ENRIQUE GIL Y CARRASCO
 

UNA GOTA DE ROCIO
Gota de humilde de rocío
Delicada,
Sobre las aguas del río Tema: el amor incierto o pasajero.
Columpiada; Motivo: la gota de rocío.
La brisa de la mañana Métrica: 8-4-11 rima consonante.
Blandamente,
Como lágrima temprana
Transparente,
Mece tu bello arrebol
Vaporoso
Entre los rayos del sol
Carifíoso.
¿Eres, di, rico diamante
De Golconda,
Que, en cabellera flotante
Dulce y blonda,
Trajo una Sílfide indiana
Por la noche,
Y colgó en hoja liviana
Como un broche?
¿Eres lágrima perdida,
Que mujer
Olvidada y abatida
Vertió ayer?
¿Eres alma de aldm nffio
Que murió,
Y que el materno cariño
Demandó?
¿O el gemido de expírante
Juventud,
Que traga pura y radiante
El ataúd?
¿Eres tímida plegaria
Que alzó al viento
Una virgen solitaria
En un convento?
¿O de amarga despedida
El triste adiós,
Lazo de un alma partida.
¡Ay!, entre dos?
Quizá tu frágil belleza,
Quizá tus dulces colores
Tus cambiantes y pureza,
Y tu esbelta gentileza,
Tus fantásticos albores,
Son imágenes risueñas
De contento y de ventura;
Son citas de una hermosura,
Son las tintas halagüefías
De alguna mañana pura.
Que acaso bella te alzaste
Entre el cantar de las aves,
Y magnífica ostentaste
Tu púrpura y oro suaves,
Y con ellos te ensalzaste,
Que acaso en cuna de flores
Viste la lumbre del día,
Y blando soplo de amores
Te llevó una noche umbría
En sus alas de colores.
Yen la rama suspendida
De un almendro floreciente
Oíste trova perdida,
En el perfumado ambiente
 

Por los ecos repetida.
Ruisefíor enamorado
Cantaba encima de ti,
Y junto al tronco arrugado
Oíste un beso robado
A unos labios de rubí.
Misterios, y colores, y armonías,
Encierras en tu seno, dulce ser,
Vago reflejo de las glorias mías,
Tímida perla que naciste ayer.
Pero es tan frágil tu existencia hermosa
Y tu espléndida gala tan fugaz,
Que es un vapor tu púrpura vistosa,
Que quiebra el ala de un insecto audaz.
Mafíana ¿qué será de tus encantos,
De tus bellos matices, pobre flor?
No habrá pesares para ti, ni llantos,
Ni más recuerdo que mi triste amor.
si tu vida fue un soplo de ventura,
Si reflejaste el celestial azul,
No caígas, no, sobre esta tierra impura
Desde tu verde tronco de abedul.
Pídele al sol que con su rayo ardiente
Disipe por los aires tu vivir,
0 a un pájaro de pluma reluciente
Que recoja en su pico tu zafír.
Que no naciste tú para este suelo,
Para trocar en lodo tu beldad;
Tú, más baja que espíritu del cielo,
Más alta que la humana vanidad.
Quédate ahí pendiente de tu rama,
Cual blanco mensajero de oración,
Que sólo el verte la esperanza inflama
Y alienta al quebrantado corazón.
Quizá al pasar un ángel solitario
Te cubrirá con su ala virginal...
Si caes envolvería frío sudario
Tu forma vaporosa y celestial.
 
 
 
 

LA CAIDA DE LAS HOJAS
Hojas del árbol caídas,
Juguetes del viento son:
Las ilusiones perdidas Tema: pérdida de la ilusión/esperanzas.
¡Ay!... son hojas desprendidas Motivo: la caída de las hojas.
Del árbol del corazón. Métrica: 11-6 rima consonante.
Espronceda
Caed, hojas, caed; y mi esperanza
Ya sin verdor llevad:
Venid vientos de otoño, sin tardanza
Su encanto arrebatad.
¡Oh! , de esta vez
El invierno más triste llegará;
Que el corazón perdió el aroma ya
De la feliz niñez;
Caed, hojas, caed.
Mis ilusiones, ¡ay!, amarillentas
Perdieron el verdor,
Que mostraban del día soñolientas
Al matinal albor.
S61o el ciprés
Con hojas queda en medio del arclín;
Mas nunca hará su nido el colorín
Allá en su lobreguez;
Caed, hojas, caed.
De mi laúd las últimas canciones
Marchitas volarán
Con vuestras esmeraldas y festones
Que lleva el huracán.
Con su jaez,
Desnudo de colores y arrebol,
Vestirá del enero el turbio sol
Su amarga viudez;
Caed, hojas, caed.
¿Quién sabe dónde vais, hojas galanas
Que orlábaís el pensil
Al murmurar las ráfagas tempranas
Del céfiro de abril?
Fue vuestra red
Magnífico palacio a mi ilusión,
Que de fe henchía el joven corazón.
¡Ay!, hojas, responded:
Mas no, caed, caed.
Yen alas de los vientos del otoño
Doradas hojas id,
Ydel sol del abril en el retoño
Segunda vez lucid,
Que ya no volveré,
Mustia yedra que el viento derribó,
A vestir de un alcázar que se hundió
La colosal pared:
Caed, hojas, caed:
Fresca y leve guirnalda de los años,
¡Qué lección ofrecéis a nuestros ojos!
¿Pasan así del hombre los engaños,
Pálida flor, que morirá entre abrojos?
Son hojas el poder y la grandeza;
Hojas también amores y belleza,
Y hojas, en fin, las hojas de la historia.
Frágiles son los árboles de vida,
Que en el Edén no mecen su follaje;
Y al soplo de la muerte sacudida
Pierde su copa el delicado encaje.
Los godos ensalzaron a Toledo,
Y con sus fiestas la pobló Rodrigo.
¿Sefíalaría un ángel con el dedo
Dó fue el alcázar del placer testigo?
Los árabes danzaban en la Alhambra
Al son de sus metálicos lelíes
Los mágicos compases de la zambra
De los abencerrajes y zegríes.
El árbol de su pompa despojaron
Los vientos de Aragón y de Castilla,
Y náufragas sus hojas hacinaron
Del africano mar junto a la orilla.

¡Oh!, si esa mar con encumbrado vuelo
Rauda cruzara la encendida mente!
¡Si el sol de los desiertos desde el cielo
Fulminara su luz sobre mí frente!
Debajo el manto de su arena roja
¡Cuántas hundidas glorias no encontrara!
¡Cuánta huella gigante en su congoja
Mi desolada planta no borrara!
Hojas del árbol de la humana alteza,
¡Babilonia! ¡Persépolis! ¡Palmira!
En polvo vuestra pompa y gentileza
Con el turbión de los desiertos gira.
Las piedras ve rodar del Capitolio
Roma vuestra señora deshojada,
Sin que vea las menguas de su solio
La púrpura imperial despedazada.
Árbol de libertad, corona un día
De esa Polonia que canté por triste.
Santa ilusión de gloria y alegría,
¿De tu verdura sin igual, qué hiciste?
El huracán desnudo te ha dejado,
Y circundó su tronco de miseria,
Tus bellas hojas, ¡ay!, han alfombrado
Los páramos incultos de Siberia.
Los bosques que en el Vístula se miran,
Blandos al soplo del abril se mecen;
Pero las dulces auras que suspiran
El árbol que murió no reverdecen.
Roma, la prostituta corrompida,
Vio agotarse su flor entre los vicios:
Y el templo de Persépolis hundida
Entornó a la virtud los áureos quicios.
Ycayó por cobarde Babilonia
Con sus murallas, fiestas y pensiles;
Mas tú, infeliz magnánima Polonia,
¿Dó escondes el laurel de tus abriles?
Crímenes y virtud juntos descansan
¡Oh mi Dios!, en la noche de la huesa:
Y las mortales ráfagas amansan

Sólo al cruzar por su tiniebla espesa.
Árbol es, ¡ah!, la gloria de este mundo,
Que en el otoño pierde su' beldad,
Y un huracán lo azota furibundo
Que sopla de la oscura eternidad.
Mas si pasan las naciones
Y los fuertes, sin espada,
Van por desiertas regiones;
Si ha perdido sus blasones
La virtud abandonada;
¿Qué eres tú, esperanza mía,
Del agosto exhalación,
A quien por frágil quería,
Y que en mi engaño fingía
De perpetua duración?
¿Qué eres tú que enchiste en alma
De zozobras y. de encanto,
De dulcísimo quebranto,
Cuando te cedí mi calma
Y me dejaste el llanto?
Era mi amor dulce nido
Colgado en tan frágil hoja,
Que con el viento ha caído,
Y yo, ¡triste!, le he perdido
Por no haber quien le recoja.
Sombra de la clara fuente,
Do los pájaros cantaban;
Do yo canté blandamente
Cuando las brisas volaban
Del estío por mi frente;
Tus plantas desnudas hoy
Con susurros no acompañan
Las quejas que al viento doy,
Y zarzas sólo enmarañan
El camino por do voy.
Cuando tornen a su canto
Las aves en primavera
Y el abril tienda su manto

De flores por la pradera,
Borrando huellas de llanto;
¿Me volverá a mí las flores,
Vírgenes de juventud?
Y sus dulces ruiseñores
¿Volverán a mi laúd
El cantar de los amores?
Hojas de mi gloria, el nido
Con vosotras ha volado
A los campos del olvido,
Y sólo yo lo he llorado,
Porque s6lo lo he querido.
Y nunca más tornará
De tan opacas regiones...
Adiós, célicas visiones!
Que el alma ha perdido ya
La fe de las ilusiones.
Hojas doradas, últimas, queridas,
Que mi amor cariñosas amparasteis;
Que de encanto y placer estremecidas
A sus pasadas trovas murmurasteis:
Hojas que, como yo, volar le visteis
Y que sin Mí le seguiréis en breve,
Que entonces mi dolor compadecisteis;
Veladle, ¡ay, Dios!, con vuestro manto leve.
Veladle: y, tristemente susurrando,
«El poeta, decidle, nos envía,
Que en tinieblas sin fin se qued6 allá,
Su amor, su pena, y soledad cantando:
Mas canta, blanco cisne, en su agonía:
Y su cítara en breve callará! »
 
 

UN RECUERDO DE LOS TEMPLARIOS
Yo vi en mi infancia descollar al viento Tema: anhelo de la vida honrosa e inmortal.
De un castillo feudal la altiva torre, Motivo: los templarios.
Y medité sentado a su cimiento Métrica: 11(endecasílabos) rima consonante.
Sobre la edad que tan liviana corre.
Joven ya, y pensativo, y solitario,
La misma idea esclavizó mi mente,
Y del desierto alcázar del templario
En los escombros recliné la frente.
Un tiempo vi de lustre y poderío
Escrito en deleznables caracteres,
Porque pasó el honor y antiguo brío,
Como liviana pompa de mujeres.
Pasó porque era puro, y grande, y noble,
Y por eso escupió en su frente al mundo,
Que de gloria y virtud corona doble
No sientan bien en su pantano inmundo.
De su pujanza y fama esclarecidas
Algunas cruces quedan conservadas,
Unas por las murallas esparcidas,
Otras en las ruinas sepultadas.
También nos queda un cristalino río,
Que allá en su juventud azul y puro
Velaba con vapores y rocío
El yerto pie de su gigante muro;
Y que hoy, más generoso que los hombres,
Enfrena al paso su veloz corriente,
En homenaje a los pasados nombres,
En homenaje a la olvidada gente.
Esto queda y no más de los blasones
Con que ornaron el mundo los templarios,
Y la yedra y sus lúgubres festones
Son hoy de sus cadáveres sudarios.
Pero flota en los mares de la muerte
Como encantada nave su memoria,
Porque es su nombre levantado y fuerte
Y colosal su portentosa historia.
Quizá sobre la losa de la tumba
Se ostenta el mundo libre y generoso,
Y la verdad sonora al fin retumba
En el silencio del final reposo.
Así dormid en paz, i oh caballeros!,
Dormid en paz el sueño de la muerte,
Graves, y silenciosos, y severos,
Al amparo del mundo y de la suerte.
Porque en el mundo fuisteis peregrinos,
Y lúgubres pasasteis e ignorados,
Y de nieblas vistieron los destinos
Vuestro blasón de nobles y soldados.
No alcanzó el mundo su gigante altura
Y os coronó la frente de mancilla...
Dormid en la callada sepultura,
Paladines hidalgos de Castilla;
Que tal vez por su noche tenebrosa
Pasará el sol que iluminó esplendente
La templaria bandera victoriosa,
Que guarecía la invencible gente.
Grandes y puros fuisteis en la vida,
Grandes también os guardará la huesa,
Porque es para una raza esclarecida
Mágico prisma su tiniebla espesa.
Bien estáis en la tumba, los templarios,
Porque si abrierais los oscuros ojos,
Y otra vez por el mundo solitarios
De la vida arrastraseis los enojos,
Tanto baldón, y mengua, y desventura
Vierais en él, y tanta hipocresía,
Que la seca pupila en su amargura
Otra vez a la luz se cerraría.
No parece sino que con vosotros
Todo el honor y lealtad llevasteis,
No parece sino que con nosotros
Todo el, oprobio y vanidad dejasteis.
Porque en el día irónicos y secos,
Y menguados arrástrense los hombres
Para llenar sus corazones huecos
Del oropel mentido de sus nombres.
Pasó la fe y con ella la inocencia,
Y el candor que doraba vuestros años,
Pasó la dulce flor de la existencia
Cual para la niñez con sus engaños.
Hoy las ideas de entusiasmo y gloria
Ceden el puesto a viles intereses,
Y crecen en el campo de la historia
Sobre la tumba del honor cipreses.
Y todo sentimiento generoso
Vilipendiado rueda por el suelo,
Y la fuerza, cual bárbaro coloso,
Vela del mundo el funeral desvelo.
En vez del corazón la mente late,
Tibia la sangre y pálida circula;
Si un rey a su nación lleva al combate,
Sobre la muerte y destrucción calcula;
¿Dó están vuestros escudos, caballeros,
La lanza que en los aires rielaba,
Los vistosos pendones tan ligeros,
Que el moribundo sol tornasolaba?
¿A dónde fueron las templarios cruces
Que un día vio Jerusalén divina,
Y que bañaban con cambiantes luces
La arena de la ardiente Palestina?
¿Dó está el batir sonoro de las. palmas
De tantos melancólicos cautivos,
Que por merced de sus sublimes almas
Ví an del sol los resplandores vivos?
¿Dónde encuentran amparo las mujeres?
El huérfano ¿dó encuentra valedores?
¿Dó la cabeza los dolientes seres
Reclinan por descanso a sus dolores?
Poblada soledad es hoy el mundo,
Pantano que abril viste de guirnaldas,
Abismo melancólico y profundo
Coronado de aromas y esmeraldas.
Por eso vuestras palmas y laureles
Silbó con su raquítica garganta,
Y amontonó mentiras y oropeles
Para borrar vuestra soberbia planta.
Para baldón y vergüenza
La juventud hoy comienza
Do paró vuestra vejez;
Mas, ¡ah! , que en nosotros falta
Vuestra hidalguía tan alta,
Y fama, y valor, y prez.
Y falta vuestra inocencia
Y pundonor, y creencia
Y religiosa piedad,
Y vaga el hombre inseguro
Por el crepúsculo oscuro
De la duda y vanidad.
Y no hay estrella en sus mares,
Ni esperanza en sus cantares,
Nien su mente porvenir,
Porque el mundo que le engaña,
En su corazón empana
El espejo del sentir.
Que en la juventud florida
Bella y desapercibida,
El ánima virginal,
En busca va de los hombres,
Fascinada con sus nombres.
Y su apariencia leal.
Yángeles ve en las mujeres
Y amor, y luz, y placeres,
En la senda del vivir,
Y por su mágico prisma
Mira el mundo que se abisma,
Y piensa que va a dormir.
Yentonces, fuertes caudillos,
Vuestros ánimos sencillos
El alma comprende y ve,
Como en mi dorada infancia
Vuestra gótica arrogancia
Cándido y puro alcancé.
Mas, ¡ay de mí! , los paisajes,
Los cambiantes y celajes
De la rica juventud
 

Son no más lánguidos sones,
Que arrancan los aquilones
De un amoroso laúd.
Porque llega el desencanto
En las noches de quebranto,
Y con su mano glacial
Descorre triste y severo,
El pabellón hechicero,
Fantástico y celestial
De la vida engafíadora,
Que con falsa lumbre dora
Las nieblas del porvenir,
Y como encantado velo,
Sobre nosotros un cielo
Despliega de oro y zafir.
¡Pobres dichas juveniles,
Tan lozanas y gentiles,
De tan suave y puro albor!
¿Por qué sois mentira sólo
Y encubridoras del dolo
Del universo traidor?
¿Por qué la edad de pureza,
De pasión, y de belleza
No ha de engañar también,
Y robarnos el sosiego,
Ycon su aliento de fuego
Quemar la cándida sien?
¡Ay! , cuando desencantados,
Náufragos y derrotados,
Pisamos la orilla, al fin,
De sus mares turbulentos
Con celajes macilentos
En su nublado confín,
Sin amor, sin esperanza,
Ni gloria, ni bienandanza,
Que allá en su seno se hundió,
Y en lugar de la hermosura,
Y en lugar de la ventura,
Que la juventud sonó,
Vemos arenal tendido,
Y pálido y desabrido,
Que es forzoso atravesar,
Sin árboles ni verdura,
Sin una corriente pura
Donde la sed apagar.
¿Qué es lo que entonces encierra
La desnuda y seca tierra
De esperanza y de placer?
¿Qué visiones luminosas,
Infantiles y vistosas
Pueden, ¡ay!, aparecer?
Aparecen amarillos
Sin fosos y sin rastrillos,
Centinela ni pendón,
Vuestros alcázares nobles
Con reminiscencias dobles
De hidalguía y religión:
Monumentos inmortales,
Que envueltos en los cendales
De verde yedra se ven;
Islas que en el mar de olvido
Con ademán atrevido
Levantan la antigua sien;
Maravillosas historias,
Y magníficas memorias
Quedan y templaria cruz,
Que despiertan las campanas
Melancólicas o vanas,
Que cantan la última luz.
Yentonces el alma sueña
Con una voz halagüeña
Entre el ruido mundanal,
Por más que sea muy triste
Ver que solamente existe
En la noche sepulcral.
 

POLONIA
Al príncipe Luciano Woroniecki
Héla allí moribunda y quebrantada,
Por el suelo la rica cabellera;
Hela allí solitaria, abandonada,
Cual náufrago bajel en la ribera.
Héla allí que los déspotas cobardes Tema: alabanza a Polonia.
Vienen a escarnecería en su agonía, Motivo: Polonia.
Y aprietan sus cadenas por las tardes Métrica: 11-8. rima consonante.
Para dormir tranquilos hasta el día.
¡Polonia! ¡Virgen pura de los hielos,
Generosa, entusiasta, enaltecido!
La noche del sepulcro entre sus velos
Guarda tu juventud rica y florida.
Poco valió tu blasonado escudo,
Melancólica fada de.las nieblas,
Y el guerrero atambor descansa mudo
Y velado en inmóviles tinieblas.
Que te fueron infieles tus memorias,
Solitaria nación entrada a saco,
Y cayeron tus héroes y tus glorias
Bajo la inmunda planta del cosaco.
Tus antiguos pendones y estandartes
Se arrastraron por tierra moscovita,
Y ondea en tus feudales baluartes
La enseña de los déspotas maldita.
El Vístula se arrastra lentamente
Con cadáveres, armas y banderas,
Y lleva entre los muertos' de tu gente
Tus vírgenes de blondas cabelleras.
Ya veces por piedad a tu memoria
Refleja vencedoras bayonetas,
Y te pinta ilusiones y victoria
Entre las brumas de sus aguas quietas.
Ilusiones; que el mísero cautivo
Sólo deleites mira en lo pasado,
Ya tu dolor, ¡oh virgen!, tan esquivo
Solamente memorias han quedado.
Pasó SOBIESKI el noble y el guerrero,
El que alzó tu pendón resplandeciente;
PONIATOWSKI el hermoso, el caballero,
Bajo las aguas escondió la frente.
La libertad tus pueblos levantaba:
La libertad te hacía grande y bella...
¡La libertad murió para la esclava
Y.perdió sus amores la doncella!
Hoy, virgen, solitaria y dolorida,
Madre sin hijos, reina sin blasones,
Tu blanca ropa en sangre está teñida,
Y tu frente sellada con baldones.
Yesa Europa que vía tu quebranto,
Esa Europa que culta se llamaba,
Que miró tus ultrajes y tu llanto
Y tu flor que en la sangre se ahogaba;
Esa Europa del débil protectora
¿Te tendía una mano de consuelo?
¿Fue a levantarte al despuntar la aurora,
Cuando houada rodabas por el suelo?
No; que tembló decrépita y cobarde,
Y apegada a villanos intereses,
Hizo de humanidad pomposo alarde,
Pero plantó tus campos de cipreses.
Dijeron sus ministros y sus reyes:
«Escribid una nota en favor suyo.»
Y a la merced de un déspota sin leyes,
Dejaron el honor y nombre tuyo!
¡Te han dejado morir, virgen del polo!
¡Te han dejado morir! ¡Malditos sean!
Que ellos hundieron con innoble dolo
Tus derrumbadas torres que aún humean.
¡Ah!, no pongas en ellos tu esperanza,
Porque te venderán cual te han vendido,
Porque dobla sus brazos una lanza,
Porque el orín sus armas ha podrido.

¡Miserables! , el día del combate
¿Dó buscarán la fuerza y valentía?
¡Pagarán con dinero su rescate!
¡Llorarán cual mujeres su agonía!
Cuando vean sus niños estrellados,
Cuando vean sus hijas sin decoro,
A ti se volverán desesperados,
y tú responderás: « ¡Sálveos el oro! »
Mas otro porvenir guarda la suerte,
Polonia, para ti, y otros blasones;
Mira la juventud alzarse fuerte,
Rica de libertad y de ilusiones.
Mírala, sí, y espera en tu agonía.
Porque ella ve tus lágrimas de duelo,
Y no está lejos el hermoso día
Que un sol de libertad muestre en el cielo.
Tus hijos van por ignoradas tierras,
Lleno su corazón de tus encantos,
Pensando en los amores que tú encierras,
En la fe de sus padres y sus santos.
Tus hijos volverán a tus llanuras,
Y sollozando abrazarán tu suelo,
Y al recordar pasadas amarguras,
Los turbios ojos alzarán al cielo.
Que es el Edén la patria de la vida,
Primer amor que el corazón inflama,
Estrella en una mar embravecida,
Perdida voz que nos cautiva y llama.
Cuando guerrera lidiabas
Era yo débil y niño;
Pero el alma entusiasmabas
Y yo te di mi cariño,
Tan sólo porque penabas.
Llegó al fin la juventud
Con su celaje liviano,
Y en mi ardorosa inquietud
Yo miré en ti la virtud
Luchando contra un tirano.
Ymurieron ilusiones
En las que el alma creía;
Mas tu amor en mí crecía,
Al compás que tus baldones
Mayores son cada día.
Yal contemplar tus pesares
Sintiendo mi sangre hervir,
Sentí grande mi vivir;
Acallé tristes cantares;
Tuve fe en el porvenir.
Yacaricié en mis ensueños
Aurora de libertad,
Días para ti risueños;
Lanzados de tu ciudad
Ví tus despótícos dueños.
Que es tu causa la del mundo,
La del cielo y de los hombres;
Virgen pura no te asombres,
Si ves en el cieno inmundo
Los déspotas y sus nombres.
Que el cielo se cansará
De tamaños desafueros;
Que el cielo quebrantará
Como un vidrio sus aceros,
Y ese día llegará.
Yese día no habrá nubes,
Sino arreboles de gloria,
Himnos de paz y victoria,
Y escribirán los querubes
Con fuego tan rica historia.
Yentonces te alzarás pura
De esa mancha que hoy te afea,
Espléndida en hermosura,
Cual faro que centellea
Sobre una playa insegura.
¡Virgen!, el Dios que murió
Por el bien de los humanos
La libertad nos dejó:
iPerezca el día que vio
Levantarse a los tiranos
Mas los días pasarán
Y las naciones verán
Tu amargura y tu abandono,
Y entonces desplomarán
Sobre el verdugo su trono.
Y otra vez serás gloriosa,
Yotra vez afortunada,
Y triunfal música honrosa
En ti sonará velada
En tu niebla silenciosa.
Espéra, sí, que es bella la esperanza,
Que el cielo nos la dio para el pesar;
Y a ti, infeliz, te toca la mudanza,
Porque sobrado fue tu sollozar.
¿No escuchas, dime, en alas de los vientos
Que de Siberia llegan hasta ti,
Sentidos y dulcísimos acentos,
Blandos como un perfume de alhelí?
¿No sientes, dime, en la callada noche,
Entre tinieblas, soledad y horror,
Alzarse de tus huesas un reproche
Contra tu odioso y bárbaro sefíor?
Es la voz de tus hijos, que allí esperan
La aurora de la dulce libertad:
Tus muertos son, que helados vituperan
Al que llevó arrastrando tu beldad.
Ysiempre fue solemne profecía
La voz que de los túmulos salió;
Siempre del desterrado la agonía
Al cielo melancólica subió.
No temas, no, sin héroes eclipsarse,
Solitaria Viuda con tu afán,
Que si tus hijos mueren, a poblarte
Del destierro los ángeles-vendrán!
 
 
 
 

LA VIOLETA
Flor deliciosa en la memoria mía,
Ven mi triste laúd a coronar,
Y volverán las trovas de alegría
En sus ecos tal vez a resonar.
Mezcla tu aroma a sus cansadas cuerdas; Tema: desvanecimiento de las esperanzas
Yo sobre ti no inclinaré mi sien, del pasado del autor.
De miedo, pura flor, que entonces pierdas Motivo: la violeta.
Tu tesoro de olores y tu bien; Métrica: 11 rima consonante.
Yo, sin embargo, coroné mi frente
Con tu gala en las tardes del abril,
Yo te buscaba orillas de la fuente,
Yo te adoraba tímida y gentil.
Porque eras melancólica y perdida,
Y era perdido y lúgubre mi amor;
Y en ti miré el emblema de mi vida
Y mi destino, solitaria flor.
Tú allí crecías olorosa y pura
Con tus moradas hojas de pesar;
Pasaba entre la yerba tu frescura
De la fuente al confuso murmurar.
Ypasaba mi amor desconocido,
De un arpa oscura al apagado son,
Con frívolos cantares confundido
El himno de mi amante corazón.
Yo busqué la hermandad de la desdícha
En tu cáliz de aroma y soledad,
Y a tu ventura asemejé mi dicha,
Y a tu prisión mi antigua libertad.
¡Cuántas meditaciones han pasado
Por mi frente mirando tu arrebol!
¡Cuántas veces mis ojos te han dejado
Para volverse al moribundo sol!
¡Qué de consuelos a mi pena diste
Con tu calma y tu dulce lobreguez,
Cuando la mente imaginaba triste

El negro porvenir de la vejez!
Yo me decía: «Buscaré en las flores
Seres que escuchen mi infeliz cantar,
Que mitiguen con bálsamo de olores
De ti, bafíada en moribunda luz,
Adormecida en tu vistosa cuna,
Velada en tu aromático capuz.
Yuna esperanza el corazón llevaba
Pensando en tu sereno amanecer,
Y otra vez en tu cáliz divisaba
Perdidas ilusiones de placer.
Heme hoy aquí: ¡cuán otros mis cantares!
¡Cuán otro mi pensar, mi porvenir!
Ya no hay flores que escuchen mis pesares,
Ni soledad donde poder gemir.
Lo secó todo el soplo de mi aliento,
Y naufragué con mi dolíente amor
Lejos ya de la paz y del contento
Mírame aquí en el valle del dolor.
Era dulce mi pena y mi tristeza;
Tal vez moraba una ilusión detrás:
Mas la ilusión voló con su pureza,
Mis ojos, ¡ay!, ¡no la verán jamás!
Hoy vuelvo a ti, cual pobre viajero
Vuelve al hogar que nifío le acogió;
Pero mis glorias recobrar no espero,
Sólo a buscar la huesa vengo yo.
Vengo a buscar mí huesa solitaria
Para dormir tranquilo junto a ti,
Ya que escuchaste un día mi plegaria,
Y un ser hermano en tu corola vi.
Ven mi tumba a adornar, triste viola,
Y embalsama su oscura soledad;
Sé de su pobre césped la aureola
Con tu vaga y poética beldad.
Quizá al pasar la virgen de los valles
Enamorada y rica en juventud,
Por las umbrosas y desiertas calles
Do yacerá escondido mi ataúd,
Irá a cortar la humilde violeta
Y la pondrá en su seno con dolor,
Y llorando dirá: « ¡Pobre poeta!
Ya está callada el arma del amor! »
 
 
 

A ESPRONCEDA
¿Y tú también, lucero milagroso,
Roto y sin luz bajaste
Del firmamento azul y esplendoroso,
Donde en alas del genio te ensalzaste? Tema: canto de despedida/dolor a la muerte del
¡Gloria, entusiasmo, juventud, belleza, poeta Espronceda.
De tu gallardo pecho la hidalguía!
¿Cómo no defendieron tu cabeza Motivo: comparación entre Espronceda y un pájaro.
De la guadaña impía? Métrica: 11 rima consonante.
¿Cómo, cómo en el alba de la gloria,
En la feliz mañana de la vida,
Cuando radiantes páginas la historia
Con solícita mano preparaba,
Súbito deshojó tormenta brava
Esta flor de los céfiros querida?
... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
Aguila hermosa que hasta el sol subías,
Que los torrentes de su luz bebías,
Y luego en raudo vuelo
Rastro de luz e inspiración traías
Al enlutado suelo;
¿Quién llevará las glorias españolas
Por los tendidos ámbitos del mundo?
¿Quién las hambrientas olas
Del olvido y su piélago profundo
Bastará a detener? Tus claros ojos
No lanzan ya celestes resplandores:
Fríos yacen tus ínclitos despojos:
Faltó el impulso al corazón y al alma:
En las ramas del sauce de tu tumba
El arpa enmudeció de los amores,
Y de tu noche en el silencio y calma
Trémula y dolorida el aura zumba!
... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
¡Y yo te canto, pájaro perdido,
Yo a quien tu amor en sus potentes alas
Sacó de las tinieblas del desierto,
Que ornar quisiste con tus ricas galas,
Que gozó alegre en tu encumbrado nido
De tus cantos divinos el concierto!
¿Qué tengo ya para adornar tu losa?
Flores de soledad, llanto del alma,
Flores, ¡ay! , sin fragancia deleitosa,
Hiedra que sube oscura y silenciosa
Por el gallardo tronco de la palma.
¡Oh, mi Espronceda! ¡Oh generosa sombra!
¿Por qué mi voz se anuda en mi garganta
Cuando el labio te nombra?
¿Por qué cuando tu planta
Campos huella de luz y de alegría,
Y tornas a la patria que perdiste,
Torna doliente a la memoria mía,
A mi memoria triste,
De tu voz la suavísima armonía?
¡Ay! , si el velo cayera
Con que cubre el dolor mis yertos ojos,
Menos triste de ti me despidiera:
Blanca luz templaría mis enojos
Cuando siguiese tu sereno vuelo
I-lasta el confín del azulado cielo.
¡Adiós, adiós!, la angélica morada
De par en par sus puertas rutilantes
Te ofrece, sombra amada;
Ve a gozar extasiado
La gloria inmaculada
De Calderón, de Lope y de Cervantes.


Texto: Mª Isabel Monedero (2º Humanidades. Universitat Jaime I. Castelló. España).