LA COMEDIA NUEVA
COMEDIA
EN DOS ACTOS,
EN PROSA
PERSONAJES
 

D.ELEUTERIO, joven dramaturgo

DOÑA AGUSTINA, su esposa

DOÑA MARGARITA, su hermana

D. HERMÓGENES, pedante

D. PEDRO

D. SERAPIO, apasionado del teatro

PIPÍ, camarero

 
La escena es en un café de Madrid, inmediato a un teatro.

El teatro representa una sala con mesas, sillas y aparador de café; en el foro una puerta con escalera a la habitación principal, y otra puerta a un lado que da paso a la calle.

La acción empieza a las cuatro de la tarde, y acaba a las seis.

 
ACTO I
ESCENA PRIMERA
 

D. ANTONIO, PIPÍ

( D. Antonio sentado junto a una mesa; pipí paseándose)

D. ANTONIO

Parece que se hunde el techo Pipí

PIPÍ

Señor.

D. ANTONIO

¿Qué gente hay arriba, que anda tal estrépito? ¿Son locos?

PIPÍ

No, señor; poetas.

D. ANTONIO

¿Cómo poetas?

PIPÍ

Sí, señor, ¡ así lo fuera yo! ¡No es cosa! Y han tenido una gran comida. Burdeos, pajarete, marrasquino, ¡uh!

D. ANTONIO

¿Y con qué motivo se hace esta francachela?

PIPÍ

Yo no sé ; pero supongo que será en celebridad de la comedia nueva que se va a representar esta tarde, escrita por uno de ellos.

D. ANTONIO

¿Con qué han hecho una comedia? ¡Haya picarillos!

PIPÍ

¿Pues qué, no lo sabía usted?

D. ANTONIO

No, por cierto.

PIPÍ

Pues ahí está el anuncio en el diario

D. ANTONIO

En efecto, aquí está. (Leyendo el diario que está sobre la mesa) COMEDIA NUEVA, INTITULADA: EL GRAN CERCO DE VIENA. ¡No es cosa! Del sitio de una ciudad hacen una comedia. Si son el diantre. ¡Ay, amigo Pipí, cuanto más vale ser mozo de café que poeta ridículo!

PIPÍ

Pues, mire usted, la verdad, yo me alegrara de saber hacer, así, alguna cosa...

D. ANTONIO

¿Cómo?

PIPÍ

Así, de versos... ¡Me gustan tanto los versos!

 

D. ANTONIO

¡Oh! los buenos versos son muy estimables; pero hoy día son tan pocos los que saben hacerlos; tan pocos, tan pocos

PIPÍ

No, pues los de arriba bien se conoce que son del arte. ¡Válgame Dios, cuántos han echado por aquella boca! Hasta las mujeres.

D. ANTONIO

¡ Oiga! ¿También las señoras decían coplillas?

PIPÍ

¡Vaya! Allí hay una Doña Agustina, que es mujer del autor de la comedia ... ¡Qué! si usted viera... Unas décimas componía de repente... No es así la otra, que en toda la mesa no ha hecho más que retozar con aquel D. Hermógenes, y tirarle miguitas de pan al peluquín.

D. ANTONIO

¿D. Hermógenes está arriba? ¡Gran pedantón!

PIPÍ

Pues con ese se ha estado jugando, y cuando la decían: Mariquita, una copla, vaya una copla, se hacía la vergonzosa; y por más que la estuvieron azuzando a ver si rompía, nada. Empezó una décima y no la pudo acabar, porque decía que no encontraba el consonante; pero Doña Agustina, su cuñada... ¡oh! Aquélla, sí. Mire usted lo que es... Ya se ve, en teniendo vena.

D.ANTONIO

Seguramente. ¿Y quién es ése que cantaba poco ha, y daba aquellos gritos tan descompasados?

PIPÍ

¡Oh! ése es D. Serapio.

D. ANTONIO

¿Pero qué es? ¿Qué ocupación tiene?

PIPÍ

Él es... Mire usted. A él le llaman Don Serapio.

D. ANTONIO

¡Ah! sí. Ese es aquel bullebulle que hace gestos a las cómicas, y las tira dulces a la silla cuando pasan, y va todos los días a saber quién dio cuchillada; y desde que se levanta hasta que se acuesta no cesa de hablar de al temporada de verano, la chupa del sobresaliente, y las partes de por medio.

PIPÍ

Ese mismo. ¡Oh! ése es el de los apasionados finos. Aquí se viene todas las mañanas a desayunar, y arma unas disputas con los peluqueros que da gusto oírle. Luego se va allá abajo, al barrio de Jesús. Se juntan cuatro amigos, hablan de comedias, altercan, ríen, fuman en los portales. D. Serapio los introduce aquí y acullá hasta que da la una, se despiden, y él se va a comer con el apuntador.

D. ANTONIO

¿Y ese D. Serapio es amigo del autor de la comedia?

PIPÍ

¡Toma! Son uña y carne. Y él ha compuesto el casamiento de Doña Mariquita, la hermana del poeta, con D. Hermógenes.

D. ANTONIO

¿Qué me dices, D. Hermógenes se casa?

 

PIPÍ

¡Vaya si se casa! Como que parece que la boda no se ha hecho ya, porque el novio no tiene un cuarto, ni el poeta tampoco; pero le ha dicho que con el dinero que le den por esta comedia, y lo que ganará en la impresión, les pondrá la casa y pagará las deudas de D. Hermógenes, que parece que son bastantes.

D. ANTONIO

Sí serán. ¡Cáspita si serán! Pero, y si la comedia apesta, y por consecuencia ni se la pagan ni se vende, ¿qué harán entonces?

PIPÍ

Entonces, ¿qué sé yo? Pero, ¡qué! No, señor. Si dice D. Serapio que comedia mejor no se ha visto en tablas.

D. ANTONIO

¡Ah! Pues si D. Serapio lo dice, no hay que temer. Es dinero contante, sin remedio. Figúrate tú, si D. Serapio y el apuntador sabrán muy bien de dónde les aprieta el zapato,

y cuál comedia es buena, y cuál deja de serlo.

PIPÍ

Eso digo yo; pero a veces... Mire usted, no hay paciencia. Ayer, ¡qué! Les hubiera dado con una tranca. Vinieron ahí tres o cuatro a beber ponche, y empezaron a hablar, hablar de comedias, ¡vaya! Yo no me puedo acordar de lo que decían. Para ellos no había nada bueno: ni autores, ni cómicos, ni vestidos, ni música, ni teatro. ¿Qué sé yo cuánto dijeron aquellos malditos? Y dale con el arte, el arte, la moral y... Deje usted, las... ¿ Si me acordaré? Las... ¡Válgame Dios! ¿Cómo decían? Las... las reglas... ¿Qué son las reglas?

D. ANTONIO

Hombre, difícil es explicártelo. Reglas son unas cosas que usan allá los extranjeros, particularmente los franceses.

PIPÍ

Pues , ya decía yo: esto no es cosa de mi tierra.

DON ANTONIO

Sí tal, aquí también se gastan, y algunos han escrito comedias como reglas, bien que no llegarán a media docena ( por mucho que se estire la cuenta) las que se han compuesto.

PIPÍ

Pues, ya se ve; mire usted, ¡reglas! No faltaba más.

¿A que no tiene reglas la comedia de hoy?

D. ANTONIO

¡Oh! Eso yo te lo fio: bien puedes apostar ciento contra uno a que no las tiene.

PIPI

Y las demás que van saliendo cada día tampoco las tendrán ; ¿ no es verdad usted?

D ANTONIO

Tampoco. ¿Para qué? No faltaba otra cosa sino que para hacer una comedia se gastaran reglas. No , señor.

PIPI

Bien; me alegro. Dios quiera que pegue la de hoy, y luego verá usted cuántas escribe el bueno de D. Eleuterio. Porque , lo que él dice, si yo me pudiera ajustar con los cómicos a jornal , entonces... ¡Ya se ve! Mire usted si con un buen situado, podía él....

D. ANTONIO

Cierto ( aparte . ¡ Qué simplicidad!

PIPÍ

Entonces escribiría , ¡Qué! Todos los meses sacaría dos o tres comedias.... Como es tan hábil.

D ANTONIO

¿ Con que es muy hábil, eh?

PIPI

¡Toma! Poquito le quiere el segundo barba; y si en él consistiera, ya se hubieran echado las cuatro o cinco comedias que tiene escritas; pero no han querido los otros, y ya seve, como ellos lo pagan. En diciendo , no nos ha gustado, o así , andar ¡qué diantres! Y luego, como ellos saben lo que es bueno, y en fin, mire usted si ellos.... ¿No es verdad?

D ANTONIO

Pues ya.

PIPÍ

Pero deje usted, que aunque es la primera que le representan, me parece a mí que ha de dar golpe.

D ANTONIO

¿Con que es la primera?

PIPÍ

La primera . Si es mozo todavía. Yo me acuerdo...

Habrá cuatro o cinco años que estaba de escribiente ahí en esa lotería de la esquina, y le iba muy ricamente; pero como después se hizo paje, y rel amo se le murió a lo mejor, y él se había casado de secreto con la doncella, y tenía ya dos criaturas, y despues la han nacido otras dos o tres; viéndose él así, sin oficio ni beneficio, ni pariente ni habiente, ha cogido y se ha hecho poeta.

D ANTONIO

Y ha hecho muy bien.

PIPÍ

Pues, ya se ve, lo que él dice, si me supla la musa, puedo ganar un pedazo de pan para mantener aquellos angelitos, y así ir trampeando hasta que Dios quiera abrir camino.

 



Texto: Lluís Balaguer. 4ª de Humanidades. Universitat Jaume i de Castelló. España.

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