchas?
¿O despeñado de encumbrada cima
A la venganza corres iracundo,
Y es el rencor el alma que te anima,
Y fiero anelas debastar el mundo?
Quizas en la voragines sonoras
Donde clamando tu raudal se esconde,
La dura ley que te conduce ignoras
Y ciego marchas sin saber a donde;
Y esa voz de la hirviente catarata
Que en el alma despierto eco infinito,
Es, y por eso al corazon tan grata,
De agustia eterna degarardo grito!
Cuando en pos de soñadas fantasias
La selva cruzó, meditando a solas,
A tus lejanas margenes sombrias
Llamanme los gemidos de tus olas.
!Oh, cuantas veces, del cortado muro
En la orilla, de adelfas coronada,
Al voraz fondo de tu cauce obscuro
Lance ansioso la tremula mirada!
Y loco asiento con crispada mano
Entre las rocas áridas raices,
Baje, sediento del culto arcano,
Para escuchar mejos lo que me dices!
!Cuantas veces el vertigo en mi frente
Batio las alas pavoroso, y ciego
Soñe rodar en tu fatal pendiente
Veloz girando en circulos de fuego!
Es que mi pobre corazon sin calma
Oye en tu voz un eco de sí mismo;
Es que su oculto fondo mira el alma
Cuando contempla tu espantable avismo;
Es que asi como escondes el profundo
Hervir de tu rauadl en hondo lecho,
Yo tambien, escondiendosela al mundo,
Llevo la tempestad dentro del pecho.
!Oh torrente sin diques!!Oh alma mia!
Rodad eternamente, y turbulentos
Arrastrad en frenética porfia
negras olas y tristes pensamientos.
 
 
 

EN LA ESPESURA
(Versos escritos sobre un pensamiento de Goethe)

DESAPARECIDO! ¿Por donde
Marchó? sin duda se esconde
Para aguzar ni deseo.
Miro y miro, y no la veo;
Llamo y llamo, y no responde.
Arboles que en torno mio
Cerrais el parque sombrio,
¿Vistes pasar a mi bella?
Hallareila, y no os lo fio,
Cuando os diga quien es ella.
Cual el cielo con sus ojos,
Como el oro con su cabello;
Al coral sus labios rojos
Y a la nieve dan enojos
Su tersa espalda y su cuello.
Sueltos, cual los de la Aurora,
Flotan sus copiosos rizos,
Y a su frente encantadora
El rubor que hoy lo colora
Añadio nuevos hechizos.
Por el parque a solas iba;
La encontre, la hable, y esquiva,
Al desden pidio consejos:
Buscad a mi fujitiva,
Que no debe andar muy lejos.
Abril, de todas sus flores
Abre los calices ya;
Céfiros murmuradores
Van conversando de amores...
Buscadla: !cerca estara!
Calla, calla, alegre nido;
Calla, calla, blanda brisa.
¿Que rumor hirio mi oido?
!Es el sonoro estallido
De tu tentadora risa!
Apartando verde rama,
Me mira, y lenta se esconde,
Y mi ansioso anhelo inflama,
Pues callando me responde,
Y ocultandose me llama.
Ligero acudo y sorprendo
A mi traidora enemiga,
Y ella, con falsa fatiga,
Corre, y los ojos volviendo,
Me estimulara a que la siga.
Ya se detiene !Oh ventura!
En la frondosa espesura,
Nido de dulces amantes;
Y estrecho ya su cintura
En mis brazos palpitantes.
Ya en su alma luchando estan
Rubor y amoroso afan;
Ya se desprende veloz;
"Aparta, o grito, y vendran".
De mi amor en el exceso
"Vengan", respondo, "por eso
No me detengo", mas ella
"!Loco!" exclama, y con un beso
Mis audaces labios sella.
 
 

EL RAMO DE ROSAS
 

Oye: tendremos cuando seas mia,
Una casa en el campo, y alli un huerto.
Yo, cuando raye el dia,
Ya estaré contemplandote despierto.
Habra en nuestro aposento una ventana
Por donde entren la luz de la mañana
Y del campo y del huerto aromas;
Vendran hasta el afeizar las palomas
A recoger el grano apetecido.
El ritmo observara, tranquilo y lento,
De tu pecho dormido;
Buscare en el espejo de tu frente
Tu puro pensamiento.
Y tu amor en el labio sonriente.
Saldre al jardin por darte una sorpresa;
Cogeré entre las rosas
Las que copien mejor, Oh, mi princesa!
Tus mejillas hermosas;
Hare un lindo boequet; Volvere luego,
Bebiendo a largos sorbos su fragancia,
Y a pasos cortos, reprimiendo el fuego
De mi amor con prudente parsimonia;
Pero con más argullo y arrogancia
Que Alejandro al entrar a Babilonia.
Pondré sobre tu pecho tembloroso
Por no alterar tu placido reposo,
El ramo, aun del rocio humedecido
Y aguardare escondido
tu despertar gozoso.
!Cuan grande tu alegria
Sera al ver aquel timido presente!
Sera aun mas grande la esperanza mia,
Que el pago de tus miradas ya presiente.
Tu diras (lo adivino):
-"!Oh cuan hermosas flores!
No puede haberlas para mi mejores.
Mas darles quiero superior destino.
Las llevare a la virgen del Consuelo
Para que ampare protector el cielo
Nuestros dulces amores.
-No me hubiese ocurrido a mi esa idea,
Yo te contestare; mas, si lo quieres,
Tan solo he de exclama:"!Cuan buena tu eres!
Tu voluntad, mi bien, cumplida sea".
Te vestiras gozosa en un momento;
Prorrumpiras despues:-"!A la capilla!"
Y tomaras con infantil contento
El sombrero de paja y la sombrilla.
Cruzaremos la vega
Y el puente sobre el rio que la riega;
Donde traza la senda tantas eses,
Y llegaremos a la ermita santa
Que cerca de la cumbre se levanta
Entre viejos cipreses.
Ya te veo ante el ara de rodillas.
La caminata enciende tu semblante,
Que fervorosa humillas;
Rezas por mi a la virgen suplicante,
Y tan hermosa cual su imagen brillas.
Yo, inmovil, a tu lado,
No se si confundo o admiro,
La honda emocion oculto.
Pero, al salir de la iglesia umbria.
Al contemplarte a plen luz del dia,
Bajo el dintel sagrado
Un abrazo te doy bien apretado,
Y aunque ofenda a la virgen mi osadia,
En tus labios imprimo un largo beso.
Pero yo me figuro,
Y tu debes saberlo, de seguro,
Que no se ofendera mucho por eso.
 

LA MELANCOLIA

A la luz tibia del otoñal ocaso
Entre marchitos arboles torcia
Mi errante senda el caprichoso acaso;
Deidad hermosa y triste halle a mi paso,
Y eras tu esa Deidad, Melancolia.
De derribado muro rotas piedras
Eran tu trono, al que mullida alfombra
Las enlazas huedras
Daban, y un sauce vacilante sombra;
Alli sentada, el cielo transparente
Levantabas, marcada con el sello
De tranquilo dolor, la augusta frente;
Y brillaba en tus ojos seductores
el que nos dejas palido destello
Los perdidos amores.
Me miraste llegar, y sonreiste
Con la incierta sonrisa,
Que deja al alma triste
Entre el dolor y el júbilo indecisa;
Y a mi viniendo con semblante amigo,
Me asiste de la diestra, y apartando
las mustias rama, con acento blando
Cariñosa esclamaste:"!ven conmigo!"
Y contigo gruce la selva umbrosa,
Y vi morir las luces de la tarde,
Y vi nacer la estrella esplendorosa
Que la primera en las tinieblas arde;
Y respire feliz el triste encanto
Que alagandonos mas que la alegria,
Los ojos baña en delicioso llanto.
Y desde entonces, al morir el dia,
Escalo audaz las pardas
Rocas del monte, y a la obscura umbria
Voy, donde fiel a tu amador aguardas;
Y de tu mano asido,
La senda busco del oculto nido;
Y donde en breve espacio el bosque cierra
Nuestro horizonte con sus verdes velos,
Evoco los recuerdos de la tierra
Y tu las esperazas de los cielos.
 

LOS PRESENTES

l
-SI pudiera encerrar, manso y cautivo,
En la jaula de oro al trinador bulbul!
!Si en su vuelo inconstante y fugitivo
Pudiera asir la mariposa azul!
!Si encontrase en las minas de Golcona
El diamante mayor nacido alli!
!Si en el mar de Ceylan puliese la onda
Las perlas mas hermosas para mi!
!Si la rosa oriental, cuando mas arde,
Me prestase su aroma y su arrebol!
!Si alcanzase la etrella de la tarde!
!Si pudiera robar un rayo de sol!
Como en comedia de tramoya y magia,
Donde no hay imposibles por vender,
O en cuento de Aladino que presagia
Maravilloso triunfo ala mujer,
Cuanto nos dan naturaleza y arte
Te lo ofrceria en arras de mi amor;
Mas no puedo servirte ni halagarte:
!Yo no soy mas que un loco soñador!
II
-Vacias, es verdad, tus manos veo;
Mas no te aflija tan amargo afan.
Esos delirios que forjo el deseo,
¿Piensas que para mi nada valdran?
Flores, pajaros, perlas, luz del dia,
Oyendote dicj¡hosa recogí;
Todo lo que ideó tu fatasia;
!Todo lo que soñaste para mi!
Extasiada en sus vivos resplandores
Quede, como la abeja ante la flor.
¿Tus sueños, no han de ser deslumbradores,
Si son los sueños que soño el amor?
No llenaran tus joyas mis joyeros;
No alfombraran mis flores tu jardin;
A tu reclamo estrellas y luceros
No bajaran del cielo confin.
Pero, de este, de aquel, o de otro modo,
Estos presentes, que mi orgullo son,
Llenaran para siempre todo, todo,
Todo mi enamorado corazon.
 
 

LA SIRENA

Alegre niña que con pie desnudo
Huellas jugando la menuda arena;
Del mar no temas el estruendo rudo
Y oye mi blanda voz: soy la Sirena.
Como banda de cisnes de albas plumas
Que en la orilla feliz buscan el nido,
Olas traigo de cándidas espumas
A morir a tus pies con un gemido.
Y cuando la mar besandolos desmaya,
Por digna alfombra de tu planta breve,
Galante siembra en la arenosa playa
La rubia concha, el caracol de nieve.
Nunca veras marchitas esas flores
De mi eterno jardin, ven a cogerlas;
Y al abrir sus ventallas de colores,
Lluvia caera de transparentes perlas.
El sol, que hacia el ocaso ya declina
Aún bochornoso en las arenas arde,
Y la tersa llanura cristalina
Riza apenas la brisa de la tarde.
Ven a jugar con las nevadas olas
Que aspiran a tus pies niña hechicera,
¿No estas conmigo y tu inocencia a solas?
¿no esta desierta y muda la ribera?
No hay nadie que sorprenda tus hechizos;
Desciñe el cinto de tu breve falda,
Y libres suelta tus copiosos rizos
Sobre la nieve pura de tu espalda.
Si te avergüenza el sol, niña sencila,
Yo, porque al sol tu desnudez escondas,
Por velo cuando juegues en la orilla
Te dare las espumas de las ondas.
¿Ves un peñasco sobre el mar pendiente,
Que verdes musgos y ovas han vestido?
En sus quiebras, oh virgen inocente,
Del blanco alcion sorprenderas el nido.
Alli se abre entre las rocas colosales
Fresca gruta, que obscura se dilata;
La inunda el mar, y esconden los corales
En urnas de cridtal peces de plata.
Marinas algas y campestre hiedra
Los muros visten, y del techo brota,
Y cae en taza de bruñida piedra
El agua de una fuente gota a gota.
Las ondas que levanta el mar sonoro,
Alli muere en tremulo desmayo;
Y cuando esconde el sol el disco de oro,
Baña la gruta con su tibio rayo.
Ven a ese alberge, que conservo osculto
Entre altas rocas y serenas ninfas;
Alli de guarda para darte culto
Coro feliz de Nayades y Ninfas.
No te asusten escollos y corrientes,
Alegre niña de la breve falda,
Pues para hendir las aguas trasnparentes
Docil delfin te ofrecera la espalda."

Calla y desaparece la Sirena.
¿Aun la niña feliz duda y vacila?
Mira la azul techumbre; esta serena.
Mira la inmensa mar; esta tranquila.

Ya desciñe su casta vestidura;
Ya suelta al viento sus dorados rizos;
Ya baña el sol sin velos su hermosura;
Ya oculta el mar sus pudicos hechizos.
Ya con la espuma que nevada brilla,
Audaz juega su brazo de alabastro;
Ya se aleja flotando de la orilla;
Ya no quedan en pos huella ni rastro.
Brillante y tersa esta la mar sonora;
Pura y tersa esta la azul esfera;
Mas tu, madre infelice, teme y llora:
No volvera la niña a la ribera.
 
 

LA FLOR DE MI VENTANA

Flor perfumada que al primer destello
Del sol de abril que en mi ventana brilla,
Abres enamorada el caliz bello
En vaso tosca de grosera arcilla,
Porque el herido corazon acalle
Los que luchan en el rudos enojos.
A mi memoria atraes el natal valle
Inundando de lagrimas mis ojos.
Y al aspirar ansioso tus aromas,
El alma vuela en las alas de un suspiro
Al verde huerto y las floridas lomas
Que en dulces sueños a lo lejos miro.
!Oh, dulce hogar de la niñez! !Risueños,
Campos, praderas, conocidos montes!
¿Que os hebeis hecho, seductores sueños,
Que poblabaia los patrios horizontes?
!Ay, de todas las galas con que viste
La vida al mundo en su feliz mañana,
Solo me queda por consuelo triste,
Tu aroma, pobre flor de mi ventana!
Cuando entrabres las hojas purpurinas,
El soplo de abril me regenera,
Y cuando el caliz marchito inclinas
Contigo muere !Oh flor! mi primavera.
Breve es tu vida y mi corazon es breve;
Aromas das al viento, y yo susìros,
Para que juntos, al volar, los lleve
Sin saber donde en sus resueltos giros.
Y aguardando las auras de la umbria,
Que sollozan quizas en lontananza,
Cierras las hojas a la luz del dia
Como yo el corazon a la esperanza.
 
 

AL CAER LA TARDE

Entre cejales palidos ha muerto
El claro dia, que al amor ofende,
Y tenues alas sobre el mundo tiende
El crepusculo incierto.
Ven conmigo: ya el campo esta desierto,
Y se oyen solo, en el murmurio blando
De rumores y quejas y gemidos,
Los céfiros que pasan suspirando
Y las aves que vuelven a sus nidos.
¿Ves aquella colina
A la que da la vid fresca guirnalda?
Pero por donde menos aspera declina
Cruzaremos los bosques de su falda;
Y en su dorada cumbre,
Con misterioso resplandor escaso,
Nos bañara la desmayada lumbre
Que aun brilla en el ocaso.
Melancolica y bella,
En la azulada lluvia de Oriente,
Veras surgir la vespertina estralla;
Y su luz reflejando en nuestra frente,
El labio mudo y del brazo asidos,
Cuando la oscura noche tienda el velo,
Bajaremos al valle lentamente,
Opreso el corazon, y humedecidos
Los turbios ojos de mirar al cielo.
 

TRANSFIGURACION

"¿Por que los que ayer timido encendia
El cobarde rubor enojos,
Ceden el resplandor de la alegria
El dulce campo en tus ardientes ojos?
"¿Por que tu frente, a la que opaco velo
Dio la vergúenza que, el carmin colora,
Hoy, levantada sin temor al cielo,
Brilla, del universo vencedora?
"¿Por que al medroso labio balbuciente,
Donde la timidez temblo indecisa,
Tentadora broto y resplandeciente
La que rinde el amor triufal sonrisa?
"¿Por que nacen las flores de tus huellas?
¿Por que al mundo ilumina tu semblante
Y a tu alrededor gravitan las estrellas,
Y en tu frente se posa el sol naciente?
"¿Por que miro trocada de repente,
Cual por arte de magia poderosa,
La debil niña en reina omnipotente,
La virgen tierna en soberana diosa?"
Asi la pregunte a la niña bella;
Y toda avergonzada y encendida,
"Calla", me dijo con los ojos ella,
"¿no ves que triunfo porque estoy rendida?"
 
 

PAJAROS ESPANTADOS

En un rincon del huerto
Oigo a todos los pajaros cantar.
Sorprender quiero el magistral concierto,
Me aproximo pausado, con pie incierto,
Y los pajaros echan a volar.
Fantasias, quimeras e ilusiones
Cantan en mi alma timidas canciones;
Mas si, halagado por el dulce son,
Quiero entender su misterioso acento,
Vuelan las cantadoras al momento,
Y mudo se me queda el corazon.
 
 

EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

CORONADA de estrellas
Descienda ya la noche en vuelo blanco,
Y en pos va de sus bellas
El bello numen del tranquilo sueño,
En su diestra agitando
Marchito ramo de letal beleño
Goza el reposo que el Señor te envia,
!Oh mundo! Y tú, despierta, !Oh alma mia!
Callad, brisas de Abril, que engañadoras
Llenais las selvas de suspiros vagos;
Callad, Callad, Oh rafagas sonoras
Que rebalais sobre tersos lagos;
Y tú que endulzas las nocturnas horas,
Suspende un punto, ruiseñor los trinos.
Callad, y cuando todo en dulce calma
Reposare, con vivo anhelo
La voz que vuela desde el alma ala cielo,
Y la que viene desde el cielo al alma.
 
 
 

LA ESPERANZA

JAMAS la tierra impura
Hollaste, oh virgen. Bañan los reflejos
De la luz soberana tu hermosura,
Y ostentando triunfal etereas galas,
Me apareces fantastica a lo lejos,
Siempre extendidas las veloces alas.
¿Por que pasan los años
Sin que a tus labios la sonrisa roben,
Y superior a los fatales daños,
Siempre bella te admiro y siempre joven?
¿Por que entre nubes de zafiro y rosa
Te veo siempre sonreir dichosa,
Mostrandome entreabierta
La que anhelante busca el alma ansiosa
Del feliz porvenir dorada puerta?
Mi breve aurora desmayada aún brilla,
Y mustias miro ya todas las flores
Que del camino recogí en la orilla.
A mi paso, sus ramos protectores
Deshoja la arboleda;
Lugrube gime la que fue auro leda,
Y vertiendo en mi frente el postrer rayo,
Entre las sombra del otoño rueda
Palido el sol del luminoso mayo!
De cuanto loco ame, ya nada existe,
Y tu sola, vision de mis ensueños,
Tan pura brillas en mi ocaso triste
Como en los dias de mi Abril risueños!
¿Por que tu dulce imagen no abandona
Jamas al alma herida?
¿Quien a tus sienes ciñe la corona
De inmortal juventud y eterna vida?
¿Verdadera o mentida
Es tu beldad?!Quien sabe! El rudo agravio
De la dud perdonale a mi labio:
Quizas para mi amor guardados tienes
Los que me brindas!ay! lejanos bienes;
Mas, aunque tu atractivo tambien fuera
Engañosa quimera,
¿No has de ser a mis ojos siempre hermosa,
No te he de amar mientras aliente y viva,
Si estrechar nunca pude, fugaz diosa,
Entre tus brazos tu bella esquiva?
 
 
 

LAS ALAS
 

No envidio tus fuertes alas
Por mas que el vuelo remontes,
Aguila que audaz resbalas
Por las esplendidas salas
De los amplios horizontes.
Ni muestras plumas ligeras
Tampoco tender anhelo,
Golondrinas pasajeras,
Que ganais de un solo vuelo
Las africanas riberas.
El alto cielo y el mar
Cruzad a vuestro placer;
Celos no me habeis de dar,
Pues ni ansio mares surcar
Ni rayos del sol beber.
Paloma de vuelos suaves,
Solo a tí las alas ido,
Pues en el valle florido
Desplegarlas no mas sabes
Para volar a tu nido.
 
 

DESLUMBRAMIENTO
 

DIME, dime, alma mia:
¿De donde vienes fatigada y triste?
¿Do te llevó la loca fantasia?
¿Que es lo que lejos de la tierra viste?
Mas alla de estos estrellados cielos
Cuyos cerúleos velos
Mi obscura mente a penetrar no alcanza,
Y donde tienes los audaces vuelos
A la dudosa luz de la esperanza,
¿La fuente hallaste, para el hombre ignota,
Donde el raudal de la hermosura brota
Y engendra en sus espumas
La Venus ideal de la bella flota
De la ilusion entre las blancas brumas?
¿Viste al astro brillar, cuyos reflejos
Bañan quizas con palidos fulgores
Los que mira perderse alla a lo lejos
Mi codicioso afan, sueños de amores?
¿Por que, alma mia, callas?
¿Por que, alma mia, callas y suspiras?
¿En el humano idioma voces no hallas
Para pintar el luminoso cielo
Que ante tus ojos dilatarse miras,
Ya desgarrado para siempre el velo?
Mas !ay! !ocioso anhelo!
¿Por que una voz de docil le conteste
Pide mi afan a tu dolor profundo,
Si deslumbra por la luz celeste
Ciega y muda volviste al bajo mundo?
 


Texto: Fátima Eixau (2º Humanidades. Universitat Jaime I. Castelló. España).