ACTO PRIMERO
Cuadro primero
ESCENA PRIMERA
El parque del Retiro, al pie de palacio; una calle de árboles.
DAMAS pasean; varios corrillos de GALANES; algunas TAPADAS, MENDOZA.
MENDOZA ( A unas TAPADAS. ): A pesar de ir tan tapada, mal podéis
encubrir vuestra hermosura.
TAPADA: Galán sois, pero tened cuenta con lo que hacéis,
y no sigáis más. ( Vanse. )
MENDOZA: Ni tenía tal intención. ( PACHECO llega precipitado
a MENDOZA y le abraza. ) Pacheco, ¡cuánto me alegro de verte!
PACHECO: No me alegro yo menos; y por cierto que te hacía en
Flandes ocupado en domar aquellos perros herejes; y no creía tener
tanta dicha esta mañana.
MENDOZA: Pues no, amigo, no todo han de ser asaltos, duelos, ni alarmas,
y alguna vez ha de trocar uno el lecho campal iluminado por las estrellas
por la cama, aunque estrecha en comparación , aunque estrecha en
comparación, más blanda y acomodada. Yo, por ahora, me he
propuesto en vestir seda en vez de hierro, beber vino en lugar de cerveza,
y ceñir la espada mejor que blandir la pica.
PACHECO: Tienes razón, y ya estarías harto de aquella
vida, pero... ¿Cuándo has llegado?
MENDOZA: Ayer mismo; y antes, como se suele decir, de quitarme las
espuelas, he venido al parque esta mañana a recordar aquellas felices
en que tantas y tan buenas aventuras corrimos. Te aseguro que este parque
y las mañanas de mayo han sido cosas que nunca he podido olvidar.
PACHECO: Lo creo: en Flandes como no hay mes de mayo...
MENDOZA: Allí hace un frío en este tiempo, que
a estas horas por la calle no andan más que perros o soldados. Pero,
hablando de otra cosa, tú conocerás todas estas muchachas:
¿ha habido muchas bajas? ¿Buenos reemplazos? Vaya, infórmame,
porque yo te aseguro que hasta ahora no he conocido a ninguna, y estoy
hecho un forastero en mi patria.
PACHECO: Pero creo que no tardarás mucho en hacer nuevos y útiles
conocimientos, porque te vi, me parece, echar requiebros a una tapada...
MENDOZA: Sí; pura galantería: la costumbre de galán
y de soldado. Pasa una mujer, ¡qué diablos!, algo le ha de
decir uno. Pero te aseguro que vengo muy mudado de como fui. Tú
sabes que entonces una mujer era para mí un ángel; ahora
no es más que un mueble cualquiera; más o menos útil,
más o menos incómodo.
PACHECO: Es decir, que ahora en vez de enamorarte tú, las enamoras
a ellas, y enseguida las dejas sin misericordia.
MENDOZA: No, ni aún en eso pierdo el tiempo.
( En un corro FIGUEROA y otros. )
FIGUEROA ( Enojado. ): Caballeros, el que pronuncie el nombre de esa
señora, o siquiera hable de ella, lo hará con la espada en
la mano para esperar mi respuesta.
CABALLERO PRIMERO: Señor don Pedro, no os acaloréis,
que no fue mi intención ofenderla; os vi en el bosque ahora poco...
FIGUEROA: Silencio, os suplico. ( Se pasea solo. )
CABALLERO PRIMERO: Es un gallego intratable.
CABALLERO SEGUNDO: Montaraz.
CABALLERO TERCERO: ¡Un pobre hidalgo que no tiene sobre qué
caerse muerto, con más vanidad...!
MENDOZA: Sí, para eso me ha llamado mi tío. Quiere casarme
con mi prima Clara. Yo no la conozco apenas, porque ella era niña
cuando yo me fui; y es lo mejor que no he preguntado aún si es fea
o bonita.
PACHECO: Te felicito por tu boda con ella, es bonita, y además,
sus riquezas y el título de marqués de Palma que te dará
con su mano, te pondrán en estado de hacer un brillante papel en
la corte.
MENDOZA: Tal he pensado, porque al fin y al cabo un segundón
como yo no tiene otra salida que un buen casamiento, o un beneficio, si
sigue la iglesia. A mí me dio por la espada, y como he reparado
que con ella mejor se alcanza un chirlo que le divida a uno las narices
que una buena renta, después de haber gastado mi patrimonio, sin
otro recurso que mi apellido y mi buena suerte, cansado de las borrascas
de la vida, me acojo al puerto seguro del matrimonio.
PACHECO: Sí, para entregarte en mejor navío, y bien armado
y provisto, al mar de la ambición, del poder y de la fortuna.
MENDOZA: Cabalmente.
PACHECO: Y doña Clara de Toledo, marquesa de Palma, es el mejor
mueble, o escalón, que podía proporcionarte la suerte.
MENDOZA: Y por eso me caso con ella. Además, tengo entendido
que es una inocente, de carácter muy dulce, criada y educada en
un convento de donde ha poco que salió. Mi tío es su tutor;
me ha asegurado que no sabe qué cosas son galanteos, amigas, ni
visitas, que no ve sino a él y al padre Rafael, confesor del rey
y vicario de las monjas con quienes se crió. ¡Cortada y hecha
para mí! Ya ves... joven, bonita, según tú dices,
marquesa de Palma, rica, simplecilla, y que se hará por consiguiente
a mis mañas... ¡voto va!, que es haber encontrado con la horma
de mi zapato.
PACHECO: De modo que cuando andes en coches, prives con el rey y te
llamen su excelencia el señor marqués de Palma, habrá
que echarte memoriales para hablarte.
MENDOZA: Te aseguro que después de tan malas noches como he
pasado en aquellas malditas dunas de Holanda, el agua o la nieve a la cinta,
contando los minutos, y esperando un arcabuzo como un amante la hora de
la cita, te aseguro que tengo vivas ansias de pisar alfombras y hundir
colchones de pluma. Por lo demás, y si no se verificase la boda,
ni se muriese la muchacha, que también me viene a mí por
línea recta su título en ese caso, quiere decir que... a
la guerra me lleva mi necesidad, como dice la copla, si tuviera dinero
no fuera en verdad, o iría de muy diferente manera. ( Corrillo donde
está FIGUEROA. )
CABALLERO PRIMERO: Aquel es. ( Señalando a MENDOZA. )
FIGUEROA ( Cuidadoso. ): ¿Y decís que viene a casarse
con la marquesa de Palma, su prima?
CABALLERO TERCERO ( A otro, sonriendo. ): ¿No reparas que apenas
puede tragar la saliva? CABALLERO PRIMERO: Lo sé de fijo: su mismo
tío, el conde de Piedrahita, tutor de la joven marquesa, le ha hecho
venir de Flandes, con esa intención.
FIGUEROA: Pero ese casamiento se verificará, o no, según
ella quiera.
CABALLERO SEGUNDO: Y si ella no quiere también. El tutor tiene
gran favor en la corte; alcanzará del rey lo que mejor le acomode
y forzará la voluntad de la niña.
PACHECO ( A MENDOZA. ): Es extraño que no haya venido. Todas
las mañanas viene a pasear con todo el aparato de escuderos, viejos
y damas de honor que corresponde a dama tan principal.
( Corrillo. )
CABALLERO PRIMERO: Ved lo que decís, don Pedro, sobre eso, de
que no hay ley divina ni humana que autorice a forzar la libertad de nadie.
Habláis con un calor que cualquiera recelaría...
FIGUEROA: Nadie recelaría, yo defiendo la justicia y...
CABALLERO SEGUNDO: ¿Y fiáis en la voluntad de firmeza
de una mujer?
FIGUEROA: Señor caballero, una mujer es capaz de tanta voluntad
como no podemos ninguno de nosotros imaginarnos.
MENDOZA: Está el paseo delicioso y va cada vez viniendo más
gente.
PACHECO: Vente por este lado hacia el estanque y galantearemos un rato
a las tapaditas de medio pelo, que allí es el paseo de las aventuras.
MENDOZA: Sí, vamos... pero no, que allí viene mi tío
con el confesor del rey. Ayer noche no hice más que verle un momento,
y no quiero que me tenga por un rapaz inconsiderado y sin seso.