El mayor filósofo alemán de todos los tiempos y
uno de los que mayor influencia ha tenido en la historia del pensamiento,
a la que dio un giro de 180 grados, metafóricamente llamado «revolución
copernicana». Nació en Königsberg (Prusia oriental entonces
y, en la actualidad, provincia rusa), cuarto hijo de una familia humilde
de once hermanos. Los biógrafos describen a los padres de Kant,
Johann Georg Kant y Regina Reuter, como personas sumamente honestas, rectas
y amantes de la concordia, y a la madre en particular, que Kant perdió
a los trece años, como a una mujer que imprimió en su familia
el espíritu y las normas del pietismo. A los seis años, Kant
asiste a la escuela local del Hospital suburbano y, luego,
dos años más tarde, ingresa en el Colegio Fridericiano.
Königsberg, que debe su origen a la fusión, ocurrida el mismo
año del nacimiento de Kant, de tres núcleos urbanos, uno
de los cuales había sido antigua fortaleza de la Orden Teutónica
y posteriormente residencia, durante casi un siglo, de los duques de Prusia,
era, en el s. XVIII, uno de los focos principales del pietismo en Prusia.
Franz Albert Schultz, director del colegio y pietista destacado, aunque
de orientación moderada, se encarga de la formación del pequeño
Kant, continuando la educación iniciada por la madre.
A los 16 años, Kant ingresa en la universidad Albertina
de Königsberg, donde Martin Knutzen, wolffiano heterodoxo de ideas
renovadoras y conocedor, además, de la física newtoniana,
le inicia no sólo en la filosofía de Wolff, entonces ya en
plena crisis, sino también en las teorías físicas
de Newton. La situación de crisis de la metafísica racionalista
de Wolff según la tradición de Leibniz y los problemas que
surgen de los nuevos planteamientos de la física de Newton, junto
con el pietismo
ambiental vivido desde la infancia, configuran el ambiente intelectual
de la juventud de Kant; no es extraño, pues, que las primeras obras
de Kant cultivaran cuestiones científicas más que filosóficas,
que luego intentara una nueva manera de hacer filosofía y que la
ética kantiana contenga algo de aquellos primeros rigores y entusiasmos
morales. Al morir su padre, en 1746, Kant se ve obligado a abandonar la
universidad y ha de ganarse la vida como preceptor, o tutor, en familias
de los alrededores de Königsberg. Por entonces había comenzado
a cambiar el panorama filosófico de Alemania: Federico Guillermo
I priva a Wolff de su cátedra en Halle y le manda salir del país;
Maupertuis, científico y filósofo francés ilustrado,
es llamado por Federico II de Prusia para organizar la Academia de Ciencias
de Berlín (1744-1759); hacia 1740, las obras de Christian August
Crusius (1715-1775) comienzan a extender el empirismo inglés por
Alemania.
Kant publica, en 1749, en alemán, no en latín, su
primera obra: Ideas sobre la verdadera valoración de las fuerzas
vitales, inspirada en la física de Leibniz, iniciando así
el denominado «período precrítico», que durará
hasta 1770, durante el cual predominan las obras sobre temas científicos.
A esta primera obra sigue, en 1755, vuelto ya a Königsberg, otra publicada
anónimamente, Historia general de la naturaleza y teoría
del cielo, en la que propone una cosmogonía mecanicista, de inspiración
newtoniana, que anticipa la hipótesis que luego se llamó
«de Kant-Laplace» sobre el origen del universo. En este mismo
año, obtiene el doctorado en filosofía, con una tesis Sobre
el fuego, y luego, con Nueva elucidación de los
primeros principios del conocimiento metafísico, obra de crítica
a la metafísica de Wolff, escrita para obtener el permiso para la
docencia como profesor no titular, inicia la serie de sus escritos propiamente
metafísicos. Entre 1762 y 1764 publica obras que le dan a conocer
como filósofo en Alemania: Investigación sobre la claridad
de los principios de la teología natural y de la moral; La única
prueba posible para demostrar la existencia de Dios; Intento de introducir
en la sabiduría del universo el concepto de las magnitudes negativas.
Es una época de gran actividad intelectual que combina con una intensa
actividad social -a la que dedicaba media jornada, por las tardes-, que
le hace merecer el título de «Maestro elegante», que
llama la atención por la agudeza de espíritu y la profundidad
y amplitud del saber; época a la que se refiere el encendido elogio
de Johann Gottfried Herder, alumno suyo durante varios años, hasta
1764 (ver texto ). En Sueños de un visionario esclarecidos por
los sueños de la metafísica (1766), que escribe contra
el visionario sueco, Emanuel Swedenborg (1689-1772), rechaza definitivamente
el tipo de metafísica, tan alejado de la experiencia, que se practicaba
por aquel entonces, y se inclina ya por una concepción de la filosofía,
de la metafísica -dice- «de la que el destino me ha hecho
enamorarme», como la ciencia de los límites de la razón
humana, y no como un sistema de saber; la filosofía, más
que conocimiento, es para él crítica del mismo.
Por estos años se va extendiendo por Alemania el escepticismo
ilustrado inglés y francés, uno de cuyos principales promotores
es el ya mencionado Christian August Crusius y, a través de él,
conoce Kant las ideas escépticas del empirismo de Hume. A esto hace
probablemente referencia cuando, más tarde, dice Kant que debe a
Hume haberlo despertado «del sueño dogmático»
(ver texto ). Kant se adhiere, pues, a una crítica de la metafísica
que se inspira en Hume, pero no va a admitir sus planteamientos escépticos.
Así, en 1770, con ocasión de pasar a ser, a los 46 años,
profesor ordinario de lógica y metafísica en la universidad
de Königsberg, redacta la llamada Disertación de 1770,
cuyo título es Sobre la forma y los principios del mundo sensible
e inteligible, en la que distingue claramente entre conocimiento sensible
y conocimiento inteligible, de modo que el conocimiento no queda limitado
meramente a la experiencia, debiendo reconocer, por lo mismo, un conocimiento
metafísico que debe justificarse. Aquí empieza la construcción
de la que será llamada filosofía trascendental, edificada
sobre la idea de un sujeto que impone sus condiciones subjetivas a la posibilidad
de que las cosas sean conocidas y pensadas; la «gran luz» que
dice haber percibido hacia el año 1769. Con esta fecha comienza
el llamado «período crítico» que Kant inicia
con un silencio de 10 años, que dedica al análisis de las
objeciones que se le formularon a su propuesta inicial de señalar
las características del conocimiento sensible y del intelectual.
La «gran luz» no es otra que la noción de sujeto trascendental,
o de subjetividad trascendental, a saber, aquella que impone a la materia
del conocimiento la manera o forma de conocer o de representarnos las cosas.
La Crítica de la razón pura, que aparece
en mayo de 1781 (segunda edición en 1787), tras un período
de maduración de 12 años, pero escrita casi a vuela pluma,
en cinco o seis meses, representa la investigación -la crítica-
a la que Kant somete a la razón humana. La obra más fundamental
de Kant despierta escaso interés y los críticos ponen de
relieve su oscuridad y dificultad; poco después, sin embargo, suscita
un enorme interés que la convertirá en el libro que habrá
de cambiar radicalmente la orientación de la filosofía. A
modo de introducción a su obra, publica Kant, en 1783, Prolegómenos
a toda metafísica futura que pueda presentarse como ciencia.
Siguen Idea para una historia general concebida en un sentido cosmopolita
(1784); Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la Ilustración?
(1784); Fundamentación para una metafísica de las costumbres
(1785); Principios metafísicos de la ciencia natural, con
un título que recuerda la obra fundamental de Newton, en el centenario
de su publicación; la segunda edición, en 1787, de la Crítica
de la razón pura; la Crítica de la razón práctica
(1788), cuyo tema es la vida moral del hombre libre, y la Crítica
del juicio (1790), que intenta mediar entre naturaleza y libertad,
o armonizar las dos Críticas anteriores. En 1793, la publicación
de La religión dentro de los límites de la mera razón
(1793) y, luego, de El fin de todas las cosas (1794), obras ambas
sobre filosofía de la religión, es acogida con disgusto por
las autoridades prusianas, en una época en que Federico Guillermo
II (1786-1797) había restringido la libertad de enseñanza
e imprenta, a diferencia de lo hecho por sus antecesores, Federico Guillermo
I, el Rey Sargento (1713-1740) y Federico II el Grande (1740-1786), quienes
habían sido sumamente tolerantes. El emperador ordena a Kant que
se abstenga de tratar de temas religiosos, cosa que promete Kant y que
cumple hasta la llegada del nuevo emperador, Federico Guillermo III, cuando
publica El conflicto de las facultades (1797). Antes había
publicado, en 1795, Por la paz perpetua. En 1797, aparece Metafísica
de las costumbres, obra sobre filosofía del derecho y de la
moral, que hay que distinguir de una anterior Fundamentación
de la metafísica de las costumbres (1785), obra introductoria
a las teorías éticas de la Crítica de la razón
práctica.
En 1796 Kant, a los 73 años de edad y fatigado ya, abandona
la docencia a la que se había dedicado durante cuarenta años,
a lo largo de los cuales había tratado en sus lecciones de la mayoría
de temas que podían entonces enseñarse: lógica, metafísica,
matemática, geografía física, antropología,
pedagogía, filosofía de la historia, filosofía de
la religión, moral y filosofía del derecho. Kant había
seguido la costumbre de utilizar en sus clases manuales que, según
cuentan sus biógrafos, seguía muy a distancia y la mayoría
de las veces para destacar la magnitud de los errores que contenían.
Escribía anotaciones al margen en estos manuales y sólo con
las contenidas en la Metafísica de Baumgarten, utilizada de 1758
a 1796, se publicaron posteriormente dos volúmenes de comentarios
críticos hechos por Kant. De cómo eran estas clases, destaca
J.G. Herder el recuerdo de que Kant «coaccionaba gratamente a pensar
por cuenta propia», idea que concuerda de lleno con la exhortación
de Kant, en su Lógica, según la cual «nadie aprende
a filosofar sino por el ejercicio que cada cual
hace de su propia razón» y en la respuesta que da a ¿Qué
es la Ilustración?, definiéndola como la mayoría de
edad que una época alcanza cuando se atreve a pensar por propia
cuenta. A la par que la actividad escolar, mantuvo también la académica:
fue varias veces decano de la facultad y, por dos veces, rector de la misma.
En 1799 aparecen ya síntomas de decadencia en Kant y éste
abandona la tarea emprendida de revisar toda su obra; le ayuda y ordena
sus papeles su discípulo, amigo y biógrafo Wasianski: la
revisión iniciada pasó a denominarse Opus postumum.
El tema fundamental del conjunto de esta obra es la cuestión del
«paso» de los principios metafísicos de la ciencia de
la naturaleza a los principios empíricos de la física.
Kant murió el 12 de febrero de 1804, pronunciando las palabras:
Es is gut [está bien]. En la lápida de su tumba se
grabaron posteriormente las palabras con que inicia la conclusión
de su Crítica de la razón práctica:
«Dos cosas llenan el ánimo de admiración y respeto, siempre nuevos y crecientes cuanto más reiterada y persistentemente se ocupa de ellas mi reflexión: el cielo estrellado que está sobre mí y la ley moral que hay en mí» (ver texto ).
El pensamiento de Kant: el «giro copernicano» en
filosofía
El sistema filosófico de Kant recibe el nombre general
de «criticismo» o «filosofía crítica»
y se halla expuesto, sobre todo, en las tres obras fundamentales de la
Crítica de la razón pura, Crítica de la
razón práctica y Critica del juicio. Los elementos
introductorios de este sistema los denomina propiamente filosofía
trascendental y los expone Kant, principalmente, en los Prolegómenos
y en la primera de las tres Críticas mencionadas. Por «filosofía
trascendental» entiende el examen a que hay que someter a la razón
humana para indagar las condiciones que hacen posible el conocimiento a
priori, o bien el mero intentar responder a la pregunta de «¿cómo
son posibles los juicios sintéticos a priori?», o a la de
«¿cómo es posible la experiencia?», o bien a
la de «¿cómo es posible la naturaleza?». Kant
dice también que la filosofía trascendental pretende saber
«sólo si es en principio posible alguna cosa parecida a lo
que se llama metafísica».
A fin de entender cualquiera de estas preguntas, planteémonos
las cosas como hace Kant en la introducción a sus Prolegómenos
y en las primeras páginas de la Crítica de la razón
pura. Hume sostuvo que, en lo tocante al conocimiento de las cosas, no
era posible ir más allá de lo que nos dan a conocer los sentidos
y la memoria. Kant supuso que esta manera de argumentar desproveía
de todo fundamento, no sólo a las teorías físicas
de Newton, sino a cualquier conocimiento de la experiencia. Hume centró
su crítica en torno a la cuestión -metafísica por
excelencia- de si podemos pensar alguna relación necesaria y universal
entre los sucesos de la naturaleza, esto es, en torno a la noción
de «causa». No podemos fundamentar su noción -argumenta-
ni en la sola razón ni tampoco en la experiencia; se debe sólo
a una especie de fe irracional basada en la costumbre. No es posible, en
consecuencia, la metafísica. Pero es que tampoco habrá verdadera
física -comenta Kant-, es decir, no podrá haber ninguna ciencia
de la naturaleza o de la experiencia en general, si no es posible fundarla
en un conocimiento causal. A la afirmación de Hume de que no es
posible un conocimiento universal y necesario de las cosas, porque tal
necesidad y universalidad no se hallan en la experiencia, Kant opone la
suposición de que, no pudiendo venir de la experiencia esta necesidad
y universalidad y siendo por lo demás condiciones necesarias de
un verdadero conocimiento, han de ser un elemento a priori del mismo. Pero
amplía el alcance de la afirmación de Hume: no sólo
la idea de causalidad no proviene de la experiencia, sino que de ella no
proviene ninguna de las nociones fundamentales de la metafísica,
de igual forma que ninguna de las nociones fundamentales para entender
la experiencia puede provenir de la misma experiencia; provienen del entendimiento
sin más, de la misma estructura del conocer. Por esto dice Kant
que debe a Hume «el haber salido ya hace muchos años del sueño
dogmático».
Kant determina que, para entender la experiencia (conocimiento a posteriori),
es necesario tener conocimientos que no provengan de la experiencia (conocimiento
a priori): «aunque todo nuestro conocimiento empiece con la experiencia,
no por eso procede todo él de la experiencia» (ver texto ).
Sólo así puede tener el conocimiento empírico aquellas
condiciones que exige el verdadero conocimiento (universalidad y necesidad)
y que la sola experiencia no puede otorgar. Esto equivale a un cambio de
método y a afirmar que no es el entendimiento el que se deja gobernar
por los objetos, sino que son éstos los que se someten a las leyes
del conocimiento impuestas por el entendimiento humano: un «giro
copernicano», según suele decirse, un cambio de 180 grados,
una perspectiva radicalmente nueva. Según Kant, este planteamiento
sólo es parcialmente nuevo en la historia, porque un planteamiento
similar se hizo en la matemática, en tiempos de Euclides, y en las
ciencias de la naturaleza, en tiempos de Galileo (ver texto ). Las matemáticas
griegas fundaban su certeza en la construcción de la figura que
el geómetra concebía en su mente; la ciencia moderna funda
su innovación en el hecho de que es ella la que interpela a la naturaleza
mediante sus hipótesis. En uno y otro caso, «la razón
sólo reconoce lo que ella misma produce según su proyecto».
Igual ha de hacer la filosofía si ha de progresar como ciencia,
y ha de hacerlo en un doble plano: en el de la sensibilidad y en el del
entendimiento (ver texto ). Por la primera son dados los objetos a la experiencia
humana, por la segunda son pensados. En uno y otro nivel ha de haber conocimiento
a priori, de modo que «sólo conocemos a priori de las cosas
lo que nosotros mismos ponemos en ellas». En esto consiste el giro
copernicano del pensamiento, que debe hacerse en filosofía a ejemplo
de la intuición de Copérnico: si éste, para explicar
los movimientos celestes, entendió que era mejor suponer que era
el hombre espectador quien giraba, de manera parecida Kant cree que, en
el supuesto de que sean los objetos los que se regulan por la manera como
los conocemos y no al contrario, se explica mejor que lleguemos a conocerlos
de un modo necesario y universal. A la filosofía le incumbe, pues,
como primer objetivo averiguar si, antes de toda experiencia, es capaz
de conocer algo aplicable a todo objeto de la experiencia. El tipo de conocimientos
a priori a que se refiere Kant es el que ponen de manifiesto los juicios
sintéticos a priori.
La hipótesis que plantea Kant es, pues, si existen juicios sintéticos
a priori (ver texto ). Pero puesto que las matemáticas y la física
se consideran verdadero conocimiento, la pregunta se transforma en cómo
son posibles los juicios sintéticos a priori en estas dos ciencias.
Por otro lado, el verdadero conocimiento en general se logra a través
de la sensibilidad y del entendimiento, por lo que, coordinando estos diversos
pero coincidentes objetivos, el plan de trabajo de la Crítica de
la razón pura se dispone en los siguiente niveles:
1) a: ¿Qué condiciones a priori supone el conocimiento
sensible? b: ¿Cómo son posibles los juicios sintéticos
a priori en la matemática?2) a: ¿Qué condiciones a
priori supone el conocimiento intelectual?b: ¿Cómo son posibles
los juicios sintéticos a priori en la física? Demostrando,
tanto para el primer punto como para el segundo, que hay elementos a priori
(A: exposición metafísica) y que tales elementos son condiciones
de posibilidad de todo juicio sintético a priori (B: exposición
trascendental), Kant se plantea si también para la metafísica,
y para la razón pura, existen elementos a priori con los que puedan
formarse juicios sintéticos a priori. Debe añadir, por tanto,
una tercera pregunta:3) a: ¿Hay elementos a priori de la razón
pura? b: ¿son posibles los juicios sintéticos a priori en
metafísica? Las respuestas son afirmativas para la primera
y la segunda parte, y negativa para la tercera. La filosofía trascendental
no tiene más remedio que reconocer los límites de la razón
humana; ignorarlos es caer en las redes engañosas de la metafísica
«natural». Por ello, estas tres preguntas pueden enunciarse
de otra (cuádruple) manera: 1) ¿Cómo es posible la
matemática pura? 2) ¿Cómo es posible la ciencia natural
pura? 3) ¿Cómo es posible la metafísica como disposición
natural? 4) ¿Cómo es posible la metafísica como ciencia?
Kant responde a la pregunta (1) en la estética trascendental;
a la pregunta (2) en la analítica trascendental y, a las preguntas
(3) y (4) en la dialéctica trascendental; las tres partes fundamentales
en que se divide conceptualmente la Crítica de la razón pura
(ver gráfico).
Crítica de la razón pura, Doctrina trascendental del método,
A 805 / B 833 (Alfaguara, Madrid 1988, 6ª ed., p. 630) Ahora
bien, si la Crítica de la razón pura responde a la primera
de las grandes preguntas que se formula Kant (¿qué puedo
saber?), las otras las intenta contestar en la Crítica de la razón
práctica, en la Crítica del juicio, y en el resto de sus
obras, en las que aborda los
grandes temas de la filosofía. Para una explicación de
estos temas ver los contenidos de los términos relacionados, y ver
gráfico.
Obras
Obras de Kant
Gesammelte Schriften (Obras completas), edición iniciada por la Real Academia Prusiana (luego alemana) de Ciencias; 1º y 2ª parte (tomos I-XIII): Obras; 3ª parte (tomos XIV-XXIII): Cartas; 4ª parte (tomos XXIV-XXIX) Cursos; 5ª parte (tomos XXXs): no publicados.
Principales traducciones al castellano:
Crítica de la razón pura y Prolegómenos a toda
metafísica futura, El Ateneo, Buenos Aires 1950.
Prolegómenos, Aguilar, Madrid 1959, 2ª ed.
Por qué no es inútil una nueva crítica de la razón
pura, Aguilar, Madrid 1961.
La Dissertatio de 1770, CSIC, Madrid 1961 (ed. bilingüe).
Filosofía de la historia, Nova, Buenos Aires 1964; FCE, México
1978.
El conflicto de las facultades, Losada, Buenos Aires 1963.
Cimentación para la metafísica de las costumbres, Aguilar,
Madrid 1968, 3ª ed.
Crítica del juicio, Losada, Buenos Aires 1968, 2ª ed.
Crítica de la razón práctica, Losada, Buenos Aires
1977, 4ª ed.
Introducción a la teoría del derecho, CEC, Madrid 1978,
2ª ed.
Fundamentación de la metafísica de las costumbres, Espasa
Calpe, Madrid 1981, 7ª ed.
La religión dentro de los límites de la mera razón,
Alianza, Madrid 1982, 2ª ed.
Transición de los principios metafísicos de la ciencia
natural a la física, Nacional, Madrid 1982.
Lo bello y lo sublime. La paz perpetua, Espasa Calpe, Madrid
1982, 7ª ed.
Crítica de la razón pura, Alfaguara, Madrid 1988, 6ª
ed.
La metafísica de las costumbres, Tecnos, Madrid 1994, 2ª
ed.
Diccionario de filosofía en CD-ROM. Copyright © 1996-98. Empresa Editorial Herder S.A., Barcelona. Todos los derechos reservados. ISBN 84-254-1991-3. Autores: Jordi Cortés Morató y Antoni Martínez Riu.