Escritor español que nació en Vilanova y la Geltrú
y falleció unas semanas después de la publicación
de su primer libro Preludios de mi lira, 1833. Tradujo la Mirra de Alfieri
en 1831 y publicó en colaboración con Joaquín Roca
y Cornet en 1832, una versión de Las noches de Torcuato Tasso. Poeta
prerromántico de gran inspiración y con un uso sencillo de
la lengua, sus Poesías escogidas se publicaron en 1858.
Menéndez pelayo dijo de él que tenía lo que la
faltó a Moratín: ideas, sentimientos y vida poética
propia.
LA INDEPENDENCIA DE LA POESÍA.
Eu nunca consenti que a minha lyra
fosse lyra de cortes:
a verdad, a so unica verdade
soube inspirar-me o canto.
FRANCISCO MANOEL.
Como una casta ruburosa virgen
se alza mi Musa, y tímida las cuerdas
pulsando de su arpa solitaria,
suelta la voz del canto.
¡Lejos, profanas gentes! No su acento
del placer muelle corruptor del alma
en ritmo cadencioso hará suave
la funesta ponzoña.
¡Lejos, esclavos! Lejos: no de sus gracias
cual vuestro honor trafícanse y se venden;
no en sangri-salpicados techos de oro
resonarán sus versos.
En pobre independencia, ni las iras
de los verdugos del pensar la espantan
de sierva a fuer; ni, meretriz impura,
vil metal la corrompe.
Fiera como los montes de su Patria,
galas desecha que maldad cobijan:
las cumbres vaga en desnudez honesta;
¡mas guay de quien la ultraje!
Sobre sus cantos la expresión del alma
vuela sin arte: números sonoros
desdeña y rima acorde; son sus versos
cual su espíritu, libres.
Duros son, mas son fuertes, son hidalgos
cual la espada del bueno: y nunca, nunca
tu noble faz con el infame elogio
sus cuitas acreciendo.
¡Hijo cruel, cantor ingrato! El cielo
le dio una lira mágica y el arte
de arrebatar a su placer las almas
y de arder los corazones;
le dio a los héroes celebrar mortales
y a las deidades del Olimpo... El eco
del Capitolio altivo aun los nombres,
que él despertó, tornaba,
del rompedor de pactos inhonestos
Régulo, de Camilo, el gran Paulo
de su alma heroica pródigo, y la muerte
de Catón generosa.
Mas cuando en el silencio de la noche
sobre lesbianas cuerdas ensayaba,
en nuevo son, del triunviro inhumano
la envilecida loa;
se oyó, se oyó (me lo revela el Genio)
tremenda voz de sombra invincada
que: ¡Maldito, gritó, maldito seas,
desertor de Filipos!
Tan blando acento y a la por tan torpe
tuyo había de ser, que el noble hierro
de la Patria en sus últimos instantes
lanzando feamente,
¡deshonor!, a tus pies, hijo de esclavo,
confiaste la salud: ¡maldito seas!
Y la terrible maldición las ondas
del Tíber murmuraban.
MI NAVEGACIÓN.
Non est meum, si mugiat africis
malus procellis, at miseras preces
decurrere et volis pacisci.
HORACIO.
¿Tanto afán y tan breve derrotero?
¿Siempre halagar a mercaderes sandios
y a malvados cuestores insolentes?
¿Siempre implorar la fuerza?
No; que en mi quilla corruptora plata
no he de traer de las peruanas costas;
ni he de llevar al Méjico rebelde
domeñadoras armas.
Y solamente al querer de mi destino
sin ansia alguna de cambiar la suerte,
lanzo joven barquilla
al piélago espumoso.
Al espumoso piélago, que alzando
en insana bravura a ñas estrellas
mil poderosas naos, con ruina
las hundió en el abismo.
Y del dulce león y el buen Carranza
los inocentes virtuosos leños
en pos lanzara de ásperas tormentas
a las crueles playas,
que habitaban los hijos sanguinarios
del Cielo y de la Tierra ¡prole impía!
Por el rayo después aniquilada
del Padre de las luces.
¡Terrible mar! que en negros turbiones
súbito al gran Jovino arrebatando,
a un escollo arrojó, donde cautivo
gimió de un vil pirata.
¡Más qué! ¿Y a caso en la malvada tierra
buscaron ellos el ansiado puerto?
¿Y naufragios y bárbaras prisiones
no burlaron constantes?
Sí; que en su pecho el corazón tranquilo
sintió el solaz de la inocencia: su alma
los puros días de su edad primera
corrió sin sobresalto.
Y cuando más feroz bramó la rabia
de las tormentas, cuando el dulce día
en lobreguez velaban las espesas
murallas de su cárcel;
Siempre a su vista apareció una estrella
de luz inmensa, esplendorosa, suave:
¡Estrella que jamás de impío alumbras
las tortuosas sendas!
Así en el mástil de mi barca nunca
enseña flote indigna; ni en su puente
vivas suenen de mal que la virtuosa
playa espantaren;
y tu lumbre mi breve derrotero
siempre esclarezca, y de infestadas naos
siempre me aleje, y de los sitios donde
las férreas proas guíen.
No es en la tierra el fin de mi viaje,
y tú lo sabes: busco,¡ojalá llegue!,
Busco de paz las plácidas moradas,
do la verdad es reina,
do, con balanza siempre igual, justicia
al trabajado recto navegante
da galardón sin fin, y al criminoso
sin fin con rayo abrasa.