Introducción
Al poema titulado el Diablo Mundo

A mi amigo Don Antonio Ros de Olano.
El autor: José de Espronceda.

Coro de demonios
Boguemos, boguemos,
la barca empujad,
que rompa las nubes,
que rompa las nieblas,
los aires, las llamas,
las densas tinieblas,
las olas del mar.
Boguemos, crucemos
del mundo el confín;
que hoy su triste cárcel quiebran
libres los diablos en fin,
y con música y estruendo
los condenados celebran,
juntos cantando y bebiendo,
un diabólico festín.
El poeta
¿qué rumor
lejos suena,
que el silencio
en la serena
negra noche interrumpió?
¿Es del caballo la veloz carrera,
tendido en el escape volador,
o el áspero rugir de hambrienta fiera,
o el silbido tal vez del aquilón ?
¿O el eco ronco de lejano trueno
que en las hondas cavernas retumbó,
o el mar que amaga con su hinchado seno,
nuevo Luzbel, al trono de su Dios ?
Densa niebla
cubre el cielo,
y de espíritus
se puebla
vagarosos,
que aquí el viento
y allí cruzan,
vaporosos
y sin cuento.
Y aquí tornan,
y allí giran,
ya se juntan,
se retiran,
ya se ocultan,
ya desaparecen,
vagan, vuelan,
pasan, huyen,
vuelven, crecen,
disminuyen,
se evaporan,
se coloran,
y entre sombras
y reflejos,
cerca y lejos
ya se pierden,
ya me evitan
con temor,
ya se agitan
con furor,
en aérea danza fantástica
a mi alrededor.
Vago enjambre de vanos fantasmas,
de formas diversas, de vario color,
en cabras y sierpes montados y en cuervos,
y en palos de escobas, con sordo rumor
baladas lanzan y aullidos,
silbos, relinchos, chirridos,
y en desacordado estrépito,
el fantástico escuadrón
mueve horrenda algarabía
con espantosa armonía,
y horrísona confusión.
Del toro ardiente al mugido
responde en ronco graznar
la malhadada corneja,
y al agorero cantar
de alguna hechicera vieja,
el gato bufa y maúlla,
el lobo erizado aúlla,
ladra furioso el mastín;
y ruidos, voces y acentos
mil se mezclan y confunden,
y pavor y miedo infunden
los bramidos de los vientos;
que al mundo amagan su fin
en guerra los elementos.
Relámpago rápido
del cielo las bóvedas
con luz rasga cárdena,
y encima descúbrese
jinete fantástico,
quizá el genio indómito
de la tempestad.
De cien truenos juntos retumba el fragor
en bosques, montañas, cavernas, torrentes;
quizá son del miedo los genios potentes
que el cántico entonan de espanto y terror.
Lanzando bramidos hórridos,
y tronchando añosos árboles,
irresistible su ímpetu,
teñida en colores lívidos,
gigante forma flamígera
cabalga en el huracán.
Quizá el genio de la guerra,
cuya frente tornasola
con roja vaga aureola
el relámpago fugaz.
Aquí retiembla la tierra,
allí rebrama la mar,
altísima catarata
zumba y despéñase allá;
allí torrentes de lava
lanza mugiente volcán,
aquí temerosa tromba
se agita en la tempestad,
y agua, fuego, peñas, árboles
ávida sorbe al pasar.
Allí colgada la luna,
con torva, cárdena faz,
triste, fatídica, inmóvil
en la inmensa oscuridad,
más entristece que alumbra,
cual lámpara sepulcral.
Allí bramidos de guerra
se escuchan, y golpear
del acero, y de las trompas
el estrépito marcial,
aquí relinchar caballos
y estruendo de pelear;
allí retumban cañones,
lamentos suenan allá
y alaridos, voces, ayes
y súplicas y llorar;
aquí desgarradas músicas
y cantares; acullá
ruido de gentes que danzan
con bullicioso compás;
acá risas, murmullos,
riñas y gritos allá.
Allí el estruendo se escucha
de amotinada ciudad,
carcajadas, orgías, brindis,
y maldecir y jurar.
Aquí el susurro entre flores
del cefirillo galán,
allí el eco interrumpido
de algún suspiro fugaz,
ora un beso, una palabra,
de alguna trova el final;
todo en confusa discordia
se oye a un tiempo resonar,
breve compendio del mundo,
la tartárea bacanal,
y trastornan y confunden
tanto estrépito a la par,
y aturden, turban, marean
tanta visión, tanto afán.
Un coro
Allá va la nave;
¿quién sabe do va?
!Ay! !Triste el que fía
del viento y la mar!
Una voz
¿Qué importa? El destino
su rumbo marcó.
¿Quién nunca sus leyes
mudar alcanzó?
Allá va la nave;
bogad sin temor,
ya el aura la arrulle,
ya silbe Aquilón.
Segundo coro
Venid, levantemos
segunda Babel,
el velo arranquemos
que esconde al saber.
Una voz
Verdad, te buscamos:
osamos subir
al último cielo
volando tras ti,
con noble avaricia
y en ansia sin fin
de ver cuanto ha sido
y está por venir.
Tercer coro
Mentira, tú eres
luciente cristal,
color de oro y nácar
que encanta el mirar.
Una voz
Feliz a quien meces,
mentira, en tus sueños,
tú sola halagüeños
placeres nos das.
!Ay! !Nunca busquemos
la triste verdad!
La más escondida
tal vez, ¿qué traerá?
!Traerá un desengaño!
!Con él un pesar!
Varias voces
Primera voz
Yo combato por la gloria,
su corona es de laurel,
cánteme versos, poeta,
póstrate, mundo, a mis pies.
Segunda voz
Yo levantaré un palacio
que oro y perlas ornarán,
príncipes serán mis siervos,
el pueblo, Dios me creerá.
Tercera voz
Venid, hermosas, a mí,
dadme deleite y amor,
voluptuosa pereza,
besos de dulce sabor;
y entre perfumes y aromas;
bullentes vinos, al son
del arpa, blanda me arrulle
y armoniosa vuestra voz.
Cuarta voz
Venid, empujadme,
la cima toqué,
subidme, que luego
la mano os daré.
Quinta voz
!Ay! yo caí de la elevada cumbre
en honda sima que a mis pies se abrió:
!Grande es mi pena, larga mi agonía!…
!Una mano! !Ayudadme! !Compasión!
Sexta voz
Errante y amarrado a mi destino,
vago solo y en densa oscuridad.
!Siempre viajando estoy, y mi camino
ni descanso ni término tendrá!
Séptima voz
Sin pena vivamos
en calma feliz,
gozar es mi estrella,
cantar y reír.
Octava voz
¿Quién calmará mi dolor?
¿Quién enjugará mi llanto?
¿No habrá alivio a mi quebranto?
¿Nadie escucha mi clamor?
El poeta
¿Dónde estoy? Tal vez bajé
a la mansión del espanto,
tal vez yo mismo creé
tanta visión, sueño tanto,
que donde estoy ya no sé.
Hórrida turba quizá
que en tormenta y confusión,
a anunciar al mundo va
su ruina y desolación,
mensajeros de Jehová,
¿quienes sois, genios sombríos
que junto a mí os agolpáis?
¿Sois vanos delirios míos,
o sois de verdad? ¿Qué buscáis?
¿Qué queréis? ¿A dónde vais?
Mas de la célica cumbre
llameante catarata
en ondas de viva lumbre
súbito miro saltar.
Y ola tras ola de fuego
vuela en el aire y se alcanza
con estruendo y furor ciego,
como despeñado mar.
Y al hondo abismo en seguida
se precipita y se pierde
la catarata encendida
que en arco rápido cae.
Océano inmenso volcado
rojos los aires incendia,
en tumbos arrebatado
recia tormenta lo trae.
Y en medio negra figura
levantada en pie se mece,
de colosal estatura
y de imponente ademán.
Sierpes son su cabellera
que sobre su frente silban,
su boca espantosa y fiera
como el cráter de un volcán.
De duendes y trasgos
muchedumbre vana
se agita y se afana
en pos su señor.
Y allí entre las llamas
resbalan, se lanzan,
y juegan y danzan
saltando en redor.
Bullicioso séquito
que vienen y van,
visiones fosfóricas,
ilusión quizá.
Trémulas imágenes
sin marcada faz,
su voz sordo estrépito
que se oye sonar,
cual zumbido unísono
de mosca tenaz.
Allí entre las llamas
hirviendo en montón,
no cesa su ronco
monótono son,
murmurando a un tiempo mismo
todos juntos y a una voz,
y apareciéndose súbito
ora fuego, ora vapor.
Tendió una mano el infernal gigante
y la turba calló, y oyóse sólo
en silencio el estrépito atronante
del flamígero mar; luego un acento
claro, distinto, rápido y sonoro
por la vaga región cruzó el viento
con rara melancólica armonía,
que brotaba do quiera,
y un eco en derredor lo repetía.
Voz admirable, y vaga, y misteriosa,
viene de allá del alto firmamento,
crece bajo la tierra temblorosa,
vaga en las alas del callado viento;
voz de amargo placer, voz dolorosa,
incomprensible mágico portento,
voz que recuerda al alma conmovida
el bien pasado y la ilusión perdida.
"!Ay!", exclamó, con lamentable queja,
y en torno resonó triste gemido,
como el recuerdo que en el alma deja
la voz de la mujer que hemos querido.
"!Ay! !Cuan terrible condición me aqueja
para llorar y maldecir nacido,
víctima yo de mi fatal deseo,
que cumplirse jamás mis ansias veo!
"¿Quién es Dios? ¿Donde está? Sobre la cumbre
de eterna luz que altísima se ostenta,
tal vez en trono de celeste lumbre
su incomprensible majestad se asienta;
de mundos mil la inmensa pesadumbre
con su mano tal vez rige y sustenta,
sempiterno, infinito, omnipotente,
invisible do quier, do quier presente.
"Y allá en la gran Jerusalén divina
tal vez escucha en holocausto santo
del querub que a sus pies la frente inclina,
voces que exhalan armonioso canto.
La máquina sonora y cristalina
del mundo rueda en derredor en tanto,
y entre aromas, y gloria, y resplandores,
recibe humilde adoración y amores.
"Santo, Santo, los ángeles le cantan,
Hosanna, Hosanna, en las alturas suena,
rayos de luz perfilan y abrillantan
nube de incienso y transparencia llena;
y en ella con murmullo se levantan,
paz demandando a la mansión serena,
las preces de los hombres en su duelo,
y paz les vuelve y bendición el cielo.
"¿Es Dios tal vez el Dios de la venganza,
y hierve el rayo en su irritada mano,
y la angustia, el dolor, la muerte lanza
al inocente que le implora en vano?
¿Es Dios el Dios que arranca la esperanza,
frívolo, injusto y sin piedad tirano,
del corazón del hombre, y le encadena,
y a eterna muerte al pecador condena?
"Embebido en su inmenso poderío,
¿es Dios el Dios que goza en su hermosura,
que arrojó el universo en el vacío,
leyes le dio y abandonó su hechura?
¿Fue vanidad del hombre y desvarío
soñarse imagen de su imagen pura?
¿Es Dios el Dios que en su eternal sosiego
ni vio su llanto ni escuchó su ruego?
"¿Tal vez secreto espíritu del mundo
el universo anima y alimenta,
y derramado su hálito fecundo
alborota la mar y el cielo argenta,
y a cuanto el orbe en su ámbito profundo
tímido esconde o vanidoso ostenta,
presta con su virtud desconocida
alma, razón, entendimiento y vida?
"¿y es Dios tal vez la inteligencia osada
del hombre siempre en ansias insaciable,
siempre volando y siempre aprisionada
de vil materia en cárcel deleznable?
¿A esclavitud eterna condenada,
a fiera lucha, a guerra interminable,
tal vez estás, divinidad sublime,
que otra divinidad de inercia oprime?
"¿Y es en su vida el universo entero
ilimitado campo de pelea,
cada elemento un triste prisionero
que su cadena quebrantar desea,
y ardes en todo, espíritu altanero,
lumbre matriz, devoradora tea,
como el que oculto, misterioso aliento
mueve la mar con loco movimiento?
"¿Cuándo tu guerra término tendrá,
y romperás tu lóbrega prisión?
¿Su faz el universo cambiará?
¿Creerá otros seres de inmortal blasón,
o la muerte silencio te impondrá?
¿Volarás fugitivo a otra región
o disipando la materia impura,
el mundo inundarás de tu hermosura?"
"¿Quién sabe? Acaso yo soy
el espíritu del hombre
cuando remonta su vuelo
a un mundo que desconoce,
cuando osa apartar los rayos
que a Dios misterioso esconden,
y analizarle atrevido
frente a frente se propone.
Y entretanto que impasibles
giran cien nudos y soles
bajo la ley que gobierna
sus movimientos acordes,
traspasa su estrecho límite
la imaginación del hombre,
jinete sobre las alas
de mi espíritu veloces,
y otra vez va a mover guerra,
a alzar rebeldes pendones,
y hasta el origen creador
causa por causa recorre,
y otra vez se hunde conmigo
en los abismos, en donde
en tiniebla y lobreguez
maldice a su Dios entonces.
¡Ay! Su corazón se seca,
y huyen de él sus ilusiones,
delirio son engañoso
sus placeres, sus amores,
es su ciencia vanidad,
y mentira son sus goces,
¡sólo verdad su impotencia,
su amargura y sus dolores!
"Tú me engendraste, mortal,
y hasta me distes un nombre;
pusiste en mí tus tormentos,
en mi alma tus rencores,
en mi mente tu ansiedad,
en mi pecho tus furores,
en mi labio tus blasfemias
e impotentes maldiciones;
me erigiste en tu verdugo,
me tributaste temores,
y entre Dios y yo partiste
el imperio de los orbes.
Y yo soy parte de ti,
soy ese espíritu insomne
que te excita y te levanta
de tu nada a otras regiones,
con pensamiento de ángel,
con mezquindades de hombre.
"Tú te agitas como el mar
que alza sus olas enormes,
humanidad, en oleadas,
por quebrantar tus prisiones.
¿Y en vano será que empujes,
que ondas con ondas agolpes,
y de tu cárcel la linde
con vehemente furia azotes?
¿Será en vano que tu mente
a otras esferas remontes,
sin que los negros arcanos
de vida y de muerte ahondes?
¿Viajas tal vez hacia atrás?
¿Adelante tal vez corres?
¿Quizá una ley te subyuga?
¿Quizá vas sin saber dónde?
Las creencias que abandonas,
los templos, las religiones
que pasaron, y que luego
por mentira reconoces,
¿son quizá menos mentira
que las que ahora te forjes?
¿No serán tal vez verdades
los que tú juzgas errores?
"Mas tú como ya impulsada
por una mano de bronce,
allá vas, y en vano, en vano
descanso pides a voces;
los siglos se precipitan,
se hunden cien generaciones,
piérdense imperios y pueblos,
y el olvido los esconde;
Y tú allá vas, allá vas
abandonada y sin norte,
despeñada y de tropel
y en aparente desorden;
y ora inundas la llanura,
allanas luego los montes,
¡no hay hondo abismo ni cielo
que a descubrir no te arrojes!!
¡Pobre ciega! Loca, errante,
aquí sagaz, allí torpe,
tú misma para ti misma
toda arcano y confusiones.
"Y ya por senda trazada
viajes sometida y dócil,
y sigas crédula en paz
las huellas de tus mayores,
ya nuevas galas te vistas
y de las antiguas mofes,
y rebelde de tus hierros,
muerdas ya los eslabones,
yo siempre marcho contigo
y ese gusano que roe
tu corazón, esa sombra
que anubla tus ilusiones,
soy yo, el lucero caído,
el ángel de los dolores,
el rey del mal, y mi infierno
es el corazón del hombre.
Feliz mientras la esperanza
¡ay! Tus delirios adorne,
infeliz cuando tu mente
los recuerdos emponzoñen
y a la mar sin rumbo fijo
desesperado te arrojes:
ni un astro te alumbrará,
será en vano que a Dios nombres,
ora le reces sin fe,
ora su enojo provoques.
Sólo el huracán y el trueno
responderán a tus voces,
sin hallar puerto ni playa
por más que anhelante bogues.
Y al fin la materia muere;
pero el espíritu ¿a dónde
volará? ¿Quién sabe? ¡Acaso
jamás sus cadenas rompe!!!"
Dijo, y la ígnea luminosa frente
dejó caer desesperado y triste,
y corrió de sus ojos larga fuente
de emponzoñadas lágrimas; profundo
silencio en torno dominó un momento;
luego en aéreo modulado acento
cien coros resonaron,
y allá en el aire en confusión cantaron.
Primer coro
Genios, venid, venid
vuestro mal con el hombre a repartir.
Segundo coro
Ya la esperanza a los hombres
para siempre abandonó,
los recuerdos son tan sólo
pasto de su corazón.
Tercer coro
Nosotros, genios del mal,
aunque en nosotros no cre,
somos su Dios, condenado
nuestro influjo a obedecer.
Primer coro
Genios, venid, venid
vuestro mal con el hombre a repartir.
Una voz
Yo turbaré sus amores,
disiparé su ilusión,
atizaré sus rencores,
y haré eternos sus dolores,
mal llagado el corazón.
Segunda voz
Yo confundiré a sus ojos
la mentira y la verdad,
y la ciencia y los sucesos
su mente confundirán.
Tercera voz
Marchitaré la hermosura,
rugaré la juventud,
el alma que nació pura
renegará la virtud,
maldecirá de su hechura.
Cuarta voz
Yo haré dudar del cariño
que muestra al tímido niño
el corazón maternal;
y haré vislumbre al través
del amor el interés
como su vil manantial.
Quinta voz
Una barra de oro
su Dios será,
la avaricia del hombre
la adorará.
Viles pasiones
gobernarán tan sólo
sus corazones.
Genios, venid, venid
nuestro mal con el hombre a repartir.
Sexta voz
Mi lanza impávida
derribará
ese Dios mísero
de vil metal.
Sobre sus aras
me asentaré,
y esclavo al hombre
dominaré.
Genios, venid, venid
Y esos esclavos a mi caro uncid.
Séptima voz
Yo romperé las cadenas,
daré paz y libertad,
y abriré un nuevo sendero
a la errante humanidad.
Coro
¡Quién sabe! ¡Quién sabe!
Quizá ensueños son,
mentidos delirios,
dorada ilusión.
Genios, venid, venid
nuestro mal con el hombre a repartir.
Como nubes que en negra tormenta
precipita violento huracán,
y en confuso montón apiñadas,
de tropel y siguiéndose van,
y visiones y horrendos fantasmas,
monstruos raros de formas sin fin,
y palacios, ciudades y templos,
nuestros ojos figuran allí;
y entre masas espesas de polvo
desaparece la tierra tal vez,
cual gigante cadáver que cubre
vil mortaja de lienzo soez;
como zumba sonante a lo lejos
el doliente rugido del mar,
cuando rompe en las rocas sus olas
fatigadas de tanto luchar,
y la brisa en la noche serena
en sus ráfagas trae la canción,
que al compás de los remos entona,
mar adentro quizá un pescador,
así, en turbio veloz remolino
el diabólico ejército huyó.
Vagarosas pasaron sus sombras,
y el crujir de sus alas sonó.
Y en el yerno fantástico espacio,
largo tiempo se oyó su cantar,
y a lo lejos el flébil quejido
poco a poco armonioso expirar.
Embargada y absorta la mente,
en incierto delirio quedó,
y abrumada sentí que mi frente
un torrente de lava quemó.
Y en mi loca falaz fantasía
sus clamores y cantos oí,
y el tumulto y su inquieta porfía
encerrado en mí mismo sentí.
Así al son agudo de bélica trompa,
y al compás del golpe que marcaba el tambor,
brioso en alarde, y magnífica pompa,
en orden desfila guerrero escuadrón.
Y espadas, fusiles, caballos, cañones
pasan, y los ojos en confuso ven
brillar aun las armas, ondear los pendones,
fantásticas plumas del viento al vaivén,
relumbrar corazas, y el polvo y la gente,
y se oye a lo lejos un vago rumor,
y queda en su encanto suspensa la mente,
y oír y ver piensa después que pasó.
Mas ya del primer albor
la luz pura tiñe el cielo
y al naciente resplandor,
naturaleza su velo
pinta con vario color.
Y se esparce por el mundo
un armonioso concento,
un confuso movimiento,
que en pensamiento profundo
suspende el entendimiento.
¿Es verdad lo que ver creo?
¿Fue un ensueño lo que vi
en mi loco devaneo?
¿Fue verdad lo que fingí?
¿Es mentira lo que veo? 



Texto: Mª Lidón Claramunt y Lledó Felip. 2º de Humanidades. Universitat Jaume I de Castelló. España. 

Si deseas el texto completo o algún apartado indícalo y te lo enviaremos por e-mail
 
Nombre: Apellidos:
Dirección:
Localidad: Código Postal:
País:
Teléfono: E-mail: