Bibliografía                                         Antología                                                        (Página creada por Pedro Soto)    

Tomás de Iriarte

Bibliografía. Nació en el Puerto de la Cruz de Orotava (Canarias) el 18 de septiembre de 1750. Aún joven, pasó a Madrid, donde le educó su tío D. Juan de Iriarte. Fue oficial traductor de la Secretaría de Estado y archivero del Consejo Supremo de la Guerra. Amigo de los autores más destacados de su época, Iriarte concurrió a la tertulia de la Fonda de San Sebastián y tomó parte en vigorosas polémicas contra Sedano, Huerta y Forner. Hizo traducciones del teatro francés, del Arte poética de Horacio y de parte de la Eneida. Compuso comedias, un poema didáctico (La Música) y poesías líricas; pero la obra más conocida de Iriarte son las Fábulas literarias (1782), de cuya originalidad se enorgullecía especialmente. Fue procesado por la Inquisición en 1786. Murió de gota, en Madrid, el 17 de septiembre de 1971.

 
 Antología de fábulas  

EL BURRO FLAUTISTA (Sin reglas del arte, el que en algo acierta, acierta por casualidad.)

Esta fabulilla,

salga bien o mal,

me ha ocurrido ahora

por casualidad.

Cerca de unos prados

que hay en mi lugar,

pasaba un borrico

por casualidad.

Una flauta en ellos

halló, que un zagal

se dejó olvidada

por casualidad.

Acercóse a olerla

el dicho animal,

y dio un resoplido

por casualidad.

En la flauta el aire

se hubo de colar,

y sonó la flauta

por casualidad.

«¡Oh!» dijo el borrico;

«¡qué bien sé tocar!

¡Y dirán que es mala

la música asnal!»

Sin reglas del arte,

borriquitos hay

que una vez aciertan

por casualidad.
 
 

LA ARDILLA Y EL CABALLO (Algunos emplean en obras frívolas tanto afán como otros en las importantes.)

Mirando estaba un ardilla

a un generoso alazán,

que dócil a espuela y rienda,

se adiestraba en galopar.

Viéndole hacer movimientos

tan veloces y a compás,

de aquesta suerte le dijo

con muy poca cortedad:

«Señor mío,

de ese brío,

ligereza

y destreza

no me espanto,

que otro tanto

suelo hacer, y acaso más.

Yo soy viva,

soy activa,

me meneo,

me paseo,

yo trabajo,

subo y bajo,

no me estoy quieta jamás.»

El paso detiene entonces

el buen potro, y muy formal

en los términos siguientes

respuesta a la ardilla da:

«Tantas idas

y venidas,

tantas vueltas

y revueltas

(quiero, amiga,

que me diga),

¿son de alguna utilidad?

Yo me afano:

mas no en vano.

Sé mi oficio,

en servicio

de mi dueño,

tengo empeño

de lucir mi habilidad.»

Conque algunos escritores

ardillas también serán

si en obras frívolas gastan

todo el calor natural.
 
 

EL TÉ Y LA SALVIA (Algunos sólo aprecian la literatura extranjera, y no tienen la menor noticia de la de su nación.)

El té, viniendo del imperio chino,

se encontró con la salvia en el camino.

Ella le dijo: «Adónde vas, compadre?»

«A Europa voy, comadre,

donde sé que me compran a buen precio.»

«Yo», respondió la salvia, «voy a China,

que allá con sumo aprecio

me reciben por gusto y medicina.

En Europa me tratan de salvaje,

y jamás he podido hacer fortuna.»

«Anda con Dios. No perderás el viaje,

pues no hay nación alguna

que a todo lo extranjero

no dé con gusto aplausos y dinero.»

La salvia me perdone,

que al comercio su máxima se opone.

Si hablase del comercio literario,

yo no defendería lo contrario,

porque en él para algunos es un vicio

lo que es en general un beneficio;

y español que tal vez recitaría

quinientos versos de Boileau y el Tasso,

puede ser que no sepa todavía

en qué lengua los hizo Garcilaso.
 
 

EL GATO, EL LAGARTO Y EL GRILLO (Por más ridículo que sea el estilo retumbante, siempre habrá necios que le aplaudan, sólo por la razón de que se quedan sin entenderle.)

Ello es que hay animales muy científicos

en curarse con varios específicos,

y en conservar su construcción orgánica,

como hábiles que son en la botánica,

pues conocen las hierbas diuréticas,

catárticas, narcóticas, eméticas,

febrífugas, estípticas, prolíficas,

cefálicas también y sudoríficas.

En esto era gran práctico y teórico

un gato, pedantísimo retórico,

que hablaba en un estilo tan enfático

como el más estirado catedrático.

Yendo a caza de plantas salutíferas,

dijo a un lagarto: «¡Qué ansias tan mortíferas!

Quiero por mis turgencias semihidrópicas

chupar el zumo de hojas heliotrópicas.»

Atónito el lagarto con lo exótico

de todo aquel preámbulo estrambótico,

no entendió más la frase macarrónica

que si le hablasen lengua babilónica;

pero notó que el charlatán ridículo,

de hojas de girasol llenó el ventrículo,

y le dijo: «Ya, en fin, señor hidrópico,

he entendido lo que es zumo heliotrópico.»

¡Y no es bueno que un grillo, oyendo el diálogo,

aunque se fue en ayunas del catálogo

de términos tan raros y magníficos,

hizo del gato elogios honoríficos!

Sí; que hay quien tiene la hinchazón por mérito,

y el hablar liso y llano por demérito.

Mas ya que esos amantes de hiperbólicas

cláusulas y metáforas diabólicas,

de retumbantes voces el depósito

apuran, aunque salga un despropósito,

caiga sobre su estilo problemático

este apólogo esdrújulo-enigmático.
 
 

EL ESCARABAJO (Lo delicado y ameno de las buenas letras no agrada a los que se entregan al estudio de una erudición pesada y de mal gusto.)

Tengo para una fábula un asunto,

que pudiera muy bien... pero algún día

suele no estar la musa muy en punto.

Esto es lo que hoy me pasa con la mía;

y regalo el asunto a quien tuviere

más despierta que yo la fantasía;

porque esto de hacer fábulas requiere

que se oculte en los versos el trabajo,

lo cual no sale siempre que uno quiere.

Será, pues, un pequeño escarabajo

el héroe de la fábula dichosa,

porque conviene un héroe vil y bajo.

De este insecto refieren una cosa:

que, comiendo cualquiera porquería,

nunca pica las hojas de la rosa.

Aquí el autor con toda su energía

irá explicando, como Dios le ayude,

aquella extraordinaria antipatía.

La mollera es preciso que le sude

para insertar después una advertencia

con que entendamos a lo que esto alude;

y según le dictare su prudencia,

echará circunloquios y primores,

con tal que diga en la final sentencia

que así como la reina de las flores

al sucio escarabajo desagrada,

así también a góticos doctores

toda invención amena y delicada.
 
 

SONETO Tres potencias bien empleadas en un caballerito de estos tiempos

Levántome a las mil, como quien soy.

Me lavo. Que me vengan a afeitar.

Traigan el chocolate, y a peinar.

Un libro... Ya leí. Basta por hoy.

Si me buscan, que digan que no estoy...

Polvos... Venga el vestido verdemar...

¿Si estará ya la misa en el altar?...

¿Han puesto la berlina? Pues me voy.

Hice ya tres visitas. A comer...

Traigan barajas. Ya jugué. Perdí...

Pongan el tiro. A campo, y a correr...

Ya doña Eulalia esperará por mí...

Dio la una. A cenar, y a recoger...

«¿Y es éste un racional?» «Dicen que sí.»