Juan Eugenio Hartzenbusch
(Madrid, 1806-1880)
 

Dramaturgo madrileño. Hijo de un ebanista alemán, compaginó sus aficiones literarias con el trabajo en el taller paterno tras concluir en 1822 sus estudios en el Colegio de San Isidro de Madrid, regentado a la sazón por la Compañía de Jesús. De su trabajo como ebanista, quiere la tradición que sea muestra parte de la sillería del Senado que, al parecer, fue encargada al taller de su padre en los años en los que aún trabajaba allí. Su carrera literaria se inició de forma fulgurante tras el estreno de Los Amantes de Teruel en 1837. No obstante, para entonces ya había estrenado El amo criado, refundición de Rojas estrenada en 1829 y Las hijas de Gracián Ramírez (1831), refundición de La restauración de Madrid de Manuel Fermín de Laviano que le había encargado un empresario y que fue un rotundo fracaso.
Tenaz y voluntarioso, a la vez que trabajaba, había estudiado el joven francés e italiano y comenzó a traducir y adaptar obras por cuenta propia. También estudió taquigrafía, lo que le llevó al mundo del periodismo, ingresando en 1834 en la redacción de la Gaceta de Madrid y cuatro años más tarde, en el Diario de Sesiones del Congreso. Desde 1847, perteneció a la Real Academia. Para entonces ya trabajaba en la Biblioteca Nacional como Oficial Primero (1844) llegando a ser director de dicha entidad hasta si jubilación. Entre medias ocupó la dirección de la Escuela Normal de Madrid desde 1854. Colaboró también en la edición de la Biblioteca de Autores Españoles prolongando las obras de Lope de Vega y Calderón de la Barca, y dirigiendo la edición de Teatro  Escogido de Tirso de Molina, también realizó una edición del Quijote.
Los Amantes de Teruel, reelabora una tradición de turolense, que Cotarelo ya reconoció como falsa y procedente de uno de los cuentos del Decameron, que ya habían tratado dramáticamente Rey de Artieda, Tirso de Molina, Pérez de Montalban y el inefable Comella. El argumento desarrolla los amores de Isabel de Segura y Diego Marcilla, prometidos desde la infancia y enamorados que ven su boda estorbada por el padre de la novia alegando los escasos bienes del novio, ante esta situación Marcilla decide salir de Teruel para ganarse la vida como soldado de fortuna al servicio del rey moro de Valencia. Los enamorados  se un plazo de espera, cumplido el cual se deshará el compromiso si Marcilla no regresa. El joven se ve atacado en el camino de regreso por unos bandoleros y llega tarde a Teruel, a tiempo solo de recoger el último beso de su amada y morir al mismo tiempo que ella.
El drama de Hartzenbusch conoció, día después del estreno, varias refundiciones del propio autor, deseoso tanto de corregir los que consideraba defectos de sus obras como de adaptarla a los gustos del público alejándose de las exageraciones de la llamada “fiebre romántica”.
Su obra además de Los amantes de Teruel, está integrada por los dramas y comedias de carácter histórico Doña Mencia o la boda de la Inquisición (1838) Alfonso el Casto (1841); La Jura de Santa Gadea en 1846; el mal apóstol y el buen ladrón (1860)...

LA ROSA AMARILLA
 

Amarilla volvióse
la rosa blanca,
por envidia que tuvo
de la encarnada.
 

Teman las niñas
convertirse de blancas
en amarillas.
 

LOS MANDAMIENTOS DE ESPAÑA
 

Dicen que locos y niños
hablan siempre la verdad:
la lengua de un niño loco
debe ser la más veraz.
Un niño demente había,
que en medio de achaque tal,
iba, sin embargo, dócil
a la escuela del lugar.
El maestro que observó
que era el loco algo capaz,
quiso que de la doctrina
supiese lo principal.
--¿Cuáles son, le preguntaba
un día para probar,
los mandamientos de Dios
que rigen la cristiandad?
--A los hombres, dijo el chico,
diez impuso en general,
y después a las naciones
otros en particular.
    Dios manda que España tenga
trono firma y libertad,
montes, caminos, marina...
Y el peñón de Gibraltar.
 

 EL USO DE LA LIBERTAD
 

“¡Viva la libertad!” Así qritaban
juntos con recia voz por largo rato,
al verse libre de su duro encierro,
una marmota, un gato,
un colorín y un perro,
que antes en su cortijo suspiraban,
víctimas del poder y los caprichos
de un labrador aficionado a bichos.
---¿Qué se hace, compañeros?,
Preguntó el colorín, pues es costumbre
de bestias ala vez y caballeros
que el promotor de las cuestiones sea
la cabeza más ruin de la asamblea.
Yo, prosiguió diciendo muy ufano,
puesto que terminó la servidumbre,
y en ella me enseñaban varios sones,
quiero desde hoy con ellos al tirano
silbar, y confundirle a maldiciones.
---Yo, dijo la marmota,
buscaré un agujero
para dormir en él un año entero.
---Aquí, el gato exclamó, según se nota,
por los collados hay y los ejidos
multitud de conejos y de nidos:
ya que se me presentaban buena traza,
contrabandista me hago de la caza.
---Yo, prorrumpió sagaz el perdiguero,
como que libre y suelto bien me lamo,
voy libremente a ver si encuentro un amo.
 

¡De tan indigno modo
Empleó la cuadrilla emancipada
la libertad dulcísima anhelada!
Para las almas nobles ella es todo;
para egoístas, nada.



Texto: Mª Carmen Sanz. 2º de Humanidades. Universitat Jaume I de Castelló. España.
 


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