Duque de Rivas
(página
creada por Pedro Soto)
Don Álvaro, o la fuerza del sino
Drama en cinco jornadas, en prosa y en verso
JORNADA PRIMERA
La escena es en Sevilla y sus alrededores
PERSONAS
Don Álvaro
El marqués de Calatrava
Doña Leonor, su hija
Curra, una criada
Un oficial
Un majo
Un canónigo
Preciosilla, gitana
Dos habitantes de Sevilla, I y II.
El tío Paco, aguador
Varios habitantes de Sevilla, hombres y mujeres, dos criados
mayores del marqués, que no hablan
La escena representa el puente de Triana, el que estará
practicable a la derecha. En primer término,
al mismo lado, un aguaducho y barraca de tablas y lonas, con un
letrero que diga: «Agua de
Tomares», dentro habrá un mostrador rústico con cuatro grandes
cántaros, macetas de flores,
vasos, una anafre con una cafetera de hoja de lata y una bandeja
con azucarillos. Delante del
agauducho habrá bancos de pino. Al fondo se descubrirá de
lejos, parte del arrabal de Triana, la
huerta de los Remedios con sus altos cipreses, el río y varios
bancos en él, con flámulas y
gallardetes. A la izquierda se verá en lontananza la Alameda.
Varios habitantes de Sevilla cruzarán
en todas direcciones durante la escena. El cielo demostrará el
ponerse el sol en una tarde de julio, y
al descorrerse el telón aparecerán: El tío Paco, detrás del
mostrador, en mangas de camisa; el
OFICIAL, bebiendo un vaso de agua, y de pie; PRECIOSILLA, a su
lado templando una guitarra;
el MAJO y los dos HABITANTES DE SEVILLA, sentados en los bancos.
ESCENA PRIMERA
OFICIAL. Vamos, Preciosilla, cántanos la rondeña. Pronto,
pronto; ya está bien templada.
PRECIOSILLA. Señorito, no sea su merced tan súpito. Déme antes
esa mano, y le diré la
buenaventura.
OFICIAL. Quita, que no quiero tus zalamerías. Aunque
efectivamente tuvieras la habilidad de
decirme lo que me ha de suceder, no quisiera oírtelo... Sí,
casi siempre conviene el ignorarlo.
MAJO. (Levantándose.) Pues yo quiero que me diga la buenaventura
esta prenda. He aquí mi
mano.
PRECIOSILLA. Retire vuesa merced allá esa porquería...
¡Jesús, ni verla quiero, no sea que se
encele aquella niña de los ojos grandes!
MAJO. (Sentándose.) ¡Qué se ha de encelar de ti, pendón!
PRECIOSILLA. Vaya, saleroso, no se cargue vuesa merced de estera;
convídeme a alguna cosita.
MAJO. Tío Paco, déle vuesa merced un vaso de agua a esa
criatura, por mi cuenta.
PRECIOSILLA. ¿Y con panal?
OFICIAL. Sí, y después que te refresques el garguero y que te
endulces la boca, nos cantarás las
corraleras.
(El aguador sirve un vaso de agua con panal a PRECIOSILLA, y el
OFICIAL se sienta junto al
MAJO.)
HABITANTE . ¡Hola! Aquí viene el señor canónigo.
ESCENA II
CANÓNIGO. Buenas tardes, caballeros.
HABITANTE . Temíamos no tener la dicha de ver a su merced esta
tarde, señor canónigo.
CANÓNIGO. (Sentándose y limpiándose el sudor.) ¿Qué persona
de buen gusto, viviendo en
Sevilla, puede dejar de venir todas las tardes de verano a beber
la deliciosa agua de Tomares, que
con tanta limpieza y pulcritud nos da el tío Paco, y a ver un
ratito este puente de Triana, que es lo
mejor del mundo?
HABITANTE . Como ya se está poniendo el sol...
CANÓNIGO. Tío Paco, un vasito de la fresca.
TIO PACO. Está usía muy sudado; en descansando un poquito le
daré el refrigerio.
MAJO. Dale a su señoría el agua templada.
CANÓNIGO. No, que hace mucho calor.
MAJO. Pues yo templada la he bebido, para tener el pecho suave y
poder entonar el Rosario por el
barrio de la Borcinería, que a mí me toca esta noche.
OFICIAL. Para suavizar el pecho, mejor es un trago de
aguardiente.
MAJO. El aguardiente es bueno para sosegarlo después de haber
cantado la letanía.
OFICIAL. Yo lo tomo antes y después de mandar el ejercicio.
PRECIOSILLA. (Habrá estado punteando la guitarra y dirá al
MAJO:)
Oiga vuesa merced, rumboso, ¿y cantará vuesa merced esta noche
la letanía delante del balcón de
aquella persona?...
CANÓNIGO. Las cosas santas se han de tratar santamente. Vamos
¿y qué tal los toros de ayer?
MAJO. El toro berrendo de Utrera salió un buen bicho, muy
pegajoso... Demasiado.
HABITANTE 1º. Como que se me figura que le tuvo usted asco.
MAJO. Compadre, alto allá, que yo soy muy duro de estómago...
Aquí está mi capa (enseña un
desgarrón) diciendo por esta boca que no anduvo muy lejos.
HABITANTE º No fue la corrida tan buena como la anterior.
PRECIOSILLA. ¡Como que ha faltado en ella don Álvaro el
indiano, que a caballo y a pie es el
mejor torero que tiene España!
MAJO. Es verdad, que es todo un hombre, muy duro con el ganado y
muy echado adelante.
PRECIOSILLA. Y muy buen mozo.
HABITANTE º ¿Y por qué no se presentaría ayer en la plaza?
OFICIAL. Harto tenía que hacer con estarse llorando el mal fin
de sus amores.
MAJO. Pues, qué, ¿lo ha plantado ya la hija del señor
marqués?...
OFICIAL. No; doña Leonor no le ha plantado a él, pero el
marqués la ha trasplantado a ella.
HABITANTE 1º. ¿Cómo?...
HABITANTE 2º. Amigo, el señor marqués de Calatrava tiene mucho
copete y sobrada vanidad
para permitir que un advenedizo sea su yerno.
OFICIAL. ¿Y qué más podía apetecer su señoría que el ver
casada a su hija (que, con todos sus
pergaminos, está muerta de hambre) con un hombre riquísimo y
cuyos modales están pregonando
que es un caballero?
PRECIOSILLA. ¡Si los señores de Sevilla son vanidad y pobreza,
todo en una pieza! Don Álvaro
es digno de ser marido de una emperadora... ¡Qué gallardo!...
¡Qué formal y qué generoso!... Hace
pocos días que le dije la buenaventura (y por cierto no
es buena la que le espera si las rayas de la mano no mienten), y
me dio una onza de oro como un sol
de mediodía.
TIO PACO. Cuantas veces viene aquí a beber, use pone sobre el
mostrador una peseta
columnaria.
MAJO - ¡Y vaya un hombre valiente! Cuando, en la Alameda Vieja,
le salieron aquella noche los
siete hombres más duros que tiene Sevilla, metió mano y me los
acorraló a todos contra las tapias
del picadero.)
OFICIAL. Y en el desafío que tuvo con el capitán de artillería
se portó como un caballero.
PRECIOSILLA. El marqués de Calatrava es un vejete tan ruin, que
por no aflojar la mosca y por
no gastar.
OFICIAL - Lo que debía hacer don Álvaro era darle una paliza
que...
CANÓNIGO. Paso, paso, señor militar. Los padres tienen derecho
de casar a sus hijas con quien
les convenga.
OFICIAL. ¿Y por qué no le ha de convenir don Álvaro? ¿Porque
no ha nacido en Sevilla?... Fuera
de Sevilla nacen también caballeros.
CANÓNIGO. Fuera de Sevilla nacen también caballeros, si,
señor; pero... ¿lo es don Álvaro?...
Sólo sabemos que ha venido de Indias hace dos meses y que ha
traído dos negros y mucho dinero...
Pero ¿quién es?...
HABITANTE 1º. Se dicen tantas y tales cosas de él...
HABITANTE 2º. Es un ente muy misterioso.
TIO PACO. La otra tarde estuvieron aquí unos señores hablando
de lo mismo, y uno de ellos dijo
que el tal don Álvaro había hecho sus riquezas siendo pirata.
MAJO. ¡Jesucristo!
TIO PACO. Y otro, que don grande de España y de una reina mora.
OFICIAL. ¡Qué disparate!
TIO PACO. Y luego dijeron que no, que era... No lo puedo
declarar... Finca... o brinca... Una
cosa así... así como... una cosa muy grande allá de la otra
banda.
OFICIAL. ¿Inca?
TIO PACO. Sí, señor; eso: inca..., inca...
CANÓNIGO. Calle usted, tío Paco: no diga sandeces.
TIO PACO. Yo nada digo, ni me meto en honduras; para mí, cada
uno es hijo de sus obras; y en
siendo buen cristiano y caritativo...
PRECIOSILLA. Y generoso y galán.
OFICIAL. El vejete roñoso del marqués de Calatrava hace muy mal
en negarle su hija.
CANÓNIGO. Señor milita, el señor marqués hace muy bien. El
caso es sencillísimo. Don Álvaro
llegó hace dos meses; y nadie sabe quién es. Ha pedido en
casamiento a doña Leonor y el marqués,
no juzgándolo buen partido para su hija, se la ha negado. Parece
que la señorita estaba
encaprichadilla, fascinada, y el padre la ha llevado al campo, a
la hacienda que tiene en el Aljarafe,
para distraerla. En todo lo cual el señor marqués se ha
comportado como persona prudente.
OFICIAL. Y don Álvaro, ¿qué hará?
CANONICO. Para acertarlo, debe buscar otra novia, porque si
insiste en sus descabelladas
pretensiones se expone a que los hijos del señor marqués
vengan, el uno de la universidad y el otro
del regimiento, a sacarle de los cascos los amores de doña
Leonor.
OFICIAL. Muy partidario soy de don Álvaro, aunque no le he
hablado en mi vida, y sentiría verlo
empeñado en un lance con don Carlos, el hijo mayorazgo del
marqués. Le he visto el mes pasado en
Barcelona, y he oído contar los dos últimos desafíos que ha
tenido y ya se le puede ayunar.
CANÓNIGO. Es uno de los oficiales más valientes del regimiento
de Guardias Españolas, donde
no se chancea en esto de lances de honor.
HABITANTE 1.º Pues el hijo segundo del señor marqués, el don
Alfonso, no le va en zaga. Mi
primo, que acaba de llegar de Salamanca, me ha dicho que es el
coco de la universidad, más
espadachín que estudiante, y que tiene metidos en un puño a los
matones sopistas.
MAJO. ¿Y desde cuándo está fuera de Sevilla la señorita doña
Leonor?
OFICIAL. Hace cuatro días que se la llevó el padre a su
hacienda, sacándola de aquí a las cinco de
la mañana, después de haber estado toda la noche hecha la casa
un infierno.
PRECIOSILLA. ¡Pobre niña!... ¡Qué linda que es y qué
salada!... Negra suerte le espera... Mi
madre la dijo la buenaventura, recién nacida, y siempre que la
nombra se le saltan las lágrimas...
Pues el generoso don Álvaro...
HABITANTE 2º. En nombrando al ruin de Roma, luego asoma... Allí
viene don Álvaro.